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190408 -
Hace casi un año, durante el desarrollo del
programa Hora Clave en su editorial del domingo 24 de abril, el
Doctor Mariano Grondona nos sorprendió con un descubrimiento que
atrasa varias décadas. Preocupado por la actitud asumida en ese
momento por Amalita Fortabat al desprenderse de las acciones de
la empresa de cemento Loma Negra, formuló la siguiente
hipótesis: "el empresariado argentino no tiene un comportamiento
burgués sino rentista". En esas circunstancias resultaba
evidente que este veterano periodista, abogado y, como buen
conservador, aficionado a la filosofía clásica griega, nunca
leyó los estudios históricos producidos desde la izquierda
nacional (1) o los trabajos sobre el comportamiento económico y
social de esta clase realizados por el gran exponente del
pensamiento nacional y democrático, Arturo Jauretche (2). De
haberlo hecho hubiera arribado a dicha conclusión hace unas
cuantas décadas.
Grondona recordaba en su editorial que en tiempos
difíciles para la clase analizada se solía comentar "si viene el
comunismo nos vamos para la estancia", con lo que querían expresar la
seguridad que les genera este reducto dedicado a la producción de renta
agraria. El disertante es un conocedor del tema ya que desde sus inicios
se ha desempeñado como intelectual orgánico de este "empresariado
rentista" al que preferimos denominar por su composición y
comportamiento oligarquía, sin embargo, fiel a la función que debía
cumplir, se encargó durante su larga trayectoria en los medios
"informativos" de ocultar el carácter contrario a la lógica burguesa que
ha manifestado permanentemente la clase que representa. Pero junto a su
inesperada hipótesis planteaba una de sus justificaciones más conocidas:
"esta clase ha sido perseguida por un Estado que desconfía del capital",
sobretodo cuando es conducido por algún peronista que se toma en serio
aquello de "combatiendo al capital", de allí que la especulación sea el
camino más transitado por una clase que no desea asumir los riesgos
burgueses, tal como ocurre en los países del primer mundo e "inclusive
en Brasil o Chile". Nuevamente, como ocurre cada vez que escuchamos o
leemos sus discursos, debemos contradecir al autor ya que la
justificación es falsa. Porque si las cosas hubieran ocurrido así no se
entiende por qué en el período de oro del liberalismo, cuando el país
era la granja productora de alimentos para el mundo, no se favoreció un
desarrollo integral invirtiendo la fabulosa renta obtenida en aquellas
áreas que garantizan el surgimiento de una economía autosostenida. En
esa etapa el Estado no podía perseguir a la clase que representaba
(sobretodo antes de 1916), y lo mimo podría afirmarse de la década
menemista en la que contaron con todo tipo de garantías económicas,
políticas y jurídicas.
Hoy, ante el conflicto que se ha desatado con sectores
agrario, Grondona que además de desempeñar actividades intelectuales
tiene sus propias hectáreas de tierra, vuelve a justificar el
comportamiento de estos “abnegados productores” considerándola la
respuesta adecuada a tanta persecución estatal. Sin embargo, quienes
hemos revisado nuestra historia desde la perspectiva de la izquierda
nacional, aplicando el materialismo histórico y dialéctico a la
especificidad de nuestro contexto, sabemos que la oligarquía ha sido
siempre una clase capitalista pero no burguesa. Ha producido para el
mercado pero no ha maximizado sus beneficios a partir de la reinversión
productiva sino especulando, por lo que no resulta casual esta
disyuntiva coyuntural que se nos presenta entre estimular la exportación
de carnes o inhibirla para favorecer el consumo interno.
En los países desarrollados la gran diferencia pasa por
la presencia como clase dominante, de una burguesía que al multiplicar
sus ganancias como consecuencia de la inversión constante en el circuito
de la producción (circuito en el que obtiene la plusvalía), genera un
desarrollo permanente de las fuerzas productivas. Ese mismo
comportamiento es el que determina que en cierta etapa del desarrollo
resulte necesario expandir las inversiones hacia la periferia para
mantener una alta tasa de ganancia, es decir, el capitalismo nacional se
transforma en imperialismo. Y al adquirir dicha característica le
resulta imperioso crear vínculos orgánicos con las clases parasitarias
de las regiones receptoras, con el objetivo de garantizar la generación
de plusvalía a través de la explotación de los oprimidos del mundo
dependiente, pero con un crecimiento de las fuerzas productivas lo más
limitado posible, para evitar el surgimiento de competidores no
deseados. Las oligarquías especuladoras captan una parte de esa
plusvalía que les permite vivir con lujos, pero la porción más
significativa va hacia donde se localizan los eslabones principales de
la cadena: las burguesías de los países opresores.
