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080308 - Transcurría el año 2005 cuando una querida amiga me envió un reportaje que la periodista argentina Dolores Vidal le realizó durante 2005 (para diario Clarín) al filósofo argentino Guido Mizrahi. A partir de sus respuestas me surgieron algunas reflexiones que intentan dar otra vuelta de tuerca sobre una temática convocante para las mujeres de las capas medias, pero que tal como el filósofo la ha aborda puede conducir a grandes equívocos, desplazando el eje del debate hacia cuestiones que considero colaterales. Veamos primero que dijo en aquella oportunidad Mizrahi y a renglón seguido incorporo mi propio planteo como homenaje personal a la mujer. - Alberto J. Franzoia

El siglo XXI será femenino - Dolores Vidal - Julio de 2005

Entrevista al filósofo Guido Mizrahi, opina que hoy las mujeres son las transformadoras de la cultura. Además, su visión de la vida en pareja y el sexo. Durante los últimos tres meses casi 200 personas lo siguieron todos los martes en el Centro Cultural Recoleta. Allí, en un ciclo de conferencia preguntaba con actitud filosófica ¿Qué significa vivir? Y frente a un auditorio repleto, Guido Mizrahi (39), con una maestría en filosofía de la universidad de Paris IV-Sorbonne, indagó en temas como los sentimientos, el dolor, el inconsciente y el amor para hallar alguna respuesta a ese eterno interrogante. Es que Mizrahi pertenece a una nueva generación de pensadores que liberan a la filosofía de los claustros académicos y la acercan a la gente común al bucear en cuestiones clave de toda existencia humana. "¿De qué sirve este saber si está divorciado de la trama de la vida?.Ahora hay un auge de filósofos que le imprimen un sentido nuevo, entonces la gente se acerca", dice. En su departamento de la avenida Santa Fe (y con un té verde de por medio), opina, además, sobre el avance de la mujer, su protagonismo en este siglo recién iniciado, la sexualidad y los nuevos desafíos de la pareja.

En sus conferencias usted se animó a vaticinar que el siglo XXI será femenino, ¿a qué se refiere exactamente?

Va a ser femenino porque vamos a terminar con esta división de dos atribuciones muy separadas: hombre/ mujer. El hombre va a integrar lo que rechazaba dentro de sí: su aspecto femenino. Eso le va a dar una vida más conectada con sus sentimientos. Y la mujer ya está integrando y activando sus atributos masculinos que son muy saludables para su vida. Históricamente, a esos atributos se los colocó en el género hombre pero no son propiedad del varón. Se van a ir borrando estas grandes separaciones que más que unir, dividen.

¿Por qué piensa que el ser humano camina hacia la integración, hacia un equilibrio interior?

En el siglo XX emerge la conciencia de lo femenino, esta marca una madurez de la humanidad. El varón está agotando sus energías para habitar la tierra y necesita que las energías femeninas se vayan expandiendo. La expansión de la mujer es la expansión de la conciencia y de la energía amorosa en la tierra. Todavía es un despertar incipiente y coincide con la agonía del hombre masculino que ignora qué otras guerras organizar, aún quedan ciertos trasnochados del viejo poder patriarcal... Pero los grandes ilusos del siglo XX que llevaron a masas enteras a situaciones desastrosas dejaron un gran aprendizaje. Por eso, el estado próximo de la humanidad es la integración, la conexión de lo femenino y masculino.

Es esperanzador, ¿pero no es una utopía creer que vamos hacia una cultura más amorosa?

Sí, es esperanzador, pero tiene un sustento real. Esto no es una profecía. Esto se ve en muchas vidas individuales. Por ejemplo, cuando vemos que una mujer a los 60 años puede hacer un cambio total de vida. Cuando toma la decisión de conocerse, de entender su existencia, de saber quién fue su madre, cómo se relacionó con su padre, qué heridas conserva de su niñez. Esto es el conocimiento de sí mismo, algo que la filosofía propone desde hace dos mil años al ser humano y nunca como hoy tuvimos tantas herramientas para lograrlo.

¿Y cuáles son esas herramientas?

El ser humano tiene que transformarse por los procesos que vive, por las cosas que le pasan, y no por medio de mensajes, profecías o escuelas. El sufrimiento, por ejemplo, puede llevar a un estado de mayor conciencia y plenitud. Hoy tenemos herramientas (terapias, por ejemplo) para curarnos, para cambiar, para alcanzar un vínculo más sano con los demás. Esto empieza a darse en algunas personas que irán contagiando a otras. Este es un momento de quiebre, de caída, de ruptura.

¿Con qué estamos rompiendo?

