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El héroe maldito: Juan José Castelli
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060508 - Castelli: Jefe y Guía de la Revolución Continental Indiana. - Tercera  entrega de la serie El Sol del 25 viene asomando, apuntes para repensar Mayo.

‘Y de Castelli hay que hablar como quería Martí de Bolívar, teniendo una montaña por tribuna, entre rayos y relámpagos, con el despotismo descabezado a los pies, y un manojo de pueblos libres en el puño.’  Julio C.  Chaves (Biógrafo de Castelli) (1)
 

‘La rehabilitación del Dr. Castelli es la revisión, por una parte, y la confirmación por otra, de al teoría de la revolución en el Plata y en América. La justicia tributada a Castelli es justicia rendida a su generación, a esa generación, la más grande, la más heroica que hasta hoy  alentó en el suelo indiano. Porque Castelli es el espejo en  que se miran todos los doctores de la Independencia.(...) Era Castelli quien por su vinculación personal con todos sus miembros ensambla y armoniza los dispares caracteres de los miembros de la Primer Junta. Viejo amigo de Saavedra, con quien actuara en el Cabildo, años atrás; casi hermano de Belgrano, íntimo amigo de Larrea y de Azcuénaga; condiscípulo de Alberti en el colegio colorado de Córdoba; unido a todos, los unía. (...) El Virrey Cisneros le llamó “el principal interesado en la novedad”, y Bernardo de Monteagudo [en 1815] le calificó de “genio ilustre que dirigió los primeros pasos de la Primera Junta, y por cuyos extraordinarios esfuerzos hemos llegado al camino en que ahora nos hallamos.(...) y, al establecerse un contacto más íntimo y profundo entre Castelli y Moreno, nació la conjunción astral que presidiría los destinos de la independencia y cubriría con su bandera victoriosa toda la hoya platense, desde el atlántico al Pacífico, desde el Plata hasta el Titicaca. Mariano Moreno y Juan José Castelli. He ahí el par de revolucionarios cabales. Ansiaban promover, no sólo un cambio de hombres y regímenes, sino una transformación profunda en lo político, en lo social y en lo económico. Buscaban el encumbramiento de los criollos, llevados por un impulso de libertad y fraternidad. Apasionados al extremo, leales hasta el sacrificio con el amigo o el correligionario, e implacables en su oposición al enemigo; decisión firme, santa, al servicio de una causa imponderable y noble, valor moral, conciencia de la responsabilidad; energía tenacidad e indeclinable resolución en el servicio: Juan José Castelli y Mariano Moreno.’ - Julio C. Chaves (1)
 
Castelli el sepultado.
 
