040906
- Al cumplirse el segundo aniversario del
fallecimiento de Jorge Enea Spilimbergo (1),
resulta más que oportuno recordar uno de esas excelentes
contribuciones teóricas que ayudan a pensar la realidad
latinoamericana en clave nacional, popular y socialista.
Cuando en noviembre del 2004 presenté en
Reconquista Popular “Las teorías sociales en Latinoamérica durante
la segunda mitad del siglo XX” (luego reproducido en otros
espacios), señalé que Spilimbergo realizó un significativo
aporte a la teoría de la dependencia a pesar de que el mismo
no había tenido la difusión que otros muy conocidos durante
fines de los años 60 y principios de los 70, etapa en la que
esta teoría daba sus primeros pasos. Me refería
concretamente al primer capítulo de “La guerra civil en
EE.UU. que constituye uno de los tres trabajos incluidos en
la edición de 1974 de “ La Cuestión Nacional en Marx”. El
mismo había sido publicado por vez primera en el número 42
de “Izquierda Nacional” en mayo de 1971.
Dicho trabajo toma como referente el estudio
realizado por Marx y Engels sobre la
Guerra civil en Estados Unidos para
descifrar el carácter equívoco del subdesarrollo, ya que éste no
sería el producto de ningún retraso técnico (como afirma la teoría
de la modernización o desarrollismo) sino la consecuencia lógica de
una determinada estructura socio-económica. Sostiene Spilimbergo en
su “Advertencia a la tercera edición de la Cuestión Nacional en Marx”
“...el llamado “subdesarrollo” no consiste en ningún género de
primitivismo técnico, sino en el dominio de clases sociales
retardatarias ligadas a una estructura de dependencia satélite.”
El caso concreto que analiza Spilimbergo a través del
enfoque marxista sobre la guerra de secesión es fundamental (lucha
entre el norte que expresa un nacionalismo burgués y el sur
esclavista vinculado con la burguesía inglesa), pero desde la
perspectiva teórica, es en el primer capítulo del trabajo
considerado donde se encuentra formulada con nitidez la diferencia
central entre el enfoque del subdesarrollo sostenido por los
desarrollistas y el que realizan los teóricos de la dependencia. Por
lo que centraremos nuestra atención en ese capítulo titulado
“¿Subdesarrollo o dependencia colonial?”
OPOSICIÓN TEÓRICA
El problema que formula Spilimbergo no es
antojadizo sino que surge como consecuencia de dos posturas teóricas
que en aquellos años se enfrentaban dando respuestas de signo
opuesto. Recordemos que desde los años 50 los teóricos de la
modernización (intentando ser una opción ante el desgastado
liberalismo), conceptúan al subdesarrollo como el producto de un
retraso o bien como una desviación con respecto a las pautas
seguidas por los países desarrollados (industrializados o primer
mundo). En cualquier caso el problema es inherente a la propia
historia de cada país, por lo que el desarrollo de los países
centrales y el subdesarrollo de los periféricos son considerados
como procesos independientes. La solución pasaría por alcanzar la
etapa en la que se encuentran los primeros recurriendo a su apoyo
con capitales, tecnología e inclusive personal calificado. El
objetivo era por aquellos años alcanzar (con la colaboración de los
países desarrollados) una economía industrial auto sostenida
realizando inversiones en los sectores estratégicos, como
siderurgia, química, electricidad y petroquímica (hoy aparecen otros
rubros más importantes como informática, robótica y biotecnología).
Como respuesta a los modernizadores o desarrollistas
a partir de fines de los años sesenta (si bien existen algunos
trabajos anteriores) surgirán los planteos de la teoría de la
dependencia. En ellos el subdesarrollo no es presentado como retraso
ni desviación sino como una consecuencia de las relaciones de
dependencia con respecto a los países centrales o dominantes en el
capitalismo mundial, ya que ambas realidades integran una unidad de
opuestos, es decir, dialéctica. Por lo tanto, la solución nunca
puede vincularse con recurrir a la “ayuda” de quienes forman parte
del problema, sino liberándose de la dependencia y sus agentes para
iniciar un proceso de desarrollo auto centrado. Este objetivo se
alcanza garantizando la reinversión nacional de los beneficios
generados en dichos países, los cuales suelen ser exportados hacia
los países dominantes, mientras que el resto queda en manos de los
sectores internos parasitarios que, a su vez, tienen sociedad
estrecha con ellos.
