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Introducción
La entrevista a Waldo Ansaldi publicada por Clarín y que aparece
en el Foro Reconquista Popular con fecha 10 de octubre,
necesariamente nos lleva a reflexionar acerca de cuánto hay de
cierto en lo que afirma. Lo primero que se puede sostener,
después de haber leído su discurso sobre la realidad de la
teoría social en las ultimas décadas del siglo XX en
Latinoamérica, es que tiene un carácter por lo menos incompleto,
y, si profundizamos aún más en el análisis, observamos algunos
errores significativos. Los años 60 y 70 fueron, como afirma el
entrevistado, de una gran riqueza teórica y política para
nuestra tierra, pero es necesario delimitar con claridad cuáles
eran los principales planteos de la época, para asumir sin
complejos las divergencias existentes en la comunidad de
cientistas sociales. Tal como Ansaldi nos presenta las cosas,
desde una postura supuestamente neutra, parece que la Cepal y la
teoría de la dependencia representan dos aportes al estudio de
nuestra realidad que están eximidos de toda tensión. Sin
embargo, consideramos que esto no es así, ya que han expresado
(y lo siguen haciendo) dos perspectivas antagónicas acerca de
cómo abordar el subdesarrollo latinoamericano y, por lo tanto,
dos propuestas absolutamente divergentes para superarlo.
Aclaramos, por otra parte, que el análisis de los modos de
producción en América Latina como el papel asignado a los
intelectuales (temas también mencionados en la entrevista),
merecen una consideración especial, que intentaremos abordar en
otra oportunidad, ya que por su extensión y complejidad no
resulta aconsejable incluirlo en este trabajo. Pasemos por lo
tanto a examinar las principales teorías consideradas,
intentando justificar nuestras discrepancias con la versión
instalada por Ansaldi.
Teoría de la modernización
La Cepal forma parte de un proceso de producción
intelectual mucho más amplio, que habitualmente se inscribe en
la llamada teoría de la modernización, la cual, además, integra
uno de los más importantes paradigmas de la ciencia social: el
estructural funcionalismo (que surgió durante los años 30 en
EE.UU). Desde la teoría general del paradigma se formula esta
subteoría que intenta explicar y resolver la problemática de los
países subdesarrollados o "en vías de desarrollo". Si bien
incluye diversos enfoques (Cepal, enfoque de brecha, Germani,
Rostow, Hoselitz, etc.) todos ellos comparten un núcleo
conceptual y un método hipotético deductivo para construirlo.
1. El subdesarrollo de Latinoamérica debe entenderse como el
producto de un retraso histórico con respecto al camino
recorrido por los países desarrollados, o en su defecto como una
desviación en relación con las pautas de desarrollo seguidas por
ellos. Es decir, estamos en una etapa anterior al desarrollo, o
vivimos una situación patológica.
2. En cualquier caso el subdesarrollo de los países periféricos
es producto de su propia historia, por lo tanto no se relaciona
con la injerencia de las naciones desarrolladas. Como desarrollo
y subdesarrollo se consideran dos entidades independientes, los
teóricos de la Cepal han asimilado realidades tan distintas como
la Europa de posguerra con Latinoamérica tratando de buscar
soluciones similares.
3. Si desarrollo y subdesarrollo son procesos autónomos,
entonces resulta recomendable recorrer el camino de los que ya
se han desarrollado, para superar el retraso o la situación
patológica recurriendo a su ayuda y experiencia.
4. Contrariando el planteo formulado por el liberalismo clásico,
se le asigna un rol fundamental al estado para promover dicho
desarrollo, pero lo importante no es el tamaño de éste sino la
función que debe cumplir:
a. promover el ingreso a los países subdesarrollados de
capitales, tecnología y personal técnicamente capacitado
provenientes del mundo desarrollado;
b. orientar esos recursos hacia aquellas áreas de la economía
consideradas estratégicas para recorrer el camino hacia el
desarrollo (industria de base y pesada);
c. una vez que el estado haya instalado las condiciones para
iniciar el desarrollo, se podrá superar la dependencia con
respecto a los países centrales y la economía autosostenida
dejará de ser una quimera.