Debemos a la mágica prosa de Andrés Rivera, la más reciente reivindicación del jefe y guía de la Revolución Continental que alumbrara Mayo y culminara con la emancipación americana en 1824, en Ayacucho. Rivera no sólo nos devolvió a Castelli, su sueño, su vida y su lengua tronchadas por la contrarrevolución patronal-católica-hispana, sino que desde el mismo título, su obra nos remitió al carácter de Castelli como revolucionario impenitente y esencial. Con un  adicional: su reivindicación de la Revolución como ‘sueño eterno’ -de Castelli y de todos sus compañeros de ruta intergeneracionales- fue realizada por Rivera, en pleno apogeo de la contrarrevolución neoliberal a escala planetaria, incluida su increíble versión criolla en la infame traición menemista. Rivera en plena contrarrevolución menemiana nos devolvió a Castelli y su ‘sueño eterno’ de la revolución continental, empalmando magistralmente la memoria del prócer fundante con la constatación mayor de la derrota, del último intento por llevar a la práctica las ideas de Castelli y de Moreno, acaecida en 1976 y coronada con la traición del menemato. Rivera pintaba a Castelli, pero también nos devolvía al tiempo elástico –el ‘no tiempo’ según Walter Benjamín- de la Revolución. En la trágica metáfora de Castelli –al orador supremo de la Revolución se le pudre la lengua y se la cortan- se pinta la tragedia que acecha a todos los revolucionarios de todos los tiempos. Pero también nos remite a nosotros, ¿cómo la Argentina no iba a parir al Che, a Evita, a Perón, a Santucho, a Cooke, a Tosco, a Walsh si había alumbrado tamaño adalid revolucionario?  Más tarde, Felipe Pigna en su brillante Vol., I de los Mitos de la Historia Argentina, recuperaría el rol del Castelli esencial, aun cuando se repitiera la idea de un Castelli escudero de Moreno y, al igual que en el caso de Rivera, no se ubicara su rol político determinante. Sin embargo estas dos obras rompen el silencio instaurado sobre Castelli.  Es tal el interés de las clases dominantes por ocultar a Castelli y su papel decisivo en la Revolución -y en el carácter de la misma- que en Buenos Aires, Castelli es recordado vergonzosamente por una calle de apenas unos metros de extensión, y su estatua en lugar de presidir junto a Belgrano y Moreno –sus compañeros de epopeya, partido y Logia- la Plaza de mayo, está escondida en un  rincón sucio y abandonado de Plaza Constitución. Castelli debe estar cómodo allí, pues lo acompañan los pobres más pobres que la infamia menemista ha dejado sobre la Argentina y que las políticas de crecimiento continuado de la economía de los últimos años parece no saber como eliminar. De allí que, tal vez, la presencia de Castelli junto a los más pobres de todo el área metropolitana, nos esté señalando que la Revolución que el encabezara aun permanece inconclusa, desde que fuera traicionado en Huaqui y su compañero  Mariano envenenado y arrojado al mar, mientras el tercero Don Manuel –su primo- era paseado por cuanta tarea ingrata existiera para que desistiera de sus sueños tupamaristas, y aceptara la castración de la Revolución en una apenas independencia de España. De hecho su principal biografía, no fue realizada por un argentino, sino por un compatriota de la Patria Grande de origen paraguayo. Fue el historiador Julio César Chaves, quien debió reivindicar al héroe maldito de la Argentina, ante la defección local. Por supuesto su libro, Castelli el Adalid de Mayo, es inhallable, y, desde 1957 nadie volvió a reeditarlo. La propia historia oficial de Bolivia, país que debe a Castelli sus primeros ocho meses de vida independiente –a posteriori de los logrados por la rebelión Tupamara de Túpac Katari-, así como la redención de sus masas y pueblos indios, oculta con fruición a Castelli. La historia oligárquica oficial boliviana lo ignora y sepulta con mayor celo aun que la nuestra, dado el carácter claramente indio de la nación hermana y el contenido absolutamente pro indio del programa y accionar castelliano en su gobierno el Alto Perú. Se habla de 'partido Morenista' pero en realidad  y sin quitar los méritos geniales de Moreno, el partido de la revolución la ‘Logia’, era Castelliana. Así fueron castellianos Juana Azurduy, su marido Ascencio Padilla, Bernardo de Monteagudo, Tomás Guido, Martín Güemes, y los más de 110 jefes indios y gauchos que libraron la heroica Guerra Montonera del Alto Perú, la Guerra Gaucha, la Guerra India. Aquella que permitió detener nueve invasiones españolas a un costo altísimo en vidas y terror español, para que el Libertador pudiera armar su Ejército en Mendoza.
 