Estamos saliendo de un período llamado patriarcal en donde el hombre utilizó el poder sobre la mujer para compensar la no integración de sus aspectos femeninos. Y estamos entrando en un momento donde nos empezamos a dar cuenta de esta situación. ¿Quién hubiera imaginado hace más de un siglo las conquistas que lograron las mujeres? Nadie lo predijo. Y en los próximos 100 años vamos a desarrollar algo más, algo que va a sumar a estas conquistas: las mujeres estando más activas, más atentas, más despiertas, van a querer hombres más amorosos, más despiertos, más atentos. Y lo van a lograr, antes que nada, educando de una manera distinta a sus hijos, que ya lo están haciendo, y esto se va a ir transmitiendo. Lleva tiempo.

Sin embargo, el vínculo varón-mujer está complicado: divorcios, fobia a la intimidad, miedo al compromiso, mucha soledad.

Sí, es cierto, hoy tenemos más divorcios que casamientos. Pero yo soy muy optimista en relación a esto. Estamos en un momento donde las relaciones son más auténticas. Antes había un hombre que vivía con su mujer pero tenía cinco amantes. Y esa mujer vivía con gran sufrimiento, relegada a muy pocas cosas en su vida. Hoy los hombres se tienen que empezar a dar cuenta de que necesitan relaciones más sanas para no buscar amantes. Porque la relación consciente con otro es una relación de profundidad y compromiso. El que está sano se puede comprometer consigo mismo, con su mujer, con su trabajo, con sus hijos, con la vida. Estamos apuntando a que haya mayor conciencia y eso le da a uno mayor compromiso. Ya no puede esconder la suciedad por debajo de la alfombra. La mujer estando más despierta no va a vivir toda una vida, como nuestras abuelas, engañada durante años por su hombre y sufriendo. Ahora las mujeres están atentas, no porque no quieren que
las engañen, sino porque ellas no quieren tener una vida engañosa.

¿Y cómo serán los acuerdos amorosos de estas relaciones más conscientes y lúcidas?

Los seres humanos hasta aquí estaban condenados por el matrimonio a una única relación. ¿Por qué nos abrirnos a la idea de que el ser humano en su curso vital tenga varias relaciones, cada una de las cuales lo ayude a crecer? Así no se va a vivir con tanto trauma el hecho de terminar una relación e iniciar una nueva. Nosotros somos una generación en tránsito, todavía se vive con mucha culpa dejar una relación con hijos y empezar otra.

Es decir, encuentros amorosos sin la ilusión ni la promesa de amor eterno.

Es que la vida es un aquí y ahora. El concepto del tiempo es un concepto del patriarcado. ¿Quién dijo que el tiempo existe? Es una forma de dominio, de control.

Pero sí existe nuestro tiempo vital, el tiempo biológico.

Sí. Pero el hecho de tener que organizar y controlar la vida hasta el último día de la existencia es un concepto que pesa mucho sobre el individuo. Y lo importante es que la elección amorosa esté más en el tiempo presente que en el futuro. Cuando el hombre empieza a vivenciar el presente, la relación con el otro cambia. Es más importante la presencia a jurarse amor de por vida. Eso es lo que cuenta: lo pequeño de cada día. Es un certificado de mayor garantía que la promesa de un amor hasta la muerte.

¿Y por qué hay tanto desencuentro entre hombres y mujeres?

Es que la mujer busca una nueva relación con el hombre. La mujer busca una relación espiritual donde el amor y el goce físico no estén desvinculados. Los hombres todavía están lejos de comprender esta propuesta.

¿Por qué?

Porque la mayoría se encuentra desubicado en cuanto al rol que debería cumplir. Hay una brecha muy grande en la generación anterior y ésta. El hombre antes estaba asociado a la autoridad, la rigidez, a ser proveedor pero había carencias muy importantes alrededor de eso. Nuestra generación
está pagando los platos de la generación precedente. Pero va a haber un reencuentro entre el varón y la mujer para experimentar un amor más consciente, más real, menos apasionado.

¿Menos sexual?

No, tal vez más apasionado en lo sexual porque cada día hay mayor conocimiento del cuerpo. La cama va a ser el altar del siglo XXI. El hombre y la mujer gozando de sus cuerpos. Pero hoy el sexo tampoco es pleno, basta ver la abundancia de pornografía.

¿Y por qué no lo es?

