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¡Que se calle el sudaca!
Alberto J. Franzoia - Otros textos del autor

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. Sudaca

131107 - La Plata - En los países llamados centrales o del primer mundo, es decir, en los países dominantes del capitalismo, no suele ser lo mismo un gobierno conservador, o de derechas como dicen los españoles, que otro de izquierdas. Aunque bueno es aclarar que esas izquierdas disponibles para alcanzar el voto mayoritario de los ciudadanos de dichos países (las otras por el momento no tienen posibilidades de llegar el poder), son en realidad social demócratas, que es lo mismo que decir, las izquierdas del sistema capitalista mundial, nunca izquierdas antisistema.

Para los sectores populares que desarrollan sus vidas en dichos países, un gobierno de signo progresista en la política local suele traer beneficios con los que no cuentan cuando quienes han alcanzado el poder son los partidos que expresan una visión conservadora (muchas veces reaccionaria) y elitista de la sociedad. Ciertos políticas sociales como producto de una mejor distribución de las extraordinarias riquezas acumuladas, o nuevas posibilidades civiles y culturales que antes estaban vedadas (mayor tolerancia para las minorías en general, mayor apertura ideológica, etc.) hacen que dentro de las fronteras de un país no dé exactamente lo mismo ser conservador-reaccionario o progresista-socialdemócrata. Esta aclaración que la realizo después de haber vivido algunos años en España, la considero pertinente porque hay una tendencia al análisis simplista que equipara discursos y prácticas políticas sacándolas de contexto. Pero como el contexto resulta esencial para interpretar correctamente el desempeño de los distintos sujetos sociales considerados (en este caso partidos políticos de países dominantes), no es lo mismo evaluar a aquel sujeto de la práctica en quien centramos nuestro abordaje dentro de sus fronteras nacionales que fuera de ellas.

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Hecha esta necesaria aclaración, podemos comprobar en el reciente conflicto surgido en la XVII Cumbre Iberoamericana realizada en Chile (en principio expresado en el terreno del discurso político y comunicacional, pero con posibles repercusiones en la esfera material y de la práctica política concreta), que fuera de las fronteras nacionales todos los políticos que convalidan el orden capitalista, en el que sus países son dominantes, llevan adelante una política única, a saber: la política de Estado de un país que pretende consolidar su posición dentro de la estructura mundial, dominada por el capital oligopólico, como país imperialista. Bajo esta perspectiva no hay diferencia entre derechas conservadoras e izquierdas reformistas, porque ambas son conscientes de que el desarrollo económico que se disfruta en sus respectivos países, con las correspondientes ventajas sociales, culturales y políticas que este garantiza, son producto del plusvalor que sus clases dominantes obtienen allende sus fronteras, en el mundo dominado y explotado por ellas. Esto es un fenómeno objetivo, que resulta absurdo negar desde cualquier visión idealista de la historia que pretenda demostrar que el sujeto específico, fuera de todo análisis contextual, es la humanidad, y que a partir de allí las aguas se dividirían entre conservadores que convalidan un mundo perverso y progresistas que trabajan por un mundo feliz. Discurso abstracto si los hay, carente de toda perspectiva de realización concreta.

Si algo demostró Zapatero en la Cumbre de Chile al polemizar con Hugo Chávez, es que él, como la izquierda posible de un país imperialista, fuera de las fronteras españolas respetará (se identificará) siempre con la derecha (en este caso Aznar) y con el símbolo supremo de la nación imperialista española: su rey. Es decir, fuera de España las diferencias desaparecen porque son todos imperialistas. Y esto es lo mismo que decir, que quienes imaginen una alianza posible para el bien de los pueblos de nuestra América Latina entre nuestros gobiernos del campo nacional-popular y la sacialdemocracia de cualquier país imperialista, cometen un error de lamentables consecuencias. Zapatero se paró frente al discurso sin pelos en la lengua de este socialista latinoamericanista que nos llena de orgullo (Chávez), no como un socialista europeo que lucha por el socialismo internacional, sino como el ala progresista de un estado imperialista que necesita proteger los negocios de su burguesía.

