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Jorge Abelardo Ramos |
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0108 - Breve balance personal sobre Jorge Abelardo
Ramos
En septiembre de 2007 publiqué un artículo en Reconquista
Popular cuyo título es Bolivarismo y marxismo, la clave de una
decisión. El mismo fue reproducido en otros espacios digitales
y, en uno de ellos (conversemos de historia) un señor lanzó la
siguiente reflexión: "Tenía entendido que J.A.Ramos no era
socialista sino un especie de chanta populachero que simulaba
ser socialista, un acomodaticio que iba detrás de Perón, Onganía,
Galtieri, de quien fuera para conseguir un cómodo despacho.
Finalmente coronó su carrera, obtuvo una embajada con Menem."
Ante estas expresiones que consideré de escaso rigor histórico
pedí derecho a réplica en un foro del cual no participo, y me
publicaron a modo de respuesta el siguiente balance personal
(muy breve por cierto) sobre Jorge Abelardo Ramos:
Con todo respeto le digo al responsable de estas afirmaciones
que se equivoca. No sé de dónde sale su información pero no se
ajusta a la verdad. Yo tengo sobrados motivos para criticar a
Jorge Abelardo Ramos porque invertí unos cuantos años en seguir
sus enseñanzas y al final de su vida me decepcionó por completo.
Pero sería muy injusto si esa etapa decadente del Colorado me
llevara a negar lo mucho que me aportó no sólo a mí, sino a
varias generaciones del campo nacional y popular.
Ramos fue un socialista revolucionario que mucho tuvo que ver
con la fundación de la Izquierda Nacional en Argentina, lo cual
no es poca cosa en un país en el que la izquierda ha estado
acostumbrada a ver la realidad con anteoejeras europeas, rusas y
muchos años después chinas, vietnamitas, y cuanta excéntrica
variante pueda ser considerada. El tuvo el enorme mérito, junto
a Jorge Enea Spilimbergo
(quien no nos defraudó nunca) de ubicar al socialismo dentro de
su espacio natural, es decir junto a los trabajadores, que como
todos sabemos, en Argentina han sido la columna vertebral del
movimiento peronista. Negar ese fenómeno sería a la ciencia
social como en el campo de las ciencias naturales negar la ley
de la gravedad. Otras izquierdas extraviadas en su propio
territorio apoyaban en los años 40 y 50 a la Unión Democrática,
mezcla infame de "civilizados revolucionarios" con la clase
dominante, que en nuestras semicolonias capitalistas de América
Latina nunca fue la burguesía sino la oligarquía, primero
terrateniente y comercial, como ahora también industrial y
financiera. Mientras tanto Ramos nos enseñaba que la obligación
de un socialista revolucionario es estar junto a los movimientos
nacionales del tercer mundo, que con sus aciertos y debilidades
luchan contra el imperialismo y sus aliados internos. Porque en
una país dependiente la contradicción principal es siempre entre
el campo oligárquico-imperialista y el nacional-popular. Esto
nunca lo entendió la izquierda tradicional tipo PC, que veía la
realidad argentina y latinoamericana con ojos ajenos a ella, por
eso su divorcio permanente de las masas. Claro que en una
curiosa aplicación de la dialéctica materialista, estos hombres
de "izquierda" (que han tenido descendencia hasta nuestros días)
consideran (aunque no lo expliciten o quizás no tengan plena
conciencia de ello) que la teoría no se construye a partir de la
práctica sino al revés. Con lo que la dialéctica retrocede a los
tiempos de Hegel.
