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| Israel Al día - Palestina Al día | Claves del conflicto con Israel |
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Antecedentes
- Asesinato de Abdel
Asis Rantisi -
Asesinato de Yassim Por su parte, el presidente de Estados Unidos, George Bush dijo que
la muerte de Arafat era un momento significativo para la historia
palestina, o sea que no dijo nada El Secretario General de la ONU, Kofi Annan, hizo un llamado a ambas partes del conflicto, israelíes y palestinos, para que cumplan con sus compromisos dentro de este plan. En nombre del cuarteto, Annan pidió a la Autoridad Nacional Palestina que tome medidas para controlar a los militantes extremistas, mientras que urgió al gobierno de Israel a evitar la muerte de civiles en los territorios palestinos. "Cualquier acuerdo final en asuntos, como las fronteras y los refugiados, deber ser negociado y consensuado entre israelíes y palestinos", puntualizó el cuarteto en un comunicado de prensa. Asimismo, los diplomáticos señalaron que el desmantelamiento de los asentamientos israelíes en la Franja de Gaza debe ser completo y marcar el fin de la ocupación de los territorios palestinos. En este sentido, aclararon que cualquier medida unilateral de Israel debe ser consecuente con la "Hoja de Ruta" e insistieron en que todos los nuevos pasos que se den en el proceso de paz deben ser negociados. "Agonizando" Esta era la primera vez que se reunía el cuarteto para discutir la situación en la zona, desde que el presidente estadounidense George W. Bush apoyara la política unilateral del primer ministro israelí, Ariel Sharon, de retirar asentamientos judíos de la Franja de Gaza. El domingo pasado, pese al apoyo del mandatario estadounidense, el plan fue rechazado en un referéndum por su partido, el Likud. Antes del encuentro Annan había dicho que la "Hoja de Ruta" está "agonizando", pero no está muerta, aunque la situación es realmente complicada, no sólo por el plan de Sharon, sino por la escalada de violencia, especialmente tras el asesinato del líder de Hamás. Por eso Annan convocó a esta reunión al canciller ruso, Sergey Lavrov, su colega estadounidense, Colin Powell, y Javier Solana, Chris Patten y así como el canciller irlandés, Brian Cowen, de la UE, entre otros. Críticas de ex diplomáticos A excepción de Estados Unidos, las otras tres partes del cuarteto consideraron que la oferta de Sharon era "insuficiente" y ahora esperan que haya modificaciones de esa iniciativa. Incluso, ex diplomáticos y ex funcionarios estadounidenses criticaron el respaldo de Washington a la política de Sharon en una carta publicada este martes. La carta, redactada por el ex embajador estadounidense en Qatar, Andrew Killgore, y un ex funcionario de la Agencia de Información de EE.UU., Richard Curtiss, entre otros, dice que el apoyo de la Casa Blanca al premier israelí, con los asesinatos extrajudiciales, el muro de separación y las duras medidas militares en los territorios ocupados, reducen la "credibilidad", el "prestigio" y los "amigos" del país. Esta carta sigue el modelo de otra misiva que enviaron recientemente 52 diplomáticos británicos -ya retirados- al primer ministro británico, Tony Blair. La "Hoja de Ruta", un proceso que Bush también apoyó, plantea una serie de medidas para lograr la convivencia pacífica de dos estados y prevé la creación de un estado palestino independiente en Cisjordania y la Franja de Gaza para 2005
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Sharon se "reserva el derecho" de
asesinar a Arafat Esta increíble y delirante
afirmación proviene de un líder político del siglo 21 que afirma, al
mismo tiempo, que su objetivo es la paz En una entrevista en la televisión israelí, Sharon afirmó haberle informado a Bush de su cambio de posición durante la charla que mantuvo con el mandatario estadounidense la semana pasada en Washington. Sharon no especificó cuál fue la reacción del presidente estadounidense Sin embargo, el departamento de Estado de EE.UU. comunicó este viernes que "mantenía su postura", oponiéndose a que Israel considerara a Arafat como un blanco legítimo. "Nada ha cambiado en la posición de EE.UU., pero analizaré la afirmación (de Sharon) y veré cómo respondemos a esto", señaló el portavoz del departamento de Estado, Richard Boucher. En las últimas semanas las fuerzas israelíes dieron muerte a dos máximos líderes del grupo palestino islámico Hamas: el jeque Ahmed Yassin y Abdel Asis Rantisi. "Nueva era" En otro orden, el enviado especial de la ONU al Medio Oriente, Terje Roed-Larsen, mostró su beneplácito por la propuesta israelí de retirarse de la Franja de Gaza, señalando que esta medida podría ser el comienzo de una nueva era en el proceso de paz en la región. Sin embargo, Larsen afirmó que la retirada debía formar parte del plan conocido como "Hoja de Ruta" y no desplazar al mismo. El enviado de la ONU enfatizó que Israel debía cumplir con todas sus obligaciones (como por ejemplo desmantelar los asentamientos recientes en territorios autónomos palestinos y no contruir nuevos en el futuro) y urgió a los palestinos a tomar medidas efectivas para reducir la violencia.