Sin embargo, si bien la especulación es la principal
característica del comportamiento de clase de la oligarquía, sería un
error plantear que esta se realiza sólo sobre la propiedad de grandes
extensiones de tierra fértil. En realidad este comportamiento tiene como
constante la necesidad de una masa de capital líquido disponible para
invertir en aquellos sectores de la estructura económica que puedan
generar un beneficio inmediato con escaso o ningún riesgo (3). La
estancia fue la primera manifestación del comportamiento histórico de la
oligarquía pero de ninguna manera el único. Hay tres etapas
complementarias y fundamentales que deben considerarse:
1. Predominio de la oligarquía terrateniente. Esta
primera etapa podríamos definirla como clásica para la Argentina, ya que
su fundamento es la especulación con la renta diferencial de la tierra.
Su vigencia plena se da entre las últimas décadas del siglo XIX y la
crisis del 30. Es el período en el que nuestro país se inserta en la
división internacional del trabajo como productor de materias primas y
alimentos, consolidándose la alianza entre la oligarquía autóctona y la
burguesía exportadora de productos con alto valor agregado de las
naciones que por entonces se constituían como imperialistas.
2. Predominio de la oligarquía industrial. Como
consecuencia de la crisis del 30 y de la Segunda Guerra se va
constituyendo junto a sectores de la mediana y pequeña burguesía
nacional, un sector en la industria privilegiado, que maximiza sus
beneficios especulando con el control monopólico de ciertas áreas del
mercado pero no expandiendo la producción, por lo que no constituye una
verdadera burguesía. Muchos de sus integrantes pertenecen a las familias
terratenientes o se vinculan por lazos familiares con ellas. Con la
llegada del peronismo al poder las dos manifestaciones de la oligarquía
encuentran serias dificultades para operar como en los años anteriores.
Pero a la caída del movimiento popular y con la entrada masiva de las
multinacionales de la industria desde fines de los 50, se afianza el
vínculo entre la oligarquía y el capital extranjero en el mercado
industrial a partir de una concepción desarrollista.
3. Predominio de la oligarquía financiera. Esta tercera
etapa se inicia con la gestión económica de Martínez de Hoz, pero había
tenido una avanzada con el recordado Celestino Rodrigo durante el
gobierno de Isabel. El comienzo de la desindustrialización como
consecuencia de una política neolibral y antiobrera, va acompañado por
un crecimiento desmesurado del sector financiero nacional que se integra
en el expansivo circuito internacional. Así como la fracción financiera
de la burguesía de los países dominantes adquiere una supremacía
relativa, el sector de mayor concentración de capital de la oligarquía
junto a unos pocos grupos nuevos que se desarrollan a la sombra del
proceso cívico-militar, maximizan sus ganancias especulando con el
dinero y complementando dicha actividad a través de fabulosos contratos
que realizan con el Estado. Fortabat ha sido uno de los grupos
beneficiado por dichos contratos, ya que hay mucho cemento de Loma Negra
en construcciones como el Teatro Argentino de La Plata o los estadios
mundialistas de 1978. La democracia instalada a partir de 1983 no
modificó sustancialmente el panorama, por el contrario, durante la
década menemista la patria financiera se consolida, como lo demuestra la
expansión sistemática de la deuda externa y el gran crecimiento de la
banca en desmedro de toda actividad industrial nacional; por otra parte
la política antiobrera alcanza su consumación plena gracias a la
colaboración prestada por la CGT oficial. Además, se inicia la
privatización de los servicios públicos que pasan a manos de la
burguesía imperialista y de la oligarquía. Durante la gestión aliancista
de un personaje paradigmático de esta tercera etapa, el "técnico"
Cavallo, se coloca la frutilla del postre con el congelamiento de los
depósitos bancarios, luego viene la pesificación, con lo que se opera
una nueva transferencia de recursos hacia los sectores nacionales y
extranjeros que crecen a través de la lógica especulativa que adopta el
capitalismo en el área de los países dominados.
Si bien esta esquematización no agota ni mucho menos la
historia de la clase analizada, permite captar una constante de su
comportamiento que no tiene como único fundamento la estancia, aunque en
coyunturas como la actual reaparezca en el centro de la escena, sino la
posesión de un capital líquido disponible que se invierte de acuerdo a
las distintas posibilidades sin riesgo que ofrece el mercado. La
composición de la oligarquía se ha ido modificando con el paso del
tiempo; algunos se convirtieron en los "primos pobres" al carecer de la
agilidad que requiere una economía cambiante, otros se incorporaron
recién en distintos momentos del período financiero, pero existe un
núcleo aglutinante y altamente homogéneo que se desempeñó a lo largo de
las tres etapas consideradas. La constante presencia de esta clase y su
desarrollo adaptado a las diversas coyunturas, contrasta notoriamente
con una burguesía insuficiente en su mejor momento e insignificante con
demasiada frecuencia, que presenta entre sus principales carencias una
escasa o nula conciencia de clase, como bien lo plantea Jauretche cuando
analiza “el medio pelo”.