Ramos escribió libros esenciales para la formación de los
revolucionarios latinoamericanos como su gran historia nacional
en cinco tomos Revolución y Contrarrevolución en Argentina,
Crisis y Resurrección de la Literatura Argentina, El Marxismo de
Indias, Ejercito y Semicolonia, Historia del Stalinismo en
Argentina o su estupenda Historia de la Nación Latinoamericana
en dos tomos, que es la que incluye ese capítulo sobre el
marxismo bolivariano. El mismo que comento en el artículo
responsable de generar la desafortunada frase que intento
responder. Ramos impulsó y/o fundó partidos irremplazables para
la historia de una izquierda realmente latinoamericana. Primero
el Partido Socialista de la Revolución Nacional, que apoyó al
gobierno de Perón en 1955 cuando la fusiladora se preparaba para
asaltar el poder después de haber bombardeado en junio la plaza
de Mayo, en un acto criminal imborrable para la memoria del
pueblo argentino. En 1962 fundó con Jorge Enea Spilimbergo, Blas
Alberti, Fernando Carpio y otros militantes el Partido
Socialista de la Izquierda Nacional, y años más tarde desde una
perspectiva más amplia el Frente de Izquierda Popular, que
obtuvo en las elecciones de septiembre de 1973 casi un millón de
votos, lo cual en aquellos años representaba el siete por ciento
del electorado (y sin formar ningún frente, sino solo pero
apoyando desde la izquierda la candidatura de Perón).
Ramos influyó con su prédica y trabajos en las izquierdas de
Uruguay y Bolivia. En Uruguay atrajo de tal manera al gordo
Vivian Trías que llevó a éste a gestar una corriente de
Izquierda Nacional en el seno del Partido Socialista de Uruguay.
Yo mismo tuve la fortuna de tener como profesor de historia en
la Facultad de Sociología de La Plata a un uruguayo continuador
por aquellos años setenta de la línea de Trías, me refiero a
Carlos Machado. En Bolivia también fue grande la influencia de
Ramos, a tal punto que uno de sus discípulos más reconocibles es
el ex Ministro de Hidrocarburos del gobierno de Evo Morales,
Andrés Solís Rada. Y como si esto fuera poco, Ramos es el
responsable de la fabulosa síntesis teórica y política expresada
en el concepto marxismo bolivariano, el mismo que esgrime hoy
Hugo Chávez en Venezuela para construir el socialismo del siglo
XXI.
Como se puede observar en este breve pero no menos comprobable
recorrido, Ramos cumplió una tarea fundamental en el desarrollo
de una corriente de pensamiento que sigue viva y se reagrupa
para cumplir el papel político con que él soñó mientras fue un
auténtico socialista. Pero además, vivió casi toda su vida en
condiciones humildes, y puso plata propia para financiar
partidos, revistas, editoriales y otros emprendimientos por la
causa del socialismo de la Izquierda Nacional. Sería interesante
por lo tanto que el señor que denuncia la búsqueda de cómodos
despachos como una constante en la vida de Ramos, nos dijera con
precisión qué cargos ocupó o intentó ocupar con Perón, Onganía o
Galtieri. No amigo, se equivoca feo. Ahora, como tratamos de ser
serios, yo le reconozco que con Menem sí, allí cerró un
recorrido descendente en los últimos años de su vida que lo
condujo al abismo. El resto es una información falsa. Pero como
creo en su buena voluntad, es probable que algún pícaro le haya
pasado estos chismes poco rigurosos, como todo chisme.
Con lo dicho no pretendo minimizar el ocaso de Ramos que fue tan
real como lamentable. Pero su pecado no consistió en ser un
oportunista que buscaba cargos y dinero, no señor. El error
enorme de Ramos comienza con su progresivo abandono del marxismo
bolivariano que él tanto hizo por construir. Es una historia que
se inicia hacia fines de los setenta y continuó en los ochenta.
