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Otra zoncera: “en Argentina todos vivimos del campo”
Alberto J. Franzoia - Otros textos del autor

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240409 - Zonceras, azonzadores y aponzados

Don Arturo Jauretche, viejo maestro del buen sentido,  nos enseñó a descubrir las zonceras que integran el universo simbólico construido por los intelectuales de la oligarquía nativa y la burguesía  imperialista para adormecer nuestras conciencias y mantenernos sometidos (1).  Estas zonceras son productos que circulan por  distintos canales de comunicación (libros, periódicos, revistas, instituciones educativas y ahora medios audiovisuales)  en busca de potenciales receptores para convertirlos en seres coyuntural o estructuralmente azonzados.  El primer caso es transitorio y  modificable, el segundo  en cambio, cuando el consumo acrítico  de zonceras es compulsivo,  termina por convertir al consumidor  en un zonzo sin remedio.

De la zoncera número uno o zoncera madre, civilización y barbarie, han surgido una gama amplia de zonceras de diversa importancia  pero todas útiles para azonzar  a diversos grupos sociales,  sobre todo pertenecientes a las capas medias, quienes se constituyen en la base social desde la que se catapultan hacia una aparente eternidad los minoritarios grupos del privilegio. Sabido es que el poder de los azonzadores radica, precisamente, en la convicción con la que los azonzados defiendan las zonceras consumidas. Entre las diversas zonceras paridas por mamá civilización  y barbarie mencionaré algunas realmente significativas para concretar la tarea azonzadora,  bien como ayuda memoria para los que leyeron este estupendo aporte de Don Arturo hace tiempo, bien como medio para estimular la curiosidad de muchos jóvenes que quizás aún no se acercaron a estás páginas de la sabiduría nacional.

Zonceras engendradas por la zoncera madre:

  • el mal que aqueja a la Argentina es la extensión,

  • lo que conviene a Buenos Aires es replegarse sobre sí misma,

  • el  misterio de Guayaquil (encuentro entre San Martín y Bolívar), 

  • la libre navegación de los ríos,

  • la victoria no da derechos,

  • política criolla o política científica,

  • este país de mierda,

  • la inferioridad del nativo,

  • las zonceras de autoridad (como el hombre que se adelantó a su tiempo),

  • las zonceras institucionales (como la línea Mayo-Caseros) o 

  • las zonceras económicas (como la división internacional del trabajo).

Durante el año 2008 y aún durante este 2009 se instaló con fuerza arrolladora una zoncera específica: “en Argentina todos vivimos del campo”.  Ella  deriva a su vez de  las zonceras generales sobre economía, como es el caso  de aquella que sostiene que para ser una Argentina desarrollada es necesario recuperar nuestra  condición “natural” de productores agrarios en el esquema de la división internacional del trabajo. Es esa la zoncera que resulta complementada por: “en Argentina todos vivimos del campo”.  Es decir, si nuestro destino manifiesto es ser productores agrarios de aquí a la eternidad, como sostienen las mentes más reaccionarias de nuestra Patria, resulta indispensable para que esta zoncera seduzca a la mayor cantidad de argentinos posible, anexarle la noción complementaria que nos informa: todos vivimos del campo. 

Pero ocurre que  ni siquiera durante los años en los que Argentina era la granja del imperio británico esto fue cierto, ya que en ella demasiados argentinos padecían hambre  y estaban marginados del modelo agroexportador. Sin embargo, sobre fines del siglo XX,  de la mano del proceso de sojización y por los beneficios extraordinarios que la continuidad de dicho proceso logró obtener con la devaluación del peso después de la crisis del modelo neoliberal, más la consolidación del mercado chino,  el campo (que con el auge de la patria financiera parecía perder el protagonismo de otros tiempos) volvió a instalarse en muchas cabezas de las capas medias como la panacea para nuestros infortunios económicos. Sobre todo  después de la campaña lanzada por lo medios oligopólicos de adoctrinamiento a partir del conflicto surgido entre la oligarquía agraria y el gobierno de Cristina. En esas condiciones escuchamos hasta el hartazgo que un colectivo supuestamente homogéneo llamado campo era el responsable de nuestra reactivación económica, a pesar de lo cual un gobierno “autoritario y revanchista”  lo atacaba injustificadamente.