La secularización, entendida como un proceso
guiado por el principio de racionalidad aplicado al campo
económico, social y político, es lo que caracteriza el cambio,
para que una sociedad atrasada se modernice. Gino Germani, uno
de los exponentes más renombrados de la teoría, sostenía que los
principales componentes de este cambio son:
"1. Se modifica el tipo de acción social. Del predominio de las
acciones prescriptivas se pasa a un énfasis (relativo) sobre las
acciones electivas (preferentemente de tipo racional).
2. De la institucionalización de la tradición, se pasa a la
institucionalización del cambio.
3. De un conjunto indiferenciado de instituciones, se pasa a una
diferenciación y especialización creciente de las mismas (1)."
Esta teoría, con sus diversas variantes, se
instaló en nuestro mundo intelectual a partir de los años 50,
montados en ella cabalgaron varios gobiernos de América Latina
de la época, como el de Frondizi en Argentina, o a partir de
1964 la dictadura brasileña. Es menester señalar que las
experiencias autoritarias que recurrieron a la teoría de la
modernización (e inclusive aquellos que lo hicieron desde una
versión restringida de la democracia), estaban transgrediendo
uno de sus postulados, ya que en la faz política propone el
desarrollo de un estado racional con amplia participación
ciudadana (siguiendo el ejemplo de las democracias
occidentales). A favor de ellas se debe aclarar que los
modernizadores también sostienen que el desarrollo económico y
el político no necesariamente son sincrónicos, por lo que pueden
existir ciertos desfases que se superarán en el mediano plazo.
Sin embargo, cuando en los años 80 la teoría produce nuevos
planteos, como los de Jorge Sábato en Argentina, afirma que no
es posible la modernización económica sin democracia política.
Ahora bien, cómo es posible que algunos liberales
y "marxistas" adhiriesen a esta teoría. En el primer caso sólo
aquellos que habían descubierto el fracaso del liberalismo
clásico en nuestra tierra, vieron la posibilidad de salir del
atolladero recurriendo a un nuevo planteo, que sin renegar de
las pautas del capitalismo dependiente, pudiese generar más
oxígeno para una economía decadente. La propuesta de un estado
racional basado en burocracias eficientes, por otra parte, es
afín con un sector del liberalismo que se orienta en ciencia
social por el pensamiento de Max Weber. Más difícil de
comprender parece la adhesión de ciertos" marxistas". Sin
embargo, debemos recordar que algunos de estos intelectuales se
han identificado con una hipótesis equivocada de Marx, a saber:
la penetración del capital en la periferia del sistema generará
el desarrollo de sus fuerzas productivas, favoreciendo por lo
tanto el surgimiento de las condiciones objetivas para la
revolución socialista (de allí el apoyo del científico alemán a
la introducción del ferrocarril en la India). Pero Marx, a
diferencia de estos consumidores de fórmulas, contaba a su favor
con que había muerto antes de que el capitalismo se manifestara
claramente como imperialismo. La nueva etapa del capital generó
dos realidades bien distintas (países opresores - países
oprimidos), por lo que Lenin produjo la teoría del eslabón más
débil para dar cuenta de dónde y porqué se inician los procesos
revolucionarios. Ansaldi pretende sugerirnos que la presencia de
liberales, weberianos y marxistas en la Cepal fue un signo de
pluralismo, pero esto es inexacto. Todos sus integrantes
coincidían en un punto fundamental, consistente en invertir la
tesis leninista: el imperialismo que para Lenin era la última
fase del capitalismo, resulta, para estos teóricos, la primera
etapa del desarrollo capitalista en Latinoamérica. Para
liberales conversos y desarrollistas significaba alcanzar el fin
propuesto, para ciertos "marxistas", por otro lado, el medio
para luego (creadas las condiciones objetivas necesarias) luchar
por la revolución.
En los años 90 quien fuera Primer Ministro de
Japón entre 1982 y 1987, Yasuhiro Nakasone, nos ofrece una
visión idealizada de la propuesta para el desarrollo sostenida
por esta teoría que, según sus propulsores, mantiene plena
vigencia:
"Una nación llega a la economía de mercado liberal mediante una
vía desarrollista única a sus propias circunstancias. Las
políticas que son necesarias en diversas fases para avanzar por
ese sendero no deben causar guerras comerciales con quienes ya
han llegado. En lugar deben respetarse, como las fases de la
niñez, adolescencia y vida adulta, como pasajes que toda
economía debe atravesar en su subida de la pobreza a la
prosperidad" (2).