Si bien la teoría de la dependencia está
inexorablemente vinculada a un paradigma como el materialismo
histórico y dialéctico, y en su seno con la teoría del imperialismo
desarrollada por Lenin, no todos sus exponentes son marxistas, y no
todos los análisis hacen hincapié en los vínculos orgánicos entre la
dependencia y la estructura de clases al interior de los países
dependientes. El trabajo de Spilimbergo tiene el mérito de exponer
estos vínculos en el capítulo que analizamos, no por primera vez en
el seno de la teoría considerada, pero sí con mucha precisión y
claridad conceptual, además de hacerlo en una apretada pero a la vez
rigurosa síntesis. Esta combinación no resulta demasiado frecuente,
por lo tanto aprovechemos el talento del autor.
¿Subdesarrollo o dependencia colonial?
(2)
En este primer capítulo del segundo de los tres
trabajos que incluye “ La Cuestión Nacional en Marx” Spilimbergo
demuestra las diferencias esenciales entre un análisis marxista
sobre la cuestión del desarrollo nacional y otro orientado por las
versiones modernas (1971) de la concepción burguesa:
“La diferencia entre uno y otro análisis (el de Marx-Engels y el
“moderno” de la economía burguesa) reside en que aquellos
desentrañan la médula misma de la cuestión, en tanto los economistas
del “desarrollo” merodean en torno a los problemas fundamentales
inhibidos de captarlos, porque expresan la visión rapaz de la
burguesía imperialista o la impotencia de las burguesías
nacionales.”
Señala Spilimbergo que dicha inhibición se pone de manifiesto en los
conceptos utilizados. El subdesarrollo es un concepto supuestamente
científico que en realidad esconde más de lo que descubre. EL mismo
da a entender dos cosas:1. el subdesarrollo
es una situación inherente a la estructura interna del país
considerado;
2. representa un atraso cuantitativo, el eslabón de
una cadena que tiene en su extremo opuesto a los exitosos países
desarrollados.“La relación entre las
respectivas estructuras (desarrolladas y subdesarrolladas) sería
entonces exterior, mecánica y contingente.”
Como respuesta categórica a este planteo de la
economía burguesa expresada en su versión desarrollista, Spilimbergo
expone el núcleo de aquella teoría que es la verdadera manifestación
de un abordaje riguroso y alternativo (teoría de la dependencia):
“Pero las cosas discurren de otro modo. No estamos ante una
situación inherente de atraso o primitivismo, sino ante una
verdadera relación de dependencia, de explotación semicolonial,
sobre la cual se basa la prosperidad de las metrópolis desarrolladas
y el atraso de las economías tributarias y dependientes.”
Spilimbergo considera que el desarrollismo escamotea
tanto el origen del problema, como también su solución, ya que ambas
cuestiones están íntimamente relacionadas:
“El primer estigma del análisis “desarrollista” consiste, pues, en
ocultar la fuente misma del subdesarrollo, o sea, la inserción de
economías dependientes en el sistema de la mundial imperialista. El
segundo estigma consiste en encarar la caracterización interna del
subdesarrollo y la lucha contra él en términos de insuficiencia
técnica frente a la cual se requieren, meramente, más ahorro y
capitales, mejores métodos e instrumentos de trabajo. Esto ha
llegado hoy al paroxismo con la charla especiosa sobre la “brecha
tecnológica” y el “Know how”. Así por ejemplo, ante la crisis
crónica de la ganadería argentina, los teóricos del desarrollismo
frigerista afirman que la producción de carnes no aumentará, no
podrá resolverse el problema de su venta por debajo del precio
internacional, si no se generan previamente las inversiones básicas
en siderúrgica, química pesada, electricidad, infraestructura.”
