Cargando

El Sandinismo fracturado     
Jose Antonio Luna - Otros textos del autor

 

Ir al catálogo de monografías
y textos sobre otros temas

Glosarios - Biografías
Textos históricos

ENLACES RECOMENDADOS:

- Daniel Ortega: Soledad y corrupción
- Pobreza en Nicaragua
-
General Augusto Sandino
- Ortega según Cardenal
-
Dinastía Somoza

 

Google

Avizora - Atajo

Google

 
 

070908 - Tampa, Florida - El poeta Ernesto Cardenal llama ladrón al presidente Ortega

A finales del año pasado se realizó en la ciudad de Monterrey, México, un debate sobre “La izquierda en América Latina”. El debate es parte del gran programa del Forum Universal de las Culturas Monterrey 2007. Allí se  polemizó sobre el populismo de las “las nuevas izquierdas” entre las que destacan la Chilena y la Venezolana.

Dos de los expositores, el escritor Argentino Marcos Aguinis y el periodista y político Pakistaní, Tariq Ali, hablaron de los modelos izquierdistas predominantes en América Latina, pero pasaron por alto referirse al modelo Cubano y a la revolución Sandinista de Nicaragua. Si hablaron de Cuba y Nicaragua fue a vuelo de pájaro.

Aguinis, ex ministro de Cultura de Argentina, fue enfático al referirse al populismo del Chavismo en Venezuela y su similitud con el Peronismo.

Lea:
Daniel Ortega asume el poder

Me llamó la atención la ausencia de algún personaje de la izquierda nicaragüense en el Forum. Nadie habló en el acto de la revolución que tomó el poder en Nicaragua un 19 de julio de 1979. Nadie habló de Daniel Ortega como prominente dirigente de la izquierda Latinoamericana. Nadie hizo un recuento del experimento revolucionario de los llamados “cachorros de Sandino”. No se habló en el forum del general  Sandino, anti-imperialista, nacionalista y de su herencia.

¿Será entonces que la revolución nicaragüense ya no existe? ¿Fracasó el proyecto revolucionario nicaragüense? ¿Desde cuándo el proceso político en nicaragua dejó de ser una revolución?

Víctor Tirano López, comandante sandinista,  asegura que la revolución la enterró Daniel Ortega. Tirado, quién fuera compañero de armas en las montañas del norte de Nicaragua, y fundador del Frente Sandinista, Carlos Fonseca, aseguró que fueron las pugnas internas, las divisiones sectarias y la falta de visión política la que hizo fracasar  la revolución.

¿Entonces, qué tipo de “revolución” es la que intenta implantar en su segundo gobierno Daniel Ortega?

En Julio pasado se cumplieron 29 años del derrocamiento del Somocismo en nicaragua. El histórico 19 de julio, en lugar de ser un motivo de júbilo unitario, sirvió para que las pugnas entre sandinistas se acentuaran.

La división profunda dentro de las filas del sandinismo ha polarizado a las tendencias que se enfrentan con más virulencia a casi dos años de la designación de Daniel Ortega como presidente de Nicaragua.

Ya no hay reconciliación. Los ex-guerrilleros que tomaron el poder  en 1979  están más divididos que nunca. Las facciones están en una guerra ideológica sin cuartel, que lógicamente fracturará  más al sandinismo. Las acusaciones mutuas de corrupción y traición a los postulados “revolucionarios” se suceden como torrentes de lava ardiente.

La gota que llenó el vaso, ha sido la condena  del poeta Ernesto Cardenal, por un juez de Managua, por el delito de injurias y calumnias. Sentencia  que el poeta Cardenal atribuye a manipulaciones del presidente Ortega y la esposa de éste, la poetisa  Rosario Murillo.

Según Cardenal la reapertura del caso criminal en su contra es una venganza de Ortega y Murillo  que están furiosos por sus fuertes declaraciones vertidas en Paraguay durante la toma de posesión del presidente Fernando Lugo.

En Paraguay, el poeta Ernesto Cardenal llamó al presidente Ortega   “ladrón” y oligarca. Acusaciones que fueron refutadas inmediatamente por Rosario Murillo quien llamó a Cardenal “loco” y "un fracasado."