Claro que el campo no es, como vimos en más de una oportunidad un colectivo homogéneo, por los que los beneficios cosechados nunca encontraron una justa distribución en el medio rural (que incluye trabajadores rurales y propietarios de muy pocas hectáreas) y mucho menos en el urbano, como hubiese sido lógico esperar de haber existido algo parecido al IAPI de los tiempos de Perón, que derivaba parte de la fabulosa renta diferencial obtenida por la oligarquía agraria de la pampa húmeda hacia un proceso de industrialización nacional. Precisamente cuando el gobierno de Cristina intentó poner coto a tanta concentración de los beneficios extraordinarios recurriendo a la Resolución 125, estalla la rebelión oligárquica (2008) que utiliza como tropa de combate a una gran cantidad de consumidores de la zoncera “en Argentina todos vivimos del campo”.

¿Por qué  todos vivimos del campo es una zoncera?

En su estupendo Manual Jauretche define las zonceras en los siguientes términos:

“"Las zonceras que voy a tratar consisten en principios introducidos en nuestra formación intelectual desde la más tierna infancia -y en dosis para adultos con la apariencia de axiomas, para impedimos pensar las cosas del país por la simple aplicación del buen sentido... A medida que usted vaya leyendo algunas, se irá sorprendiendo, como yo oportunamente, de haberlas oído, y hasta repetido, innumerables veces, sin reflexionar sobre ellas y, lo que es peor, pensando desde ellas." "Basta detenerse un instante en su análisis para que la zoncera resulte obvia, pero ocurre que lo obvio pasa con frecuencia inadvertido, precisamente por serlo." "Su fuerza no está en la argumentación. Simplemente excluyen la argumentación actuando dogmáticamente mediante un axioma introducido en la inteligencia -que sirve de premisa- y su eficacia no depende, por lo tanto de la habilidad en la discusión como de que no haya discusión. Porque en cuanto el zonzo analiza la zoncera -como ya se ha dicho- deja de ser zonzo," (1)

Si confrontamos  el axioma tan difundido por los medios oligopólicos de adoctrinamiento, “en Argentina todos vivimos del campo”,  con los datos empíricos que surgen  de un abordaje de la realidad económica actual liberado de las anteojeras impuesta por los intelectuales de las clases dominantes, podremos comprobar  que el “axioma” no es otra cosa que una zoncera. En el artículo publicado por Diego Rubinzal en Página 12 el 19 de abril de 2009 (2), se presentan un conjunto de datos demoledores para la zoncera que estamos examinando.  Analicemos entonces los datos sin anteojeras. Mientras que durante el auge del modelo agroexportador  el campo aportaba el 30% del  PBI, hoy tan solo aporta un 8% o un 5% según  el criterio de medición se base en precios corrientes o en precios constantes, y si  somos generosos e incluimos en el rubro campo todo el complejo agroindustrial (industria, transporte, actividades de tercerización) su aporte al PBI  no llega a un  20%. En 1947 el campo empleaba el 24% de la población, pero actualmente el empleo directo que genera no es mayor a un 8%.

Como sostiene más adelante  Rubinzal  una vieja muletilla del sector afirma que cada incremento en el volumen cosechado se traducirá en un mayor bienestar para el conjunto de nuestro pueblo, sin embargo cada vez que la cosecha crece, si se deja operar libremente a las famosas fuerzas del mercado, los beneficios se concentran en los grupos del privilegio. El dato más que significativo volcado por el articulista es que si bien en los noventa, cuando el menemismo  gobernaba el país en nombre de la “economía social de mercado”, la producción de cereales y oleaginosas se incrementó un 70%, los indicadores económicos-sociales sin embargo resultaron declinantes. Es decir, mientras en el campo se generaba riqueza al país no sólo no le iba mejor. sino que la situación de franjas importantes de nuestra población empeoraba.  Un dato nada menor que deberían recordar no pocos azonzados es que según ha demostrado el investigador Alberto Munujín (3), los nuevos pobres (categoría distinta a la de los pobres estructurales) que surgieron durante los años de auge del neoliberalismo provenían en buena medida de las capas medias, incluidos sectores agrarios. Pero además,  otro  dato que no figura en el artículo de Rubinzal y es imprescindible para comprender quiénes son los grandes beneficiarios del colectivo “campo, nos informa que según la investigación realizada por  Eduardo Basualdo (4) en la pampa húmeda el 86% de la producción agrícola está en manos de los mismos propietarios de hace un siglo.  Existen 35 familias  (entre las cuales se encuentran los Anchorena, Balcarse, Pueyrredón, Bullrich, Pereyra Iraola y Avellaneda) que son propietarias de 1.564.091 hectáreas.  Según la misma investigación en los noventa varias familias y cinco grandes grupos económicos ampliaron sus propiedades rurales. Esos cinco grupos son muy conocidos; Bunge y Born,  Loma Negra (Amalita Fortabat), Bemberg, Wertheim  e Ingenio Ledesma (Blaquier). Ellos concentran nada menos que 396.765 hectáreas en la provincia de Buenos Aires, Estos datos  vienen a refutar a su vez  la zoncera muy reciente que sostiene: la oligarquía agraria ya no existe.

