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200107 - En
respuesta a un artículo publicado por Rebelión el 19 de Enero del 2007
¡Ay,
la izquierda argentina!
En un reciente artículo,
publicado en Rebelión
(Alejandro Guerrero. Perón y la Triple A,
01-.07), se deslizan una serie de apreciaciones, que partiendo
de un hecho real y casi comprobado, como lo fuera la relación del
General Perón con el origen de la banda parapolicial Alianza
Anticomunista Argentina, se desarrollan conclusiones fuertemente
antipopulares, erróneas desde el punto de vista histórico;
confundiendo hechos y fechas, afirmando argumentos que seguramente
el autor desconoce o conoce a través de otros, de manera incorrecta.
Notablemente, el autor repite –treinta años más tarde- en un
reciclado casi alucinante, una vieja mirada ‘gorila de izquierda’,
especialmente de una parte de la izquierda troztquista argentina,
sobre Perón, el Peronismo, y su relación con la clase obrera. Y esta
mirada no es moco de pavo. Detrás de ella los compañeros del PRT-ERP,
concluyeron que Perón venía a ‘robarles la Revolución’ y decidieron
continuar la lucha armada contra el gobierno Peronista, llevando la
situación a una ilegitimación de la lucha armada en la Argentina,
que permitió el aislamiento y exterminio del conjunto de los
luchadores sociales pertenecientes a casi tres generaciones de
argentinos. Siempre es imprescindible recordar, que los 30.000
desparecidos involucraban a muchos miembros de
las organizaciones armadas y de la Izquierda Revolucionaria, pero en
su esencia, el 55% de ellos fueron dirigentes sindicales de base. El
accionar irresponsable, elitista y antipopular -en tanto y en
cuanto, ambos gobiernos Peronistas, el de Cámpora y el de Perón,
fueron elegidos libre y mayoritariamente por el pueblo- arrastró al
movimiento popular a una derrota sin salida, abriendo paso al
genocidio. El artículo muestra una vez más, que
la izquierda argentina –desconozco de cual de los miles de
‘partidos’ de la misma, es parte el autor-, sigue sin entender un
ápice de la Cuestión Nacional, o de lo Nacional, incluso en tanto
Latinoamericano y Cuestión Antiimperialista, Trotzky dixit.
Perón y la Triple A
En el 2006, el periodista rosarino Carlos Del Frade
en su último libro,(9) aportó este dato hasta entonces intuido -se
conocía la reunión, no lo tratado-, sobre la reunión en Gaspar
Campos (casa comprada a Perón por la CGT, para su retorno al país),
el 8 de octubre de 1973, cumpleaños del General (si bien es cierto
que el año de su nacimiento no parece ser el oficial sino dos años
antes, el día parece ser el mismo; con lo cual ese día Perón cumplía
80 años(1)) sobre la reunión con 500 suboficiales Peronistas
retirados y exonerados de las fuerzas armadas... por Peronistas. La
reunión fue armada por Osinde -el hombre de las
‘tareas sucias’ del General. En nuestro libro La Esperanza Rota,(4),
hemos desarrollado en extensión las conexiones y relaciones
existentes entre Perón, la represión ilegal y especialmente los
hechos de Ezeiza y su pelea autoaniquilante con su rama juvenil. No
hemos sido piadosos para juzgar lo que parece ser lo peor de Perón.