Cuando Ansaldi pasa a la segunda producción
intelectual significativa de la época, cita a la teoría de la
dependencia, sin aclarar que ella fue precisamente la negación
de los planteos modernizadores con los que se identificaba la
Cepal. Además parece que el único trabajo importante que
recorrió el mundo fue el de Cardoso y Faletto y que a partir de
los 80 la teoría desapareció o sólo tuvo expresiones dispersas.
Analicemos detenidamente este momento del discurso porque oculta
más de lo que revela.
Teoría de la dependencia
Lo primero que debemos considerar es que la
teoría de la dependencia surge en los años 60 como la negación o
antítesis de la teoría de la modernización, y así queda
expresado en trabajos como el clásico de Osvaldo Sunkel
"Capitalismo transnacional y desintegración nacional en América
Latina":
"La realidad de nuestro subdesarrollo se ha venido apreciando
principalmente a través del cristal de las teorías
convencionales del crecimiento y la modernización. Prevalece por
tanto una concepción orientadora que concibe el funcionamiento
óptimo del sistema social en términos de esquema teórico ideal
de una sociedad capitalista madura, representada en la práctica
por los países desarrollados, y el subdesarrollo, como una
situación previa imperfecta, en el camino hacia aquel modelo
ideal. Sin embargo, el proceso formativo y la estructura actual
de los países subdesarrollados se distinguen radicalmente de las
hipótesis implícitas en aquella forma de aproximación teórica."
"El enfoque que propongo consiste en apreciar las
características del subdesarrollo como el conjunto de resultados
inherentes o normales al funcionamiento de un determinado
sistema" (3).
La hipótesis central que comparten todos los
representantes de esta teoría es que el subdesarrollo de los
países periféricos no es independiente del desarrollo de los
países desarrollados. El concepto dependencia es central para la
teoría, de allí que sea incorrecta la apreciación de Ansaldi
cuando afirma "la mal llamada ’teoría de la dependencia".
Dependencia es el concepto que permite explicar el subdesarrollo
de Latinoamérica, por eso se analiza cómo surgió y cuáles fueron
sus principales manifestaciones a través de la historia. Si bien
no todos los exponentes son políticamente marxistas, esta teoría
es inseparable de la teoría del imperialismo elaborada,
sobretodo, por Lenin. Mientras él estudió como se manifiesta el
capitalismo desarrollado en su etapa superior y porqué se
expande hacia la periferia del sistema capitalista, los teóricos
latinoamericanos centraron su análisis en las consecuencias que
produce dicha expansión en el mundo dependiente. Por otra parte,
como dependencia y subdesarrollo se vinculan causalmente, sólo
puede resolverse el problema superando esta situación a partir
de una política de auténtica independencia económica y política.
Resulta necesario destacar que la teoría se ha construido desde
una metodología dialéctica, por lo que las unidades de opuestos
siempre están presentes en el análisis. La contradicción entre
países dominantes y dominados es fundamental, pero no se puede
aislar de la contradicción de clase, ya que la dominación es
posible a partir de una alianza de clases (de los países
involucrados) para explotar a otras.
Por lo dicho, la teoría de la dependencia rechaza
cada uno de los planteos formulados por la teoría de la
modernización (incluida la Cepal).
1.El subdesarrollo no debe entenderse ni como un retraso
histórico, ni como una patología, ya que es inherente al
capitalismo dependiente.
2.Esto significa que desarrollo y subdesarrollo no son entidades
autónomas sino que forman parte de una unidad de opuestos,
dialéctica.
3. El camino a recorrer no puede ser un símil de la vía europea
o estadounidense, es el producto de una experiencia propia,
latinoamericana (o de países del mundo dominado).
4. El estado debe intervenir tal como lo plantean los
modernizadores, pero con un sentido bien distinto, no
favoreciendo una mayor dependencia del capital de los países
desarrollados o dominantes, sino cortando estos lazos históricos
que fueron causa de la situación que se intenta revertir. Este
proceso implica una lucha de clases, ya que las clases
explotadas deben enfrentar el dominio gestado por la alianza
entre la burguesía de los países imperialistas y la clase
dominante de los países sometidos.
