0907 - En este
mes de septiembre en el que se cumple un año de la
desaparición del compañero Jorge Enea Spilimbergo, queremos
ofrecer un humilde tributo recordando su muy interesante
pero poco conocida tesis acerca de la "Comunidad Organizada"
(1). Este trabajo encierra en su apretada
redacción una riqueza teórica que consideramos oportuno
evocar ya que, según nuestra visión, debería constituir un
referente necesario para revisar nuestra historia popular.
Cercana la fecha en que deberemos renovar parte del Poder
Legislativo, cuando se escuchan voces que exigen decisiones
políticas propias de una relación de fuerzas inexistente, a
la vez que parecen no advertir los avances realizados por el
gobierno de Kirchner contrariando la lógica neoliberal que
imperó en nuestro país desde 1976, se impone analizar con el
menor sectarismo posible y una cuota significativa de
autocrítica algunas de las debilidades del campo nacional
que no son nuevas.
En abril de 1989 (a cuarenta años de la presentación
teórica pública de la Comunidad Organizada en el Congreso de
Filosofía de Mendoza) durante el desarrollo del simposio-homenaje
organizado por el gobierno de la Provincia de Buenos Aires,
Spilimbergo expuso una particular mirada sobre este fundamental
acontecimiento de nuestra historia (2). Separando
la paja del trigo, claramente identificado con el apoyo al
movimiento peronista pero si renunciar a la mayor rigurosidad
posible, que es la única garantía para el triunfo de las ideas
emanadas del campo nacional y popular, distinguió dos componentes
con frecuencia confundidos de la comunidad organizada: su núcleo
filosófico (idealizado), con un contenido atemporal y eurocéntrico
por un lado; su núcleo dinámico y real, expresión de una concepción
solidariamente nacional de la comunidad por otro.
El núcleo filosófico presenta debilidades innegables
(que en muy pocas oportunidades han sido abordadas con la necesaria
autocrítica) producto de una apoyatura equivocada en el pensamiento
clásico griego que había sido gestado como consecuencia directa de
reflexiones acaecidas durante la decadencia de la polis esclavista.
Dice Spilimbergo al respecto:
"Cabe destacar que la construcción del discurso filosófico tiende a
oscurecer antes que a fundamentar ese núcleo dinámico central, en
tanto busca su anclaje en el pensamiento clásico griego y en una
versión al menos arcaica de la tradición aristotélica-tomista."
"Así se invoca la definición platónica del "Estado de
Justicia", donde cada clase ejercita sus funciones en servicio del
todo y ejerce su 'virtud especial', educada en 'conformidad con su
destino', sirviendo a la 'armonía del todo'".
"Destaquemos que el pensamiento clásico griego fue
elaborado en el momento de crisis y decadencia de la polis
esclavista, y al no poder concebir un pensamiento superador de ella
es por esencia antihistórico."
Ese anclaje incorrecto en el que como el mismo
Spilimbergo sostiene deben haber tenido mucho que ver los
"ocasionales asesores del texto", es el que permite recurrir a una
visión de las clases sociales que no guarda correspondencia con el
comportamiento real de la oligarquía en los países de un capitalismo
dependiente, cuyos intereses objetivos y su consecuente
comportamiento político son contrarios a los de la comunidad
nacional organizada. Por otra parte, y retomando una justificada
preocupación de este foro (pero que sólo se manifiesta cuando se
trata del marxismo), debemos sostener sin temores a ofender a los
compañeros peronistas (ya que lo hacemos con el mayor respeto) que
dicho anclaje filosófico tiene raíces claramente euro céntricas, por
lo que esta reflexión sobre la práctica del movimiento, carecía de
correspondencia con lo que expresaba la realidad de dicha práctica.
La lucha de clases, que lejos de ser una premisa
cargada de subjetividad resentida y violenta, es un fenómeno
objetivo que emana de la estructura económica de las sociedades
basadas en la explotación, y que en un país que lucha por liberarse
de la dependencia capitalista adquiere manifestaciones descarnadas,
y a su vez muy específicas, se presenta en la comunidad organizada,
según Spilimbergo, en los siguientes términos:
"...la lucha de clases excluye toda posibilidad de virtud y de
dignidad individual pues es, por esencia, abierta disolución de los
elementos naturales de la comunidad."
Mucho tuvieron que ver en esta generalización antihistórica, y por
tanto deformada de la realidad nacional, los sectores vinculados a
un nacionalismo clerical (preconciliar) y oligárquico, que pretendía
inhibir el desarrollo de una expresión teórica orgánica propia de la
clase que constituía la columna vertebral del movimiento. Sostiene
con meridiana claridad Spilimbergo:
"La ideología clerical medievalista y nacionalista-oligárquica
pretendió suministrar para un problema moderno de un país moderno de
relativo desarrollo burgués y con fuerte incidencia del movimiento
obrero, una teoría paternalista y estamentaria del "equilibrio de
clases", reaseguro estático ante desbordes socializantes de la base
obrera del movimiento".