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Humillación diplomática a Bush Después de la muerte del líder del grupo Hamas, Abdel Asis Rantisi, los estados árabes urgieron al Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a condenar la política de "asesinatos selectivos" israelí. Jordania expresó que "necesitaba tiempo para aclarar la posición de Estados Unidos" sobre el proceso de paz de Medio Oriente. No cabe duda que la decisión jordana es un desaire diplomático
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Condena mundial al terrorismo de Sharon
apoyado por Bush
Es que todos advierten que la creatividad Sharon-Bush,
para encontrar la paz, alcanza sólo para perpetrar actos terroristas,
los mismos que ellos condenan y dicen combatir en el mundo
Sharon asesinó al nuevo líder de
Hamas subiendo la apuesta del odio Dos guardaespaldas murieron en el acto, mientras que el líder de Hamas resultó gravemente herido. Poco después, Rantisi murió en el hospital Shifa de Gaza, donde fue trasladado en estado crítico. La potente explosión sacudió la ciudad a última hora de la tarde de hoy. La Autoridad Nacional Palestina condenó el asesinato de Rantisi y calificó el atentado de "terrorismo de estado". "Ahora es evidente ante los ojos del mundo que el pueblo palestino necesita más que nunca de protección internacional", dijo el ministro palestino Saeb Erekat. Asesinatos selectivos Abdel Asis Rantisi fue nombrado líder de Hamas después de que el pasado mes de marzo el ejército israelí asesinara al entonces máximo dirigente y fundador del grupo extremista, jeque Ahmed Yassin. Después del asesinato de Yassin, el gobierno de Israel advirtió que "acabaría" con la organización. El ministro de Defensa israelí, Shaul Mofaz, declaró que todos los dirigentes de Hamas, e incluso de otros grupos, eran objetivos de Israel. El ministro de Seguridad Interior de Israel reforzó las declaraciones de Mofaz cuando advirtió que "nadie estaba inmune", ni siquiera aquellos que "aparecen en televisión", en alusión directa al entonces portavoz de Hamas, Abdel Aziz Rantisi. Un líder sin carisma A ojos palestinos, Abdel Asis Rantisi no tenía el carisma de su antecesor, jeque Ahmed Yassin, ni era fácil concebirlo como una figura objeto de adoración de masas. Pero Rantisi tampoco pasaba desapercibido. Desde la fundación de Hamas, se contó entre sus dirigentes de primera línea, por haber sido uno de sus fundadores junto a Yassin. Considerado de la línea dura del grupo extremista, cuando Rantisi asumió la máxima dirigencia de Hamas, prometió vengar la muerte de Yassin 0304 El asesinato de Yassim, líder de Hamas, es tan estúpido que resulta sospechoso. Es imposible dejar de pensar de que tanto a Bush, como a Sharon, les conviene dejar de lado, al menos por el momento, cualquier conversación seria sobre la paz Porqué llorar la muerte de Yassim Johann Hari "Bush es enemigo de Dios" BBC El nuevo jefe del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas), Abdel Asis Rantisi, declaró que el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, es un "enemigo" del Islam y de Dios. Hablando ante unos 5.000 simpatizantes en la Universidad Islámica de Gaza, Rantisi dijo que el mandatario estadounidense ha declarado una guerra contra Dios, y que la Yihad o Guerra Santa contra Estados Unidos e Israel "debe continuar". Abdel Asis Rantisi se convirtió en líder del Hamas tras el asesinato por parte del Israel del guía espiritual y fundador de la organización radical palestina, jeque Ahmed Yassin. En una entrevista concedida al semanario alemán Der Spiegel que aparecerá publicada este lunes, Rantisi anunció una nueva escalada de la violencia. El jefe de Hamas manifestó que ya no habrá "tabúes" a la hora de cometer atentados.
