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010107 - Y
sino andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios....
Seamos
libres que lo demás no importa nada.’
San
Martín mestizo
Recientemente,
un grupo de ciudadanos encabezados, por el historiador Hugo Chumbita, ha
logrado que la Cámara de Diputados de la Nación declarase su interés en
establecer la filiación verdadera del Libertador, General José de San
Martín, uno de los principales hacedores de la Libertad de América.
Asimismo el mismo grupo se ha presentado ante la Secretaría de Cultura
de la nación, solicitando el estudio de ADN, del cuerpo embalsamado del
Padre de la Patria, yacente a un costado del recinto de la catedral
metropolitana, en castigo por su condición de masón. Chumbita ha
investigado el tema en su notable trabajo, ‘El Secreto de Yapeyú’,
y en otros como ‘Hijos del País’, ‘El manuscrito de
Joaquina. El secreto de la familia Alvear’ y algunos artículos al
respecto. Otro historiador, aunque éste de una línea historiográfica
contrapuesta a la de Chumbita, Ignacio García Hamilton, ha coincidido en
este tema con Chumbita en su conocida obra ‘Don José, vida de San
Martín’. Aunque en el caso de Hamilton sobrevuela la intención
descalificatoria para el Padre de la Patria, dada la clara adscripción
rivadaviana del autor.
El tema de la
filiación sanmartiniana, se encuentra dentro de las actuales líneas de
una nueva etapa de revisionismo histórico, surgido en la etapa
democrática. Revisionismo que una vez más, busca por distintos caminos,
demoler el cúmulo de falsedades y mentiras de la historia oficial. El
caso de la filiación indígena de San Martín, no es un hecho menor, sino
por el contrario de trascendente importancia para la memoria histórica
de los pueblos americanos. La comprobación del origen mestizo de San
Martín, no sólo aclararía en parte, su retorno a la Patria a luchar
contra el ejército al que había servido durante casi veinte años,
acabando con diversas teorías conspirativas, sino que permitiría
constatar una vez más la fuerte impronta indígena que atraviesa nuestra
sociedad. Impronta negada por la cultura oficial (‘civilización o
barbarie’; ‘los argentinos venimos de los barcos’). A su llegada
de España en 1812, ya con más de treinta años, en compañía de Carlos de
Alvear, la ‘aristocracia’ porteña ubicó rápidamente el origen de San
Martín como mestizo. Lo apodaron ‘el Tape’ (Indio Guarany), ‘El
Cholo’, ‘El Indio’, ‘El Paraguayo’ y ‘El Mulato’. La
madre de Remedios de Escalada se opuso firmemente al casamiento de su
hija con ese ‘soldadote’, nítidamente plebeyo. Fue Carlos de Alvear
quien intercedió para que la boda se realizase. Innumerables son los
relatos, detalles, citas, crónicas, de la época, que dan a San Martín un
origen indio en una América y una España, que hacían de la pertenencia
racial, de la ‘pureza de sangre’ una cuestión de poder y de lugar
jerárquico en la sociedad. Baste señalar que al producirse la Revolución
de Mayo, el régimen colonial establecía 35 categorías para clasificar
‘racialmente’ a los habitantes de América, dentro del ‘Régimen de
castas’. Régimen cuya abolición, era la principal razón de la
Revolución en marcha
Cuenta la
historia, que cuando San Martín, envió a Chile a José Antonio Álvarez
Condarco para que entregara la Declaración de la Independencia
proclamada en Tucumán al gobernador realista Marcó del Pont, y de paso,
estudiara los caminos más largos y más cortos para el cruce de la
cordillera, Marcó del Pont, no sólo prendió fuego a la declaración de la
Independencia, sino que le espetó a Condarco: ‘- Yo firmo con mano
blanca, no como San Martín, que la suya es negra.’ (1)(pag199) San
Martín se vengaría del godo con fina ironía. Luego de la batalla de
Chacabuco, el general realista fue capturado por los Patriotas cuando
intentaba huir al Perú. Al encontrarlo, San Martín le extendió un abrazo
diciéndole: ‘-OH, Señor General, venga esa mano blanca...’(1)(pag
222) Al momento de organizar el Regimiento de Granaderos a Caballo, su
primer pedido al Triunvirato, fue solicitar que ‘le mandaran
trescientos naturales de las Misisones: "Mis hermanos",
