Un ejemplo gráfico
El 13 de agosto de
2005, ante una numeroso grupo de piqueteros que reclamaban en la La
Plata por un compañero detenido, aparece en la portada de diario
local “El Día”, una foto con individuos con rostros cubiertos y
exhibiendo palos. Imagen perfecta para infundir miedo en las capas
medias, sobretodo si el texto que acompaña a la foto destaca este
hecho; sin embargo, lo que el texto no se esforzaba en aclarar y el
ángulo utilizado para captar la escena tampoco, es que detrás de los
cuatro o cinco muchachos, que aparecen en primer plano para generar
el efecto deseado, hay varias decenas a cara descubierta, sin palos
y con una significativa cantidad de mujeres y niños
(2).
Es decir, no se
necesita explicitar una ideología para difundirla, es más, su
difusión puede resultar mucho más eficaz precisamente si no se la
presenta como una visión particular de la realidad sino como “la
realidad”. Surge entonces el necesario interrogante: ¿es la imagen
de la realidad expresada en forma gráfica, oral o audiovisual
exactamente igual a ella? Y la respuesta comprobable: no, en el
mejor de los casos sólo es un fragmento de la realidad. Los
propietarios de los medios sólo muestran o jerarquizan una
parcialidad, pero al presentarla con frecuencia como expresión de
una totalidad, lo que hacen es construir una imagen de la misma que
resulta útil para justificar la defensa de sus intereses de clase.
La objetividad absoluta es una quimera ya que siempre esta
condicionada, pero cuando no se advierte al público el recorte que
se hace ni desde dónde se hace, y cuando el mismo, además, se
corresponde con la mirada de sectores minoritarios y privilegiados,
esa objetividad directamente no existe ni siquiera como aspiración
(3).
La visión se oculta
tras las técnicas denunciadas por Jauretche, destacando aquel
fragmento del mensaje que expresa el interés de su transmisor y
reduciendo al mínimo (o, en casos extremos, expulsando directamente
de la imagen y discurso) aquello que contraría dicho interés.. Pero
si esta cuestión era de capital importancia hace cincuenta años,
mucho más ahora en un mundo en el que la información desempeña un
rol estratégico en los procesos de dominación y, desde luego, como
contracara dialéctica, también resulta imprescindible para liberarse
de dicha dominación. Los medios se han desarrollado al compás de la
tecnología, y nuevas opciones (Internet) u otras ya conocidas pero
con técnicas más sofisticadas (transmisiones de televisión vía
satélite y múltiples ofertas por cable) incursionan en el panorama
actual del capitalismo global pretendiendo clausurar el desarrollo
de las conciencias. La televisión, que en vida de Jauretche ya
existía, ha incorporado desde su desaparición física sofisticados
recursos técnicos más el aporte creciente de conocimientos
científicos, sobretodo psicológicos, con el objetivo de volver
invisible la visión que se intenta transmitir. Tanto es así que la
publicidad recurre en no pocas oportunidades a mensajes subliminales
para volver deseable el producto que se promociona. También se
recurre a la inducción psicológica, creando consenso para algo o
alguien a partir de los sentimientos de pertenencia social de los
sujetos. La dictadura cívico-militar que se instaló en nuestro país
entre 1976 y 1983 recurrió con frecuencia a esta inducción:
“Dos ejemplos
paradigmáticos son, por un lado, la “inducción de sentimiento de
culpa”,buscando revertir la responsabilidad del victimario sobre la
familia de la víctima, aparecían frases como “¿sabe usted qué está
haciendo su hijo en este momento?”; por otro, la “inducción a dar
por muerto al desaparecido”, forzando a los familiares a quedar
alineados al discurso del poder y a elaborar el duelo
correspondiente desde los dispositivos clásicos” (4).
Las técnicas son tan
sutiles que se vuelve compleja la tarea de demostrarle a quien
practica una mirada ingenua, el carácter parcial de la imagen que
está observando o el mensaje oral que está escuchando. Sin embargo,
los propietarios de los medios no siempre recurren al perfil más
cuidado, a veces también ellos se dejan llevar por una necesidad
económica estrechamente inmediata, o un interés político demasiado
urgente. Entonces el mensaje puede aparecer en formato más precario,
a tal punto que aquello que siempre intentó presentarse de forma no
visible, se manifiesta con una visibilidad grosera.
