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1.
Breve biografía
2. Dos aportes teóricos:
. Spilimbergo y su mirada
alternativa sobre la Comunidad Organizada
. Spilimbergo y la Teoría de
la Dependencia
1. Breve biografía de
Spilimbergo (1)
Jorge Enea Spilimbergo (En la imagen de la
derecha) nació en La Boca (barrio de Capital Federal en
Argentina) el 25 de septiembre de 1928, tiempos en los que
Hipólito Yrigoyen volvería a ejercer la
presidencia por segunda vez tras el interregno de Alvear
(2). “Spili” como lo llamaban sus amigos y
compañeros de militancia siguió la carrera de derecho, y según
contaba un militante histórico de la Izquierda Nacional que
compartió muchos años con él, Hugo Andrade, la concluyó pero
nunca retiró el título habilitante. Lo cual no deja de ser un
dato significativo para comenzar a construir su perfil como
hombre en general y como político en particular. Poco afecto a
las formas preestablecidas, a las normas difundidas por los
intelectuales orgánicos de la oligarquía nativa para construir
prestigios, fue por otro lado muy riguroso tanto en su función
de historiador como de teórico. Serio y profundo como pocos en
sus análisis de la realidad Argentina, latinoamericana y
mundial, nunca se dejó llevar por la crítica fácil, sin su
correspondiente fundamentación. Se destacó además como cuadro
político de primer nivel, ensayista y periodista del diario
Crónica. Podía escribir sin parar mimetizado con su máquina,
pero la rapidez para hacerlo y la cantidad de trabajo producido
rara vez afectaba la calidad del mismo.
Tras un breve paso por el Partido Comunista, al producirse un
hito histórico en nuestro país como la gran movilización popular
del 17 de octubre de 1945 que liberó a Perón de la cárcel
(jornada comparable al 13 de abril en la Venezuela de
Hugo Chávez) y siendo aún un adolescente,
comprendió que allí estaban los trabajadores no el lumpenaje que
denunciaba la izquierda clásica argentina, por lo tanto un
auténtico revolucionario marxista no podía ser ajeno a esa
realidad. Años más tarde se convirtió, siguiendo esa premisa, en
uno de los impulsores del Partido Socialista de la Revolución
Nacional (creado poco antes del golpe cívico- militar que en
1955 destituyó al gobierno del General
Perón) (3), con el objetivo de defender
la revolución nacional para profundizarla desde una perspectiva
socialista pero claramente diferenciada del discurso y práctica
euro céntricas de las izquierdas tradicionales. El PSRN no
casualmente fue disuelto por los golpistas que veía en las
fuerzas del campo nacional y popular a su verdadero enemigo,
motivo por el cual los militantes de la Izquierda Nacional se
abocaron de lleno a la producción y difusión de su visión de
mundo y postura política en la sociedad argentina. Fundaron para
este propósito la Editorial Coyoacán , que publicó importantes
trabajos entre los que se encuentra la primera edición de “La
cuestión nacional en
Marx”, un libro de Spilimbergo esencial
para combatir el supuesto carácter abstracto y ultra
izquierdista del marxismo. Allí descubrimos a un
Marx comprometido con las luchas
nacionales concretas, por lo tanto un valioso antecedente para
los procesos de liberación nacional en América Latina. Dicho
texto fue reeditado recientemente. Coyoacán editó otros trabajos
de Spilimbergo como su ya clásico “Nacionalismo oligárquico y
nacionalismo revolucionario” (editado por vez primera en 1956 en
Editorial Amerindia) en el que realiza una fundada crítica al
nacionalismo elitista y ultramontano que facilitó la caída de un
gobierno de concreta orientación nacional y popular en 1955
(este texto está a punto de reeditarse). Además edita en 1960
“Juan B justo y el socialismo cipayo”, sólida crítica al
socialismo euro céntrico alejado de la cuestión nacional
latinoamericana, también “Historia crítica del radicalismo” (que
luego reeditará con otros textos y título modificado) y otro
menos conocido como “Diego Rivera y el arte en América Latina”.
En 1962 Jorge Enea Spilimbergo junto a Jorge Abelardo Ramos (a
quien consideraba su maestro orientador en su acercamiento a una
izquierda compenetrada con la cuestión latinoamericana), Blas M.
Alberti, Fernando Carpio y una nueva generación de militantes
fundan el Partido Socialista de la Izquierda Nacional (PSIN).
Este partido habría de convertirse en la expresión políticamente
organizada de un socialismo ya definitivamente asociado a una
visión nacional de la izquierda, entendiendo por nación a ese
conjunto balcanizado de países que en su conjunto conforman la
Patria Grande Latinoamericana por la que lucharon
Simón Bolívar y
José de San Martín. Las tesis políticas de la Izquierda
Nacional son presentadas por vez primera en “Clase obrera y
poder”, cuyo redactor oculto por entonces, era en realidad
Spilimbergo (texto reeditado en 2006 con una breve actualización
realizada por Néstor Gorojovsky, Secretario General del partido
Patria y Pueblo, expresión actual de los socialistas de la
Izquierda Nacional). A esa altura Jorge Abelardo Ramos y Jorge
Enea Spilimbergo (siete años menor que aquel) ya se habían
constituido como las dos figuras sobresalientes de esta creativa
corriente del pensamiento latinoamericano. En una suerte de
división del trabajo intelectual Ramos habría de convertirse en
uno de los más importantes sintetizadores y difusores de ideas
socialistas revolucionarias para la región, mientras Spilimbergo
era el analista preciso y profundo que llenaba de contenidos las
estupendas síntesis de Ramos. Hacia fines de los sesenta editará
en Mar Dulce su “Historia del socialismo en Argentina” que en
realidad viene a completar aquel trabajo del año 60 “Juan B.
Justo y el socialismo cipayo”, al que incorpora cuatro nuevas
partes, entre las cuales se encuentra tanto una respuesta a las
críticas gestadas contra su “Juan B. Justo…”, como la negación
del socialismo sin sujeto más la presentación de una alternativa
expresada en el socialismo de la izquierda nacional.
Por otra parte, el crecimiento del PSIN en los principales
centros urbanos del país y su notoria presencia en la
universidad a través de su agrupación AUN, desembocó en 1971 en
la convocatoria a constituir un frente revolucionario más amplio
cuyo nombre fue Frente de Izquierda Popular (FIP). Spilimbergo
actuó como Secretario General del partido que presidía Ramos. En
las elecciones de marzo de 1973 Spilimbergo se presenta como
candidato a primer diputado nacional por la Capital Federal, y
cuando en septiembre del mismo año, ante la renuncia del
Presidente Cámpora para posibilitar la elección de Perón
(4), se realizan nuevas elecciones, el FIP
apoyó con su propia boleta la fórmula Perón-Perón cosechando
cerca de un millón de votos. Durante esa primera mitad de la
década del 70 Spilimbergo fue director del quincenario Izquierda
Popular y reeditó en 1974 en la editorial Octubre su “Historia
del socialismo en la Argentina”, ahora en dos tomos: Juan B.