"Esta asfixia ideológica no sólo debilitó programáticamente al
movimiento sino que, además, contribuyó a aislar a la clase
trabajadora de otros sectores populares como la pequeña burguesía
estudiantil, al privarla de un discurso articulador del frente
nacional."
Tanto el Congreso de Mendoza como la labor académica
en la Argentina durante la década peronista, estuvieron dominadas
por esa concepción teórica antihistórica que le impedía al
movimiento dar cuenta de sí mismo. De allí que los principales
aportes favorecedores del desarrollo de una conciencia nacional haya
que buscarlos en "intelectuales periféricos" como "Jauretche,
Scalabrini Ortiz, Hernández Arregui, Jorge Abelardo Ramos, Rodolfo
Puiggrós, John William Cooke sin acceso (salvo, circunstancialmente,
Cooke y Arregui) a la cátedra universitaria".
"A nuestro juicio, ello se debe a la tensión interna entre esa
fuerte y decisiva base obrera y el componente burgués del proyecto
del ´45: un capitalismo autónomo (independencia económica) con apoyo
popular (justicia social) destinado a compensar la debilidad
orgánica e ideológica de la burguesía nacional argentina. Semejante
bloqueo teórico no podía resolverse sino superando prácticamente la
situación, o por la consolidación de una burguesía rectora, o por la
trasgresión de los límites capitalistas del proyecto original.
Ninguna de estas alternativas predominó".
Este planteo es medular, ya que un frente nacional siempre es poli
clasista en su constitución pero no puede serlo en su ideología. Las
ideologías, independientemente de cómo se presenten a la
consideración pública, no pueden tener un contenido poli clasista
real, pues son por definición las visiones de mundo que desarrollan
cada una de las clases fundamentales de una sociedad. Por lo que sí
el nacionalismo popular del frente no logra expresarse a través de
la visión de una burguesía fuerte, necesariamente debe hacerlo
mediante la clase obrera, o en su defecto sucumbir ante el bloque
oligárquico-imperialista.
La historia posterior es muy conocida. En otras
oportunidades hemos planteado en Reconquista Popular
(3) la necesidad de reflexionar sobre esta limitación teórica y
política que ha resultado fatal para la consolidación en el poder
del bloque nacional y popular. ¿Cuál es entonces el componente
fundamental de la comunidad organizada que resulta necesario
retomar? Por cierto no su núcleo filosófico, expresión de una
perspectiva estática, euro céntrica e idealista de la historia, sino
su núcleo concreto y, por lo tanto, nacional, que se manifestó
dialécticamente en la consigna “alpargatas o libros”. Spilimbergo
sostiene que esa dialéctica expresaba:
"1) La auto reivindicación como sujeto histórico activo de la mujer
y el hombre obligados a la alpargata, socialmente preteridos.
2)Su exigencia de zapatos para ellos y sus niños, muchas veces
descalzos.
3) Su aspiración a que sus hijos tuviesen acceso a la
alfabetización, la enseñanza media y aún superior, privilegios los
dos últimos de minorías.
4) La impugnación de los libros (la ideología liberal-imperialista,
formulada como razón universal) que enseñaba como "natural",
platónicamente "justo", el orden que condenaba a las alpargatas, el
hambre y la ignorancia a la inmensa mayoría.
5) La decisión superadora y culturalmente genética de cambiar ese
orden".
"Era, pues, dicha consigna, la expresión vigorosa y
primaria de un hecho cultural fundador: la nueva relación de fuerzas
creada por el ascenso de los trabajadores al primer plano de la vida
política".
Efectivamente esa unidad de contrarios expresada con
la simpleza de la sabiduría popular, sintetiza el núcleo fundante de
la nueva Argentina, que como bien señala Spilimbergo, era la
expresión de una relación de fuerzas que se había modificado. La
filosofía que intentó dar cuenta de este nuevo fenómeno sólo sirvió
para ocultarlo, aislando a la clase obrera de otros componentes
esenciales del campo popular (como las capas medias) y
obstaculizando a su vez el desarrollo de la autoconciencia
histórica. Esa visión armoniosa del todo (estática y antihistórica)
en el que cada parte (clase) contribuye a su realización, es
retomada hoy por cientistas sociales que adhieren a la teoría
funcionalista norteamericana. De allí surge la necesidad de
explicitar sin ambages el carácter ajeno a nuestra realidad nacional
y a la realización de los intereses objetivos de los sectores
populares de este enfoque teórico. Sólo una nueva conducción que
transforme la columna vertebral del movimiento en su cerebro, con
una teoría que sea capaz de dar cuenta de esta nueva realidad, podrá
resolver el desafío:
"...hoy debemos reflexionar sobre la incapacidad rectora de la
burguesía en el frente nacional a reconstruir, lo que implica apelar
a un nuevo liderazgo político-social, el de la clase trabajadora (en
tanto "clase universal"), con su respuesta socialista extraída de la
propia entraña nacional y latinoamericana, sin servidumbres
externas".