Un ejemplo audiovisual
Eso es lo que
ocurrió horas después de la urgente operación del líder cubano Fidel
Castro. Allí tuvimos oportunidad de comprobar en qué consiste la tan
mentada independencia informativa y neutralidad valorativa de la
CNN, ya que contemplamos no sin estupor como esta cadena de noticias
ofrecía imágenes sin solución de continuidad de festejos llevados
adelante por la comunidad de cubanos exiliados en Miami, acompañados
por los análisis seudo objetivos de columnistas (siempre
anticastristas) en los que la hipótesis principal era la pronta o ya
producida muerte del líder revolucionario. Como el gobierno cubano
brindaba sólo esporádicos partes médicos sobre el estado de salud de
Fidel aclarando que no les harían el juego a los enemigos de la
revolución, la “prestigiosa” CNN se lanzó a una sistemática campaña
desinformativa en la que se manejaban argumentaciones y
especulaciones dignas de un programa de ficción pero que poco tenían
que ver con la supuesta objetividad y neutralidad que dicen
defender. Las escenas transcurrían permanentemente en Miami, los
entrevistados eran siempre los exiliados y los columnistas no
lograban disimular los servicios que prestan al Estado imperialista
de EE.UU. Un de ellos especuló con que Fidel había muerto y se lo
estaba preparando al pueblo, los restantes trabajaban sobre la
hipótesis de Cuba sin el líder de aquí en más. Todos hablaban de la
transición a la “democracia”, todos estaban predispuestos para
“ayudar” al pueblo cubano a transitarla. Un entrevistado cubano, muy
creyente, dijo que por cuestiones religiosas no podía desear la
muerte de nadie, pero si la democracia requiere algo así, que dios
disponga (¡increíble!). El señor Díaz, Alcalde de Miami, también
especulaba con el pronto regreso a una isla democrática. Ante
semejante ofensa a la inteligencia, ya que la apuesta de la CNN a la
muerte de Fidel y la caída del gobierno revolucionario era tan
evidente que no cabía posibilidad de no comprobar su falta de
independencia y su nulo interés por alcanzar un mínimo de
objetividad, cabe preguntarse ¿qué hacer? ¿Hay otro periodismo
posible
La opción audiovisual Telesur
Decíamos al iniciar este artículo que en países dominados durante
gran parte de su historia por el imperialismo (en alianza con las
oligarquías locales), todo pensamiento alternativo debe inscribirse
necesariamente en el campo nacional y popular. Nadie pretende una
objetividad pura porque no existe, si debe existir una aspiración de
objetividad consciente de sus límites (factores condicionantes);
tampoco pretendemos la neutralidad valorativa porque es tan
impracticable como indeseable, ya que lo deseable es un conocimiento
comprometido con la necesidad de trasformación. Quien no pone sus
conocimientos al servicio de un cambio posible, termina como
convalidador consciente o inconsciente del statu quo. Y en nuestra
América Latina esto es idéntico a perpetuar la estructura
imperialista de explotación y marginación de nuestro pueblo.
Conocer la realidad
con la mayor objetividad posible, que nunca es igual a la deseable
pero es mucho más que la ignorancia o el falso conocimiento,
constituye una necesidad de primer orden para conquistar la
independencia y el desarrollo autocentrado de América Latina. Que,
por otra parte, sólo lo conseguirá en la medida en que logre
constituirse como la Patria Grande que soñaron San Martín, Bolivar y
tantos otros. Pero para conquistar la independencia material hay que
comenzar a conquistar la independencia de nuestras conciencias. En
ese encadenamiento de necesidades objetivas, gestar una información
propia, una mirada latinoamericana de lo que pasa en nuestra tierra
y el mundo, es un paso fundamental para aprender a ver la realidad
de otra manera, no filtrada por los interese ajenos a la región que,
a su vez, se asocian con los de las minorías privilegiadas de
nuestra tierra.
El pensamiento de
Jauretche resulta nuevamente imprescindible para orientarnos en la
cuestión. Él planteó la necesidad de producir un mapamundi con el
Sur arriba, de esa manera la visión que tenemos del mundo cambia. El
arriba y abajo al que estamos acostumbrados, con todas sus
consecuencias en el plano de la conciencia, es producto de una
construcción mental gestada por los intelectuales del Norte. No hay
razón para no modificarla, ya que el planeta no tiene un arriba y un
abajo objetivos, todo depende de dónde nos ubiquemos y con qué ojos
para generar la mirada. Hasta ahora hemos mirado a nuestra propia
tierra con los ojos de los imperialistas, ubicados históricamente en
el Norte. Ha llegado el tiempo de producir otra mirada, con los ojos
de los pueblos del Sur. En ese marco se inscribe la necesidad de
producir nuestra propia información.
En una estrategia
informativa puesta al servicio de un proceso de liberación mental y
material la creación de Telesur es fundamental nuestra Patria
Grande. Hugo Chávez, que además de ser un político claramente
identificado con el campo nacional y popular tiene una visión del
futuro (socialismo para el siglo XXI) y una claridad táctica y
estratégica envidiable, ha dado un paso trascendente al impulsar un
proyecto que apunta a generar noticias propias, analizando la
información desde un ángulo alternativo al dominante.
Telesur forma parte
de ese mapamundi propuesto por Jauretche, para mirar el mundo desde
un centro ubicado en nuestra tierra. Al respecto resultó muy útil
recurrir a un adelanto de la técnica que Don Arturo no conoció, como
es la posibilidad que surge de confrontar imágenes y discursos sobre
un mismo echo en un mismo tiempo a partir de la utilización del
control remoto de nuestro televisor. Recurriendo a él se pudo
comprobar las diferencias sustanciales entre las transmisiones de
Telesur y la CNN sobre la enfermedad de Fidel el mismo día en que se
expuso el tema por primera vez en los medios.