Cardenal dijo que Ortega no fue a la investidura de Lugo porque  no tuvo el valor de enfrentarse a los grupos feministas de Paraguay que los repudian públicamente por la acusación de violación  de su hijastra Zoilamérica Narváez.

El poeta Cardenal, quedó en libertad pese a negarse a pagar 20 mil córdobas (unos 1,200 dólares) que acompañan a la condena, debido a que el juez de la causa lo declaró valetudinario por ser mayor de 70 años. La declaración de valetudinario ha sido considerada por Cardenal como discriminatoria y cargada de mala intención.

Las críticas de Cardenal contra Ortega, no son nuevas. Ortega ha sido señalado por prominentes  disidentes del partido Sandinista de corrupto y de autoritario. Acusaciones que coinciden con los grupos opositores de “derecha” que tienen representación en el parlamento.

Cardenal, un ex sacerdote Trapense, es considerado un ícono de la revolución sandinista. Ernesto Cardenal, fue en el primer gobierno Sandinista (1979-1989) ministro de Cultura. Y durante toda la década del gobierno de reconstrucción nacional, fue el mentor de la poetisa Rosario Murillo y de otros escritores de los llamados “revolucionarios”. Cardenal era de los allegados –íntimos-de Daniel Ortega y del ex-ministro del interior, comandante Tomás Borge, uno de los pocos destacados  sandinistas que apoyan al gobierno de Ortega y Murillo. Borge es actual embajador de Nicaragua en Perú.

Al conocerse la llamada “persecución política” contra el poeta Cardenal, el premio Nobel de Literatura José Saramago, dió a conocer  una carta pública de apoyo a Cardenal y donde demanda junto con otros intelectuales el derecho del “pueblo nicaragüense a vivir libre de miedo y represión”. Firmaban la carta entre otros Jorge Boccanera, Eduardo Galeano, Angeles Mastretta, Saymour Menton José Emilio Pacheco y más de 40 escritores, poetas y periodistas del mundo.

Otros escritores disidentes del Sandinismo, Sergio Ramírez y Gioconda Belli, han declarado que la libertad y la democracia nicaragüense están amenazada por el autoritarismo del Orteguismo.

Sobre la existencia de tendencias o grupos dentro del sandinismo se ha escrito superfluamente. Quizás esta situación ha sido poco analizado y explicada en el pasado por evitar “hacharle leña al fuego”. Pero la división del sandinismo  existió desde antes de la toma del poder  tras el derrocamiento de Somoza en 1979.

Hay que destacar que las discrepancias de los jerarcas sandinistas se agudizaron  después de que Daniel Ortega se auto-postulara para presidente en 1985. Desde 1979 hasta 1985 Ortega había sido miembro  de una junta de gobierno que fue electa por el directorio de los comandantes y que estaba integrada por 5 miembros: Rafael Córdova Rivas, Sergio Ramírez, Moisés Hassan, Violeta Chamorro y Ortega.

En 1985 Daniel Ortega ganó las elecciones de manera aplastante porque todavía contaba con el apoyo de la mayoría de las tendencias -guerra popular prolongada (GPP)- Insurrecciónales o terceristas  y Proletarios. Pero meses después tuvo que enfrentarse a los pugnas internas del sandinismo y la contrarrevolución.

El gobierno de Ortega incapaz de derrotar militarmente a la llamada “contra” tuvo que convocar a elecciones extraordinarias  en 1989 por presiones de la Organización de Estados Americanos, (OEA) y Estados Unidos.

La gran ofensiva militar de los grupos contrarrevolucionarios  beligerantes desde las montañas del norte del país y la frontera -sur- con Costa Rica amenazaban con escalar hasta a una guerra civil con amplias posibilidades de regionalizarse.

La guerra de los “contras” financiada por Estados Unidos -administración de Ronald Reagan- que consideraba al sandinismo como la punta de lanza de la exportación de revoluciones junto con Cuba, frustró -según los sandinistas- el proyecto revolucionario que inicialmente fue admirado y respaldado por una gran mayoría de países Latinoamericanos, Europa y África.