Justo y el socialismo cipayo (tomo 1) y De la izquierda cipaya a
la izquierda nacional (tomo2). En el mismo año realiza una
tercera edición de “La cuestión nacional en
Marx” (la segunda fue en 1968), que
incluye dos trabajos que habían sido publicados en la revista
“Izquierda Nacional”, uno sobre la naturaleza del subdesarrollo
en los países semicoloniales y otro en el que contrapone el
nacionalismo popular, revolucionario y liberador de los países
dependientes al nacionalismo agresivo y opresor de los países
dominantes o imperialistas.
La muerte de Perón ese mismo año y la posterior caída del
gobierno peronista en 1976, afectaron políticamente a un partido
que desde su independencia político-ideológica apoyaba a dicho
movimiento para profundizar la revolución nacional desde una
perspectiva socialista. En 1977, durante la dictadura
cívico-militar que asolaba a nuestra Patria se realiza el VII
Congreso Nacional del FIP y dos años más tarde como producto de
las diferencias conceptuales y políticas surgidas entre Ramos y
Spilimbergo se produce la fractura. En principio el sector
alineado con Ramos conserva las siglas del partido y se expresa
a través del periódico La Patria Grande, mientras el sector de
Spilimbergo, que en ese momento era la fracción menor pasa a
denominarse FIP-Corriente Nacional y edita la revista Tribuna
Patriótica. Pero ante el proceso electoral que sucede a la
desgastada dictadura iniciada en 1976 y concluida en 1983, el
FIP Corriente Nacional se transforma en el Partido de la
Izquierda Nacional (PIN), siendo este nombre el que mejor
expresaba el carácter ideológico y político de las fuerzas
conducidas por Spilimbergo, quien habría de desempeñar el cargo
de Secretario General. En 1988 lo conozco personalmente a
Spilimbergo en mi propia casa de la ciudad de La Plata. En ese
entonces, junto a otros tres compañeros con los que habíamos
militado en el FIP de Ramos, decidimos que para continuar la
lucha sin renunciar al legado del socialismo revolucionario y
latinoamericano era necesario emigrar al PIN. Pero la humildad
de este hombre muy grande no permitió que viajáramos hacia la
Capital Federal , donde él residía, para concretar lo decidido.
Fue entonces cuando tuve el honor de recibirlo en mi propio
domicilio, y desde ese momento traté de seguir siempre su
huella. Por esos años de regreso a la democracia y como crítica
a la primera gestión política de la misma conducida por Raúl
Alfonsín publica en Ediciones José Hernández, durante 1989, “El
fraude alfonsinista”, que incluye, además, otras partes que
integraban anteriormente “Historia crítica del radicalismo”.
Luego llegó la mediocre década del noventa, cuando el liberal-menemismo
(en alusión a su conductor Carlos Menem), que había vaciado de
contenido nacional al peronismo, arrasaba con la nación
argentina con el apoyo político del partido presidido por Ramos
(que por entonces se llamaba Movimiento Patriótico de
Liberación). Ese partido era el producto final y decadente de un
profundo viraje ideológico-político que Ramos venía
experimentando desde fines de los 70 y que lo condujo a
abandonar definitivamente en los ochenta el marxismo
latinoamericano, aquel que él mismo había definido en genial
síntesis como un marxismo bolivariano cuando Hugo Chávez era
apenas un adolescente. Sin embargo, Spilimbergo y un grupo
consecuente de militantes de la Izquierda nacional seguimos
batallando desde el PIN para mantener en alto las banderas de
esta corriente fundamental para la revolución latinoamericana.
Finalmente dicho partido, se disuelve en el año 2000 y surge
Patria y Pueblo, siempre con la conducción de Spilimbergo; hasta
que el 4 de septiembre de 2004, este hombre que desde su
juventud hasta los años del crepúsculo abrazó la causa
socialista vinculándola con las tradiciones y luchas del pueblo
latinoamericano, fallece pocos días antes de cumplir los 76
años. Tres años después de su irreparable pérdida queda un
partido, Patria y Pueblo, que es la expresión políticamente
organizada en la actualidad de los socialistas de la Izquierda
Nacional , además de Reconquista Popular, un foro de debate para
el campo nacional; por otra parte sus libros se vuelven a
reeditar. Es un justo premio para quien nunca abandonó las
banderas históricas, ni siquiera durante la gran decadencia
ideológica y política de los noventa, cuando no pocos creyeron
que habíamos arribado al absurdo fin de la historia anunciado
por Fukuyama. Pero además de un partido, un foro digital, libros
y también de muchos hombres y mujeres que siguen profesando una
visión de Izquierda Nacional, aún sin militancia partidaria, le
debemos a Spilimbergo una obra inmensa que se convierte en
insustituible guía conceptual para que nuestra juventud logre
orientar su acción transformadora a lo largo y ancho de la
maravillosa Patria Grande Latinoamericana; porque sabemos que
sin teoría revolucionaria no podrá haber práctica
revolucionaria. Finalmente cabe aclarar que una enorme cantidad
de artículos producidos en el fecundo período político de Spili
que se inicia en 1977, y que lo conduce a la separación de Ramos
(a quien nunca dejó de considerar su maestro más allá de la
bifurcación de caminos) se están recopilando para una edición de
sus obras escogidas. Por todo ello en este año 2007 hemos creado
en su homenaje la Escuela de Formación Política Jorge Enea
Spilimbergo.
Entre los principales aportes teóricos de Spilimbergo podemos
citar sus libros:
1956: Nacionalismo Oligárquico y Nacionalismo Revolucionario (de
próxima reedición)
1959: Historia crítica del radicalismo (es su segunda edición,
ya que había tenido una edición anterior en 1955 pero acotada a
la biografía de Yrigoyen; luego hay un tercera edición de 1974
ampliada, que llega hasta la política radical en el tercer
gobierno de Perón)
1960: Juan B. Justo y el socialismo cipayo
1962: La cuestión nacional en Marx (varias ediciones).