Por estas razones los marxistas que desarrollaron la teoría,
tienen claras diferencias con aquellos otros que se integraron a
la Cepal. Desde esta perspectiva, el imperialismo no favorece el
desarrollo de las fuerzas productivas, sino que lo inhibe; no
representa la primera etapa en el desarrollo del capitalismo
latinoamericano, sino que Latinoamérica forma parte de los
eslabones débiles de la cadena que se debe cortar para superar
el subdesarrollo crónico. Otros exponentes que no son marxistas
(como Sunkel) utilizan sin embargo el método y varias de sus
categorías teóricas, superando con claridad la perfomance de los
"marxistas" de la Cepal.
Cardoso y Faletto produjeron un trabajo esencial
por aquellos años titulado "Dependencia y desarrollo en América
Latina", pero no fue el más importante ni el único que alcanzó
gran repercusión. Hubo varios estudios que realizaron aportes
dignos de mención (lo que no significa que todas las hipótesis
planteadas fuesen correctas), y que más allá de matices
diferenciados, coincidían en el núcleo conceptual de la teoría.
Por citar algunos:
* "La crisis norteamericana y América Latina" de Theotonio Dos
Santos.
* "Imperialismo y geopolítica en América Latina" de Vivian Trias.
* "La crisis del desarrollismo y la nueva dependencia" de Dos
Santos, Vasconi, Kaplan y Jaguaribe.
* "Capitalismo transnacional y desintegración nacional en
América Latina" de Osvaldo Sunkel.
* "Imperialismo y cultura" (un análisis de la dependencia desde
el campo cultural) de Juan José Hernández Arregui.
* "Las venas abiertas de América Latina" de Eduardo Galeano.
* "Capitalismo y subdesarrollo en América Latina" de André
Gunder Frank.
Un análisis menos conocido, pero absolutamente esencial para
comprender la relación entre subdesarrollo, dependencia y
revolución en América Latina es el que realiza Jorge Spilimbergo
en "La cuestión nacional en Marx", sobretodo en el capítulo
titulado "¿Subdesarrollo o dependencia colonial?".
Fuera del contexto latinoamericano han resultado fundamentales
los aportes en Africa de Samir Amin, con trabajos como
"Capitalismo periférico y comercio internacional".
Por último, en relación con las observaciones
realizadas por Ansaldi a la teoría de la dependencia, en los
años 80 ni desapareció ni se dispersó. Lo que efectivamente
ocurrió es que dejó de tener resonancias en el campo de la
intelligentzia, ya que estos, por definición, sólo se interesan
por las modas intelectuales, independientemente de cuáles son
las teorías y métodos que aportan objetivamente a la resolución
de los problemas latinoamericanos. Era común escuchar en ámbitos
académicos, de investigación o en los medios de comunicación que
la teoría de la dependencia había sido superada, pero nunca se
fundamentó con solidez porqué. Los planteos posmodernos
arreciaban, las agendas se modificaban y los temas que se
imponían eran:
a. la crisis del marxismo,
b. autoritarismo o democracia,
c. estado y sociedad.
Hasta que en los 90, con el apogeo del neoliberalismo, llegó la
teoría de la finitud, creada por los doxósofos (tema abordado en
nuestro anterior trabajo) y asimilada rápidamente por la
intelligentzia. El fin de los paradigmas científicos (mencionado
por Ansaldi), el fin de las ideologías, y la globalización o el
fin del imperialismo se habían instalado en un escenario
preparado en la década anterior. Sin embargo, desde la teoría de
la dependencia la producción continuaba. Otros intelectuales, no
alienados por el pensamiento políticamente correcto, abrevaban
en ellas y, no sin dificultad, las difundían. La teoría
permanecía viva, por la simple razón que los problemas que había
planteado en los 60 y 70 tenían plena vigencia. Además, las
propuestas tanto de la teoría de la modernización como del
neoliberalismo para resolver la situación, habían fracasado
estrepitosamente. Sin embargo, las nuevas producciones no
rehuían el debate con los temas instalados en los años 80 y 90;
la democracia, el rol del estado, el marxismo y la globalización
se hicieron presentes, pero interpretados desde otra
perspectiva. Algunos trabajos dignos de mención gestados por los
teóricos de la dependencia en esos años en los que fueron
borrados de muchas agendas son:
* "Dependencia, democracia y movimiento popular en América
Latina" de Enzo Faletto, 1980.