Algunos analistas políticos, afirman que fueron los dirigentes Sandinistas los que malograron la revolución con su radicalismo, dogmatismo y sectarismo más la sumisión de Ortega al líder del  gobierno cubano, Fidel Castro.

Fue a partir de la elección de Ortega como presidente en 1985, que la división de los tres grupos (tendencias) sandinistas se acentuó. Los grupos o esferas de poder fueron más evidentes y cada tendencia se adjudico de facto  su área específica de influencia y control administrativo y económico. 

Ortega controlaba las fuerzas armadas con su hermano el general  Humberto Ortega, ahora en  retiro; y parcialmente el Consejo de Estado (parlamento) con su alianza con los comandantes Carlos y Rene Núñez Téllez.

El grupo del comandante Jaime Wheelock Román  controlaba las instituciones vinculadas al sector agropecuario y  los comandantes Bayardo Arce y Henry Ruiz manejaban las finanzas y los medios de comunicación. Ernesto Cardenal era el encargado de la cultura junto a otros artistas y escritores como Sergio Ramírez y Gioconda Belli.

Es a raíz de la contundente y sorpresiva derrota electoral de Daniel Ortega en 1990, frente a la candidata de la llamada “derecha nicaragüense” Violeta Chamorro, que las alianzas sandinistas se rompen. El fraccionamiento del sandinismo  saltó  a la palestra pública como consecuencia lógica de la frustración de haber perdido el gobierno en solo 10 años. Los jefes sandinistas se acusaron mutuamente  por la derrota electoral. Rodaron cabezas dentro de la asamblea del partido Frente Sandinista y empezaron a caldearse los ánimos. Ortega se enfrentó a los comandantes que promovían un “cambio” dentro  Sandinismo y los expulsó del partido.

Para presionar  al gobierno de Violeta Chamorro, los sandinistas buscaron alianzas con la llamada derecha disidente. Inexplicablemente Ortega  decidió aliarse con sus ex enemigos de lucha: Los somocistas. El paso dado por Ortega dejó atónitos a miles de sandinistas ortodoxos, revolucionarios.

Pero la acción más negativa y anti-popular que realizo Ortega antes de entregar el poder a Violeta Chamorro en 1980 fue saquear los bienes  del empobrecido estado de  Nicaragua. En una insólita decisión  filibustera, Ortega y sus seguidores se adueñaron de millones de dólares en efectivo inmuebles, empresas y fondos bancarios. La operación bautizada por la prensa local e internacional como “la piñata”, fue también criticada y condenada por los dirigentes izquierdistas que no estuvieron de acuerdo con semejante decisión. La mayoría de estos comandantes y cuadros importantes de la izquierda  con el tiempo fueron  expulsados del FSLN. Otros decidieron aislarse o irse del país.  

Un día ante de entregar  el gobierno a la presidente electa Violeta Chamorro, ex miembro de la junta de gobierno revolucionario de 1979, viuda del asesinado periodista Pedro Joaquín Chamorro, se consumo la operación “piñata”.  Por sumas irrisorias los comandantes y sus allegados compraron haciendas, fincas, mansiones, automóviles, empresas comerciales,  industrias. Se adueñaron de miles de millones de dólares sin importarles las acusaciones de corrupción de diferentes sectores de la sociedad nicaragüense.

Los “revolucionarios” se convirtieron de la noche a la mañana en los nuevos ricos. Los ricos izquierdistas. Los nuevos oligarcas. Los nuevos capitalistas.

Para las bases sandinistas, para los trabajadores, para los campesinos que participaron en la lucha militar contra Somoza, los comandantes perdieron el piso. Se corrompieron y se convirtieron en los explotadores.

Es quizás por eso es que Ernesto Cardenal llama “ladrón” a Ortega.

Cabe recordar que durante los 10 años del primer gobierno sandinista, Cardenal gozó de privilegios como ministro y usaba fondos estatales para promover sus viajes culturales de solidaridad.