1964: Clase Obrera y Poder (varias ediciones, la última en 2006
con una breve actualización de Néstor Gorojovsky)
1969: Historia del Socialismo en Argentina, que incluye en su
primera parte el texto de 1960 Juan B. Justo y el socialismo
cipayo.
1974: Reedita Historia del socialismo en Argentina pero hora en
dos tomos: Juan B. Justo y el socialismo cipayo (tomo 1) y Del
socialismo cipayo al socialismo de la izquierda nacional (tomo
2)
1974: Tercera edición de La cuestión nacional en Marx que
incluye un trabajo que no estaba presente en las dos ediciones
anteriores: “La guerra civil en EE.UU. y el ‘subdesarrollo”,
sobre el primer capítulo de dicho trabajo realizamos nuestro
artículo "Spilimbergo y la teoría de la dependencia". Esta
reedición también incluye un tercer trabajo sobre el
nacionalismo: "De los Habsburgo a Hitler".
1989: El Fraude Alfonsinista (cuarta edición y con título
modificado del texto que fue originalmente la Historia crítica
del radicalismo)
Algunos de los escritos más importantes de Spilimbergo:
1955: El moralismo: Utilización oligárquica de la clase media
1955: Autocrítica de la Revolución Popular
1964: Güemes y la "gente decente" de Salta
1974: La "tendencia", la burocracia y el socialismo
1996: Juana y Eva
1996: Evita, de Alan Parker
1998: De la alternancia es preciso pasar a una alternativa de
liberación
1998: Declaración saludando el triunfo electoral del pueblo
venezolano
2000: Sobre Carlos Alvarez
2002: Declaración sobre masacre en Avellaneda, escrita con N. M.
Gorojovsky
2002: Lula: Del obrerismo al frente nacional
2003: Sobre la derrota de Menem y ascenso de Kirchner
2004: Ante la agresión diplomática norteamericana, defender la
soberanía política reconquistando la soberanía económica
Estos textos están digitalizados en Marxists Internet Archive -
Sección en Español.
1989: "Hombre, Estado, Comunidad" (Texto no digitalizado). Tesis
presentada en Proyecciones del Pensamiento Nacional, actas del
simposio A 40 años de " La Comunidad Organizada ", convocado por
el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires y organizado por la
Asociación de Filosofía Latinoamericana y Ciencias Sociales
desde el 20 al 22 de abril de 1989. Este trabajo es el que
analizamos en el artículo Spilimbergo y su mirada alternativa de
la “Comunidad Organizada”.
Argentina, La Plata, septiembre de 2007
Notas
(1) Para construir esta biografía se
utilizaron datos extraídos de los mismos textos de Spilimbergo,
otros de Internet (Izquierda Nacional, Marxists Internet Archive
- Sección en Español, Página 12), además de datos personales que
surgen de mi militancia en la Izquierda Nacional.
(2) Yrigoyen fue el conductor de la primera
manifestación que tuvo el movimiento nacional y popular en
Argentina durante el siglo XX. El partido político que lo
expresaba durante las primeras décadas de ese siglo fue el
radicalismo, pero en el seno del mismo también se desarrolló un
ala vinculada a la oligarquía nativa, de orientación por lo
tanto antipopular y con tendencia a pactar con el imperialismo.
Los radicales se dividieron entonces dentro de un mismo partido
y movimiento entre yrigoyenistas y alvearistas. Cuando Yrigoyen
muere en 1933 los alvearistas logran la hegemonía partidaria (se
le llama la alvearización del radicalismo) y los sectores
nacional-populares tanto como los intelectuales que intentaban
expresarlos terminarán por confluir años más tarde en la nueva
expresión popular que luchará contra el imperialismo: el
movimiento surgido en 1945 con la conducción de Juan Domingo
Perón.
(3) Juan Domingo Perón fue elegido
democráticamente como presidente de la Argentina en 1946 y
resultó reelecto en 1952, sin embargo las fuerzas del campo
antinacional en las que se encolumnaron tanto la oligarquía como
los sectores de la izquierda cipaya (no
nacional-latinoamericanista) y del nacionalismo oligárquico y
católico (no democrático, popular y revolucionario) lo
derrocaron mediante un golpe de estado en 1955.
(4) Cámpora fue el candidato que presentó el
peronismo (a través del FREJULI) y que triunfó en las elecciones
de marzo de 1973 ante la proscripción de su candidato natural:
Juan. D. Perón. Pero finalmente aquel presentó la renuncia en
junio del mismo año y se convocó nuevamente a elecciones para
septiembre, en las que triunfó por amplísimo margen Perón. Su
tercera presidencia duró muy poco ya que fallece el 1 de julio
de 1974 y lo sucede su esposa Isabel hasta el golpe
cívico-militar de 1976.
2. Dos aportes teóricos de Spilimbergo:
. SPILIMBERGO Y SU MIRADA
ALTERNATIVA SOBRE LA COMUNIDAD ORGANIZADA
En este mes de septiembre en el que se cumple un año de la
desaparición del compañero Jorge Enea Spilimbergo, queremos
ofrecer un humilde tributo recordando su muy interesante pero
poco conocida tesis acerca de la "Comunidad Organizada"
(I). Este trabajo encierra en su apretada
redacción una riqueza teórica que consideramos oportuno evocar
ya que, según nuestra visión, debería constituir un referente
necesario para revisar nuestra historia popular. Cercana la
fecha en que deberemos renovar parte del Poder Legislativo,
cuando se escuchan voces que exigen decisiones políticas propias
de una relación de fuerzas inexistente, a la vez que parecen no
advertir los avances realizados por el gobierno de Kirchner
contrariando la lógica neoliberal que imperó en nuestro país
desde 1976, se impone analizar con el menor sectarismo posible y
una cuota significativa de autocrítica algunas de las
debilidades del campo nacional que no son nuevas.
En abril de 1989 (a cuarenta años de la presentación teórica
pública de la Comunidad Organizada en el Congreso de Filosofía
de Mendoza) durante el desarrollo del simposio-homenaje
organizado por el gobierno de la Provincia de Buenos Aires,
Spilimbergo expuso una particular mirada sobre este fundamental
acontecimiento de nuestra historia (II).
Separando la paja del trigo, claramente identificado con el
apoyo al movimiento peronista pero si renunciar a la mayor
rigurosidad posible, que es la única garantía para el triunfo de
las ideas emanadas del campo nacional y popular, distinguió dos
componentes con frecuencia confundidos de la comunidad
organizada: su núcleo filosófico (idealizado), con un contenido
atemporal y euro céntrico por un lado; su núcleo dinámico y
real, expresión de una concepción solidariamente nacional de la
comunidad por otro.