El ‘hereje’ Castelli, jefe de una Logia Libertadora Continental
 
Aun es frecuente, sobre todo en medios vinculados a la Iglesia católica o a la ferozmente racista oligarquía del Noroeste Argentino –para entender de qué hablamos, y a qué se enfrentó Castelli allá por 1811, cabe recordar que hace apenas unos años, un sacerdote salteño, confeccionó un pesebre con un niño Jesús indígena, con Reyes Magos, Virgen, San José y visitas de igual origen. Por supuesto debió desarmar de manera imperiosa tamaña ‘herejía’ ante el grito escandaloso de la sociedad salteña y de la curia, ya que la sacralización de un indio ‘ofendía nuestras sagradas tradiciones occidentales y cristianas’ y...blancas. Es aun frecuente decíamos, escuchar ‘historiadores’ y ‘publicistas’ provenientes de Salta, Jujuy, Tucumán y Bolivia -incluidas algunas ‘universidades’ confesionales o privadas de la misma región-, que repiten la monserga de infamias y mentiras acerca de la supuesta impiedad y las ‘herejías’ de Castelli y Monteagudo, cometidas en las Iglesias del Norte argentino y del Alto Perú. Herejías que le habrían valido la inquina de la ‘gente decente’ (criollos y españoles propietarios de tierras, minas e indios) del NOA y del Alto Perú. Claro qué, esta  falsa acusación, de la que se hacen eco la mayoría de los historiadores ‘serios’ de ambas líneas historiográficas hegemónicas de las clases dominantes en la Argentina, ya fuera la mitrista o la revisionista hispano-católica, se basa en el carácter claramente subversivo y revolucionario del accionar de Castelli, desde el mismo momento en que se hiciera cargo del curso central de la revolución al fusilar a Liniers en Cabeza de Tigre, y del destacamento principal de dicha Revolución: el Ejército Libertador del Norte. El repudio a Castelli es mayor aun por parte de los historiadores hispano-católicos, dado el carácter masónico, ‘hereje’ y ‘anticatólico’ de Castelli. Peor aun, ¿no sería acaso judío o musulmán Castelli, que tenía por segundo apellido Salomón?. Ninguno de ellos lo dijo abiertamente pero el antisemitismo, por momentos irrespirable de algunos de los textos de los hispano-católicos deja picando ‘la duda’ inquisitorial sobre la judeidad o musulmanidad del gran revolucionario rioplatense. Peor aun, cuando el golpe de Estado contra Castelli y la Revolución, producido en el Alto Perú y el Noroeste Argentino luego de Huaqui, esa fue la consigna contrarrevolucionaria de la alianza patronal-católica-españolista: ‘!Fuera los porteños musulmanes!. La acusación de impiedad decíamos, choca contra el problema concreto de que las difamaciones vertidas en contra del gran Juan José, deberían hacerse extensivas al general San Martín y a Simón Bolívar, que tomaron a su cargo a los restos de la Logia castelliana, a los principales colaboradores de Castelli  y en particular al principal de ellos: al Dr., Bernardo de Monteagudo, uno de los mayores ideólogos, ejecutores, impulsores y partícipes de la Revolución continental, también ocultado y escarnecido por ambas historiografías pertenecientes a las clases dominantes. Pero claro asumir este punto implica aceptar el carácter masónico del núcleo central de la Revolución y la emancipación y eso la iglesia y la oligarquía de cúneo hispano católico (hegemónica pese a  la posterior dominación británica) no lo admite.  Es en San Martín –a quien se puede presumir enviado por Miranda para eso-, en quien Castelli delegó el mando de la Logia cuando se moría. También eran castellianos Gaspar Rodríguez de Francia, el fundador del Paraguay autónomo, autosuficiente e igualitario y Antonio de Escalada -el suegro de San Martín- y también sus hijos Mariano y Manuel, ambos miembros del Estado Mayor del Libertador además de sus cuñados. La esposa de San Martín, Remedios de Escalada, pese a ser muy joven, también integraba el núcleo revolucionario castelliano. Así, nuestros próceres luchaban por la Patria Grande Americana, toda unida, que iba desde el Sur del Mississippi (entonces limite Norte de México hasta que los EEUU lo robara), hasta el Cabo de Hornos. Entre nosotros –en el Plata, desde 1776 cabeza del Imperio español en Sud América- el precursor de todos y el organizador de la Logia, y por ende de la Revolución fue Juan José Castelli, el héroe maldito y sepultado, por querer liberar y dar igualdad a los indios. Fue Castelli el jefe de Mayo, y el orientador de todos los demás, de Belgrano que era su primo y de Moreno que como él había egresado de Chuquisaca y había visitado el horror de la bocamina de Potosí. Se oculta así que él dirigía una Logia masónica continental -unida a la de Miranda- que tenía ramificaciones en Córdoba, Oruro, La Paz, Potosí, Chuquisaca, Cochabamba, Asunción, Montevideo, Canelones, Soriano, Santiago de Chile, Quito, Guayaquil, Lima y varias ciudades más. Para permitir comprender el carácter estratégico de esta organización observaremos que dos de sus agentes eran el Dr. Paroissien (luego médico y amigo de San Martín) y el comerciante cuyano-chileno Álvarez Condarco luego agente fundamental de San Martín en la campaña de Chile. Todas sus proclamas son indigenistas y hablan directamente de crear un solo estado desde 'el Bogotá hasta el cabo de Hornos'. ‘El conjunto de los patriotas Revolucionarios de todo el Virreynato del Plata y partes del Perú, estaban en contacto con el grupo de Buenos Aires –capital del Virreynato- comandado por Juan José Castelli. Castelli. Don Juan José, tenía contactos estrechos vía epistolar o por medio  de agentes, con grupos revolucionarios de Córdoba, Charcas, La Paz, Mendoza, Santiago de Chile, Concepción, Asunción del Paraguay (Gaspar Rodríguez de Francia era su especial amigo y condiscípulo cordobés), Villa de la Concepción  y Quito (con Juan Pío Montúfar).  Por medio de “inofensivos comerciantes” como Gómez Orquejo se contactaba con Cuyo y Chile. Por medio de Feliciano Chiclana con Potosí y Chuquisaca. José de María lo vinculaba con el Paraguay. Con Quito por medio de Antonio Álvarez Jonte, que vivía en Chile. Por medio de Saturnino Rodríguez Peña y Padilla, residentes en Río de Janeiro se comunicaba directamente con Francisco de Miranda.’ (1)
 
¿Qué carácter tuvo el Mayo continental?
 