No hay una sexualidad madura ni plena porque no tenemos seres humanos sanos y plenos. El cuerpo puede sentir mucho más de lo que nos permitimos. La lógica sería esta: el sexo es el sentimiento expresado en su máximo poder y belleza. Es lo más espiritual que tiene el hombre, es el encuentro más íntimo. Pero los varones entendieron siempre a la espiritualidad como algo alejado del sexo. Y hoy lo seguimos viendo como algo coyuntural, no le dedicamos tiempo. El crecimiento interno de los seres humanos va a dejar paso a una sexualidad más expansiva, donde haya un encuentro íntimo que exprese la máxima espiritualidad. Todavía vemos al sexo como algo muy corpóreo, fálico, genital.

¿Y también lo vivimos bajo las leyes del éxito y el consumo?

Absolutamente. El sexo no es sólo excitación genital, sino un encuentro afectivo, amoroso. Estamos aprendiendo de otras culturas que han concebido el sexo como un encuentro espiritual.

¿Como lo que enseña el tantra, por ejemplo?

Sí, claro. Pero en la cultura occidental el cuerpo está desvalorizado. Nuestra cultura le ha dado mucho lugar a la mente, que es proclive a ilusionarse y reprimir afectos. El cuerpo, en cambio, con su sentir lleva a lugares más espirituales. Probablemente asistimos a la agonía de esta cultura que comenzó hace tres mil, cuatro mil años. Tal vez sea el nacimiento de una nueva civilización que integre Oriente y Occidente.

Y de cara al futuro, ¿cuál es el mayor desafío de la mujer hoy?

Conquistarse a sí misma. Y alguien puede conquistarse cuando cura sus heridas emocionales. De eso se trata. La mujer está en un proceso de curación. Hay madres más conscientes que educan a hijas aún más conscientes, que no van a depender tanto de un hombre, que saldrán a buscarse a sí mismas. El propio dominio les permite afirmar su deseo, tener una relación a la par con el hombre, y ubicar al mundo que las rodea según su propia medida. Eso me parece una experiencia maravillosa: la expansión de ella como mujer sana, espiritual, plena, consciente. Bella en todas existencia, sin que necesite un espejo o un hombre al lado que la refleje.

Ellas al poder

"La mujer tiene los pies más en la tierra que el varón -opina Mizrahi-. El hombre vivió de muchas ilusiones sobre la tierra, con muchas fantasías. ¿Y qué pasa cuando nos damos cuenta -como ahora- de que esas fantasías provenían de una psique no integrada o dominadora como la del varón? Antes buscábamos convencernos de ideales, esos ideales fracasaban y volvíamos a crear otros. Eso ahora se está desmoronando: el varón ya no tiene la energía para generar nuevas ilusiones. Y la mujer sabe mejor cómo vivir en la tierra, es menos propensa a vivir de ideales, está más presente en su cuerpo, en sus actividades, en la crianza concreta de sus hijos, en que la vida se relaciona con la muerte. Ella vive esa conexión todos los meses. Y ahora necesitamos conectarnos con lo real, lo concreto, lo cotidiano para tener un mundo con menos violencia y mejor distribución de la riqueza. En fin, un mundo más habitable".

¿Un mundo feliz? - Lic. Alberto J. Franzoia - Marzo de 2008

Entre los temas que nos plantea el filósofo Guido Mizrahi nos encontramos con la posibilidad cierta de una nueva civilización, en la que tanto el desarrollo creciente de la mujer con su concepción realista de la vida, más la integración entre lo femenino y lo masculino (dos entidades claramente diferenciadas y complementarias pero que, a su vez, anidan dentro de cada ser humano), como también lo occidental y lo oriental, nos permitirá arribar a un mundo con menos violencia, mejor distribución de la riqueza y más pleno en el plano de la individualidad. Mizrahi sin decirlo, nos sugiere que las revoluciones no son necesarias para cambiar el mundo. Discurso muy conveniente para seducir a un auditorio de damas y señores de clases y capas sociales acomodadas, con inquietudes intelectuales políticamente correctas. Aquellas que desde su "realismo" sueñan con un mundo más justo y democrático, pero sin poner en cuestión la vigencia del capitalismo globalizado como sistema que nos integra y margina, nos construye y destruye simultáneamente.