Volviendo al artículo de Rubinzal  comprobamos por otra parte que una de las farsas más notables de los últimos tiempos tiene que ver con el aporte del campo al proceso de recuperación económica en Argentina:

La Cepal, en su trabajo “Crisis, recuperación y Nuevos Dilemas: la economía argentina 2002-2007”, sostiene que la mayor contribución al crecimiento del PIB en esos años fue la proveniente del sector industrial (+22,6 por ciento), seguida por el comercio con el 17,1 y el campo (3,5). Por eso, mientras el PIB global creció un 8,8 por ciento, el PBI industrial lo hizo un 10 y el agropecuario menos del 6 por ciento” (5).

Conclusiones:

Si el campo no aporta más del 8% al PBI y no llega al 20% aún incluyendo todo el complejo agroindustrial; si el empleo directo que genera no es superior al 8(%; si cuando creció la producción de cereales y oleaginosas en los noventa los indicadores  económico-sociales fueron declinantes; si según la Cepal en la recuperación económica del período 2002.2007 el mayor aporte lo hicieron la industria ( más del 22%) y el comercio (17,  %), contra un escaso 3, 5% del campo; entonces resulta difícil creer que todos vivimos del campo. Pero mucho más difícil aún resultar sostener semejante planteo si observamos que la oligarquía agraria sigue existiendo y concentra buena parte de la propiedad de las tierras más fértiles del mundo (propiedad que se amplió en los noventa como señala Basualdo), con lo cual acapara para sí el grueso de los beneficios extraordinarios producidos.

Los datos provenientes de los diversos estudios citados (Basualdo, Cepal, Minujin y se podrían incorporar otros) demuestran la escasa consistencia de falsos axiomas que circulan en medios que deberían ser de información y formación, pero se han convertido en medios de fanático adoctrinamiento. La oligarquía agraria es la más interesada en hacernos creer que Argentina sólo pude ser una factoría que exporta materias primas y alimentos,  y que gracias  a ella todos podremos vivir  dignamente si el estado no le pone trabas” a su “patriótica” actividad. Si todo esto a su vez logra ser transmitirlo desde la “inexistencia social” (ya que supuestamente la oligarquía no existe) y la mayoría de nosotros cree esto,  el circuito de los zonzos habrá sido completado.  En ese caso nuestra Patria retrocederá décadas y el futuro será realmente negro. Por eso estimados compatriotas, es imprescindible ser críticos y reflexionar sobre ciertas ideas con las que pretenden someternos una vez más. ¡Reflexionemos!  “Porque en cuanto el zonzo analiza la zoncera -como ya se ha dicho- deja de ser zonzo” (Arturo Jauretche)...

La Plata, 24 abril de 2009

(1) Jauretche Arturo,  Manual de zonceras argentinas, Editorial Peña Lillo, 1968

(2) Rubinzal Diego, Los mitos del campo, Página 12, 19 de abril de 2009

(3) Minujin Alberto, En la rodada. Los nuevos pobres: efectos de la crisis en la sociedad argentina, UNICEF/Losada, 1992

(4) http://blogs.clarin.com/ser-humano-conocimiento-y-valoracion-de/2008/7/13/racionalismo-razonamiento-e-instinto-conservacion-del-genero

(5) Rubinzal Diego, artículo citado
 

 


 

 

 

 

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