Cierta inversión en el circuito productivo, no ha
constituido una expresión de comportamiento burgués, ya que los
beneficios obtenidos nunca se reinvierten en el mismo circuito para
incrementar las ganancias generando un desarrollo sostenido de las
fuerzas productivas, sino que se mantienen dentro de la lógica de la
especulación a través de las posibilidades cambiantes de un mercado
dependiente, subordinado al eslabón principal de la cadena: la burguesía
de los países dominantes. Es decir, no resulta suficiente ser
propietario de medios de producción industriales para constituirse como
burguesía, además, es necesario obtener el beneficio como consecuencia
de una lógica realmente productiva y no especulativa como ha ocurrido
con nuestra clase dominante. Si la coyuntura en el sector industrial es
muy favorable (cuando está asegurada la falta de competencia y el apoyo
estatal garantiza privilegios) la oligarquía puede invertir, pero los
beneficios obtenidos no suelen regresar al circuito en el que fueron
gestados para ampliarlo, sino que se derivan hacia aquellas formas de
especulación que resultan más lucrativas en el corto plazo, por lo que
la posibilidad de un desarrollo autosostenido se convierte en una
quimera. Allí esta expresado en esencia el comportamiento histórico de
esta clase no burguesa, que la vuelve, por lo tanto, tan permeable a los
intereses de la burguesía de los países dominantes.
Cualquier estudio económico medianamente serio, puede
aportar suficientes datos que desmienten la persecución estatal como
factor desencadenante de la lógica especulativa seguida a lo largo de
nuestra historia. Si muchos de los "científicos y técnicos" que se han
instalado en los medios de comunicación, demostraran un compromiso real
con la investigación, podrían comprobar como Fortabat, pese a ser uno de
los grupos más favorecidos durante las últimas décadas por el Estado, ha
recurrido sistemáticamente a maximizar sus beneficios evitando todo tipo
de comportamiento productivo a largo plazo. Amalita nunca pagó, por
ejemplo, el canon por la concesión del servicio ferroviario (Ferrosur
Roca S.A.) y ni siquiera cumplió con las inversiones que había
prometido para ganar la licitación, a tal punto que la Auditoría
General de la Nación determinó en su momento que Ferrosur no estaba en
condiciones de devolver la totalidad de los bienes que el Estado le
otorgó en concesión (4). Un comportamiento similar ha tenido el grupo
Techin en su asociación con Soldati (Ferroexpreso Pampeano). La lógica
"empresarial" de estos representantes de los sectores más parasitarios
de nuestra economía, ha favorecido una reducción en dos tercios de la
red ferroviaria, instrumento, como se sabe, indispensable para articular
una economía nacional. ¿Qué decir del comportamiento de la oligarquía
agraria que viene especulando desde la existencia misma de la nación?
Durante un buen periodo dejaron la centralidad de la escena, pero ahora
que los precios internacionales y el valor interno del dólar renuevan el
muy apetecible beneficio generado por las exportaciones de carne o de
nuevos cultivos como la soja, la lógica especulativa contraria a los
intereses del pueblo argentino vuelve a ser notoria. Por lo tanto,
asumimos que la clase social dominante en la Argentina nunca ha sido
realmente burguesa, o en su defecto, tendríamos que redefinir el
concepto, ya que tal como suelen utilizarlo sus intelectuales carece de
toda correspondencia con la práctica observable.
La Plata, abril de 2006
*Este artículo se produjo a partir de la actualización de
otro que publicamos tanto en Reconquista Popular como en Investigaciones
Rodolfo Walsh durante 2005, cuyo título es “Mariano Grondona y la ley de
la gravedad”. Fue publicado en “Reconquista Popular” y en “Conozcamos la
historia”.
(1)
Ramos Jorge Abelardo: “Revolución y Contrarrevolución en la Argentina”,
cinco tomos, Editorial Plus Ultra, 1973. Para el tema considerado es
fundamental el tomo: “Del patriciado a la oligarquía”, primera edición
en 1957.
Madariaga José Luis: “Introducción al socialismo”,
Editorial Octubre, 1974.
Partido de la Izquierda Nacional: “Socialismo y
Liberación Nacional”, 1983.
(2) Jauretche
Arturo: “El medio pelo en la sociedad argentina”, Editorial Peña Lillo,
primera edición en 1966.
(3) Esta
hipótesis es sostenida por Jorge Sábato y Jorge Schwarser en
“Funcionamiento de la economía y poder político en la Argentina”; en
Rouquié: ¿Cómo renacen las democracias? Emecé 1985. Si bien consideramos
que el análisis representa un aporte significativo para comprender el
comportamiento histórico de la oligarquía, incurre en el error de no
considerar los vínculos de esta clase con el imperialismo.
(4)
Klipphan Andrés: “La insaciable”, revista Veintidós,
agosto de 1999.
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