dicen que le dijo a Carlos de Alvear.’(14)(pag119) Pedido que por
supuesto Rivadavia rehusó, pero que fue cumplido por Tomás Guido asumido
como Ministro de Guerra del Segundo Triunvirato. Luego al preparar la
liberación de la tierra chilena, el Libertador recorrió las tierras de
la cordillera buscando un acuerdo con las tribus Pehuenches, Pampas, y
Mapuches para que lo auxiliaran con la expedición, cuidando los pasos
del Sur, evitando exponerse así a un ataque por retaguardia. Realizó
entonces una reunión en Mendoza, con un conjunto de Caciques y Lonkos, a
fines de 1816. Allí les expresó: ‘Los he convocado para hacerles
saber que los españoles van a pasar de Chile con su ejército para matar
a todos los indios y robarles sus mujeres e hijos. En vista de ellos y
como yo también soy indio voy a acabar con los godos que les han robado
a ustedes las tierras de sus antepasados...’(1)(pag200)
El hijo de
Rosa Guarú
Según la
tradición oral de las Misiones y de la propia familia Alvear, San Martín
sería hijo del padre del general Alvear, don Diego de Alvear y Ponce de
León, con una joven indígena guarany, llamada Rosa Guarú (más tarde
rebautizada como Cristaldo, pues el bautismo implicaba perder el
apellido indio). Rosa, pasaría a la historia oficial como la nodriza de
San Martín, la joven que lo habría criado. Diego de Alvear, un marino
andaluz de apuesta figura, de cabello oscuro –a diferencia del
castellano don Juan de San Martín que era rubio y de ojos azules- que
había arribado a Montevideo en 1774, sumándose luego en 1776, a la
expedición de Pedro de Cevallos que crearía el Virreynato. En 1778 fue
designado para la demarcación de los límites con Portugal en la cuenca
del Paraná y el Uruguay, misión que se extendió varios años. Más tarde
en 1783, Alvear fue nuevamente designado para esta tarea, lo que suele
ocasionar confusiones, respecto de su fecha de llegada al territorio
misionero. Sin embargo, él se hallaba en territorio Guarany en forma
intermitente, desde 1778.(14) Al arribar a Yapeyú se habría alojado en
la casa del Intendente Gobernador del lugar, don Juan de San Martín, una
de cuyas sirvientas indígenas, era Rosa Guarú. Joven de cautivante
belleza de 17 años de edad. No es difícil imaginar lo ocurrido entre el
joven andaluz de menos de treinta años y la joven misionera. Así, según
relata la tradición oral guarany, ella quedó embarazada, aunque no se
hace mención al padre. Cuestión lógica del pueblo invadido que ve a los
invasores españoles en conjunto como abusadores de sus mujeres. Sobre
todo con un Diego de Alvear, que menospreciaba a los guaranyes por la
‘poquedad de su espíritu, la tibieza y facilidad de su amor, la frialdad
de su ira, su poco rubor...’(2)(pag76) Lógico es, que la tradición
de los vencidos no guardara recuerdo del padre. Por el contrario la
tradición oral de la familia Alvear, señala, que Don Diego de Alvear
tuvo un niño con una india guarany sin mentar su nombre, siendo ‘un
vientre de raza inferior’. Fuera por amor a la madre, o por el niño
nacido, o por la situación producida en casa del Intendente Gobernador,
ya que don Diego había violado la ley que prohibía a los militares tener
relaciones con las indígenas y que el había desobedecido, apelando al
viejo apotegma español de ‘se acata pero no se cumple’, el
aristócrata Alvear dejó al niño al cuidado de don Juan de San Martín,
comprometiéndose a sostener su educación. De allí que, de ser cierta
esta historia –la historia oral de los pueblos esclavizados es
seguramente más creíble que la historia escrita contada por los
vencedores- el general San Martín y el general Alvear fueron hermanos.
Cuestión siempre sostenida como un secreto a voces en la familia Alvear.
Baste observar el parecido entre ambos –previo oscurecimiento de la piel
de los retratos ‘blanqueados’ de San Martín-, y de ambos con Don Diego
de Alvear. No casualmente, juntos llegaron en 1812, en la fragata George
Canning a ponerse al servicio de la Emancipación Americana. Por alguna
razón el General Carlos de Alvear tenía un especial odio a su ‘medio
hermano’ ilegítimo –bastardo- según los racistas cánones de la época.
