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Jorge Abelardo Ramos |
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Bolivarismo y marxismo, la clave de una decisión
Dice Abelardo Ramos: "Pero si para hacer de la Rusia bizantina
una nación normal era preciso destruir su imperio y dar a las
nacionalidades que lo integraban el derecho a separarse, para
hacer de América latina una «nación normal», la fórmula es
inversa: es preciso unir sus Estados. Tanto como para Rusia, en
América latina la resolución de las tareas democráticas y
nacionales sólo pueden lograrse por medio del socialismo. La
burguesía nacional es incapaz de lograr el dominio político en
el interior de cada Estado balcanizado; con mayor razón, ni
sueña con la unidad de todos ellos. Precisamente por esa causa
la tarea de Bolívar pasa a los discípulos de
Marx. Éstos no podrán realizarla, sin embargo, sin la
tradición de Bolívar ni volviendo las espaldas a los movimientos
nacionales".
Esta es tan sólo una de las certeras frases que se van
engarzando en un estupendo capítulo (Bolivarismo y Marxismo)de
un inigualable texto (Historia de la Nación Latinoamericana,
edición 1968)escrita por el mejor Ramos que he conocido. El que
me deslumbró por su capacidad intelectual para las síntesis
comprensivas. El mismo que con su oratoria cargada de sagaz
ironía y su incomparable claridad expositiva se transformó en el
exponente más reconocible de la Izquierda Nacional. Porque como
decía ayer en la última clase de nuestro primer curso de la
Escuela Spilimbergo,
muchos llegamos al FIP de La Plata, al iniciarse el año del
regreso a la democracia (1983), por Ramos.
En lo personal antes había conocido y disfrutado a
personalidades de la Izquierda Nacional: como docentes a Alberto
Belloni, luego a Cristina Fernández, finalmente a otro docente e
historiador uruguayo, Carlos Machado. Mientras que a Spilimbergo
aún no lo descubría. Pero fue Ramos quién sin saberlo forzó mi
decisión al regreso del exilio en España. La democracia estaba
por comenzar a dar nuevamente sus primeros pasos después de la
siniestra noche que nos paralizó, aquella que con su oscuridad
se llevó tantos amigos y compañeros. Para muchos jóvenes con
deseos de politizar sus existencias, no era fácil la elección
militante por esos años. Habían pasado días interminables en los
que la posibilidad de hacer política se redujo a una elite
cívico-militar especializada en arrebatar sueños.
Pero para algunos, ubicados desde mucho antes en el campo
nacional y popular, la lectura de Ramos, un historiador y
teórico que además hacía política, facilitó enormemente la
elección. Cuando lo decidí sabía que estaba dando un paso
trascendente para mi existencia, había que hacer política en un
partido que luchara sin dobleces por el socialismo
latinoamericano, porque sólo así conquistaríamos la dignidad de
la Patria. Ese socialismo que Ramos expresaba en su síntesis
magistral como un marxismo bolivariano. Fue entonces cuando me
integré a las filas del FIP.
Lo que pasó después es una historia que he narrado en no pocas
oportunidades. El Ramos de mi imaginario personal era otro,
distinto al que realmente existía en 1983. Pero el exilio me
había impedido descubrirlo a tiempo. Afortunadamente estuvo
Spilimbergo para
demostrarnos que no todo estaba perdido. Y desde allí hasta hoy
adherí a las banderas que él supo mantener inalterables pero
enriquecidas. Sin embargo, la decisión primera de incorporarme a
la Izquierda Nacional, fue gestada al calor de la prédica de
Ramos.
No manifestarlo con claridad, sería una actitud desagradecida
que sólo puede engrosar el libro de las mezquindades humanas.
Pues bien, el capítulo enviado por el compañero Roberto Vera a
Reconquista Popular tiene un sabor especial. Es el regreso a mi
vida de un objeto simbólico muy preciado, perdido en el sinuoso
trayecto de la vida. Si algo me faltaba para saber dónde debía
estar a la hora de dar nuestra pelea por la liberación nacional
en 1983, Bolivarismo y Marxismo (que había leído por vez primera
ocho años antes) fue el capítulo de la Historia de la Nación
Latinoamericana que me dio el empujón definitivo. Y debo decir
que nunca me arrepentí de ello. Allí encontré la síntesis
comprensiva de la historia latinoamericana más genial.
Y cuando uno ha comenzado a entender la historia, tiene más
claridad para trabajar por el porvenir. Eso se lo debo al
Colorado Ramos.
La Plata, 2 de septiembre de 2007
Fuente:
reconquista-popular@lists.econ.utah.edu
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