Siguiendo la lógica de Mizrahi podemos acordar en el desarrollo de su temática, conque la mujer ha conquistado espacios a los que no tenía acceso, y que se ha liberado progresivamente de la pareja tradicional entendida como espacio de poder en el que el hombre ejercía su dominio pleno. También es cierto que la mujer intenta unir la sexualidad con la espiritualidad, terrenos habitualmente divididos en la visión masculina (tradicional) de la relación, con lo que está promoviendo un nuevo tipo de pareja, rompiendo con la hipocresía que generó la dicotomía entre mujer legal y mujer legítima, una para procrear y otra para disfrutar (un caso célebre en Argentina fue el de Armando Bo). Esta dicotomía resultó muy funcional para las necesidades del “macho” de otros tiempos, quien a pesar de ello tenía garantizado para el día de su muerte aquel inmaculado epitafio: “ejemplar padre y esposo”. No es menos cierto, además, que el hombre se encuentra desubicado ante el nuevo rol de la mujer y el tipo de pareja propuesta. Sin embargo, esta liberación femenina, siendo un proceso necesario que celebramos, de ninguna manera es suficiente como para generar una auténtica liberación social, sino que tomándola en forma aislada sólo puede representar una adaptación a las nuevas necesidades del capitalismo posmoderno.

La inserción laboral de la mujer, básicamente de las capas medias occidentales, y mucho más aún en los países dominantes, no forma parte de un rosado proceso de crecimiento individual y general, sino que responde a las necesidades de incorporar más trabajadores calificados (provenientes habitualmente de las capas medias) y de ampliar el mercado de consumidores “aptos” que tiene el sistema. Si bien este ingreso al mundo laboral de la mujer modifica las relaciones de pareja, dándole al grupo femenino una mayor autonomía de la cual carecía para favorecer lazos más igualitarios, de ninguna manera conducirá necesariamente al desarrollo de mujeres y hombres realmente libres, sanos y plenos. La mayor igualdad por un lado no sé da en todos los sectores sociales, ya que su radio de influencia no va más allá de capas medias con un importante capital cultural disponible, tampoco tiene la misma presencia en países dominantes que dominados, y por otro lado no modifica sustancialmente la relación de dependencia existente entre clases y países. Mal se puede hablar, por lo tanto, de un mundo con paz, democracia y mejor distribución de la riqueza si no se modifican estas asimetrías estructurales.

Parece que el triunfo de ese "realismo" femenino del que nos habla Mizrahi, que actuaría como garante de un mundo mejor, no es otra cosa que la bienvenida al fin de las utopías. Y esas utopías, relatos ideales de la historia, o según nuestra visión grandes proyectos para una realidad a ser construida, a su vez, parecen haber sido patrimonio de una visión masculina de la misma. Qué curioso, el filósofo formado en París pretende con esto elogiar a la mujer y no hace más que descalificarla. El realismo del que nos habla no es otra cosa que conservadurismo, o en el mejor de los casos reformismo pequeño burgués. Afortunadamente la historia de la humanidad está plagada de mujeres que vivieron para luchar por una utopía, como Eva Perón o Rosa Luxemburgo, por citar tan solo dos ejemplos destacados. Y para desgracia de la humanidad también han existido y existen mujeres con poder, representantes del statu quo, que lejos de expresar esa conciencia amorosa, típicamente femenina según Mizrahi, se dedican a oprimir pueblos como lo han demostrado sobradamente las señoras Margaret Thatcher o actualmente Condoleza Raice, por citar dos ejemplos contrarios. ¿Será que estas damas sólo lograron desarrollar su costado masculino, o es que simplemente actúan como representantes del imperialismo?

Nos enteramos, por lo tanto, para tranquilidad de no pocos integrantes del políticamente correcto auditorio de Mizrahi, que un mundo más femenino, con los pies sobre la tierra, sin tantos ideales absurdos, es lo que nos conducirá a la paz, democracia y justicia social. Si le incorporamos al capitalismo (concepto que no menciona ni una sola vez en su discurso) esa cuota de realismo supuestamente femenino más una pizca de sexo oriental, un mundo mejor es posible. ¡Qué manera tan sofisticada de vender pescado podrido! Nada mejor para estimular la distracción posmoderna (o esa insoportable levedad del ser) que estos discursos elaborados por nuevos filósofos, que sacan su disciplina del ámbito académico para trasladarla a la calle, volviendo sencillo lo complejo, para que todos lo entiendan (y lo consuman). Qué pena, sin embargo, que la sencillez no sea utilizada para favorecer el desarrollo de una conciencia genuinamente transformadora del mundo, conciencia que anida en los procesos de liberación nacional y social que se harán cada vez más presentes en nuestro siglo XXI. Sólo en el seno de dichos procesos, a partir de los lazos de solidaridad social que promueven (y que son a su vez los únicos que los hacen posibles), la mujer, junto con el hombre, hallará la posibilidad cierta de desarrollarse como un ser más libre y autosuficiente, más sano y pleno. Por lo tanto no nos engañemos, el decir simple de Mizrahi, lejos de ser realista oculta una ideología gatopardista que apuntala a los países y clases dominantes, es decir, intenta jerarquizar cambios secundarios para que lo principal no cambie.

 

 

 

 

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