Cánones que se mantuvieron por mucho tiempo, o ¿alguién sabe que
Rivadavia era mulato? El héroe Bernardo de Monteagudo, mulato o zambo,
fue impedido de acceder al Primer Triunvirato, impugnado por el
mulato Rivadavia y el blanco Pueyrredón, debido ‘a su dudosa
filiación materna’.(2)(pag93) Es bueno señalar que el mejor amigo y
compañero, hasta el fin de sus días, del general San Martín, sería el
Libertador de Chile Don Bernardo O’ Higgins -el discípulo dilecto de
Miranda. O’ Higgins era hijo natural –ilegítimo, bastardo- de un
gobernador de Chile, luego virrey del Perú, don Ambrosio O’ Higgins, de
origen irlandés. Su madre era una india mapuche de apellido Riquelme,
que la historia oficial chilena ‘blanquea’, pero que no pasó inadvertida
para la mirada racista de la época. Mary Graham, que trató a ambos
libertadores, señaló del chileno: ‘sus ojos azules, su cabello rubio
y su tez encendida no demienten su origen irlandés, al par que la
pequeñez de sus pies y manos, son signos de su procedencia indígena.’(16)(14)(pag129)
No casualmente, siendo Director Supremo de Chile, O’ Higgins –que
hablaba perfectamente el araucano y tenía estrecha relación con ellos-
reconoció como territorio autónomo a la nación araucana, enviando allí
un cónsul. El pueblo mapuche reconoce al libertador chileno como uno
de ellos.(15)
Es
probable que la inquina de Alvear –jefe de la Logia mirandina con sede
en Cádiz y primer jefe de la Logia Lautaro (nombre de uno de los jefes
Indios que derrotó al invasor español), Logia que restauró el proyecto
Revolucionario abortado con la muerte de Moreno y con la derrota y
enfermedad mortal de Castelli- contra San martín, puede haberse
originado –según señala Chumbita(14)- en el secreto que su padre, les
habría confiado a ambos, en Cádiz antes de embarcarse a Londres. En
Cádiz, los tres –San Martín, Don Diego y Carlos- permanecieron un largo
período. Don Diego, según la tradición de ambas familias Alvear –la
española y la argentina-, costeó los estudios militares de San Martín y
lo mantuvo económicamente hasta su graduación militar, permitiéndole
algunos lujos negados a los otros hermanos San Martín, tales como
estudiar guitarra con el compositor Fernando Sors, y canto con un
profesor gaditano.(17) También le fue posible al Libertador -asomado a
los ideales de la Revolución Francesa y de su tiempo de Revolución
mundial- hacerse de una de las mayores bibliotecas de los oficiales del
ejército español, ‘cuyo valor equivaldría a su sueldo íntegro de
militar durante tres años.’(17) Biblioteca que, Don José llevaría
consigo a toda la campaña emancipadora y finalmente donaría como base de
la primera biblioteca del Perú. También sería la razón de que el
Libertador arribara al Plata con ‘un corto capital’.(14)(pag104)
Finalmente, don Diego de Alvear, escribió a sus parientes en Buenos
Aires en 1812, cuando la partida de San Martín y Alvear desde Londres,
anunciándoles que ‘viajaban hacia allí "mis hijos’(2)(pag89).
Carta que ‘extrañamente’ Mitre extravió. Don Diego había sufrido la
muerte de toda su familia, a excepción de su hijo Carlos, en 1804
durante su retorno a España, en un combate con los ingleses. Allí
murieron su esposa María Josefa Balbastro y siete de sus ocho hijos,
amén de un grupo de esclavos negros que los servían en el viaje.
Prisionero, pero con todos los honores en Londres, el andaluz no perdió
el tiempo. Yendo a misa conoció a una joven irlandesa –Don Diego tenía
ya 56 años-, Luisa Ward, con quien volvió a casarse a su regreso a
España, en 1805. Tuvo con ella diez hijos, que en su mayoría
permanecieron en la península, constituyendo la rama española de la
familia Alvear.
La
tradición de la familia Alvear
De manera
notable, ambas ramas de la familia Alvear, tienen en su tradición el
conocimiento de esta historia. ‘(...)La versión de que San Martín
y Alvear habrían sido medio hermanos. Esta circunstancia ha sido,
desde siempre, comentada en el seno familiar del suscripto (soy
tataranieto del general Carlos de Alvear), con el agregado de que
ello no debía hablarse hacia fuera por razones de decoro, evitando
así el escándalo que produciría.’(3) ‘La lectura del avance
del libro de García Hamilton sobre San Martín (La Nación,
Enfoques, 25-6-2000) me hizo recordar una charla sobre San
Martín y Bolívar que dio el doctor Carlos Sánchez Viamonte en 1958.