Sin embargo nunca dejamos de verlo en su perspectiva histórica, de
jefe del Movimiento de Liberación Nacional, con una fuerte impronta
Socialista. No fue Del Frade el primero en señalar hechos que
vinculan a Perón con al aplicación de un determinado tipo de
violencia paraestatal. Fue Horacio Verbitzky, en Ezeiza, el
primero en decirlo, incluso abiertamente, aun cuando luego la
‘teoría de los demonios’ tapó sus dichos. Alejandro Horowicz en su
brillante trabajo los Cuatro Peronismos, fue explícito en su
análisis, que (cito de memoria) la única fuerza propia con que
contaba el Tercer Peronismo era la policial, y que el delicado
equilibrio que implicaba mantener el Pacto Social, incluía la
utilización de pequeñas y milimétricas cuotas de terror, que
obligaran a los “jóvenes díscolos” a cesar sus ataques al Estado y
al Pacto social, so pena de que todo se fuera ‘al diablo’. Muerto
Perón, esa violencia puntual o en cuentagotas, se transformó, en
manos del Brujo e Isabel, en Terror de Estado, en gobierno fascista
abierto. Palabras más, palabras menos, pero ese era el brillante
concepto de Horowicz, que ubica el accionar de la violencia
paraestatal. Luego Miguel Bonasso traería la anécdota referida por
la hija de Oscar Bidegain, acompañante de Perón en el viaje a China,
cuando el General habría expresado, ‘Lo que la Argentina
necesita es un Somatén.’ Haciendo referencia, a los cuerpos de
represión parapoliciales, creados por Primo de Rivera en Catalunya,
para liquidar al movimiento obrero anarquista y comunista. Dicho
cuerpo denominado Somatén, por supuesto, siguió en pie en
tiempos de Franco. Sin embargo, Perón no necesitaba que los
franquistas se lo contaran como señala el artículo. El mismo
mecanismo se utilizó en la Italia fascista y en la Alemania nazi, o
¿qué otra cosa eran las SA? Y se utilizó en la Unión Soviética, pero
de forma menos sutil ¿Cómo se califica sino, cuando Trotzky alababa
la acción de sus tropas contra los obreros sublevados en
Konsdradt, ‘que caían como conejos ante nuestras armas’?
según nos relatara el Gran Lev Davidodich. Ni que hablar lo que
después haría Stalin, que dejaba al Ducce a la altura de un
demócrata liberal. O, lo que haría la GPU, en manos de V. Codovilla
contra los anarquistas y trotzquistas en España.
Perón, ya había utilizado cuotas de terror en sus dos primeros
gobiernos contra comunistas, anarquistas y opositores en general.
Fueron memorables -y base de la fuerte oposición política
innecesaria contra su gobierno- las ‘hazañas’ de Eliseo Lombilla,
los hermanos Cardozo, Jorge Osinde y demás criminales y torturadores
del primer Peronismo. Pero nadie puede seriamente decir que ese fue
el contenido principal de su gobierno. Aun incluyendo el vil
asesinato y desaparición en junio de 1955, del comunista Juan
Ingalinella, o lo sucedido a Cipriano Reyes, y a otros dirigentes
sindicales indóciles, con menos suerte que Don Cipriano, que pese a
ser castrado por los torturadores, por lo menos vivió para contarlo.
Perón, bueno es saberlo, era profesor de Estrategia Militar de la
Escuela Superior de Guerra y oficial de Inteligencia Superior(2).
Fue el enviado del Ejército argentino al ‘teatro de operaciones’ de
la Segunda Guerra Mundial, para estudiar in situ la guerra.
Allí conoció de sobra todas las formas de contención de la
Revolución Proletaria, que se usaban en Europa.
Es bueno saber, que a su regreso Perón, comunicó que en su opinión,
Alemania perdería la guerra por haber ‘cometido el grave error de
atacar a la Unión Soviética’. Con posterioridad Eduardo Gurrucharri(3)
en su biografía del Mayor Alberte, señaló varias veces las
conexiones entre los grupos parapoliciales y Perón. Incluida su
conexión con la represión a exiliados latinoamericanos de Brasil,
Paraguay y Chile. Gurrucharri denunció la realización de una reunión
de gabinete, en febrero de 1974, con presencia
de Perón, donde se habrían pasado fotos de dirigentes ‘extremistas’
a ser liquidados, que el General no autorizó. Sin embargo la
lista allí expuesta, comenzando por Ortega Peña, Julio Troxler y
Silvio Frondizi fue ejecutada apenas muerto el General. Cabe
aclarar, como lo hemos dicho en el análisis de su gobierno(4), que
el objetivo de Perón en Ezeiza no era aplastar a la JP, sino
obligarla a cesar sus maniobras hegemónicas sobre el resto del
Movimiento; es decir mostrarle tal poder de fuego propio que la
disuadiera de no salir a disputar el control del acto. Exactamente
esa fue la discusión en la noche del 19 de junio de 1973 en la
Facultad de Agronomía de la UNBA, entre distintos sectores de la
Tendencia Revolucionaria. ‘Si se debía o no, aguar la fiesta del
pueblo’. La actitud aparatista e irresponsable de Montoneros
prefiguró todo su destino. Fue ‘al combate’ con palos y pistolas a
enfrentar a bandas armadas con armamento pesado. Fueron derrotados
política y militarmente; abriendo el camino a la derrota del proceso
de masas creado a partir de la irrupción de la CGT de los Argentinos
y del Cordobazo. En este caso, tampoco Perón actuaba porque sí:
entre febrero y marzo de 1973, Quieto y Firmenich, viajaron a Madrid
‘a apretar al Viejo’. Le plantearon que no se desarmarían,
que no estaban de acuerdo con la política del Pacto Social,
que querían trescientos cargos en su gobierno y que el líder juvenil
Galimebrti se había ‘encuadrado’ bajo su conducción –es decir
respondía a ellos y no a Perón. Quieto pidió además a Perón la lista
de gorilas que había que ejecutar. La respuesta de Perón al
‘apriete’ fue Ezeiza, la defenestración de Galimba, y el
derrocamiento de Cámpora, con la aquiescencia cómplice del Tío.
