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Todo lo visto y lo vivido |
. Crónicas Marcianas R Bradbury |
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Derechos
Humanos |
| Otros textos del autor: Nuevos vuelos - Sobre mentiras y verdades - Terror-ismo: la ideología del asesinato |
Marte, el gran ojo rojo, está esperándonos. Sin saber
si es un amigo, un enemigo o un primo lejano de la Tierra, los científicos
de las dos agencias espaciales más importantes del mundo –NASA y
ESA-
pusieron manos a la obra para cumplir la profecía de que en el 2025 el
hombre pondría un pie en el planeta rojo. Esta fecha no es una declaración
arbitraria, sino el límite de un plan trazado por la
NASA. hace ya
veinticinco años y llevado a cabo paso por paso. La humanidad ha visto y ha
vivido muchas cuestiones en torno a Marte y a la investigación espacial, y a
principios de siglo XXI algunas cosas han cambiado desde la década del ´50,
cuando el fervor por el espacio y los planetas invadía cada rincón de los
hogares y las mentes.Lo visto, desde el principio El hombre observa a Marte desde que es hombre. Las primeras civilizaciones de la historia lo identificaron con dioses, como a todos los cuerpos celestes (aunque este en particular sea rojo). Los griegos lo hicieron con el dios Ares, los romanos con el dios Marte, ambas divinidades de la guerra y la muerte. No es casual que hayamos otorgado a este planeta una impronta mortal: el rojo que tiñe su superficie es el mismo rojo que matiza la sangre humana, como una gota de sangre en la negrura inmensa del cielo nocturno. El imaginario humano ha creado desde la literatura
varias concepciones sobre nuestro vecino punzó. En la última década del
siglo XIX,
H
G Wells escribe La Guerra de los Mundos, donde nos aterra con
la posibilidad de la existencia de malvados marcianos, y remarca en nuestras
mentes esa impronta guerrera del rojo sangre que lo identifica. Más de
cincuenta años después,
Ray Bradbury escribiría una oda a Marte que sería
una de las obras más leídas de la historia de la ciencia ficción. Las
Crónicas Marcianas nos develan un Marte anciano, cansado y decadente,
carente de actividad guerrera y ansias de dominación. Bradbury le otorgó a
Marte la atmósfera de los bucólicos campesinos de Alabama del siglo XIX.
Visiones diametralmente opuestas las de ambos voceros de nuestras
imaginerías, pero con un punto en común: en ambas obras Marte es viejo,
decadente, un mundo que se diluye en el mar de la infinita historia cósmica Primero fue la Luna. La puerta del espacio, colgada desde que el mundo es mundo sobre nuestras cabezas, la dueña de la marea, fue ansiada con pasión por los astrónomos, los amantes, los comerciantes y los políticos. Kennedy hizo una profecía, y la respuesta fue una huella con marcas horizontales, registrada en la superficie lunar el 20 de Junio de 1969. La fotografía más famosa de la historia recorrió el planeta por espacio y tiempo, y nadie puede verla sin advertir que es un sueño de toda la humanidad cumplido en un gesto, un pequeño paso para un hombre. El Apollo XI, Neil Armstrong, la transmisión televisiva, son parte de aquellas cosas imborrables de las memorias de los pueblos. Luego de este éxito, el resto fueron fracasos y decepciones. A pesar de que módulos y astronautas continuaron investigando la Luna, y los científicos comenzaron a desviar secretamente los telescopios hacia Marte, una serie de fracasos de la NASA –que le costaron el prestigio y el presupuesto- culminó con la explosión del trasbordador Challenger y la muerte del primer tripulante civil que viajaría al espacio. El público comenzó a perder interés por la investigación espacial, y la televisación de un lanzamiento en Cabo Cañaveral era utilizado como castigo por los padres a los niños rebeldes. . Mientras nos preocupamos por las constantes crisis
económicas y de atender nuestra propia vida cotidiana, apenas nos alcanza
el tiempo para seguir los entramados político-sociales del mundo y, además,
vivimos una Guerra que amenaza con esclavizarnos a las órdenes del Gran
Tirano Norteamérica, poco espacio en nuestra conciencia queda para los
increíbles logros de la investigación espacial. ¿Por qué nos puede interesar
un robot a control remoto en Marte? ¿A quién afecta que hayan encontrado
agua? ¿Acaso quieren vendernos rolitos marcianos? Entre las sospechas de que
esta carrera espacial es una jugada política al mejor estilo Guerra Fría y
el desinterés general por los asuntos intergalácticos, aunque la
investigación espacial tiene el visto bueno del poder y los grandes medios,
nosotros, los seres pequeños de ojos pequeños, nos preguntamos: ¿A quién le
importa esto? Yo contestaría que sí. Las fotos del agua marciana
no se distinguen de un muestrario de alfombras, las manchas no dicen nada si
el epígrafe del diario no explicara qué estamos viendo. Y pocos sabemos que
la presencia de agua en Marte no sólo permite la vida de existencia
marciana, sino que permite la supervivencia de vida humana en Marte. Y si
usted piensa esto mientras barre la vereda o toma café, difícilmente lo
creerá: mientras los gobiernos evitan que se hable de vida extraterrestre, y
la televisión y el cine (con los Expedientes Secretos X como cabecilla) nos
envían el mensaje de que los extraterrestres son cuestiones de la ciencia
ficción o de paranoia, entonces es natural que restemos importancia a todo
lo que en estas semanas acontece en el espacio, que ya no es la última
frontera Sin dudas la investigación espacial es importante.
Es producto de las ansias del hombre por responder las preguntas más
esenciales, quiénes somos, dónde estamos, qué significa nuestra existencia.
En un mundo extremadamente pragmático y golpeado por sus propias miserias,
donde millones de personas mueren a causa de la ausencia de los elementos
básicos para la supervivencia, el dinero, tiempo y energía invertidos en la
investigación espacial es un acto entre romántico y siniestro. El hombre en
las estrellas, el ser humano atravesando los límites que su propia
constitución le impone es una idea que fascina a cualquiera, pero la
utilización de lo aprendido para destruir el nuevo planeta abordando
extrayendo recursos desmedidamente, el enriquecimiento de unos pocos a costa
de un inocente planeta en decadencia, el manejo político de los triunfos
científicos para esconder noticias escalofriantes sobre guerras o crisis
económicas, son todas cuestiones que no nos parecen, ni de lejos, simpáticas |
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