Si bien el tema se centraba en la postura que ambos próceres habían
tenido sobre el futuro americano, (...)Sánchez Viamonte hizo una
extensa digresión sobre el origen de José de San Martín (...) en
líneas generales, lo expuesto coincidía totalmente con lo escrito
por García Hamilton. El doctor Sánchez Viamonte comentó también que
el material probatorio de esta teoría se lo había entregado al
entonces presidente Marcelo T. De Alvear y que éste le había pedido
que, para no empañar la figura de San Martín, destruyera dicho
material.’(4) No son pocos los testimonios, que relataron que el
presidente Alvear –nieto del general Alvear- señalara que el
‘General San Martín era miembro de nuestra familia’, pero que
dicho secreto no debía ser difundido, para no dañar la imagen de San
Martín. ¿Un San Martín Indio? Cabe recordar que bajo la presidencia
de Alvear se realizó una de las últimas matanzas –la última sería la
de los Pilagá en 1948- de ‘nuestros paisanos los indios’ en
1925, en Napalpí. Así, es posible comprender porque ‘Don
Marcelo’, consideraba dañoso para la imagen de San Martín que se
conociera su origen mestizo. Pero tal vez el aporte más contundente
sobre la filiación de San Martín, lo aporte Joaquina de Alvear y
Quintanilla de Arrotea, hija del general Alvear. El 22 de enero de
1877, Joaquina escribió: ‘Yo, Joaquina de Alvear Quintanilla y
Arrotea, declaro ser nieta del capitán de fragata general español
señor don Diego de Alvear Ponce de León, que era gobernador de la
isla de León cuando, con motivo del rey José, ocuparon los franceses
a España(...) Soy hija segunda del general Carlos María de Alvear,
que arrojó al usurpador brasilero del territorio oriental(...) Soy
sobrina carnal, por ser hijo natural de mi abuelo el señor don Diego
de Alvear Ponce de León, habido en una indígena correntina, el
general José de San Martín, que tan brillantemente descolló cuando
[era] sólo coronel y dejando su nombre grabado en el templo
de San Lorenzo, provincia de Santa Fé, en la grande victoria
alcanzada con su famoso escuadrón granaderos de a caballo, y que más
tarde selló la libertad hispanoamericana de todo un continente en
Chacabuco y Maipú.’(5)(14)
El Indio
San Martín.
La viajera
británica Mary Graham, expresó: ‘En Sudamérica, se considera a
San Martín como de raza mixta.’(6)(14) Vicuña Mackenna, el
insigne historiador chileno, fue más claro: ‘San Martín era un
libertador, pero era también un intruso, un extranjero, un
paraguayo, el "mulato San Martín", como llamaban los señores vecinos
del Mapocho al ilustre criollo.(...) El instinto del insurgente, es
decir, del criollo, triunfó siempre de la idea especulativa(...)
había servido a la independencia americana, porque la sentía
circular en su sangre de mestizo.’(7)(14) En Perú, cuna del
racismo y genocidio hispano en América, no se andaban con vueltas al
referirse a San Martín: ‘El "cholo de Misiones", como así
lo llamaban al Libertador del Sur los españoles...’(8)(14)
Pastor Obligado, no muy asustado por los gritos sarmientinos contra
los indios, se atrevió a escribir: ‘Época hubo en que corría,
como moneda corriente, y fue entre ciertas gentes creencia
vulgarizada, que don José de San Martín, no obstante la de y
el don de su padre, procedía de muy modesto linaje, al menos
por la línea materna. Bastante bronceado, de rostro anguloso, indio
misionero le llamaron los godos, y tape de Yapeyú, el
mariscal de las veinte batallas, [Miguel] Brayer, que él
destituyó la mañana de Maipú.’(9)(14) Juan Bautista Alberdi,
impregnado del racismo colonial, no puede dejar de asombrarse al
conocer al Libertador en parís en 1843: ‘Me paré lleno de
agradable sorpresa a ver la gran celebridad americana, que tanto
ansiaba conocer.(...) Entró por fin, con su sombrero en la mano, con
la modestia y apocamiento de un hombre común. ¡Qué diferente le
hallé del tipo que yo me había formado, oyendo las descripciones
hiperbólicas que me habían hecho de él sus admiradores en América!
Por ejemplo, yo le esperaba más alto, y no es sino un poco más alto
que los hombres de mediana estatura. Yo le creía un indio, como
tantas veces me lo habían pintado; y no es más que un hombre de
color moreno de los temperamentos biliosos.’(10)(14) Pese al
emblanquecimiento alberdiano, un compañero de las campañas del
Libertador afirmaba lo contrario. ‘El mismo Libertador don José
de San Martín, no era blanco, ni desperdició ocasión para hacer
profesión de su origen indio, como lo asevera el testigo presencial
don Manuel de Olazábal en sus Memorias, al referirse a la
convocación de los caciques y tribus en el campamento de Plumerillo
(Mendoza), antes de la batalla de Chacabuco, cuando valiéndose del
lenguaraz Guajardo, San Martín les dijo(...) "como yo también soy
indio, voy a acabar con los godos que les han robado a ustedes la
tierra de sus antepasados, y para ello pasaré los Andes con mi
ejército y mis cañones." Más tarde, en el manifiesto que dirigió
en lengua indígena a los indios del Tuwantinsuyo, a raíz de su
expedición al Perú, les confiesa que "también es indio por su
color moreno y por haber nacido entre los indios del Yapeyú, una de
las treinta reducciones de la Misión Jesuítica." Se
sobreentiende que San Martín tenía que ser lo que realmente
afirmaba, de lo contrario no hubiera convencido a los indios.