Decir toda la verdad
Sin embargo el artículo -y no parece ser por
desconocimiento, pues esa fue la posición oficial del PRT-ERP, por
ejemplo- cuenta una parte de la historia. La reunión del 8 de
octubre de 1973, fue seguramente cierta. No lo es sin embargo, como
señala el artículo, el hecho que Horacio
Salvador Paino, hiciera referencia a la misma, sino que la
información surge de los dichos del hijo del Potrillo Castro,
Jorge Castro, ex militante del PRT-ERP, a Carlos del Frade. Sin
embargo faltan relatar dos hechos desencadenantes de esa reacción de
Perón, después de los cuales les dice a viejos militares Peronistas
-muchos de ellos Resistentes- ‘los voy a necesitar’. Y no es
casual, que estos dos hechos determinantes del accionar político
posterior de Perón sean ocultados para el análisis. El primero es
que el 6 de setiembre de 1973, es decir más de un mes antes de la
reunión de Gaspar Campos, el PRT-ERP atacó, sin ninguna provocación
o hecho que lo justificase, el Comando de Sanidad del Ejército
Argentino. Ese mismo día en Caracas, en la Conferencia de
Ejércitos Americanos, el general Raúl Carcagno nuevo comandante en
Jefe, decía que los ‘ejércitos latinoamericanos debían dejar de
ser herramientas de la dependencia para pasar a ser herramientas de
Liberación de sus pueblos’. Que eso era y es posible, lo muestra
el proceso de la Revolución Bolivariana, que no considera a Perón
casualmente, un general fascista. Cabe aclarar que, desde el 25 de
mayo gobernaba un gobierno Peronista elegido, por el 49% de los
argentinos, en elecciones libres y limpias. Pese a que el artículo
lo ignora -pues lo ubica al Tío aun durante el golpe en
Chile, que fue en setiembre- ya no gobernaba Cámpora, quien había
renunciado el 13 de julio de 1973, sino Raúl Lastiri, Presidente de
la Cámara de diputados, y yerno de López Rega. El 23 de setiembre de
1973, hubo nuevas elecciones nacionales, nuevamente libres y
limpias.
Perón fue electo Presidente con el 62% de los
votos, el mayor porcentaje que haya obtenido presidente
alguno de la historia argentina, y muy por encima del 1.7%
obtenido por el PST, por ejemplo, en la misma elección, o del 3%
que sumaron todos los partidos de ‘izquierda’ en la última
elección del 2005. Sin embargo, pese a este resultado, y he aquí
el segundo hecho que podemos llamar determinante de la reunión
de Gaspar Campos, el 25 de setiembre de 1973, es decir a dos
días de la elección, Montoneros asesinó a mansalva a José
ignacio Rucci, secretario General de la CGT y hombre clave
de Perón en la estructura del Pacto Social.
Según diría años más tarde Firmenich: ‘le tiramos un cadáver
sobre la mesa a Perón para obligarlo negociar.’ Parece que
Perón no lo entendió así, y apeló a sus
‘viejos amigos’ retirados y expulsados del Ejército argentino.
No poseyendo fuerza propia en las Fuerzas armadas,
y no quedando claro de que lado iban a jugar los ‘muchachos de
la JP’ bajo su gobierno, Perón reaccionó como un viejo general
nacionalista formado en Inteligencia y profesor de Estrategia.