"Israel abrió las puertas del infierno" Rantisi dijo que Hamas le dará a Israel "lecciones en confrontación" y que "no sabrán lo que es seguridad
Venganza interminable
Hamas prometió venganza, llevando la muerte "a cada ciudad y a cada
calle"
Asesinato del líder de Hamas Amhed Yassin Sin embargo su influencia continuaba creciendo dentro del mundo palestino, a medida que aumentaba la frustración con un proceso de paz que no ha hecho nada por mejorar la vida de los palestinos. Nacido en 1938 en lo que entonces era Palestina -bajo control británico-, el jeque Yassin forjó su visión política en tiempos de humillación y derrota para los palestinos. Habiendo perdido el uso de las piernas tras un accidente cuando era niño, dedicó sus años de juventud al estudio del Islam, en la universidad Al-Azhar en el Cairo, Egipto, lugar donde surgió la Hermandad Musulmana. Fue allí donde formó la creencia de que Palestina es una tierra islámica "consagrada a futuras generaciones musulmanas, hasta el día del Juicio Final", y de que ningún dirigente árabe tiene derecho a ceder parte del territorio. Nuevo movimiento El jeque Yassin se involucró actívamente con una rama palestina de la Hermandad Musulmana, pero se destacó durante la primera intifada palestina de 1987. Fue entonces que el movimiento palestino islámico adoptó el nombre Hamas, que significa "coraje", "ardor" o "celo", y Yassin se convirtió en su guía espiritual. En 1989 fue arrestado por los israelíes y condenado a cadena perpetua, por haber ordenado la muerte de palestinos que supuestamente colaboraban con el ejército de Israel. En 1997 fue puesto en libertad en el marco de un intercambio con Jordania, en el que se liberó a dos agentes israelíes involucrados en un intento de asesinato de un dirigente de Hamas en Jordania. Durante su estadía en prisión creció su importancia como figura de la resistencia palestina, pero su popularidad se mantuvo por debajo de la de Yasser Arafat. Poderosa inspiración Creyendo que un liderazgo dividido podría atentar contra los intereses palestinos, el jeque Yassin buscó mantener buenas relaciones con la Autoridad Nacional Palestina y con gobiernos del mundo árabe. No obstante, se mantuvo firme en su rechazo a la paz. "El llamado camino de la paz no es la paz ni tampoco es un substituto para la jihad y la resistencia", afirmó en repetidas ocasiones. La organización Hamas ha obtendido un gran apoyo de muchos palestinos ofreciendo ayuda material a quienes sufren de problemas económicos tras la más reciente intifada. Ha establecido fondos de beneficencia para construir colegios, clínicas y hospitales que proveen servicios gratuitos, y ha atraído millones de dólares del Golfo Pérsico y otras regiones. El jeque mismo probó ser una fuente poderosa de inspiración para los jóvenes palestinos que están desilusionados con el colapso del proceso de paz. Los inspiró a dar su vida prometiendo que todo atacante suicida que esté dispuesto a entregar su vida por la dignidad de los palestinos, se convertirá en mártir
Antecedentes
Alternativas en Palestina Desde el punto de vista político, la Intifada Palestina ha sacado poco provecho desde que comenzó hace dieciséis meses a pesar de la excepcional fortaleza de un pueblo bajo ocupación militar, desarmado, mal dirigido, que sigue estando despojado y que ha desafiado los estragos inmisericordes de la máquina de guerra israelí. En Estados Unidos, el Gobierno y, con un puñado de excepciones, los medios de información 'independientes', se han hecho eco mutuamente en su machacar constante acerca del terror y la violencia palestinos, sin prestar atención en absoluto a los 35 años de ocupación militar israelí, la más prolongada de la historia moderna; como consecuencia, tras el 11 de septiembre, las condenas oficiales estadounidenses