En cuanto al San Martín que anda por ahí, es una efigie hispanizada,
que no tiene nada que ver con la verdadera que nos pinta Samuel
Haigh al final del capítulo VI de su libro: Es de elevada estatura,
bien formado y todo su aspecto sumamente militar; su semblante es
muy expresivo, color aceitunado oscuro, cabellos negros y grandes
patillas sin bigote, sus ojos grandes y negros tienen fuego."(11)(14)
La madre:
‘Rosa Guarú era la indiecita que tuvo un niño, y la familia San
Martín lo adoptó, pero ella siguió en la casa cuidándolo, criándolo,
hasta que se fueron a Buenos Aires. El niño tenía entonces unos tres
años y le prometieron que iban a venir a llevarla a ella, pero no
aparecieron más. Rosa Guarú se quedó esperando, y los esperó toda la
vida. Cuando atacaron y quemaron Yapeyú (en 1817, los
portugueses en guerra contra Artigas. AJL), Rosita se fue a la
isla brasilera, estuvo mucho tiempo allá y volvió. Levantó un
ranchito por Aguapé y mantenía la esperanza de que volvieran por
ella. Nunca se casó, aunque tuvo otros hijos. Le tenía un gran apego
a aquella criatura. Supo que llegó a ser capitán y siempre
preguntaba por él. Tenía un recuerdo suyo, una medalla o relicario
que conservó hasta los últimos días, y quiso que la enterraran con
ese recuerdo.’(13)(14)
La
filiación americana del Padre de la Patria
Claro
está, que el establecer la filiación indígena de San Martín, no es
un hecho menor. Allá por el 2000, Chumbita también intentó solicitar
el estudio del ADN del Padre de la Patria. El presidente del
instituto Sanmartiniano –manejado por el ejército- manifestó, que
‘esa era un campaña del indigenismo, alentada por Fidel Castro, como
nueva forma del comunismo ateo’. El ejército argentino seguía
fiel al mandato de Mitre, Roca y Sarmiento: los indios –los primeros
desaparecidos- siguen siendo su enemigo al mismo nivel que el
‘comunismo internacional’. Claro que, eso era abandonar el mandato
de San Martín, pero hace tanto tiempo que los militares argentinos
abandonaron a San Martín, que lo último que deseaban es enterarse
que era mestizo. En su larga investigación Chumbita, se encontró con
que muchos documentos citados en libros españoles, peruanos o
chilenos, no se hallaban donde debían estar. Se sorprendió con la
respuesta de los militares custodios de la pureza étnica del
Libertador: ‘Usted no sabe los esfuerzos que hubimos de hacer
para ocultar las pruebas de esas infamias, sobre su origen.’. El
ex presidente de La Rúa –egresado del Liceo Militar de Córdoba- con
su fina sensibilidad política expresó que hacerle el ADN a San
Martín ‘le parecía era una idea pornográfica’. En una
disertación de García Hamilton, en Mendoza, un señor vinculado al
ejército ‘argentino’ se levantó enardecido mostrando una clara
amplitud de criterios: ‘Usted está diciendo que el Padre de la
Patria, no es hijo de su madre, es decir que es un hijo de puta.’
Es decir, una madre india debía ser una puta. Es bueno recordar
que Perón debió ocultar su origen Tehuelche por parte de madre, para
poder ingresar al ejército de Roca. Reconocer que el Padre de la
Patria, y de más de la mitad de la Independencia Americana, era hijo
de una india guarany, destruye el Panteón de la historia oficial.
Pero es particularmente mortal para la racista y fascista leyenda
mitro-sarmientina. Pero establecer la verdad histórica -sólo
eso- es determinante, en este nuevo tiempo americano de fuerte
renacer de las culturas originarias en todo el continente. Es bueno
recordar que cuando el compañero Evo Morales asumió la presidencia
de Bolivia –la sangrante tierra de todos los genocidios españoles y
criollos- un enano fascista que dispone de una radio, el señor
González Oro, expresó indignado: ‘¿Pero cómo un indio va a ser
Presidente de Bolivia?’ Mostrando la esencia de la
‘Evangelización’, la radio de la iglesia católica española se burló
de Evo, haciendo que un locutor se hiciera pasar por el presidente
Zapatero hablando al aire con Evo. Pensaban lo miso que González Oro
y decidieron burlarse del indio americano, ‘bolita’, y de paso
desestabilizarlo. La broma le costó cara a Zapatero y a Repsol....
Es decir que si bien estamos discutiendo historia, en realidad
estamos discutiendo política, que no otra cosa es la historia según
enseñaran Gramsci y Jauretche.
El
genocidio realizado por la dictadura entre 1976-1983, nos ha
permitido alumbrar en esta nueva etapa democrática, una nueva
lectura revisionista. La misma se realiza –como no podría ser de
otro modo- desde distintas ópticas, dando lugar a fenómenos tan
saludables como la masividad de Felipe Piña, o la fertilidad
descomunal de Norberto Galasso, los brillantes trabajos de.