Creó su propia fuerza, que, seguramente, habrá pensado él,
controlaría y usaría a su voluntad, cosa que ocurrió mientras
vivió. Sin embargo la cosa no acabó allí. El 19 de enero de
1974, el PRT-ERP atacó la base militar de Azul –otra vez
sin ninguna razón que lo justificara o explicase-, en un
cruento operativo con muertos y heridos. No sólo el Potrillo
Castro, la mayoría de los Peronistas, golpearon ese día su puño
contra la mesa ante una provocación de tamaña magnitud, que
ponía en peligro el régimen democrático recién reconquistado.
Cabe aclarar, que muy pocos días antes, el 4 de enero de
1974, Luis Mattini, miembro de la conducción perretista se había
reunido con Fidel Castro en la Habana, solicitándole ayuda
para armar una guerrilla en el Norte argentino. La respuesta de
Fidel, fue clara: ‘¿Cómo es eso, chico, de una
guerrilla rural en pleno gobierno democrático?’(5) Cabe
aclarar, que un mes más tarde, el 25 de
febrero de 1974, Perón rompió el bloqueo
económico decretado por los Estados Unidos a Cuba, firmando
con el gobierno de la Habana acuerdos económicos y políticos de
todo tipo, brindándole una fuerte ayuda económica. Todo esto
está claro, no justifica a Perón, pero permite entender su
accionar, y observar que si bien el terror desatado luego sería
monstruoso, los códigos con que se movía la Izquierda Armada
jugaban con fuego.
Por último no es
cierto lo afirmado por el artículo respecto del golpe en Chile,
en un trabajo de próxima aparición, cargamos las tintas sobre
las actitudes tolerantes y complacientes de Perón y su gobierno,
respecto de la dictadura de Pinochet, pero cuando el golpe se
produjo el 11 de setiembre, Cámpora ya no estaba, y causalmente
la JP, el PC y otras fuerzas políticas produjeron las mayores
manifestaciones, marchas y actos de solidaridad con Chile que se
registraron en toda la historia argentina. Y no fue sólo durante
unos días, sino que duraron varias semanas. La consolidación de
la dictadura chilena no dependía sólo de la solidaridad del
pueblo argentino, que fue amplia, generosa y total, sino de la
propia resistencia chilena que no alcanzó para derrotar a los
fascistas.
El contenido de Perón
Lo que realmente
sorprende del artículo de marras, es su visceral antiperonismo
en un lenguaje que hoy hasta los gorilas se cuidan de usar, a la
vista de lo que ha ocurrido con la Nación, luego de desmontada
la Argentina construida por Perón a partir de 1945. El autor
dice suelto de cuerpo ‘Él
(Perón), sin desarrollar jamás
una política nacional democrática, que lo habría obligado a
romper con el imperialismo -algo que en ningún momento se
propuso-, hizo a los trabajadores concesiones
democrático-sociales históricas y los integró al Estado burgués.
Pero en 1973, cuando Perón regresó convocado por quienes lo
habían derrocado en 1955, toda la acción del movimiento obrero
se orientaba hacia la independencia de clase y, por tanto,
apuntaba contra la línea de flotación del régimen político.’
Este análisis es falso, injusto y falta a la verdad histórica.