a la Autoridad de Yaser Arafat por albergar e incluso patrocinar el terrorismo han reforzado fríamente la ridícula afirmación del Gobierno de Sharon de que Israel es la víctima y los palestinos los agresores en esta guerra de cuatro décadas declarada, por el ejército israelí contra civiles, edificios e instituciones, sin discriminación ni piedad. El resultado actual es que los palestinos están encerrados en 220 guetos controlados por el ejército; que helicópteros Apache suministrados por Estados Unidos, tanques Merkava y F-16 acribillan diariamente a personas, casas, huertos de olivos y campos; que las escuelas y universidades, así como las empresas e instituciones civiles, están completamente desbaratadas; que cientos de civiles inocentes han muerto y decenas de miles han sido heridos; que los israelíes siguen asesinando a líderes palestinos; que el paro y la pobreza oscilan en torno al 50% aproximadamente, y que todo esto ocurre mientras el general Anthony Zinni sigue atribuyendo machaconamente la 'violencia' Palestina al desdichado Arafat, que ni siquiera puede salir de su oficina de Ramala porque está encarcelado allí por los tanques israelíes, mientras sus destrozadas fuerzas de seguridad huyen precipitadamente intentando sobrevivir a la destrucción de sus despachos y barracones. Para empeorar más las cosas, los islamistas palestinos han entrado en el juego de la implacable maquinaria propagandística de Israel y de su siempre dispuesto ejército con brotes de bombardeos suicidas bárbaros y gratuitos que finalmente, a mediados de diciembre, obligaron a Arafat a dirigir a sus maltrechas fuerzas de seguridad contra Hamás y la Yihad Islámica, y a detener a militantes, cerrar oficinas y, en ocasiones, a disparar contra los manifestantes y matarlos. Arafat se apresura a cumplir cada exigencia de Sharon, aunque éste añada luego otra nueva, provoque algún incidente o se limite a decir -con el respaldo de Estados Unidos- que está insatisfecho y que Arafat sigue siendo un terrorista 'impertinente' (al que sádicamente prohibió asistir a los servicios religiosos de Navidad en Belén), cuyo objetivo principal en esta vida es matar judíos. En contra de toda lógica, la desconcertante respuesta de Arafat a este montón de ataques brutales contra los palestinos, contra el hombre que para bien o para mal es su líder, y contra su ya humillada existencia como nación, ha sido seguir solicitando una vuelta a las negociaciones, como si la transparente campaña de Sharon contra la mera posibilidad de celebrar dichas negociaciones no estuviera teniendo lugar, como si toda la idea del proceso de paz de Oslo no se hubiera evaporado ya. Lo que me sorprende es que, con la excepción de un pequeño número de israelíes (David Grossman ha sido el más reciente), nadie dice abiertamente que los palestinos están siendo perseguidos por Israel como si fueran sus nativos. Una mirada más atenta a la realidad palestina narra una historia algo más estimulante. Las últimas encuestas muestran que Arafat y sus adversarios islamistas (que erróneamente se denominan a sí mismos 'la resistencia') reciben entre un 40% y un 45% del apoyo popular. Esto significa que una silenciosa mayoría de palestinos no está a favor ni de la equivocada confianza que la Autoridad deposita en Oslo (ni de su régimen anárquico de corrupción y represión), ni de la violencia de Hamás. Arafat, siempre hábil e ingenioso, ha respondido delegando en Sari Nuseibeh, un notable de Jerusalén, presidente de la Universidad Al-Quds e incondicional de Al Fatah, para que pronuncie discursos sonda dando a entender que sólo con que Israel fuera un poco más amable, los palestinos podrían renunciar a su derecho al retorno. Además, una banda de personalidades palestinas próximas a la Autoridad (o para ser más