Chumbita, la nueva lectura de Horowicz, O’ Donnel, Casco, Duhalde, y
muchos otros autores, que abordan una nueva mirada sobre nuestra
historia, luego de producida una nueva limpieza étnica (esta vez
social) de nuestro pueblo, que obligatoriamente remite a mirar desde
otra óptica el pasado. Ya el maestro Sacalabrini había señalado
alguna vez (cito de memoria) ‘que el genocidio, el exterminio,
había sido la forma natural de dominación de las clases oligárquicas
en América. Nos va a tocar a nosotros hijos de gringos aportar la
sangre que nos reclame la oligarquía en esta nueva etapa de
liberación’ Como advirtiera Scalabrini -quien por suerte murió
antes de que la espada oligárquica se ciñera sobre él-, esta nueva
masacre realizada por la oligarquía nos permitió mirar de otra
manera las masacres del pasado. Con una diferencia, el hecho de que
el grueso de los 30.000 desaparecidos, fueran descendientes de
europeos, no permitió que, como ocurriera en el pasado, la masacre
fuera tapada por los prejuicios raciales característicos de
Occidente. No, esta vez –como reconoció el asesino Bignone, ‘el
mundo fue para otro lado, para el lado del respeto a los derechos
humanos’- la oligarquía debió pagar un precio que aun estamos
cobrando. De tal forma la mirada sobre el genocidio de los pueblos
originarios aparece como una llaga permanente de nuestra historia,
tal vez como una profundidad que no existía desde los tiempos de la
Revolución y la Emancipación. Revolución, que por haber vivido una
revolución derrotada en 1976, podemos entender de qué se trataba. Y
entonces se produce el redescubrimiento de la Revolución de una
perspectiva revolucionaria. De allí, que la metáfora de Piña sobre
el asesinato de Moreno y su cadáver arrojado al mar por un capitán
británico, sea inaceptable para todo el mundo académico: mitristas
de todo pelaje y revisionistas académicos, rosistas, hispanistas y
católicos. ‘¿Qué es eso de rescatar la idea de esos subversivos
de Moreno y Castelli? Eso que habíamos logrado tapar bajo montañas
de historia incomprensible.’ Pero claro, hoy nosotros podemos
preguntar, ¿Si tiraron a 30.000 compatriotas jóvenes al mar, por qué
no lo van a tirar a Moreno? ¿Ése que se atrevió a proclamar la
libertad y la igualdad en este continente de genocidios? ¿Ése que
junto a Castelli y Belgrano propuso la expropiación de la oligarquía
y sus minas y el reparto de la tierra entre los pobres, negros e
indios?. ¿Cómo no ver ahora desde esta óptica, que el objetivo
principal de los revolucionarios de Mayo –desde mayo de 1809, en
Chuquisaca- no era el ‘libre comercio’, ni la Argentina, sino la
igualdad, la libertad, la Revolución Social Continental? Así, las
ideas de Castelli, de Moreno, de Belgrano, de Artigas y de San
Martín adquieren una dimensión absolutamente distinta.
Particularmente asoma notable el hecho que los revolucionarios
plantearon una doble Revolución, india y criolla a la vez. Es decir
de Independencia (objetivo de la burguesía criolla) y de
Redención Social (objetivo de las masas indias y negras). Y esta
nueva mirada, empalma con un nuevo tiempo americano, tiempo en que
un mulato-mestizo retoma las banderas –y el accionar- de Bolívar, y
un indio Aymara emerge en medio de la sublevación de los Andes al
frente de los pueblos milenarios del Alto Perú, sacudiendo toda la
extensión del antiguo Inkario. Más aun, desde México -el otro centro
de genocidio y etnocidio hispano- emergen los Mayas para mostrarnos
que el mundo puede ser visto, pensado y por ende transformado, desde
otro pensamiento. Es así, que establecer si la madre de San Martín
era una india guarany -sea Rosa Guarú u otra-, si el padre era don
Diego de Alvear -u otro-, pero saber si su genotipo posee genes
americanos, resulta absolutamente subversivo para el poder de los
vencedores de 1976. Vencedores que, no hay que olvidarlo, son los
mismo de Pavón, de Cerro Corá y de la Patagonia. Son los mismos que
mataron a Moreno, a Dorrego, a Güemes. Son los que traicionaron y
destrozaron a Castelli, boicotearon e impidieron el Plan Americano
de San Martín y luego el de Bolívar. En esta nueva mirada, San
Martín aparece como uno de los más claros –junto a Castelli, Moreno
y Artigas, ni que hablar de Andresito su paisano- ejemplos de
vindicación y lucha por los derechos indígenas. Cuando San Martín,
se retiró del Perú -intuyendo que seguramente lo hacía de su ya
cumplido destino americano- lo único que pidió al Congreso Peruano,
fue llevar consigo el infame estandarte del invasor Pizarro.