Sólo diremos que el 25 de mayo de 1973, la clase obrera recibía
el 36% del Ingreso Nacional. El 13 de octubre de 1974 -cuando
Gelbard se retira del gobierno, y de alguna manera el Peronismo
concluye como herramienta de transformación social- ese
porcentaje había subido al 48%, en apenas 17 meses. (Cifra que
el Peronismo neocolonial actual, trata de olvidar). Ese juicio
encierra además, una mirada de desprecio y descalificación sobre
las mayorías, mirada que acercó siempre a las izquierdas
argentinas con los conservadores y liberales. Desde esa óptica,
ambos son tributarios del pensamiento de ‘civilización o
barbarie’. Unos desde el positivismo racista comtiano-victoriano
y otros desde un marxismo de biblioteca, hueco, sin masas, sin
lucha de clases concreta hispanoamericana y pensado desde
sarmiento, Mitre o Alberdi, pero sin Marx. Porque, si Perón ganó
todas las elecciones a las que se presentó y aun hoy, es el
líder de los trabajadores, pero resulta que Perón era contrario
a los intereses de los trabajadores, eso implica pensar que el
pueblo es estúpido, que es bruto, ignorante, que hay que
educarlo, formarlo, explicarle, cambiarle la cabeza,
concientizarlo. Y todas las otras atrocidades positivistas y
elitistas que encierra la Teoría de la Vanguardia; madre de
todos los desastres cometidos en nombre del Socialismo. ¿Ese 62%
que había votado a Perón, no eran acaso esencialmente la clase
obrera y el pueblo trabajador? Porqué no pensar que el
Peronismo, que termina en 1955 otorgando el 54% del Ingreso
Nacional a los trabajadores, tuvo que ver con el Socialismo
de Estado (Capitalismo de Estado), que se expandió por el mundo
luego que el Ejército Rojo ganara la Segunda Guerra mundial, en
nombre del Socialismo, aun cuando no lo cumpliera en la URSS. Es
bueno recordar hoy que según lo último que nos dejara Lenin,
lo único que podemos hacer por ahora es mantenernos por mucho
tiempo en el Capitalismo de Estado, hasta que cuajen las
relaciones culturales Socialistas.(10) En esta óptica
compartimos lo que alguna vez dijera Vicente Zito Lema respecto
que al Peronismo ‘debemos empezar a verlo como el Socialismo
que pudimos construir’. Entre 1945 y 1955, el Peronismo
aportó una de importante experiencia nacionalista y obrera al
mundo, construida desde el Estado y el movimiento obrero, que
debemos recuperar y hacer nuestra. Cuando en 1943, se produjo el
golpe del GOU, la Argentina era parte estructural del Imperio
Británico, y prácticamente todo lo que en ella se consumía era
de procedencia inglesa o europea, aun cuando una cantidad de
productos se habían comenzado a producir como consecuencia de la
guerra. El Banco Central era británico, como los ferrocarriles,
la banca, los servicios públicos, la energía, los barcos que
trasladaban nuestra producción, las empresas que la
comercializaban, las compañías de seguros, los transportes y los
combustibles, a excepción de una porción manejada por YPF. La
Argentina, tal como se había ufanado Julito Roca, era
la joya más preciada de la corona británica. Sostenida en su
modelo agro-exportador, éramos la ‘granja británica’. El
pueblo vivía pobremente –la Clase obrera recibía el 25% del IN-,
había grandes bolsones de pobreza y miseria. En muchos lugares
las condiciones de vida y trabajo eran –como lo son hoy-
infrahumanas. El sistema político era el de la Década Infame, es
decir el del ‘Fraude patriótico’, con carencia de
soberanía política y democracia real. En 1955, cuando Perón
fuera derrocado por un golpe oligárquico-británico, la clase
obrera y el pueblo disfrutaban del mas alto nivel de vida de su
historia hasta hoy, los ferrocarriles, el petróleo, el gas, los
teléfonos, el correo, los telégrafos, todos los servicios, los
puertos, el comercio exterior, y más de la mitad de la economía,
eran del Estado nacional. La Argentina se había industrializado,
y producía tractores, aviones, barcos, tanques, automóviles,
locomotoras, trenes. Había desarrollado energía nuclear propia,
construía diques, represas, obras públicas de todo tipo,
industria militar propia, estaba sentando las bases para la
industria pesada y poseía el segundo PBI por habitante del
mundo. Pero particularmente, los trabajadores y el pueblo
gozaban de un sistema de distribución de la riqueza y de
beneficios sociales único en el mundo. ¿O acaso en 1951 –por
tomar un año- los trabajadores soviéticos o chinos, vivían mejor
que los argentinos? ¿Y para el mismo año, cómo vivía y que
derechos tenía, el proletariado negro-pobre norteamericano? Es
imposible ignorar o denostar la Revolución Peronista en su
esencia: el haber logrado una porción significativa -la más alta
hasta hoy- de soberanía nacional, un altísimo nivel de justicia
social y de autonomía económica. La Argentina no debió un solo
dólar entre 1945 y 1955, y se negó a ser parte del FMI, cuando
éste se fundara, ejerciendo una fuete soberanía política y
económica útil al resto de Latinoamérica. Según parece nuestra
‘izquierda’, sigue sin entender de que se trató el Peronismo, y
lo que es peor, sigue sin entender de que se trata la Nación. De
allí que nuestra izquierda, a diferencia del resto de América
Latina, sea todavía un lugar vacío. Podría por lo menos, leer al
enemigo para saber qué piensa el imperialismo de Perón.