El núcleo filosófico presenta debilidades innegables (que en muy
pocas oportunidades han sido abordadas con la necesaria
autocrítica) producto de una apoyatura equivocada en el
pensamiento clásico griego que había sido gestado como
consecuencia directa de reflexiones acaecidas durante la
decadencia de la polis esclavista. Dice Spilimbergo al respecto:
"Cabe destacar que la construcción del discurso filosófico
tiende a oscurecer antes que a fundamentar ese núcleo dinámico
central, en tanto busca su anclaje en el pensamiento clásico
griego y en una versión al menos arcaica de la tradición
aristotélica-tomista."
"Así se invoca la definición platónica del "Estado de Justicia",
donde cada clase ejercita sus funciones en servicio del todo y
ejerce su 'virtud especial', educada en 'conformidad con su
destino', sirviendo a la 'armonía del todo'".
"Destaquemos que el pensamiento clásico griego fue elaborado en
el momento de crisis y decadencia de la polis esclavista, y al
no poder concebir un pensamiento superador de ella es por
esencia antihistórico."
Ese anclaje incorrecto en el que como el mismo Spilimbergo
sostiene deben haber tenido mucho que ver los "ocasionales
asesores del texto", es el que permite recurrir a una visión de
las clases sociales que no guarda correspondencia con el
comportamiento real de la oligarquía en los países de un
capitalismo dependiente, cuyos intereses objetivos y su
consecuente comportamiento político son contrarios a los de la
comunidad nacional organizada. Por otra parte, y retomando una
justificada preocupación de este foro (pero que sólo se
manifiesta cuando se trata del marxismo), debemos sostener sin
temores a ofender a los compañeros peronistas (ya que lo hacemos
con el mayor respeto) que dicho anclaje filosófico tiene raíces
claramente euro céntricas, por lo que esta reflexión sobre la
práctica del movimiento, carecía de correspondencia con lo que
expresaba la realidad de dicha práctica.
La lucha de clases, que lejos de ser una premisa cargada de
subjetividad resentida y violenta, es un fenómeno objetivo que
emana de la estructura económica de las sociedades basadas en la
explotación, y que en un país que lucha por liberarse de la
dependencia capitalista adquiere manifestaciones descarnadas, y
a su vez muy específicas, se presenta en la comunidad
organizada, según Spilimbergo, en los siguientes términos:
"...la lucha de clases excluye toda posibilidad de virtud y de
dignidad individual pues es, por esencia, abierta disolución de
los elementos naturales de la comunidad."
Mucho tuvieron que ver en esta generalización antihistórica, y
por tanto deformada de la realidad nacional, los sectores
vinculados a un nacionalismo clerical (preconciliar) y
oligárquico, que pretendía inhibir el desarrollo de una
expresión teórica orgánica propia de la clase que constituía la
columna vertebral del movimiento. Sostiene con meridiana
claridad Spilimbergo:
"La ideología clerical medievalista y nacionalista-oligárquica
pretendió suministrar para un problema moderno de un país
moderno de relativo desarrollo burgués y con fuerte incidencia
del movimiento obrero, una teoría paternalista y estamentaria
del "equilibrio de clases", reaseguro estático ante desbordes
socializantes de la base obrera del movimiento".
"Esta asfixia ideológica no sólo debilitó programáticamente al
movimiento sino que, además, contribuyó a aislar a la clase
trabajadora de otros sectores populares como la pequeña
burguesía estudiantil, al privarla de un discurso articulador
del frente nacional."
Tanto el Congreso de Mendoza como la labor académica en la
Argentina durante la década peronista, estuvieron dominadas por
esa concepción teórica antihistórica que le impedía al
movimiento dar cuenta de sí mismo. De allí que los principales
aportes favorecedores del desarrollo de una conciencia nacional
haya que buscarlos en "intelectuales periféricos" como "Jauretche,
Scalabrini Ortiz, Hernández Arregui, Jorge Abelardo Ramos,
Rodolfo Puiggrós, John William Cooke sin acceso (salvo,
circunstancialmente, Cooke y Arregui) a la cátedra
universitaria".
"A nuestro juicio, ello se debe a la tensión interna entre esa
fuerte y decisiva base obrera y el componente burgués del
proyecto del ´45: un capitalismo autónomo (independencia
económica) con apoyo popular (justicia social) destinado a
compensar la debilidad orgánica e ideológica de la burguesía
nacional argentina. Semejante bloqueo teórico no podía
resolverse sino superando prácticamente la situación, o por la
consolidación de una burguesía rectora, o por la trasgresión de
los límites capitalistas del proyecto original. Ninguna de estas
alternativas predominó".
Este planteo es medular, ya que un frente nacional siempre es
poli clasista en su constitución pero no puede serlo en su
ideología. Las ideologías, independientemente de cómo se
presenten a la consideración pública, no pueden tener un
contenido poli clasista real, pues son por definición las
visiones de mundo que desarrollan cada una de las clases
fundamentales de una sociedad. Por lo que sí el nacionalismo
popular del frente no logra expresarse a través de la visión de
una burguesía fuerte, necesariamente debe hacerlo mediante la
clase obrera, o en su defecto sucumbir ante el bloque
oligárquico-imperialista.
La historia posterior es muy conocida. En otras oportunidades
hemos planteado en Reconquista Popular (III)
la necesidad de reflexionar sobre esta limitación teórica y
política que ha resultado fatal para la consolidación en el
poder del bloque nacional y popular. ¿Cuál es entonces el
componente fundamental de la comunidad organizada que resulta
necesario retomar? Por cierto no su núcleo filosófico, expresión
de una perspectiva estática, euro céntrica e idealista de la
historia, sino su núcleo concreto y, por lo tanto, nacional, que
se manifestó dialécticamente en la consigna “alpargatas o
libros”. Spilimbergo sostiene que esa dialéctica expresaba:
"1) La auto reivindicación como sujeto histórico activo de la
mujer y el hombre obligados a la alpargata, socialmente
preteridos.
2) Su exigencia de zapatos para ellos y sus niños, muchas veces
descalzos.
3) Su aspiración a que sus hijos tuviesen acceso a la
alfabetización, la enseñanza media y aún superior, privilegios
los dos últimos de minorías.
4) La impugnación de los libros (la ideología
liberal-imperialista, formulada como razón universal) que
enseñaba como "natural", platónicamente "justo", el orden que
condenaba a las alpargatas, el hambre y la ignorancia a la
inmensa mayoría.
5) La decisión superadora y culturalmente genética de cambiar
ese orden".