Estandarte que había mancillado la sagrada tierra Inka, que el
Libertador tanto amaba. Dicho sangriento estandarte lo acompañaría
hasta el último día de su heroica vida. Él había vengado la memoria
de Atahualpa, de Túpac Amaru y de Rosa Guarú.
Proclama
del General San Martín a los pueblos Indios del Perú.
‘LLAPAMANTA ACCLLASPA JOSÉ DE SAN MARTÍN SU TIYOCC,
MACCANACOCCUNACPA APUMPA APUNMI; CHAY LLACTAYQUICHITA
CUTICNASUYQUIPACC, PPUYO HINA TLANTASCA MACCANACOCCUNACPA
CAMACHECUINCUNATAGUAN PAY SAPALLAN CAMACHEC CHILEPI: ATUCHAC
CARGOYOCCUNAMANTA HASGUAN, ACLLASCACUNAMANTA UCÑINCACMI, etc, etc.
etc.
Sercadupi, Tarmapi, Huancabelicapi, Guamangapi, Cozcopi, Arequipapi,
Punopi, Chuquiagopi, Oruropi, Cochabambapi, CIqllisacapi, Potosipi
caussacc Incacunaman, Tucuy, Tucuyman quellcamuyquichis. Llactamasiy
Urpicuna, llapa ñaupa Incacunamanta puttucuna: ñan chayamuñan
cancunappac cocchucuna mitta, tucuy causamin-chiscunata
cutichihisaspa, imaynan cay pachapi camascaccunac carcan hina;
chaihuan llocsisum chai sinchi maichai micha ousaimania, ailcota
hina ccahuarinahllanchi mantapas, chai hinanimamni
tucuchircasunquichis caí allpanchispi causacc auccanchiscuna.
Llifllec, Lirpohinan ccanchascan himaraicun España llacctayoccuna
guatahuasccaicumanta chafeiricuscaicocca, Munduntin entero,
Llactacunatacmi yachan chaitacca. Ccancunac sonccollaiquichistacmi
chai suttinta unanchascan, punchau puncháu huatecmanta
ñaccarischisccaisuiquiraico. Chairancun cai Lacctanchiscunapi mosco
ccamachiyuincopi ccatanco, ni sonccochispas atinmantaccho quehue
qehusta camachyita mena ccuyaspa musanncunan Tupac; manan chai
huañocc camacheccuna hinachu, huactahinuan cchecme cchecmepi,
causacheo caucu. Chay allin yuyaita manchaspatacmi noca ñiiquichis
hasguan hatun checañiy simihuam mai cchica camacha taripanca ccalpay
yuyainyhllanpas, chacaiman rurrasac cancunaraico, hullpuy
causayñiquichista cconccaspa Apurunacuma hina causanayquichispacc.
Cay ñiscaita hastaguan yñinaquichispucri, cunanmantan quillaiquichis,
manaña estahuan tassa collqueta huntaquichischu, chai
haucanchiscunac mana Runac humppinhuan saccaspa ccapaccyanan curaycu
chursacanta: cancunatari charaycutac ccopata hinaccahuarispa man
chayta llancachinasuyquichispac. ¿Manachu chai ñaccariyuiquichita
yuyasspa, caí allin causaita mascapuspai apapamuiquichie cusi
causaita Patria ñiscac sutipi? ¿Cconcanquichistacchu pucacuncacunac,
nachu allcota hina ccopata ccaguarispa mana yupaita
ñaccarichisuscaiquichita? Chai coneanninquichi taca manapunin
inyimancha.
Chayraycutacmi sinchita cusicuni allinta camaricuspa
Llactamasiyquíta chasquispa imainan Manccoccapacpa, Guaynaccapacpa,
Tupayupanquec, Paullotupaccpa, Ata Guayhuancuna hína. Tuppa Amaru,
Tambo Guasco, Pumaccague Yliuntapa, Yaya Muñicaspa michiscan
guatucupa einaparihuaycu tucoy ecalpaíquichishuan, chaimin,
chaillata atiparcospa porseascocucchia cum causaita, samariita.
Coreiquichis, colqueiquichis cancuna uculapina cuti ticrasca
chariiquicunamampas chayancatacmi. Tucoy conccoiquichista churaichis
cai muñacniquiichis, Llactamasiiquichis, hascca yanapacniiquichispa
Callpanpi Camachaccunac, camacheñin .José de San Martín
Tucay
macoquiguato acuanac huñucasma Llacolap.’(12)(pag160)
‘El Exmo, Señor D. José de San Martín, Capitán General y General en
Gefe del Ejército Libertador del Perú, Gran Oficial de la Legión del
Mérito de Estado de Chile. etc. Etc. Etc. A los Indios naturales del
Perú: Compatriotas, amigos, descendientes todos de los Incas: Ya
llegó para vosotros la época venturosa de recuperar los derechos que
son comunes a todos los individuos de la especie humana, y de salir
del horrible estado de miseria y de abatimiento a que os habían
condenado los opresores de nuestro suelo. Los nobles motivos que os
impelieron de la España son demasiado notorios a todo el mundo.