Seguramente sabrían, que hace unos meses Condolezza Ryce dijo
que había que ‘terminar con el mal ejemplo del nazi Peronismo
en América latina, donde abreva Chávez.’ Se refería claro
está a la idea de soberanía política e independencia económica,
que el Peronismo mostró era posible en América Latina. Hubo
también otros representantes imperiales que fueron más claros
aun sobre el rol histórico de Perón. Winston Churchill, dijo en
1955: ‘La
caída del tirano Perón en Argentina es la mejor reparación al
orgullo del Imperio y tiene para mí tanta importancia como la
victoria de la Segunda Guerra Mundial, y las fuerzas del Imperio
Inglés no le darán tregua, cuartel ni descanso en vida, ni
tampoco después de muerto.’(6)
El historiador británico Harry Ferns, señaló
¿proféticamente? en 1969:
‘Como no sea mediante una guerra
civil devastadora, resulta difícil imaginar cómo puede
deshacerse la revolución efectuada por Perón.’(7)
Más recientemente, el Comandante Fidel Castro, quien fuera
detenido en el Bogotazo, de 1948, acusado por la CIA de
‘joven estudiante Peronista de origen cubano’, expresó
una opinión contundente sobre Perón. ‘Perón, en
Argentina(...), hay que ver en el momento en que surge, en 1943
lo nombran ministro del Trabajo y hace tales leyes que cuando lo
llevan a las prisiones el pueblo lo rescata(...). Perón era
Agregado de Embajada, estuvo allá en Roma en los años treinta en
la era mussoliniana, y algunas de las formas y métodos de
movilizaciones de masas que vio le impresionaron. Hubo
influencia, incluso en algunos procesos; pero en estos casos que
he mencionado esa influencia, Gaitán y Perón, la utilizaron en
un sentido positivo, porque hay que ver que Perón hizo reformas
sociales. Perón comete, digamos, un error: ofende a la
oligarquía argentina, la humilla, le quita el teatro simbólico y
algunas instituciones simbólicas; trabajó con las reservas y los
recursos que tenía el país y mejoró las condiciones de vida de
los trabajadores, y los obreros son muy agradecidos y Perón se
convirtió en un ídolo de los trabajadores.’(8)
En la balanza del todo Perón, es
necesario ubicar su rol histórico de constructor de la mayor
experiencia de nación justa, libre y soberana, que vivimos los
argentinos, así como su fuerte impronta de unidad continental,
más allá de sus errores o desviaciones autoritarias. De las
cuales no lo exculpamos, pero es bueno recordar, que de ello no
estuvo exenta ninguna de las experiencias llamadas Socialistas
hasta hoy.
Notas
1.- Barreiro
Hipólito, Juancito Sosa, El Indio que Cambio la historia, BsAs.,
2000.
2.- García Lupo
Rogelio, Últimas Noticias de Perón. BsAs. 2006
3.- Gurrucharri E.,
Alberte, Un Militar entre obreros y guerrilleros, Colihue, 2001
4.- Lapolla Alberto
La Esperanza Rota, De La Campana 2005.
5.-
Seoane María Todo o nada, Planeta BsAs., 1997. pag 176..
6.- Discurso de Winston Churchil en la Cámara de
los Comunes 09-1955
7.- Ferns Harry S., La Argentina, Sudamericana,
BsAs., 1971, pag247.
8.- Ramonet Ignacio, Biografía a Dos Voces. Ed.,
Debate. 2006
9.-
Del Frade Carlos, El
Litoral, 30 años después. Sangre, dinero y dignidad. Rosario,
2006.
10.- Lenin V. ,
Contra la Burocracia-Diario de las Secretarias de Lenin, Cd.
Pas.yPte.,1974
*Autor de Kronos,
Una Historia de los años Setenta. Tomo I, el Cielo Por asalto:
1966-1972. Tomo II, La Esperanza Rota: 1972-1974, Tomo III: La
Derrota, 1974-1976.
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