exactos, cuyas actividades nunca han sido independientes de la Autoridad) ha firmado declaraciones y ha salido de viaje con activistas de la paz israelíes que o bien no tienen poder o son tan ineficaces como carentes de prestigio. Se supone que estas desalentadoras maniobras mostrarán al mundo que los palestinos están deseosos de firmar la paz a cualquier precio, incluso el de acomodarse a la ocupación militar. Arafat sigue invicto en lo que respecta a su inagotable ansia por permanecer en el poder. Pero a cierta distancia de todo esto, surge lentamente una nueva corriente nacionalista laica. Es demasiado pronto para poder denominarlo partido o bloque, pero es ya un grupo visible con auténtica independencia y categoría popular. Cuenta en sus filas con Haidar Abdel Shafi y Mustafá Barghuti (no confundir con su pariente lejano, Marwan Barghuti, activista de Tanzim), junto con Ibrahim Dakak, los catedráticos Ziad Abu Amr, Ahmed Harb, Ali Jarbawi, Fouad Moghrabi, los miembros del consejo legislativo Rawiya Al-Shawa y Kamal Shirafi, los escritores Asan Khadr y Mahmoud Darwish, Raja Shehadeh, Rima Tarazi, Gahssan al-Kahtib, Naseer Aruri, Eliya Zureik y yo mismo. A mediados de diciembre se publicó una declaración colectiva que tuvo buena cobertura en los medios árabes y europeos (pasó desapercibida en Estados Unidos), en la que se hacía un llamamiento por la unidad y la resistencia de Palestina y por el fin sin condiciones de la ocupación militar israelí, y que deliberadamente guardaba silencio con respecto a la vuelta a Oslo. Creemos que negociar una mejora en la ocupación equivale a prolongarla. La paz sólo puede llegar después de que termine la ocupación. Las secciones más atrevidas de la declaración se centran en la necesidad de mejorar la situación interna de Palestina y, por encima de todo, fortalecer la democracia; 'rectificar' el proceso de toma de decisiones (que está completamente controlado por Arafat y sus hombres); afirmar la necesidad de restaurar la soberanía de la ley y un sistema judicial independiente; impedir que continúe la malversación de fondos públicos y consolidar las funciones de las instituciones públicas para que todos los ciudadanos puedan confiar en aquellos que están expresamente designados para el servicio público. La última y más decisiva exigencia son unas elecciones parlamentarias. Al margen de la interpretación que se dé a esta declaración, el hecho de que tantas personas prominentes e independientes, la mayoría con el respaldo de organizaciones sanitarias, educativas, profesionales y laborales en funcionamiento, hayan dicho estas cosas, no ha caído en saco roto en otros palestinos (que la consideran la crítica más incisiva nunca hecha al régimen de Arafat) ni en el ejército israelí. Además, mientras la Autoridad se apresuraba a obedecer a Sharon y a Bush rodeando a los habituales sospechosos islamistas, Barghuti lanzaba un Movimiento Internacional de Solidaridad que incluía a unos 550 observadores europeos (varios de ellos miembros del Parlamento Europeo) que viajaron a Palestina costeándolo de su propio bolsillo. Con ellos estaba un grupo de jóvenes palestinos que, al mismo tiempo que desbarataba junto con los europeos el movimiento de tropas y colonos israelíes, impedía que se lanzaran piedras o se disparase desde el bando palestino. Esto dejó paralizados a la Autoridad y los islamistas y sentó las bases para conseguir que el centro de atención sea la ocupación israelí. Todo esto sucedía mientras Estados Unidos vetaba una resolución del Consejo de Seguridad que autorizaba a un grupo internacional de observadores desarmados para interponerse entre el ejército israelí y los indefensos civiles palestinos. La primera consecuencia de esto fue que el 3 de enero, después de que Barghuti celebrara una conferencia