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Bienvenido el regreso de las ideologías a la Argentina
Alberto J. Franzoia - Otros textos del autor

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Quino

250909 - Desde mediados de los setenta el terrorismo de Estado se dedicó sistemáticamente en Argentina a perseguir, secuestrar, asesinar y desaparecer a todo productor, portador y/o difusor de ideologías de claro contenido nacional y popular.. Obviamente no sólo se “trabajó” para lograr el objetivo en el campo cultural. Como era necesario acabar con la base material que favorece la gestación de dichas ideologías, a los representantes del bloque oligárquico-imperialista no se les ocurrió nada mejor que cerrar fábricas todos los días para reducir a su mínima expresión a la clase obrera, en tanto sujeto social portador de ideas peligrosas para el sistema, sean éstas auténticamente peronistas o socialistas de orientación nacional.

Cuando en 1983 se produce el regreso de la democracia formal, aquellas ideas no encontraron, más allá de la apertura del diálogo, un terreno propicio para reinstalarse masivamente. La posmodernidad recorría el mundo y en pocos años lograría “demostrar” que el fin de las ideologías arribaba a nuestras costas para instalarse en sus playas y alrededores por un largo tiempo. Uno de los filósofos más “renombrados” de esa desdichada época fue el ex funcionario yanqui Francis Fukuyama, quien hacía las delicias de nuestras clases dominantes con su famoso artículo, luego libro, “El fin de la historia”. Si señores, la historia entendida como conflicto permanente había caducado, porque el gran desarrollo capitalista daba por tierra con los antagónicos intereses de clases. Los ricos serían más ricos que nunca pero el derrame de tanto crecimiento económico, gracias a la libre economía de mercado, terminaría beneficiando incluso a los pobres. Entonces, si dejaban de existir los conflictos porque todos se beneficiarían (aunque unos más que otros) qué sentido tendrían las ideologías, en tanto ellas no son otra cosa que las visiones de mundo contrapuestas que se construyen a partir de intereses antagónicos.

Muchos políticos, teóricos y militantes del campo popular se dejaron seducir por el canto de sirenas. Sin embargo un enorme error cometeríamos si diéramos por sentado que la desaparición del escenario político de las ideas de las clases dominadas iría acompañada por idéntico proceso en relación con las clases dominantes. En realidad, a poco de andar el sinuoso camino de la posmodernidad, nos fuimos enterando de que el fin de la historia no era otra cosa que el triunfo supuestamente definitivo de aquellas ideas que convalidan el statu quo. Esas ideas, que nunca pretendieron desaparecer sino volverse poco o nada visibles, quedaron englobadas en el concepto neoliberalismo, pero en diversos rincones de la tierra tuvieron versiones locales. Aquí se conocieron con el nombre de menemismo, proceso liberal que ingresó al seno del peronismo para vaciarlo de contenido revolucionario. Pocas, muy pocas voces se alzaron desde la superestructura político partidaria (justicialista) para denunciar y enfrentar lo que sucedía. Entre 1989-1999 Fukuyama tenía en la práctica concreta más peso que Perón para no pocos dirigentes que hoy (proclamados peronistas disidentes) se rasgan las vestiduras en nombre de los pobres. Eran años en los que el hijo de Hugo del Carril no le negaba la marcha cantada por su dignísimo padre al ultragorila (enemigo de los trabajadores) Carlos Menem

Pero un día ese modelo económico-social que nos prometía un mundo feliz, sin fragmentaciones sociales, un paraíso terrenal en el que el libre desarrollo de las clases dominantes generaría el supuesto libre desarrollo de los dominados, implosionó en una Argentina conducida por la Alianza, que no era más que la vulgar continuación “progresista” del menemato. Sin embargo, cuando nadie lo esperaba y tras una breve y timorata transición duhaldista, llegaron los Kirchner, con más sueños que votos, y más ideas transformadoras que las decenas de políticos que circularon por las más altas esferas del poder durante los veinte años transcurridos de democracia posprocesista. Pero que nadie sea obnubilado por fantasías, más allá de los legítimos sueños los Kirchner no manifiestan ese peronismo duro que expresó Perón. Mucho menos van por un socialismo nacional, como pretendieron no pocos jóvenes en los setenta del siglo pasado y como reivindicamos muchos socialistas latinoamericanos del siglo XXI. Pero con sus debilidades, contradicciones y, justo es decirlo, varios aciertos que potencian la lucha por una Patria más libre, más justa y más soberana, han tenido entre estos últimos uno mayúsculo: favorecer el debate político-ideológico desde el gobierno.

Y decimos que favorecen el debate desde el gobierno, porque están utilizando esa cuota de poder (muy limitada por los grandes grupos económicos que conspiran intentado ejercer el poder absoluto) para inscribir sobre las notas de tapa de cada día, una serie de temas que el bloque oligárquico-imperialista había logrado secuestrar y desaparecer durante años, tanto con dictadura como con democracia. Así comenzó a debatirse el poder económico de la oligarquía agraria durante los primeros meses de 2008, o de los oligopólicos multimedios ahora. También ingresaron a la agenda política cuestiones pendientes de justicia, como la cárcel para los genocidas que ejecutaron la represión impulsada por la oligarquía y el capital financiero internacional. Pero el tema que enmarca a todos es el que se vincula con un problema esencial: ¿cuál debe ser el rol del Estado en un país que aún no se ha constituido como Nación?

Desde nuestra perspectiva es muy probable que las ideas que intentan expresar los Kirchner (las de una burguesía nacional, a esta altura de la historia inexistente como tal) no alcancen para cambiar la historia grande de la Patria. Pero no cabe duda que han dado el puntapié inicial para que desde el propio movimiento nacional y popular que los sostiene, surja la nueva conducción (de los trabajadores y movimientos sociales organizados políticamente) capaz de profundizar el camino que hemos comenzado .a transitar.

La Plata, 25 septiembre de 2009

 


 

 

 

 

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