En definitiva lo que tenemos es un mero problema técnico, una falta
de desarrollo inherente a la historia propia de Argentina que no ha
realizado las inversiones necesarias en sectores económicos
considerados estratégicos. Sin embargo, esta visión tecnocrática
olvida considerar las relaciones históricas entre el capital
monopólico proveniente de los países desarrollados y la estructura
de clases parasitaria al interior de nuestro país, relaciones de
dependencia que resultan funcionales para ambos.
Spilimbergo recurre a algunos ejemplos concretos de
la época para validar el carácter falso de la teoría desarrollista:
“Esta asombrosa concepción no explica cómo disponiendo Argentina de
un potencial instalado para la producción de tractores y maquinaria
agrícola en gran escala, esta rama industrial soporta parálisis
crónica y trabaja al 40 por ciento o menos de su capacidad por falta
de demanda efectiva, que sí existe en cambio para una producción
técnicamente similar pero de bienes de consumo suntuarios, como los
automóviles.”
“Inversamente tampoco explica el sector frigerista
del desarrollismo como en la década del 50 la República Popular
China logró espectaculares avances en la producción y productividad
sin mecanizar el agro, por la mera transformación de las relaciones
sociales y de los medios de cooperación en el trabajo.”
La conclusión a la que conduce este planteo resulta evidente: “...no
es la “industrialización” la que romperá el tope del atraso
ganadero, sino la ruptura de ese tope lo que hará posible y viable
el desarrollo industrial básico.”
Pero, a su vez, “ese tope no es técnico sino social;
deriva del predominio de la oligarquía ganadera en alianza con el
capital imperialista.” “Así el subdesarrollo no es sólo una relación
de dependencia semicolonial sino una determinada estructura social
que pone en manos de clases dominantes parásitas (desde el punto de
vista de la acumulación capitalista), o sea, no inversoras, los
excedentes capitalizables del trabajo nacional.”
Extraordinaria síntesis conceptual para exponer un
problema clave que las distintas variantes paradigmáticas con las
que tantos académicos forman a nuestros estudiantes de economía
nunca logran desentrañar. ¡Cuánto dinero y tiempo invertido para
formar profesionales en la fe desarrollista o liberal, cuya matriz
conceptual, por lo tanto, los inhabilita de entrada para formular
problemas económicos pertinentes y las soluciones adecuadas!
Algunos estudios realizados por CEPAL (una
organización emblemática en lo que a abordajes desarrollistas se
refiere) han destacado en diversas oportunidades la poca
sensibilidad ante los estímulos del mercado demostrado por las
clases “tradicionales” como se observa en la cuestión agraria
(aunque no es el único sector que adopta dicho comportamiento). Pero
cuál es la explicación dada por CEPAL, dice Spilimbergo:
“... la Cepal se hunde en la nebulosa del “espíritu capitalista”,
cuya preexistencia metafísica habría fundado la realidad del
capitalismo occidental.”
Es decir, lo que nos falta es ese espíritu burgués que hace posible
un determinado comportamiento de clase, porque resulta que las ideas
preceden a la realidad. Típica explicación de cuño weberiano (3) tal
como es presentada en “La ética protestante y el espíritu del
capitalismo”; tesis que por otra parte tenía la explícita intención
de confrontar con la explicación materialista y dialéctica brindada
por Marx y Engels. Pero como acota oportunamente Spilimbergo:
“Se trata de descubrir el fundamento material de esta ética de
consumo (precapitalista) que imbuye a tales “burguesías”
semicoloniales, tan en las antípodas del “espíritu capitalista” de
las viejas burguesías occidentales, del estoicismo mundano de la
ética puritana moldeada sobre el proceso trabajo-ahorro-inversión.”
Dicho fundamento material, no favorecedor del proceso
de reinversión que conduce al desarrollo creciente de las fuerzas
productivas, son las relaciones de servidumbre o semiservidumbre que
imperan en el campo. Esto lleva al predominio de la producción
extensiva, que no necesita de la producción intensiva, en la que el
crecimiento no es cuantitativo sino cualitativo, es decir, basado en
la inversión y los avances técnicos que generan mayor productividad
y a menores costos.