Vuestra misma sensibilidad cada día forzada a vejaciones nuevas, es
el justificativos más tocante. La conducta pues, que han seguido los
gobiernos independientes de América, acredita que nuestros
sentimientos no son otros, ni otras nuestras aspiraciones, que
establecer el reinado de la razón, de la equidad y de la paz sobre
las ruinas del despotismo, de la crueldad y de la discordia. Guiado
por estos mismos sentimientos, yo os ofrezco del modo más positivo
hacer todo cuanto esté a mi alcance, para aliviar vuestra suerte y
elevaros a la dignidad de hombres libres; y para que tengáis más fe
y más promesas, declaro que desde hoy queda abolido el tributo, esa
exacción inventada por la codicia de los tiranos para enriquecerse a
costa de vuestros sudores, y para degradar vuestras facultades
físicas y mentales a fuerza de un trabajo excesivo. ¿Y seréis
insensibles a los beneficios que yo a nombre de la Patria trato
ahora de proporcionaros? ¿Olvidaréis también los ultrajes que habéis
recibido sin número de manos de los españoles? No, no puedo creerlo:
antes bien me lisonjeo de que os mostraréis dignos descendientes de
Manco Cápac, de Guayna Cápac, de Túpac Yupanqui, de Paullo Túpac,
parientes de Túpa Amaro, de Tambo Guacso, de Puma Cagua, Feligreses
del Dr., Muñecas y que cooperaréis con todas vuestras fuerzas al
triunfo de la expedición libertadora, en la cual están envueltos
vuestra libertad, vuestra fortuna y vuestro apacible reposo, así
como el bien perpetuo de todos vuestros hijos. Tened toda confianza
en al protección de vuestro amigo y paisano el General José de San
Martín.’ (12) (pag 159)
Notas
1.-
Galasso Norberto, Seamos Libres, Colihue, Bs.As. 2000
2.-
Chumbita Hugo, Hijos del País, Emecé, BsAs., 2004.
3.- Carta
al diario La Nación, de Ramón Santamarina, tataranieto del
general Alvear, BsAs, 2-7- 2000.
4.- Carta
al diario La Nación, del Arq., Pablo Masllorens, BsAs, 11-7-
2000.
5.-
Joaquina de Alvear y Quintanilla de Arrotea, Rosario, 22 de Enero de
1877, publicado por Hugo Chumbita y Diego Herrera Vegas en
suplemento Zona del diario Clarín, Buenos Aires,
16-7-2000, y en El manuscrito de Joaquina, Buenos Aires,
Catálogos, 2006.
6.- Mary
Graham, manuscrito de 1821, publicado en facsímil por Editorial
Barros Browne, De Don José de San Martín, Santiago de Chile,
2000.
7.-
Benjamín Vicuña Mackenna, La memoria y la rehabilitación de San
Martín en Chile, y ‘El general San Martín en Europa.
Revelaciones íntimas’, en Obras completas de Vicuña Mackenna.
Santiago. Universidad de Chile, 1938, tomo VIII, p. 423 y 382.
8.- José
Pacífico Otero, Historia del Libertador don José de San
Martín, Bruselas, s/d, tomo III, p. 226.
9.- Pastor
Servando Obligado, J. Dose de Zemborain, El General San
Martín en las Tradiciones de Pastor S. Obligado, 1950, p. 42 y
43.
10.-
Alberdi Juan Bautista, El general San Martín en 1843, Obras
Completas, BsAs, 1886-1887. p.335
11.- Jorge
Sergi, Historia de los italianos en la Argentina, Buenos
Aires, Editorial Italo-argentina, 1940, 2ª Parte, cap. 8, "El origen
indio del General San Martín", p. 89-90.
12.-Tomado
de Astesano Eduardo, Juan Bautista de América. Castañeda. 1979,
pag160.
13.- María
Elena Báez, testimonio recogido por Hugo Chumbita en "La
interminable espera de Rosa Guarú", suplemento especial de
Página/12, Buenos Aires, 17 agosto 2000, y en El secreto de
Yapeyú, Buenos Aires, Emecé, 2001.
14.-
Chumbita Hugo, El Secreto de Yapeyú, Emece, 2001, BsAs.
15.- Lonko
Killapán, O’Higgins es araucano, Santiago, 1978.citado por Chumbita,
H. op.cit.2001
16.-
Graham Mary, Diario de su residencia en Chile, 1923, p262-263,
citado por Chumbita H., op.cit.2001
17.-
Matorras Agustín H., ‘Raíces del general San Martín’, y Gárate José
María, ‘La biblioteca del General San Martín’, en Largo Carballo A.,
‘Vida española del General San Martín, 1994, pags.22-23 y 210-211.
Citado por Chumbita h.,op.cit.,2001
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