"Era, pues, dicha consigna, la expresión vigorosa y primaria de
un hecho cultural fundador: la nueva relación de fuerzas creada
por el ascenso de los trabajadores al primer plano de la vida
política".
Efectivamente esa unidad de contrarios expresada con la simpleza
de la sabiduría popular, sintetiza el núcleo fundante de la
nueva Argentina, que como bien señala Spilimbergo, era la
expresión de una relación de fuerzas que se había modificado. La
filosofía que intentó dar cuenta de este nuevo fenómeno sólo
sirvió para ocultarlo, aislando a la clase obrera de otros
componentes esenciales del campo popular (como las capas medias)
y obstaculizando a su vez el desarrollo de la autoconciencia
histórica. Esa visión armoniosa del todo (estática y
antihistórica) en el que cada parte (clase) contribuye a su
realización, es retomada hoy por cientistas sociales que
adhieren a la teoría funcionalista norteamericana. De allí surge
la necesidad de explicitar sin ambages el carácter ajeno a
nuestra realidad nacional y a la realización de los intereses
objetivos de los sectores populares de este enfoque teórico.
Sólo una nueva conducción que transforme la columna vertebral
del movimiento en su cerebro, con una teoría que sea capaz de
dar cuenta de esta nueva realidad, podrá resolver el desafío:
"...hoy debemos reflexionar sobre la incapacidad rectora de la
burguesía en el frente nacional a reconstruir, lo que implica
apelar a un nuevo liderazgo político-social, el de la clase
trabajadora (en tanto "clase universal"), con su respuesta
socialista extraída de la propia entraña nacional y
latinoamericana, sin servidumbres externas".
"Estos desarrollos están explícitos o latentes en el último
Perón, particularmente en su discurso del 1° de mayo de 1974,
suerte de testamento político". Allí Spilimbergo subraya: la
invitación a que la clase trabajadora para que "defina qué
modelo de país anhela"; "su apelación a la unidad nacional para
la liberación"; y su invitación al cambio social a través de un
"orden creador y transformador" como respuesta al "orden
estático" de la dependencia.
" Sólo es posible elevar al movimiento a un nivel superior de
racionalidad si, en primer término, preservamos su carácter
totalizador de unidad nacional para la liberación y, en segundo
lugar, rebasamos el esquema cíclico del modelo capitalista con
"justicia social", incompatible con la hondura de la crisis
nacional".
Las crisis no se resuelven retrocediendo sino avanzando con
coraje y creatividad pero evaluando con la mayor rigurosidad
posible las condiciones existentes, ya que en política lo más
importante no son las intenciones que perseguimos sino las
consecuencias objetivas de nuestra práctica. No cabe duda que
después del avasallamiento imperialista que hemos vivido (con
posteridad a estas jornadas filosóficas), generador de una
relación de fuerzas mucho más precaria para nuestro pueblo, el
sujeto social de la transformación se ha modificado.
Consideramos, por lo tanto, que se deben profundizar propuestas
y prácticas inclusivas para todos aquellos trabajadores
pretéritos o potenciales que carecen de inserción productiva,
como así también para las capas medias empobrecidas (sean o no
conscientes de su pertenencia al campo nacional y popular), lo
que supone abandonar cierta arrogancia sectaria que nada aporta
a la construcción de lo nuevo. De todas maneras, más allá de lo
inevitablemente nuevo, no olvidamos que la clase obrera que
cuantitativamente ha sido diezmada en los últimos años, sigue
teniendo un peso específico por su historia y por la conciencia
que su práctica genera, que resulta esencial para enfrentar al
bloque oligárquico-imperialista. La actual relación de fuerzas
supone por un lado fortalecer lo existente, y por otro construir
con una vocación inclusiva para dotar al campo nacional, popular
y democrático de una potencialidad que hoy no tiene. A su vez,
para consolidar lo hecho y profundizarlo, será oportuno recurrir
a una autocrítica responsable a la hora de evaluar las
condiciones objetivas, pero sin concesiones para estimular el
cambio necesario y posible. Ella va mucho más allá de los
cuestionamientos a las sombras del actual gobierno, ya que
incluye la necesidad de superar un planteo filosófico
(platónico) tan equivocado como supone creer que "cada clase
ejercita sus funciones en servicio del todo y ejerce su 'virtud
especial', educada en 'conformidad con su destino', sirviendo a
la 'armonía del todo". La historia de Argentina y de la Patria
Grande demuestra que este planteo carece de correspondencia
fáctica, ya que es un producto ultra conservador surgido, para
colmo, en el remoto pasado de una región de Europa; lo que le
impide actuar como instrumento idóneo para comprender y
modificar nuestra realidad.
Cedemos las palabras finales al compañero Spilimbergo:
"Nueva relaciones de producción que archiven a las clases
usufructuarias de privilegios ética y funcionalmente perimidos,
nos permitirán construir ese 'nosotros en su ordenamiento
supremo: la comunidad organizada'".
Argentina, La Plata , Septiembre de 2005
Notas
(I) Texto presentado por Perón en el Congreso
de Filosofía que se desarrolló en 1949 (durante su primer
gobierno) en la provincia argentina de Mendoza.
(II) Spilimbergo Jorge: "Hombre, Estado,
Comunidad", página 65 a 69, en Proyecciones del Pensamiento
Nacional, actas del simposio A 40 años de " La Comunidad
Organizada ", convocado por el Gobierno de la Provincia de
Buenos Aires y organizado por la Asociación de Filosofía
Latinoamericana y Ciencias Sociales desde el 20 al 22 de abril
de 1989.
(III) Franzoia Alberto: "Para modificar la
ley de la gravedad", publicado en el foro digital Reconquista
Popular, mayo de 2005.
. SPILIMBERGO Y LA TEORÍA
DE LA DEPENDENCIA
Al cumplirse el segundo aniversario del fallecimiento de Jorge
Enea Spilimbergo (IV), resulta más que
oportuno recordar uno de esas excelentes contribuciones teóricas
que ayudan a pensar la realidad latinoamericana en clave
nacional, popular y socialista. Cuando en noviembre del 2004
presenté en Reconquista Popular “Las teorías sociales en
Latinoamérica durante la segunda mitad del siglo XX” (luego
reproducido en otros espacios), señalé que Spilimbergo realizó
un significativo aporte a la teoría de la dependencia a pesar de
que el mismo no había tenido la difusión que otros muy conocidos
durante fines de los años 60 y principios de los 70, etapa en la
que esta teoría daba sus primeros pasos. Me refería
concretamente al primer capítulo de “La guerra civil en EE.UU.
que constituye uno de los tres trabajos incluidos en la edición
de 1974 de “ La Cuestión Nacional en Marx”. El mismo había sido
publicado por vez primera en el número 42 de “Izquierda
Nacional” en mayo de 1971.