Pero Argentina tiene una peculiaridad que la
diferencia de otras economías agrarias subdesarrolladas de nuestra
América Latina. Sostiene Spilimbergo:
“La particularidad argentina es que el lugar ocupado
por la sobreexplotación servil o semiservil del agricultor indígena,
corresponde a la alta fertilidad natural de la llanura pampeana bajo
condiciones de latifundio ganadero y cultivo extensivo.”
En la economía capitalista la reinversión en el
circuito productivo con permanente renovación técnica es
imprescindible para poder competir y mantenerse dentro del mercado.
El ausentismo es inconcebible para la sobre vivencia del capitalista
ya que sólo la inversión e innovación constante le permiten competir
bajando los costos. En las economías asentadas en el trabajo servil
o con condiciones naturales insuperables la cosa es muy distinta, lo
que favorece el parasitismo. Allí radican las condiciones para la
reproducción crónica del subdesarrollo. Por lo tanto Spilimbergo sin
titubeos dice lo que tantos técnicos callan:
“Abatir el subdesarrollo es, en esencia, destruir socialmente
(expropiar) a las clases parasitarias del único modo conocido por la
historia, esto es revolucionariamente, como lo demuestran las
experiencias de Francia, Inglaterra, EE.UU. y las modernas
revoluciones socialistas del siglo XX.”
Al arribar a este momento del análisis Spilimbergo va
a considerar un aspecto central de todo análisis de clases que se
realice sobre un país dependiente como Argentina:
“...en nuestra época la espina dorsal del bloque histórico que la
sociología burguesa llama “clases (dominantes) tradicionales”, no es
otra que la más moderna, la menos “tradicional” de las clases
explotadoras: la burguesía imperialista, no bien la miremos no de la
atalaya de su respectiva metrópoli, sino desde sus tentáculos en el
mundo semicolonial y dependiente.”
Efectivamente, la burguesía de los países dominantes
ha favorecido el desarrollo capitalista en su lugar de origen como
consecuencia de la expansión de las fuerzas productivas, proceso que
surge de la necesidad de competir exitosamente entre burgueses de la
misma nación, y como condición para conquistar mercados externos.
Pero una vez que dichas burguesías se instalan en regiones
consideradas la periferia del sistema, actúan como inhibidoras del
desarrollo, pues al remitir a sus naciones gran parte de los
beneficios obtenidos no favorecen ni la acumulación de capital ni la
expansión del mercado interno. Desde ya, la presencia de una clase
ajena a la economía propia de los países semicoloniales, cuyo
comportamiento allí resulta precapitalista, sólo se puede
materializar, no mediando una conquista militar, a partir de una
sólida alianza con clases nativas parasitarias o satelizadas. Así lo
expresa Spilimbergo:
“Basta decir aquí que el comportamiento de esa burguesía exterior
cuyos tentáculos penetran y se instalan en el seno de la sociedad
semicolonial formando en ella el cuerpo de la alta burguesía,
amalgamándose con la oligarquía nativa, asfixiando y satelizando a
un vasto sector del empresariado vernáculo, penetrando las
instituciones públicas, el aparato cultural, los órganos de difusión
masiva, etc. es “precapitalista” desde el punto de vista de la
sociedad dependiente, en la medida que no estimula en ella el
proceso de acumulación de capitales y expansión del mercado
interno.”
“Por el contrario, la inserta en el ciclo de la acumulación
metropolitana, tal como la garrapata convierte el sistema digestivo
y sanguíneo de la víctima en “momentos de su nutrición parasitaria.”
Spilimbergo aclara:
“Naturalmente, en el análisis de la guerra civil norteamericana,
Marx y Engels no visualizan este último aspecto de la cuestión, que
se refiere a un período histórico posterior.”
Así es, los amigos y compañeros de trabajo de toda una vida
abordaron las especificidades del capitalismo que les tocó vivir,
llamado clásico o de libre competencia, cosa que muchos críticos mal
intencionados pretenden obviar. La etapa posterior, cuyas
principales manifestaciones se dan a partir de fines del siglo XIX,
no la vivieron o era demasiado reciente, por lo tanto no podía
formar parte de sus estudios tanto materialistas como dialécticos de
la historia. Esa etapa recibe el nombre de imperialismo, y encontró
en Lenin a uno de sus principales y más lúcidos teóricos.