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Mientras que el rey, con una soberbia facilitada por siglos de omnipotencia en los que se gestó la acumulación primitiva del capital (aunque ahora fuera de contexto), se paró ante Chávez y los demás mandatarios de América Latina como la quinta esencia de la hispanidad colonizadora. Y para la mentalidad colonizadora no resulta visible en nuestra tierra esa estupenda síntesis mestiza que ella misma facilitó, pero que ahora apuesta a su desarrollo pleno desde una identidad dignificada. Por el contrario, esa visión cíclica, añorante de un eterno retorno a las glorias perdidas, sólo puede concebir tierras habitadas por sudacas que deben ser civilizados por la palabra y acción rectora de la madre patria. Por eso, si es necesario un golpe de Estado para desalojar del poder a un revolucionario que intenta liberar a su patria de las garras imperiales construyendo sin prisa pero sin pausa el socialismo del siglo XXI, el rey no dudará en apoyarlo (aunque nunca lo dirá, claro está). Zapatero, mientras tanto, se hará el distraído y hasta es posible que pronuncie discursos progresistas, pero no expondrá su pellejo ante su burguesía ni ante el capitalismo mundial, porque no representa otra cosa que la izquierda del sistema.

Lo dicho nos lleva a una conclusión necesaria: aquí la contradicción principal y concreta es entre países imperialistas y países que luchan por la liberación. Y cuanto más socialistas sean los gobernantes de quienes luchan por esa liberación, más enemigos resultaran para los conservadores, progresistas y monárquicos de cualquier nación opresora, ya que la radicalización del proyecto político es la mayor garantía actual para su concreción... Por eso el rey de España quería callar a ese impertinente sudaca que osó atacar a un ex gobernante (no importa su signo político) que en definitiva expresó en un momento histórico concreto los intereses de su burguesía nacional (y de la burguesía opresora en general). Lo mismo hubiera hecho Don Juan Carlos, si el atacado fuese el socialista Zapatero, ya que las diferencias internas se allanan rápidamente cuando se trata de convalidar lo principal: la reproducción ampliada del capital a partir de la explotación de la periferia del sistema mundial. Claro está que la liberación de los pueblos oprimidos le hará un enorme favor a las izquierdas del mundo opresor, en tanto comenzará a gestar las condiciones objetivas para que se manifiesten como una izquierda antisistema, al cerrar el grifo que derrama el plusvalor (expoliado en tierras tan exóticas como las habitadas por sudacas) dentro de sus fronteras.

La Plata, 12 de noviembre de 2007

Nota de Atajo

Sudaca es una expresión despectiva utilizada en España para referirse a los naturales de Sudamérica (según el Diccionario de la Real Academia Española, "sudaca" se define como adjetivo despectivo coloquial para referirse a un sudamericano) o, en sentido ligeramente diferente, a los de Hispanoamérica (según el Diccionario de María Moliner, "sudaca" sería equivalente a hispanoamericano) El término es una abreviatura de sudamericano.

Según recoge en su diccionario de jerga cheli Francisco Umbral, el vocablo parece tener su origen en la simple deformación juvenil del término sudamericano en el habla de las clases populares durante la Movida madrileña, en el cual se recogen otros términos sin anotación de uso y semánticamente degradados como, masoca y sadoca. La cacofonía de la palabra acentúa su pasotismo. El término, como otros que Umbral definió como «argot generacional», pasó posteriormente al Diccionario de la Real Academia Española.
Otras expresiones peyorativas para referirse a los latinoamericanos son palacagüino, chamaquito o panchito (que deriva de la anterior). Términos de sentido similar son chicano, chewbacca y wassi, aunque estos últimos de uso menos frecuente.


 

 

 

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