Dicho trabajo toma como referente el estudio realizado por Marx
y Engels sobre la guerra civil en EE.UU. para descifrar el
carácter equívoco del subdesarrollo, ya que éste no sería el
producto de ningún retraso técnico (como afirma la teoría de la
modernización o desarrollismo) sino la consecuencia lógica de
una determinada estructura socio-económica. Sostiene Spilimbergo
en su “Advertencia a la tercera edición de la Cuestión Nacional
en Marx”
“...el llamado “subdesarrollo” no consiste en ningún género de
primitivismo técnico, sino en el dominio de clases sociales
retardatarias ligadas a una estructura de dependencia satélite.”
El caso concreto que analiza Spilimbergo a través del enfoque
marxista sobre la guerra de secesión es fundamental (lucha entre
el norte que expresa un nacionalismo burgués y el sur esclavista
vinculado con la burguesía inglesa), pero desde la perspectiva
teórica, es en el primer capítulo del trabajo considerado donde
se encuentra formulada con nitidez la diferencia central entre
el enfoque del subdesarrollo sostenido por los desarrollistas y
el que realizan los teóricos de la dependencia. Por lo que
centraremos nuestra atención en ese capítulo titulado
“¿Subdesarrollo o dependencia colonial?”
OPOSICIÓN TEÓRICA
El problema que formula Spilimbergo no es antojadizo sino que
surge como consecuencia de dos posturas teóricas que en aquellos
años se enfrentaban dando respuestas de signo opuesto.
Recordemos que desde los años 50 los teóricos de la
modernización (intentando ser una opción ante el desgastado
liberalismo), conceptúan al subdesarrollo como el producto de un
retraso o bien como una desviación con respecto a las pautas
seguidas por los países desarrollados (industrializados o primer
mundo). En cualquier caso el problema es inherente a la propia
historia de cada país, por lo que el desarrollo de los países
centrales y el subdesarrollo de los periféricos son considerados
como procesos independientes. La solución pasaría por alcanzar
la etapa en la que se encuentran los primeros recurriendo a su
apoyo con capitales, tecnología e inclusive personal calificado.
El objetivo era por aquellos años alcanzar (con la colaboración
de los países desarrollados) una economía industrial auto
sostenida realizando inversiones en los sectores estratégicos,
como siderurgia, química, electricidad y petroquímica (hoy
aparecen otros rubros más importantes como informática, robótica
y biotecnología).
Como respuesta a los modernizadores o desarrollistas a partir de
fines de los años sesenta (si bien existen algunos trabajos
anteriores) surgirán los planteos de la teoría de la
dependencia. En ellos el subdesarrollo no es presentado como
retraso ni desviación sino como una consecuencia de las
relaciones de dependencia con respecto a los países centrales o
dominantes en el capitalismo mundial, ya que ambas realidades
integran una unidad de opuestos, es decir, dialéctica. Por lo
tanto, la solución nunca puede vincularse con recurrir a la
“ayuda” de quienes forman parte del problema, sino liberándose
de la dependencia y sus agentes para iniciar un proceso de
desarrollo auto centrado. Este objetivo se alcanza garantizando
la reinversión nacional de los beneficios generados en dichos
países, los cuales suelen ser exportados hacia los países
dominantes, mientras que el resto queda en manos de los sectores
internos parasitarios que, a su vez, tienen sociedad estrecha
con ellos.
Si bien la teoría de la dependencia está inexorablemente
vinculada a un paradigma como el materialismo histórico y
dialéctico, y en su seno con la teoría del imperialismo
desarrollada por Lenin, no todos sus exponentes son marxistas, y
no todos los análisis hacen hincapié en los vínculos orgánicos
entre la dependencia y la estructura de clases al interior de
los países dependientes. El trabajo de Spilimbergo tiene el
mérito de exponer estos vínculos en el capítulo que analizamos,
no por primera vez en el seno de la teoría considerada, pero sí
con mucha precisión y claridad conceptual, además de hacerlo en
una apretada pero a la vez rigurosa síntesis. Esta combinación
no resulta demasiado frecuente, por lo tanto aprovechemos el
talento del autor.
¿Subdesarrollo o dependencia colonial? (V)
En este primer capítulo del segundo de los tres trabajos que
incluye “ La Cuestión Nacional en Marx” Spilimbergo demuestra
las diferencias esenciales entre un análisis marxista sobre la
cuestión del desarrollo nacional y otro orientado por las
versiones modernas (1971) de la concepción burguesa:
“La diferencia entre uno y otro análisis (el de Marx-Engels y el
“moderno” de la economía burguesa) reside en que aquellos
desentrañan la médula misma de la cuestión, en tanto los
economistas del “desarrollo” merodean en torno a los problemas
fundamentales inhibidos de captarlos, porque expresan la visión
rapaz de la burguesía imperialista o la impotencia de las
burguesías nacionales.”
Señala Spilimbergo que dicha inhibición se pone de manifiesto en
los conceptos utilizados. El subdesarrollo es un concepto
supuestamente científico que en realidad esconde más de lo que
descubre. EL mismo da a entender dos cosas:
1. el subdesarrollo es una situación inherente a la estructura
interna del país considerado;
2. representa un atraso cuantitativo, el eslabón de una cadena
que tiene en su extremo opuesto a los exitosos países
desarrollados.
“La relación entre las respectivas estructuras (desarrolladas y
subdesarrolladas) sería entonces exterior, mecánica y
contingente.”
Como respuesta categórica a este planteo de la economía burguesa
expresada en su versión desarrollista, Spilimbergo expone el
núcleo de aquella teoría que es la verdadera manifestación de un
abordaje riguroso y alternativo (teoría de la dependencia):
“Pero las cosas discurren de otro modo. No estamos ante una
situación inherente de atraso o primitivismo, sino ante una
verdadera relación de dependencia, de explotación semicolonial,
sobre la cual se basa la prosperidad de las metrópolis
desarrolladas y el atraso de las economías tributarias y
dependientes.”
Spilimbergo considera que el desarrollismo escamotea tanto el
origen del problema, como también su solución, ya que ambas
cuestiones están íntimamente relacionadas:
“El primer estigma del análisis “desarrollista” consiste, pues,
en ocultar la fuente misma del subdesarrollo, o sea, la
inserción de economías dependientes en el sistema de la mundial
imperialista. El segundo estigma consiste en encarar la
caracterización interna del subdesarrollo y la lucha contra él
en términos de insuficiencia técnica frente a la cual se
requieren, meramente, más ahorro y capitales, mejores métodos e
instrumentos de trabajo. Esto ha llegado hoy al paroxismo con la
charla especiosa sobre la “brecha tecnológica” y el “Know how”.
