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Sudaca
131107 - La Plata -
En los países llamados centrales o del primer mundo, es
decir, en los países dominantes del capitalismo, no suele ser lo
mismo un gobierno conservador, o de derechas como dicen los
españoles, que otro de izquierdas. Aunque bueno es aclarar que
esas izquierdas disponibles para alcanzar el voto mayoritario de
los ciudadanos de dichos países (las otras por el momento no
tienen posibilidades de llegar el poder), son en realidad social
demócratas, que es lo mismo que decir, las izquierdas del
sistema capitalista mundial, nunca izquierdas antisistema.
Para los sectores populares que desarrollan sus vidas en dichos
países, un gobierno de signo progresista en la política local
suele traer beneficios con los que no cuentan cuando quienes han
alcanzado el poder son los partidos que expresan una visión
conservadora (muchas veces reaccionaria) y elitista de la
sociedad. Ciertos políticas sociales como producto de una mejor
distribución de las extraordinarias riquezas acumuladas, o
nuevas posibilidades civiles y culturales que antes estaban
vedadas (mayor tolerancia para las minorías en general, mayor
apertura ideológica, etc.) hacen que dentro de las fronteras de
un país no dé exactamente lo mismo ser conservador-reaccionario
o progresista-socialdemócrata. Esta aclaración que la realizo
después de haber vivido algunos años en España, la considero
pertinente porque hay una tendencia al análisis simplista que
equipara discursos y prácticas políticas sacándolas de contexto.
Pero como el contexto resulta esencial para interpretar
correctamente el desempeño de los distintos sujetos sociales
considerados (en este caso partidos políticos de países
dominantes), no es lo mismo evaluar a aquel sujeto de la
práctica en quien centramos nuestro abordaje dentro de sus
fronteras nacionales que fuera de ellas.
Lea:
Graves acusaciones contra el Rey Juan Carlos de España
Hecha esta necesaria aclaración, podemos comprobar en el
reciente conflicto surgido en la XVII Cumbre Iberoamericana
realizada en Chile (en principio expresado en el terreno del
discurso político y comunicacional, pero con posibles
repercusiones en la esfera material y de la práctica política
concreta), que fuera de las fronteras nacionales todos los
políticos que convalidan el orden capitalista, en el que sus
países son dominantes, llevan adelante una política única, a
saber: la política de Estado de un país que pretende consolidar
su posición dentro de la estructura mundial, dominada por el
capital oligopólico, como país imperialista. Bajo esta
perspectiva no hay diferencia entre derechas conservadoras e
izquierdas reformistas, porque ambas son conscientes de que el
desarrollo económico que se disfruta en sus respectivos países,
con las correspondientes ventajas sociales, culturales y
políticas que este garantiza, son producto del plusvalor que sus
clases dominantes obtienen allende sus fronteras, en el mundo
dominado y explotado por ellas. Esto es un fenómeno objetivo,
que resulta absurdo negar desde cualquier visión idealista de la
historia que pretenda demostrar que el sujeto específico, fuera
de todo análisis contextual, es la humanidad, y que a partir de
allí las aguas se dividirían entre conservadores que convalidan
un mundo perverso y progresistas que trabajan por un mundo
feliz. Discurso abstracto si los hay, carente de toda
perspectiva de realización concreta.
Si algo demostró Zapatero en la Cumbre de Chile al polemizar con
Hugo Chávez, es que él, como la izquierda posible de un país
imperialista, fuera de las fronteras españolas respetará (se
identificará) siempre con la derecha (en este caso
Aznar) y con
el símbolo supremo de la nación imperialista española: su rey.
Es decir, fuera de España las diferencias desaparecen porque son
todos imperialistas. Y esto es lo mismo que decir, que quienes
imaginen una alianza posible para el bien de los pueblos de
nuestra América Latina entre nuestros gobiernos del campo
nacional-popular y la sacialdemocracia de cualquier país
imperialista, cometen un error de lamentables consecuencias.