de prensa con unos 20 europeos en Jerusalén Este, los israelíes le arrestaran, retuvieran e interrogaran dos veces, le rompieran una rodilla con la culata de sus rifles y le hirieran en la cabeza, con el pretexto de que estaba alterando la paz y de que había entrado ilegalmente en Jerusalén (a pesar de haber nacido allí y tener un permiso médico para entrar). Por supuesto, nada de esto ha disuadido ni a él ni a sus seguidores de seguir con la lucha no violenta que, creo, seguramente acabará tomando el control de la excesivamente militarizada Intifada, la centrará en el plano nacional en el fin de la ocupación y los asentamientos y conducirá a los palestinos hacia la paz y la formación de un Estado. Israel tiene más que temer de alguien como Barghuti, que es un palestino racional, respetado y con mucho aplomo, que de los barbudos radicales islámicos que a Sharon le encanta mostrar como la quintaesencia de la amenaza terrorista contra Israel. Todo lo que hacen es arrestarle, lo cual es típico de la desacreditada política de Sharon. ¿Dónde está la izquierda estadounidense e israelí, tan rápida para condenar la 'violencia' mientras que no dice una sola palabra acerca de la vergonzosa y criminal ocupación? Yo les sugeriría seriamente que se unan en las barricadas (de forma literal y figurada) a valientes activistas israelíes como Jeff Halper y Louisa Morgantini, que avancen hombro con hombro con esta nueva e importante iniciativa secular palestina y comiencen a protestar por los métodos del ejército israelí, subvencionados directamente por los contribuyentes y por ese silencio comprado a tan alto precio. Tras haberse retorcido nerviosamente las manos durante un año y tras haberse quejado por la inexistencia de un movimiento palestino por la paz (¿desde cuándo tiene un pueblo militarmente ocupado la responsabilidad de crear un movimiento pacifista?), los supuestos pacifistas que pueden influir en el ejército israelí tienen el claro deber político de organizarse contra la ocupación a partir de ya, incondicionalmente y sin exigencias indecorosas a los ya abrumados palestinos. Algunos de ellos lo han hecho. Varios cientos de reservistas israelíes se han negado a cumplir servicio en los territorios ocupados, y un amplio espectro de periodistas, académicos y escritores (entre ellos Amira Hass, Gideon Levy, David Grossman, Ilan Pappe, Dani Rabinowits y Uri Avnery) han mantenido un ataque constante contra la inutilidad criminal de la campaña de Sharon contra el pueblo palestino. Lo ideal sería que hubiese un coro similar en Estados Unidos donde, a excepción de un reducido número de voces judías que hacen pública su indignación por la ocupación militar israelí, hay demasiada complicidad y batir de tambores. El lobby israelí ha conseguido temporalmente identificar la guerra contra Bin Laden con el ataque que Sharon ha emprendido con determinación contra Arafat y su gente. Desgraciadamente, la comunidad árabe estadounidense es demasiado pequeña y está demasiado ocupada en escapar de la red de arrastre del ministro de Justicia, Ashcroft, de los perfiles raciales y de la limitación de las libertades civiles. Por tanto, lo que se necesita con mayor urgencia es la coordinación entre los diversos grupos laicos que apoyan a los palestinos, un pueblo cuyo mayor obstáculo para su mera presencia (mayor aún que los estragos de los israelíes) es su dispersión geográfica. Acabar con la ocupación y todo lo que ésta entraña es un imperativo suficientemente claro. Ahora, hagámoslo. Y los intelectuales árabes no han de tener miedo a unirse. Edward W. Said, es palestino, ensayista y profesor de literatura comparada en la Universidad de Columbia en USA. Recibió el premio "Príncipe de Asturias" en el 2002
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