Así por ejemplo, ante la crisis crónica de la ganadería
argentina, los teóricos del desarrollismo frigerista afirman que
la producción de carnes no aumentará, no podrá resolverse el
problema de su venta por debajo del precio internacional, si no
se generan previamente las inversiones básicas en siderúrgica,
química pesada, electricidad, infraestructura.”
En definitiva lo que tenemos es un mero problema técnico, una
falta de desarrollo inherente a la historia propia de Argentina
que no ha realizado las inversiones necesarias en sectores
económicos considerados estratégicos. Sin embargo, esta visión
tecnocrática olvida considerar las relaciones históricas entre
el capital monopólico proveniente de los países desarrollados y
la estructura de clases parasitaria al interior de nuestro país,
relaciones de dependencia que resultan funcionales para ambos.
Spilimbergo recurre a algunos ejemplos concretos de la época
para validar el carácter falso de la teoría desarrollista:
“Esta asombrosa concepción no explica cómo disponiendo Argentina
de un potencial instalado para la producción de tractores y
maquinaria agrícola en gran escala, esta rama industrial soporta
parálisis crónica y trabaja al 40 por ciento o menos de su
capacidad por falta de demanda efectiva, que sí existe en cambio
para una producción técnicamente similar pero de bienes de
consumo suntuarios, como los automóviles.”
“Inversamente tampoco explica el sector frigerista del
desarrollismo como en la década del 50 la República Popular
China logró espectaculares avances en la producción y
productividad sin mecanizar el agro, por la mera transformación
de las relaciones sociales y de los medios de cooperación en el
trabajo.”
La conclusión a la que conduce este planteo resulta evidente:
“...no es la “industrialización” la que romperá el tope del
atraso ganadero, sino la ruptura de ese tope lo que hará posible
y viable el desarrollo industrial básico.”
Pero, a su vez, “ese tope no es técnico sino social; deriva del
predominio de la oligarquía ganadera en alianza con el capital
imperialista.” “Así el subdesarrollo no es sólo una relación de
dependencia semicolonial sino una determinada estructura social
que pone en manos de clases dominantes parásitas (desde el punto
de vista de la acumulación capitalista), o sea, no inversoras,
los excedentes capitalizables del trabajo nacional.”
Extraordinaria síntesis conceptual para exponer un problema
clave que las distintas variantes paradigmáticas con las que
tantos académicos forman a nuestros estudiantes de economía
nunca logran desentrañar. ¡Cuánto dinero y tiempo invertido para
formar profesionales en la fe desarrollista o liberal, cuya
matriz conceptual, por lo tanto, los inhabilita de entrada para
formular problemas económicos pertinentes y las soluciones
adecuadas!
Algunos estudios realizados por CEPAL (una organización
emblemática en lo que a abordajes desarrollistas se refiere) han
destacado en diversas oportunidades la poca sensibilidad ante
los estímulos del mercado demostrado por las clases
“tradicionales” como se observa en la cuestión agraria (aunque
no es el único sector que adopta dicho comportamiento). Pero
cuál es la explicación dada por CEPAL, dice Spilimbergo:
“... la Cepal se hunde en la nebulosa del “espíritu
capitalista”, cuya preexistencia metafísica habría fundado la
realidad del capitalismo occidental.”
Es decir, lo que nos falta es ese espíritu burgués que hace
posible un determinado comportamiento de clase, porque resulta
que las ideas preceden a la realidad. Típica explicación de cuño
weberiano (3) tal como es presentada en “La ética protestante y
el espíritu del capitalismo”; tesis que por otra parte tenía la
explícita intención de confrontar con la explicación
materialista y dialéctica brindada por Marx y Engels. Pero como
acota oportunamente Spilimbergo:
“Se trata de descubrir el fundamento material de esta ética de
consumo (precapitalista) que imbuye a tales “burguesías”
semicoloniales, tan en las antípodas del “espíritu capitalista”
de las viejas burguesías occidentales, del estoicismo mundano de
la ética puritana moldeada sobre el proceso
trabajo-ahorro-inversión.”
Dicho fundamento material, no favorecedor del proceso de
reinversión que conduce al desarrollo creciente de las fuerzas
productivas, son las relaciones de servidumbre o semiservidumbre
que imperan en el campo. Esto lleva al predominio de la
producción extensiva, que no necesita de la producción
intensiva, en la que el crecimiento no es cuantitativo sino
cualitativo, es decir, basado en la inversión y los avances
técnicos que generan mayor productividad y a menores costos.
Pero Argentina tiene una peculiaridad que la diferencia de otras
economías agrarias subdesarrolladas de nuestra América Latina.
Sostiene Spilimbergo:
“La particularidad argentina es que el lugar ocupado por la
sobreexplotación servil o semiservil del agricultor indígena,
corresponde a la alta fertilidad natural de la llanura pampeana
bajo condiciones de latifundio ganadero y cultivo extensivo.”
En la economía capitalista la reinversión en el circuito
productivo con permanente renovación técnica es imprescindible
para poder competir y mantenerse dentro del mercado. El
ausentismo es inconcebible para la sobrevivencia del capitalista
ya que sólo la inversión e innovación constante le permiten
competir bajando los costos. En las economías asentadas en el
trabajo servil o con condiciones naturales insuperables la cosa
es muy distinta, lo que favorece el parasitismo. Allí radican
las condiciones para la reproducción crónica del subdesarrollo.
Por lo tanto Spilimbergo sin titubeos dice lo que tantos
técnicos callan:
“Abatir el subdesarrollo es, en esencia, destruir socialmente
(expropiar) a las clases parasitarias del único modo conocido
por la historia, esto es revolucionariamente, como lo demuestran
las experiencias de Francia, Inglaterra, EE.UU. y las modernas
revoluciones socialistas del siglo XX.”
Al arribar a este momento del análisis Spilimbergo va a
considerar un aspecto central de todo análisis de clases que se
realice sobre un país dependiente como Argentina:
“...en nuestra época la espina dorsal del bloque histórico que
la sociología burguesa llama “clases (dominantes)
tradicionales”, no es otra que la más moderna, la menos
“tradicional” de las clases explotadoras: la burguesía
imperialista, no bien la miremos no de la atalaya de su
respectiva metrópoli, sino desde sus tentáculos en el mundo
semicolonial y dependiente.”