"Estos desarrollos están explícitos o latentes en el
último Perón, particularmente en su discurso del 1° de mayo de 1974,
suerte de testamento político". Allí Spilimbergo subraya: la
invitación a que la clase trabajadora para que "defina qué modelo de
país anhela"; "su apelación a la unidad nacional para la
liberación"; y su invitación al cambio social a través de un "orden
creador y transformador" como respuesta al "orden estático" de la
dependencia.
"Sólo es posible elevar al movimiento a un nivel superior de
racionalidad si, en primer término, preservamos su carácter
totalizador de unidad nacional para la liberación y, en segundo
lugar, rebasamos el esquema cíclico del modelo capitalista con
"justicia social", incompatible con la hondura de la crisis
nacional".
Las crisis no se resuelven retrocediendo sino avanzando con coraje y
creatividad pero evaluando con la mayor rigurosidad posible las
condiciones existentes, ya que en política lo más importante no son
las intenciones que perseguimos sino las consecuencias objetivas de
nuestra práctica. No cabe duda que después del avasallamiento
imperialista que hemos vivido (con posteridad a estas jornadas
filosóficas), generador de una relación de fuerzas mucho más
precaria para nuestro pueblo, el sujeto social de la transformación
se ha modificado. Consideramos, por lo tanto, que se deben
profundizar propuestas y prácticas inclusivas para todos aquellos
trabajadores pretéritos o potenciales que carecen de inserción
productiva, como así también para las capas medias empobrecidas
(sean o no conscientes de su pertenencia al campo nacional y
popular), lo que supone abandonar cierta arrogancia sectaria que
nada aporta a la construcción de lo nuevo. De todas maneras, más
allá de lo inevitablemente nuevo, no olvidamos que la clase obrera
que cuantitativamente ha sido diezmada en los últimos años, sigue
teniendo un peso específico por su historia y por la conciencia que
su práctica genera, que resulta esencial para enfrentar al bloque
oligárquico-imperialista. La actual relación de fuerzas supone por
un lado fortalecer lo existente, y por otro construir con una
vocación inclusiva para dotar al campo nacional, popular y
democrático de una potencialidad que hoy no tiene. A su vez, para
consolidar lo hecho y profundizarlo, será oportuno recurrir a una
autocrítica responsable a la hora de evaluar las condiciones
objetivas, pero sin concesiones para estimular el cambio necesario y
posible. Ella va mucho más allá de los cuestionamientos a las
sombras del actual gobierno, ya que incluye la necesidad de superar
un planteo filosófico (platónico) tan equivocado como supone creer
que "cada clase ejercita sus funciones en servicio del todo y ejerce
su 'virtud especial', educada en 'conformidad con su destino',
sirviendo a la 'armonía del todo". La historia de Argentina y de la
Patria Grande demuestra que este planteo carece de correspondencia
fáctica, ya que es un producto ultra conservador surgido, para
colmo, en el remoto pasado de una región de Europa; lo que le impide
actuar como instrumento idóneo para comprender y modificar nuestra
realidad.
Cedemos las palabras finales al compañero
Spilimbergo:
"Nuevas relaciones de producción que archiven a las clases
usufructuarias de privilegios ética y funcionalmente perimidos, nos
permitirán construir ese 'nosotros" en su ordenamiento supremo: la
comunidad organizada'".
Argentina, La Plata , Septiembre de 2005
Referencias
(1) Texto presentado por Perón en
el Congreso de Filosofía que se desarrolló en 1949 (durante su
primer gobierno) en la provincia argentina de Mendoza.
(2) Spilimbergo Jorge: "Hombre,
Estado, Comunidad", página 65 a 69, en Proyecciones del Pensamiento
Nacional, actas del simposio A 40 años de " La Comunidad Organizada
", convocado por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires y
organizado por la Asociación de Filosofía Latinoamericana y Ciencias
Sociales desde el 20 al 22 de abril de 1989.
(3) Franzoia Alberto: "Para
modificar la ley de la gravedad", publicado en el foro digital
Reconquista Popular, mayo de 2005.
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