Según sus detractores, Ortega, ha traicionado al sandinismo por mantener una alianza política y económica con el ex presidente Arnoldo Alemán dirigente del partido liberal Constitucionalista (PLC) El “gordo” Alemán quién fue militante del partido liberal nacionalista (PLN) de Somoza antes del triunfo sandinista del 19 de julio de 1979, fue acusado y condenado por malversación de fondos y otros delitos durante la administración de de Enrique Bolaños, quien derroto a Ortega en el tercer intento que hizo este para llegar a la presidencia. El ex presidente Alemán  tiene arresto domiciliario por motivos de salud. Y es perseguido por la justicia de Estados Unidos por fraude.

Actualmente la alianza Ortega-Alemán controla la Asamblea Nacional, La Corte Suprema de justicia y el Tribunal Electoral.

Por su parte Ortega acusa a sus ex compañeros de partido de pro imperialistas, de traidores al Sandinismo y de promover junto con la derecha empresarial nicaragüense (los capitalistas) un boicot a su gobierno.

El comandante de la revolución, Víctor Tirado López -quien es junto con Tomás Borge uno de los más viejos militantes del Sandinismo, asegura que “Daniel enterró la revolución” (El Nuevo Diario, 6 de junio 2008).

Según Tirado, el gobierno de Ortega está llevando a Nicaragua al desastre. Afirma que después de un año y medio de gobierno la situación del pueblo está peor. “No puede manejar la economía. Está aplastando la economía. Es un desastre. No sabe ni que hacer con Unión Fenosa. No sabe que hacer con el precio de los combustibles, de los productos de primera necesidad. Hay atraso en la generación de empleo”.

Interrogado sobre la revolución y su continuidad, Tirado López se pregunto: ¿Cuál revolución? ¡Ya no hay revolución! Daniel “la enterró, la aplastó”.

Hace unos meses la comandante Dora María Téllez estuvo en huelga de hambre en contra de un fallo del tribunal electoral que le canceló la personería jurídica a su partido Movimiento Renovación Sandinista (MRS). Durante su ayuno Téllez dijo que Daniel Ortega está conduciendo a Nicaragua a una crisis peor que la del somocismo.

Los partidos llamados de derecha que adversan también al partido Sandinista de Ortega han acusado al presidente de ser un títitere del presidente Venezolano, Hugo Chávez y de promover el nepotismo y la corrupción.

Eduardo Montealegre parlamentario y empresario que fue el candidato a la presidencia en los comicios de noviembre de 2006, ha comparado a Ortega con Somoza.

Por su parte el gremio de periodistas ha acusado al presidente de limitar la libertad de expresión, retirar las pautas publicitarias a los medios informativos críticos al gobierno y restringir información oficial a los reporteros.

Hace unos días, el presidente Ortega en un acto público acusó nuevamente a Estados Unidos de ingerencista  mientras que el embajador  Robert Callahan, pidió al presidente de Nicaragua “discutir nuestras diferencias de manera respetuosa”. En su discurso Callaham hizó un recuento de la ayuda económica y humanitaria de Estados Unidos a Nicaragua que supera los 500 millones de dólares anuales.

La crisis del Sandinismo está repercutiendo en la vida de los nicaragüenses. El costo de la vida mantiene en la miseria a casi el 80 por ciento de la población. La infraestructura  para la educación es obsoleta. La prostitución aumenta cada día. El narcotráfico es una amenaza pública y el desempleo es superior  al 70 por ciento entre la población económicamente activa. Nicaragua es junto con Haití uno de los países más pobres del mundo.

La inestabilidad política ha hecho descender la popularidad de Ortega, pero increíblemente no ha hecho subir los índices de aceptación de sus adversarios.

El pueblo  reclama cambios. Mejor nivel de vida. Trabajo, salud, seguridad, empleo.  La gente quiere acción, menos populismo.

Respecto a  la pugna entre Sandinistas, el pueblo está a la expectativa.

¿Qué será del sandinismo si  las facciones no encuentran puntos de convergencia? Lógicamente el sandinismo se seguirá fraccionando. Algunos analistas creen que el sandinismo  podría desaparecer si no  recupera la confianza de su base ante de las próximas elecciones.  La última palabra la tiene  el pueblo que llevó al poder a los “muchachos” guerrilleros, un 19 de julio de 1979 a un costo muy alto: 50 mil muertos.


 

 

 

AVIZORA.COM
Webmaster: webmaster@avizora.com
Copyright © 2001 m.
Avizora.com