* "Las democracias en las sociedades contemporáneas" de Fernando
Cardoso (quien luego abandonó la teoría para inscribirse en el
neoliberalismo), 1981.
* "Imperialismo y pensamiento colonial en la Argentina" (un
análisis de la influencia del imperialismo en la producción de
ideas) de Norberto Galasso, 1985.
* "Imperio del Caos" de Samir Amin, 1992.
* "El futuro de la polarización global" de Samir Amin, 1994.
* "La teoría de la dependencia y el sistema mundial", entrevista
a Theotonio Dos Santos, 1998
* "La explotación global" de Pablo González Casanova, 1998.
Cuando en Argentina el primer presidente de la
etapa posterior a la larga y terrible noche procesista, Raúl
Alfonsín, decía que con "la democracia se come, se educa y se
cura", cometía un gravísimo error. Ningún pueblo sometido por el
imperialismo come, estudia y tiene acceso a la salud tanto con
dictaduras como con democracias. El concepto dependencia seguía
siendo la clave para salir de la encrucijada. Desde ya la
dependencia es un concepto que, como cualquier otro, sólo
resulta útil cuando se lo llena de contenido, cuando de la
sintaxis se pasa a la semántica. Los nuevos estudios sobre
dependencia seguramente resultarán esenciales para resolver la
crisis del capitalismo latinoamericano y del mundo dominado en
general, en la medida que logren dar cuenta de sus
manifestaciones actuales, cómo se encadenan con el pasado y con
qué consecuencias se proyectan hacia el futuro. Resulta una
tradición intelectual difícil de sustituir en el campo de las
disciplinas sociales, un instrumento formidable para explicar y
transformar una realidad que necesita de una teoría ágil, capaz
de captar sus modificaciones cada vez más veloces. Y para que
esto sea posible, el método más adecuado para construirla es la
dialéctica, ya que por su naturaleza nos permite comprender el
devenir permanente de la historia, incluyendo en su lógica la
transformación consciente del mundo.
Sostiene en los 90 un exponente de la teoría de
la talla de Samir Amin:
"Desde el frente político, tenemos que desarrollar formas
mundiales de organización que sean más auténticamente
democráticas de modo que sean capaces de reformar las relaciones
económicas sobre la base de cada menos desigualdad. Desde esta
perspectiva, considero de alta prioridad la reorganización del
sistema global sobre la base de grandes regiones que deberían
agrupar partes dispersas de las periferias. Este podría ser el
origen de la constitución de las regiones latinoamericana,
africana y sudasiática, junto con la China y la India (los
únicos países continentales de nuestro planeta)... La razón de
esta exigencia es simple, es únicamente en esta escala en la que
se pueden combatir efectivamente a los cinco monopolios de
nuestro análisis... Por supuesto, la transformación del mundo
siempre comienza con luchas en su base. Sin el comienzo de los
cambios de los sistemas ideológicos, políticos y sociales en el
nivel de sus bases nacionales, cualquier discusión sobre la
globalización y la polarización quedará como letra muerta" (4).
Noviembre de 2004
(1) Germani, Gino: "Política y sociedad en una
época de transición", página 94, Editorial Paidos, 1977.
(2) Nakasone, Yasuhiro: "Los
nuevos conflictos del capitalismo", Los Ángeles Time (publicado
por diario El Día), 1993.
(3) Sunkel, Osvaldo:
"Capitalismo transnacional y desintegración nacional en América
Latina", página 13, Ediciones de Nueva Visión, 1971.
(4) Amin, Samir: "El futuro de
la polarización global", publicado por en Review, Fernand
Braudel Center, vol. XVI, nº 1, página 14, 1994.
[3] “Subdesarrollo y dependencia colonial”
es el capítulo primero de una de los tres trabajos (“La guerra
civil en EE.UU. y el ‘subdesarrollo”) incluidos en la edición de
1974 de la “Cuestión Nacional en Marx”,
Editorial Octubre.
[4]
Max Weber (1864-1920), sociólogo,
economista y politólogo alemán. Analizó el papel desempeñado por
ciertas ideas o espíritu (ética protestante) como favorecedor de
las condiciones necesarias para el desarrollo del capitalismo,
invirtiendo la tesis de Marx y Engels según la cual fue el
capitalismo el que generó las condiciones para el surgimiento
del protestantismo.