Este primer capítulo que estoy analizando es cerrado
por Spilimbergo con algunas consideraciones específicas sobre la
guerra de secesión, que serán retomadas y profundizadas en los
capítulos II, III, IV, V, VI y VII. Cedamos la palabra al autor:
“La esclavitud se desarrolla en los Estados del sur de la Unión bajo
el estímulo de la demanda de algodón por la industria textil
inglesa: la voracidad de los telares mecánicos multiplicó la demanda
de materias primas.
Por ese concurso de circunstancias (sobre el cual
volveremos) tenemos aquí el “antiguo régimen” naciendo de las
entrañas de una sociedad burguesa en formación, a la cual contrapone
su propia ley de desarrollo, incapaz de frenarse en un acuerdo,
compromiso, equilibrio de fuerzas, participación, obligando a tomar
la ofensiva para expandir su sistema a los Estados de la Unión ,
monopolizar el gobierno federal, aplastar a la industria del Norte,
reemplazar con latifundios esclavistas a los pequeños propietarios
del Oeste y convertir el país en una colonia de la industria
inglesa.
Programa semejante llevó a cabo la oligarquía
bonaerense acaudillada por Mitre (3) en la misma
séptima década del siglo pasado. El dispar desenlace de ambas
guerras civiles explica los destinos diferentes de EE.UU. y las
repúblicas del Plata.”
Marx y Engels analizaron la peculiar realidad de la guerra en EE.UU.
como se puede constatar en los artículos que publicaron entre 1861 y
1862 en el “New York Daily Tribune” y en “Die Presse” de Viena.
Pero, a su vez, en nuestro medio, Alberdi señala que el papel del
Sur lo desempeñaban los mitristas.
Los teóricos alemanes logran captar a través de su
metodología cómo la contradicción principal de esta guerra, más allá
de factores concurrentes, se expresa mediante los intereses
irreconciliables entre las clases asociadas al desarrollo y aquellas
otras que lo frenan. Según Spilimbergo su análisis tiene el mérito
de permitirnos:
“...comprender de qué modo la unidad nacional, la soberanía
económico-política, el desarrollo de las fuerzas productivas y la
democracia política forman una gran causa cuyo triunfo pasa,
inevitablemente, por el aplastamiento y expropiación de las clases
dominantes ligadas estructuralmente al sistema del subdesarrollo.”
Transcurrido un breve tiempo desde la publicación de
este trabajo sobre la guerra civil en EE.UU. (1974), asistíamos en
nuestra patria y en el resto del mundo dominado por el imperialismo
al inicio de una nueva etapa llamada neoliberal. Esa es otra
historia que no integra nuestro objeto de estudio en este análisis,
sin embargo, el abordaje estructural de Spilimbergo para desentrañar
cómo operan las fuerzas del subdesarrollo, captando la estrecha
ligazón entre las burguesías de los países dominantes y las clases
nativas a ella asociadas mantiene plena vigencia. De allí que
subrayamos a modo de conclusión esta idea-fuerza del autor:
“La lucha contra el subdesarrollo es una lucha de clases y sólo
puede llevársela por medios revolucionarios.”
Argentina, La Plata , septiembre de 2006
Referencias
(1) “Subdesarrollo y dependencia colonial” es el
capítulo primero de una de los tres trabajos (“La guerra civil en
EE.UU. y el ‘subdesarrollo”) incluidos en la edición de 1974 de la
“Cuestión Nacional en Marx”, Editorial Octubre.
(2) Max Weber (1864-1920),
sociólogo, economista y politólogo alemán. Analizó el papel
desempeñado por ciertas ideas o espíritu (ética protestante) como
favorecedor de las condiciones necesarias para el desarrollo del
capitalismo, invirtiendo la tesis de Marx y Engels según la cual fue
el capitalismo el que generó las condiciones para el surgimiento del
protestantismo.
(3) Bartolomé Mitre fue uno de los máximos
representantes de la oligarquía agroexportadora argentina. Militar,
presidente de la república entre 1862 y 1868, fundador del diario “
La Nación ” y responsables de la versión oficial y liberal de
nuestra historia que se difundió durante décadas.
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