Un
ejemplo de la opción Telesur
Como
contracara de la CNN la transmisión de Telesur presentó, durante el
primer día de información sobre el estado de salud de Fidel, un
mensaje mucho más objetivo aunque sin pretensiones de neutralidad.
Los escenarios eran las calles de Cuba, con un pueblo en calma pero
muy preocupado por su líder, las calles de Venezuela con una
mayoritaria expresión de solidaridad, y también, las calles de
Miami, con su anticipada fiesta por lo que ellos suponían era el fin
del “dictador”. El único informe que se emitió sobre el estado de
salud fue el oficial. Se informó sobre la delegación de autoridad en
la figura de Raúl Castro y no hubo especulaciones sobre el futuro de
Castro.
Nadie pretendió ser
neutral, el deseo explícito era la recuperación y continuidad de
Fidel. Pero las imágenes y audio de por lo menos tres escenarios
distintos, con la presencia imprescindible de los cubanos que viven
en Cuba, contrastaban claramente con la lamentable transmisión de la
“objetiva” CNN que en esas primeras horas sólo recurrió a los
cubanos exiliados en Miami, pretendiendo expresar de esa manera el
estado de ánimo y los deseos del pueblo isleño.
Esta historia es muy
curiosa porque refleja una realidad de los medios paradójica:
aquellos que dicen ser la representación de una información no sólo
objetiva sino también imparcial, mostraban un subjetividad y
parcialidad perceptible hasta para un escolar; mientras que los que
no intentan ser imparciales porque están claramente identificados
con los pueblos del Sur realizaron una trasmisión mucho más objetiva
al mostrar imágenes y discursos de escenarios alternativos. Pero sin
ocultar que de todos esos escenarios posibles el más pertinente era
el de Cuba.
A
modo de conclusión
Hemos tenido
noticias de una campaña que se estaría desarrollando en algunos
medios “independientes” para que Telesur tenga menos pantalla en
nuestro país. De ser así, saben lo que hacen. El periodismo
empresarial, habitualmente identificado con las oligarquías de
nuestra América Latina y las burguesías imperialistas, nunca ha
practicado la libertad de expresión, ya que cuando otras voces
habitualmente silenciadas encuentran una vía de comunicación
recurren a distintas falsedades para silenciarlas. Son los mismos
que no dijeron una palabra cuando la empresa Clarín censuró y echó a
Liliana López Foresi de canal 13. Los mismos que censuraron sin
ningún pudor a Televisión Registrada por presentar en América a un
procesado por la justicia como Mario Pontacuarto. Los mismos que se
rasgan las vestiduras cuando D´Elía hace justicia por mano propia
para liberar espacios públicos y utilizan las medios para
denunciarlo como si fuese un delincuente, pero incurren en un
llamativo silencio cuando el supuesto perjudicado por la acción (un
dudoso ecologista yanqui que adquirió 300.000 hectáreas sobre un
gran reservorio de agua dulce) corta caminos convirtiendo en propio
un espacio de todos. Y también son los mismos que en Venezuela
reciben dinero del gobierno del señor Bush, a través por ejemplo de
la NED (Fundación Nacional para la Democtacia), para desestabilizar
a Chávez con el eterno pretexto de luchar por la “democracia”.
Ante este nuevo
intento de atropellar la libertad de expresión por parte de aquellos
que dicen ser sus más celosos custodios, se impone una respuesta
colectiva, solidaria y contundente de todos los que nos
identificamos con los intereses de los pueblos de nuestra
Latinoamérica. No sólo Telesur es imprescindible para mantener un
espacio que expresa la mirada alternativa de ese mapamundi
jauretcheano, sino que muchos espacios similares en cuanto a sus
objetivos son necesarios en la gráfica y en los medios radiales y
audiovisuales. Consolidar los que ya existen y gestar nuevas
iniciativas es una tarea estratégica para que avancemos hacia la
concreción de ese un proyecto colectivo del siglo XXI: la Patria
Grande justa y liberada.
La Plata, agosto de
2006
(1)
Arturo Jauretche, Jauretche, Arturo, “Los profetas del odio”, página
227, Peña Lillo Editor, primera edición 1957.
(2)
Alberto Franzoia, “Grondona y la segunda versión de la ley de la
gravedad”, publicado digitalmente en Reconquista Popular e
Investigaciones Rodolfo Walsh, setiembre de 2005
(3)
Alberto Franzoia, artículo citado
(4)
Raquel Bozzolo, material de la cátedra de Psicoterapia II, de la
Facultad de Psicología de la UNLP
© (2006) Alberto J. Franzoia -
Todos los derechos reservados - Para reproducir citar la
fuente:
Rodolfo Walsh