Cargando


 

Avizora Atajo Publicaciones Noticias

Biografías

¡Es el sombrero compañeros!
Alberto J. Franzoia - Otros textos del autor

Ir al catálogo de monografías
y textos sobre otros temas

Glosarios - Biografías
Textos históricos

ENLACES RECOMENDADOS:

- White Power. La "amenaza blanca" en USA
- Roberto Micheletti Bain, golpista y narco
- Cristina de Kirchner y el petróleo argentino
-
La Argentina prisionera
-
El arsenal de China: Sus reservas en dólares

 

 

 

130310 - Lamentablemente algunos compañeros cada vez que intentan explicar nuestra realidad (la de Argentina) política e ideológica, recurren a modelos teóricos y conceptos que lejos de servirnos para aclarar la cuestión la oscurecen. A veces, para dar cuenta del actual enfrentamiento entre oficialismo y oposición se habla de dos países, uno real y otro virtual. Sin embargo, si buceamos en nuestra historia, ejercicio más que recomendable para no reiterar viejos errores, nos encontraremos efectivamente con dos países pero ambos reales.

Lo que aquí tenemos desde 1810 a la fecha es un conjunto de clases y sectores sociales que integran el bloque oligárquico aliado con las burguesías de los países capitalistas dominantes y otras clases y sectores sociales que integran el bloque nacional-popular. Y cada uno de ellos lucha por un proyecto de país bien distinto, pero ambos muy reales. Los primeros luchan por sostener el statu quo semicolonial, y los otros (nosotros) por construir una nación independiente, justa y soberana. Ese es un primer tema para tener en cuenta, ya que creer que sólo nosotros expresamos un país real supone el enorme riesgo de dar por sentado que el otro país, el que ha predominado a lo largo de nuestra historia, ya no es viable y que las falacias que difunden para imponerse son nuevas, cuando Mitre creó una escuela histórica con las mismas armas. Todo esto nos conduciría a un tan lamentable como reiterado error, porque hasta la fecha ese viejo país (aunque sea sólo para minorías) nunca se fue, y jamás dejó de ocultar la realidad para seguir existiendo.

Por otra parte, hilando un poco más fino, seguir hablando y escribiendo dentro del campo nacional sobre derechas, centros e izquierdas a secas, resulta muy poco pertinente, ya que dichos conceptos no dan cuenta de nada que tenga algo que ver con la realidad de Argentina y el conjunto de nuestra América Latina. Hay derechas, centros e izquierdas, sin adjetivos, sólo allí donde existe una nación consolidada, es decir en los países capitalistas plenamente desarrollados y por lo tanto dominantes. De hecho esos conceptos, aplicados de esta manera, nacieron en Europa durante la consolidación de su capitalismo nacional. Ser de derecha a secas es en dichos contextos defender la nación capitalista plenamente desarrollada y en expansión hacia fuera de sus fronteras (desarrollo del imperialismo): mientras que ser de izquierdas es oponerse a ese statu quo para proponer un modelo alternativo que se identifica habitualmente con el socialismo revolucionario. Es cierto que ese tipo de izquierdas tiene hoy muy poco peso en el seno de los países opresores, y que lo que predomina es una centroizquierda o socialdemocracia que se manifiesta como la pata “progresista” del orden vigente. Pero aún así las opciones siguen existiendo independientemente del peso cuantitativo que cada una tenga.

Ahora bien, el modelo químicamente puro de derechas, centros e izquierdas nada tiene que ver con América Latina, región el mundo que aún lucha por su liberación, es decir por constituir una Nación libre de opresores externos aliados a las oligarquías nativas. Entonces, si el campo real de confrontación por estas tierras pasa por estar o no a favor de un proyecto nacional de liberación, lo conceptos derecha, centro e izquierda sólo son útiles cuando se los aplica hacia el interior de los dos grandes bloques en pugna, porque por allí pasa la contradicción principal. Así tenemos una derecha antinacional y otra nacional, como también tenemos una izquierda nacional y otra cipaya. Son derechas e izquierdas necesariamente adjetivadas. No diferenciar estas cuestiones supone creer que cada uno de las fuerzas enfrentadas constituye una totalidad homogénea, sin matices. Apoyar al gobierno, por lo tanto, significaría estar de acuerdo con todo, agachar la cabeza y marchar. Sin embargo no es así, se puede apoyar desde una postura muy moderada, con el temor a no ir demasiado lejos en la confrontación para no inquietar a los históricos dueños del país, o se puede apoyar impulsando una relación de fuerzas más favorable a los sectores populares para la profundización revolucionaria del cambio kirchnerista.

Utilizando el modelo teórico que proponemos resulta fácil percibir que cierta izquierda o centroizquierda actúa objetivamente (y más allá de sus intenciones) como la pata trasgresora o “progre” del campo antinacional, desde el PO hasta Proyecto Sur. Sus prácticas concretas sólo logran favorecer la debilidad de uno de los bloques en pugna (porque el tercero sí que es virtual) y simultáneamente potencian al enemigo de la Nación. Si por el contrario seguimos recurriendo al poco pertinente modelo teórico que suelen utilizar demasiados de nuestros teóricos y políticos, podemos llegar a planteos tan absurdos como decir que “el PO actúa como la izquierda de la derecha” (???). Y semejante análisis, digámoslo de una vez por todas, es un mamarracho que sólo pueden entenderlo algunos militantes políticos; pero el resto del pueblo es sometido a una confusión conceptual que nada ayuda a dar la gran batalla por las ideas. Es curioso que aún entre algunos compañeros convencidos acerca de la necesidad de dar esa gran batalla de nuestro tiempo, predominen modelos teóricos que han sido impuestos por las clases dominantes, aquellas que históricamente fueron colonizadas por una visión eurocéntrica del mundo.

Esta preocupante cuestión nos lleva a una reflexión final: para dar la gran batalla cultural desde el bloque nacional-popular quizás deberíamos comenzar por una revisión crítica de no pocos conceptos que nosotros mismos a veces utilizamos de manera arbitraria. Sin una correcta teoría, una que interprete la especificidad de nuestra realidad, resultará imposible el cambio estructural. No se trata de meter a la realidad en un esquema teórico que no logra contenerla, la tarea pasa por adecuar la teoría; porque retomando las enseñanzas del maestro Don Arturo Jauretche, no es la cabeza lo que hay que adaptar. ¡Es el sombrero compañeros!

La Plata, 11 marzo de 2010

 


AVIZORA.COM
Política de Privacidad
Webmaster: webmaster@avizora.com
Copyright © 2001 m.
Avizora.com