Zapatero se paró frente al discurso sin pelos en la lengua de
este socialista latinoamericanista que nos llena de orgullo
(Chávez), no como un socialista europeo que lucha por el
socialismo internacional, sino como el ala progresista de un
estado imperialista que necesita proteger los negocios de su
burguesía.
Lea:
Tribulaciones del oso Yogui
Mientras que el rey, con una soberbia facilitada por siglos de
omnipotencia en los que se gestó la acumulación primitiva del
capital (aunque ahora fuera de contexto), se paró ante Chávez y
los demás mandatarios de América Latina como la quinta esencia
de la hispanidad colonizadora. Y para la mentalidad colonizadora
no resulta visible en nuestra tierra esa estupenda síntesis
mestiza que ella misma facilitó, pero que ahora apuesta a su
desarrollo pleno desde una identidad dignificada. Por el
contrario, esa visión cíclica, añorante de un eterno retorno a
las glorias perdidas, sólo puede concebir tierras habitadas por
sudacas que deben ser civilizados por la palabra y acción
rectora de la madre patria. Por eso, si es necesario un golpe de
Estado para desalojar del poder a un revolucionario que intenta
liberar a su patria de las garras imperiales construyendo sin
prisa pero sin pausa el socialismo del siglo XXI, el rey no
dudará en apoyarlo (aunque nunca lo dirá, claro está). Zapatero,
mientras tanto, se hará el distraído y hasta es posible que
pronuncie discursos progresistas, pero no expondrá su pellejo
ante su burguesía ni ante el capitalismo mundial, porque no
representa otra cosa que la izquierda del sistema.
Lo dicho nos lleva a una conclusión necesaria: aquí la
contradicción principal y concreta es entre países imperialistas
y países que luchan por la liberación. Y cuanto más socialistas
sean los gobernantes de quienes luchan por esa liberación, más
enemigos resultaran para los conservadores, progresistas y
monárquicos de cualquier nación opresora, ya que la
radicalización del proyecto político es la mayor garantía actual
para su concreción... Por eso el
rey de España quería callar a
ese impertinente sudaca que osó atacar a un ex gobernante (no
importa su signo político) que en definitiva expresó en un
momento histórico concreto los intereses de su burguesía
nacional (y de la burguesía opresora en general). Lo mismo
hubiera hecho Don Juan Carlos, si el atacado fuese el socialista
Zapatero, ya que las diferencias internas se allanan rápidamente
cuando se trata de convalidar lo principal: la reproducción
ampliada del capital a partir de la explotación de la periferia
del sistema mundial. Claro está que la liberación de los pueblos
oprimidos le hará un enorme favor a las izquierdas del mundo
opresor, en tanto comenzará a gestar las condiciones objetivas
para que se manifiesten como una izquierda antisistema, al
cerrar el grifo que derrama el plusvalor (expoliado en tierras
tan exóticas como las habitadas por sudacas) dentro de sus
fronteras.
La Plata, 12 de noviembre de 2007
Nota de Atajo
Sudaca es una expresión despectiva
utilizada en España para referirse a los naturales de Sudamérica
(según el Diccionario de la Real Academia Española, "sudaca" se
define como adjetivo despectivo coloquial para referirse a un
sudamericano) o, en sentido ligeramente diferente, a los de
Hispanoamérica (según el Diccionario de María Moliner, "sudaca"
sería equivalente a hispanoamericano) El término es una
abreviatura de sudamericano.
Según recoge en su diccionario de jerga cheli Francisco Umbral,
el vocablo parece tener su origen en la simple deformación
juvenil del término sudamericano en el habla de las clases
populares durante la Movida madrileña, en el cual se recogen
otros términos sin anotación de uso y semánticamente degradados
como, masoca y sadoca. La cacofonía de la palabra acentúa su
pasotismo. El término, como otros que Umbral definió como «argot
generacional», pasó posteriormente al Diccionario de la Real
Academia Española.
Otras expresiones peyorativas para referirse a los
latinoamericanos son palacagüino, chamaquito o panchito (que
deriva de la anterior). Términos de sentido
similar son chicano, chewbacca y wassi, aunque
estos últimos de uso menos frecuente.
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