Efectivamente, la burguesía de los países dominantes ha
favorecido el desarrollo capitalista en su lugar de origen como
consecuencia de la expansión de las fuerzas productivas, proceso
que surge de la necesidad de competir exitosamente entre
burgueses de la misma nación, y como condición para conquistar
mercados externos. Pero una vez que dichas burguesías se
instalan en regiones consideradas la periferia del sistema,
actúan como inhibidoras del desarrollo, pues al remitir a sus
naciones gran parte de los beneficios obtenidos no favorecen ni
la acumulación de capital ni la expansión del mercado interno.
Desde ya, la presencia de una clase ajena a la economía propia
de los países semicoloniales, cuyo comportamiento allí resulta
precapitalista, sólo se puede materializar, no mediando una
conquista militar, a partir de una sólida alianza con clases
nativas parasitarias o satelizadas. Así lo expresa Spilimbergo:
“Basta decir aquí que el comportamiento de esa burguesía
exterior cuyos tentáculos penetran y se instalan en el seno de
la sociedad semicolonial formando en ella el cuerpo de la alta
burguesía, amalgamándose con la oligarquía nativa, asfixiando y
satelizando a un vasto sector del empresariado vernáculo,
penetrando las instituciones públicas, el aparato cultural, los
órganos de difusión masiva, etc. es “precapitalista” desde el
punto de vista de la sociedad dependiente, en la medida que no
estimula en ella el proceso de acumulación de capitales y
expansión del mercado interno.”
“Por el contrario, la inserta en el ciclo de la acumulación
metropolitana, tal como la garrapata convierte el sistema
digestivo y sanguíneo de la víctima en “momentos de su nutrición
parasitaria.”
Spilimbergo aclara:
“Naturalmente, en el análisis de la guerra civil norteamericana,
Marx y Engels no visualizan este último aspecto de la cuestión,
que se refiere a un período histórico posterior.”
Así es, los amigos y compañeros de trabajo de toda una vida
abordaron las especificidades del capitalismo que les tocó
vivir, llamado clásico o de libre competencia, cosa que muchos
críticos mal intencionados pretenden obviar. La etapa posterior,
cuyas principales manifestaciones se dan a partir de fines del
siglo XIX, no la vivieron o era demasiado reciente, por lo tanto
no podía formar parte de sus estudios tanto materialistas como
dialécticos de la historia. Esa etapa recibe el nombre de
imperialismo, y encontró en Lenin a uno de sus principales y más
lúcidos teóricos.
Este primer capítulo que estoy analizando es cerrado por
Spilimbergo con algunas consideraciones específicas sobre la
guerra de secesión, que serán retomadas y profundizadas en los
capítulos II, III, IV, V, VI y VII. Cedamos la palabra al autor:
“La esclavitud se desarrolla en los Estados del sur de la Unión
bajo el estímulo de la demanda de algodón por la industria
textil inglesa: la voracidad de los telares mecánicos multiplicó
la demanda de materias primas.
Por ese concurso de circunstancias (sobre el cual volveremos)
tenemos aquí el “antiguo régimen” naciendo de las entrañas de
una sociedad burguesa en formación, a la cual contrapone su
propia ley de desarrollo, incapaz de frenarse en un acuerdo,
compromiso, equilibrio de fuerzas, participación, obligando a
tomar la ofensiva para expandir su sistema a los Estados de la
Unión , monopolizar el gobierno federal, aplastar a la industria
del Norte, reemplazar con latifundios esclavistas a los pequeños
propietarios del Oeste y convertir el país en una colonia de la
industria inglesa.
Programa semejante llevó a cabo la oligarquía bonaerense
acaudillada por Mitre (VI) en la misma
séptima década del siglo pasado. El dispar desenlace de ambas
guerras civiles explica los destinos diferentes de EE.UU. y las
repúblicas del Plata.”
Marx y Engels analizaron la peculiar realidad de la guerra en
EE.UU. como se puede constatar en los artículos que publicaron
entre 1861 y 1862 en el “New York Daily Tribune” y en “Die
Presse” de Viena. Pero, a su vez, en nuestro medio, Alberdi
señala que el papel del Sur lo desempeñaban los mitristas.
Los teóricos alemanes logran captar a través de su metodología
cómo la contradicción principal de esta guerra, más allá de
factores concurrentes, se expresa mediante los intereses
irreconciliables entre las clases asociadas al desarrollo y
aquellas otras que lo frenan. Según Spilimbergo su análisis
tiene el mérito de permitirnos:
“...comprender de qué modo la unidad nacional, la soberanía
económico-política, el desarrollo de las fuerzas productivas y
la democracia política forman una gran causa cuyo triunfo pasa,
inevitablemente, por el aplastamiento y expropiación de las
clases dominantes ligadas estructuralmente al sistema del
subdesarrollo.”
Transcurrido un breve tiempo desde la publicación de este
trabajo sobre la guerra civil en EE.UU. (1974), asistíamos en
nuestra patria y en el resto del mundo dominado por el
imperialismo al inicio de una nueva etapa llamada neoliberal.
Esa es otra historia que no integra nuestro objeto de estudio en
este análisis, sin embargo, el abordaje estructural de
Spilimbergo para desentrañar cómo operan las fuerzas del
subdesarrollo, captando la estrecha ligazón entre las burguesías
de los países dominantes y las clases nativas a ella asociadas
mantiene plena vigencia. De allí que subrayamos a modo de
conclusión esta idea-fuerza del autor:
“La lucha contra el subdesarrollo es una lucha de clases y sólo
puede llevársela por medios revolucionarios.”
Argentina, La Plata , septiembre de 2006
Notas
(IV) “Subdesarrollo y dependencia
colonial” es el capítulo primero de una de los tres trabajos
(“La guerra civil en EE.UU. y el ‘subdesarrollo”) incluidos en
la edición de 1974 de la “Cuestión Nacional en Marx”, Editorial
Octubre.
(V) Max Weber (1864-1920), sociólogo,
economista y politólogo alemán. Analizó el papel desempeñado por
ciertas ideas o espíritu (ética protestante) como favorecedor de
las condiciones necesarias para el desarrollo del capitalismo,
invirtiendo la tesis de Marx y Engels según la cual fue el
capitalismo el que generó las condiciones para el surgimiento
del protestantismo.
(VI) Bartolomé Mitre fue uno de los máximos
representantes de la oligarquía agroexportadora argentina.
Militar, presidente de la república entre 1862 y 1868, fundador
del diario “ La Nación ” y responsables de la versión oficial y
liberal de nuestra historia que se difundió durante décadas.
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