Historia que lo conduce progresiva e inexorablemente a un
nacionalismo no marxista primero, y con profundas huellas del
nacionalismo de derecha después. Los argentinos interesados en
la política, los que hemos investigado y también militado
sabemos cuál ha sido habitualmente el destino trágico de ese
nacionalismo: concluir a los pies de los liberales, expresión
ideológica a su vez de los intereses de la clase dominante en
Argentina, es decir, la oligarquía. El producto de estos cambios
en la visión de mundo de Ramos lo llevaron a fundar el único
partido olvidable de su rica historia: el Movimiento Patriótico
de Liberación. Y dicho partido (que había renunciado claramente
al marxismo bolivariano) no fue otra cosa que la antesala del
infierno. Luego, sin solución de continuidad se sucedió el apoyo
al liberal Menem, la aceptación de una embajada y la
desaparición sin gloria y con mucha pena del MPL, quedando sus
militantes integrados al peronismo menemista. Es decir, Ramos
que toda su vida luchó por la participación de los socialistas
en el movimiento nacional, pero resguardando la independencia
del partido de los trabajadores como reaseguro de la revolución
(o como decía él: "cabalgando junto al peronismo pero en
distintos caballos"), concluyó sus días integrando a sus
seguidores al peor peronismo posible (aunque murió uno días
antes de verlo), aquel que se había desnaturalizado renunciado a
la lucha por la liberación nacional. Grave por cierto, pero aún
así queda para la memoria colectiva de los argentinos y
latinoamericanos en general buena parte de su obra escrita, con
momentos realmente brillantes, todos los partidos que fundó
(menos uno), las influencias que ejerció en otros políticos
latinoamericanos, y la posibilidad de que las nuevas
generaciones utilicen todo ese caudal de teoría y práctica para
construir el socialismo del siglo XXI. No es poco ¿o me
equivoco?
La Plata, 2 de octubre de 2007
Mi último encuentro con Ramos -
Ernesto Laclau
(Anécdota relatada por Ernesto Laclau en el homenaje realizado a
Jorge Abelardo Ramos en la Biblioteca Nacional, a los diez años
de su fallecimiento)
Con Ramos teníamos una relación de trabajo muy estrecha pero
Ramos era un hombre reservado en sus contactos, yo trabajé 5
años muy directamente con él y jamás nos tuteamos, siempre nos
tratábamos de usted. Y él no tenía un estilo en el cual él
compartiera dudas, angustias, al contrario, él pensaba
-probablemente correctamente- que su función, dada el carácter
antagónico que tenían sus posiciones, era impartir certezas a la
gente. O sea que era muy difícil tener una conversación media
más íntima con él. Y me acuerdo que eran unas pocas semanas
antes que nos fuéramos nosotros del partido, y él ya mas o menos
se daba cuenta que, los dos nos dábamos cuenta que nos
encontramos que era una cuestión de días, y nos encontramos una
noche en el café Tortoni y estuvimos conversando tres horas.
Y paradójicamente esa fue la vez en la cual tuvimos una
conversación más íntima, más directa, exploramos toda la
historia del leninismo. Me acuerdo que en cierto momento le
dije: "mire Ramos, UD., pierde el tiempo tratando de buscar sus
raíces trotskistas, si hay quien tiene sentido de lo nacional y
popular en la política actual es más el partido comunista
italiano que nada que pueda venir del trotskismo." Y me daba
cuenta yo que este argumento le producía un cierto impacto y
dijo: "Bueno, hay que dejar que los muertos entierren a los
muertos, tenemos que mirar hacia adelante"... y cosas así.
Y después, salimos después de tres horas de conversación allí y
fuimos caminando por una calle de Buenos Aires y nos despedimos
en una esquina. El cruzó a la esquina y en un momento dado,
desde la esquina que hacía diagonal con la que yo estaba me
grita: "Ernesto..", entonces me doy vuelta y le digo: "¿Qué..?",
Tuvimos que gritarnos un poco porque había tráfico, y era
difícil de escucharse, y él me dice:"¿Usted hubiera perdonado a
los insurrectos de Kronstadt?", si ustedes saben lo que es
Kronstadt, de todos modos para alguien como él y yo que veníamos
de la tradición leninista significaba algo muy preciso: era la
el levantamiento de izquierda de los marinos de San Petersburgo,
que los bolcheviques con Lenin y Trotsky a la cabeza,
reprimieron de una manera brutal, o sea que siempre fue una
espina clavada en el torso de la izquierda. Y entonces mi gritó
eso, y entonces yo le grité: "bueno, en ciertas circunstancias
sí, pero tienen que ser circunstancias muy especiales". Entonces
me gritó: "Yo pienso lo mismo", y se fue.
Fue la última vez que hablamos.
Fuente:
http://www.abelardoramos.com.ar
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