Y esto es así pues, el partido castelliano –seguramente llamado morenista, para diluir el carácter continental y masónico del mismo-, pasó en masa a engrosar las huestes de ambos generales Libertadores en toda América. Primero con San Martín y luego con Bolívar, o al revés como fuera el caso de Manuel Dorrego en su exilio norteamericano. Dorrego, figura central de nuestra Independencia en Tucumán y Salta,  figura como héroe de la República de Colombia, además de la de Chile, pese a ser denostado por nuestra historia oficial, amén de deber soportar que la estatua de su asesino se yerga infame en el antiguo solar de su casa paterna. El hecho de la continuidad política de ambos Libertadores en cuadros y acciones respecto de la marcha castelliana, descoloca por igual al revisionismo hispano-católico, y al mitrismo. Corriente esta última, que no duda en descalificar políticamente a ambos Libertadores, preservando sus ‘éxitos militares’. El problema para ambas corrientes de nuestra historia, y para sus renovaciones actuales, sigue siendo entender o desentrañar el verdadero carácter de la Revolución de Mayo en tanto continental –y no argentina-, social –y no criolla, ‘patricia’ o de la ‘gente decente’-, libertaria de indios –y no antiindia como lo serían el Deán Funes, Rivadavia, Martín Rodríguez, Rosas, Quiroga, Rondeau, López, Paz y demás miembros del partido ‘propietario’-, libertaria de negros –y no sostenedora del statu quo esclavista-, anticolonial –es decir de Liberación Nacional Continental-, independentista –como señalaran Castelli, Moreno, Belgrano, Rodríguez Peña, Bello, Francia, Miranda y Bolívar desde el vamos y no ‘española y americana’, como mal entiende Alberdi (Liborio Justo dixit) o mal se lo entiende a él, y sostienen erróneamente Abelardo Ramos y Norberto Galasso-, anticatólica y antiespañola, en tanto liberal, librepensadora, roussoniana (jacobina sí, pero Tupamara, es decir reinventada por los americanos del Sur, antiinquisitorial y antiabsolutista. En esencia Tupamara, es decir continuadora de la rebelión encabezada pro el Inca treinta años antes -apenas una generación-, sólo que ahora con hegemonía criolla y no india. De allí que desde el vamos nuestra revolución continental posee doble carácter: de liberación nacional y de liberación social. De allí que no le quepa el sayo reduccionista de revolución burguesa tradicional. También es desde allí, que los partidos marxistas clásicos no hayan podido entender nunca el entramado social americano y no cesaran de cometer desatinos políticos o historiográficos. De allí también que el partido patriota se partiera inmediatamente cuando Castelli comenzara a fusilar y desterrar a los contrarrevolucionarios en el territorio ocupado por la Revolución. El fusilamiento de Liniers salvó a Mayo, pero marcó el fin de la unidad de la Junta, con el agravante que ni Castelli, ni Belgrano se hallaban en Buenos Aires para preservar su unidad y cerrar la conspiración reaccionaria. El posterior fusilamiento del asesino de indios, terrateniente y encomendero Francisco De Paula Sanz en Potosí, verdugo de Murillo y de los revolucionarios de La Paz de 1809, el triunfo de Suipacha (Tupiza) y la instalación de Castelli al mando del principal territorio del Virreynato por entonces (el Alto Perú) llenó de pánico al ‘Partido Propietario’ (Patriotas conservadores y españolistas), el que obró en consecuencia rompiendo la marcha exitosa e imparable, de la revolución. Así primero derrocaron a Moreno y de inmediato organizaron la traición a Castelli, hecho que se verificaría unos meses más tarde, deteniendo la Revolución para siempre. Esa Revolución implicaba obligatoriamente, la unidad  de indios y criollos, tal cual había propuesto apenas treinta años antes el Inka Túpac Amaru II en la etapa primera, derrotada, de la Revolución Continental. Sólo que –y no es pequeña la diferencia- su revolución tenía hegemonía india, con los criollos subordinados a los indios que recuperarían sus tierras y territorios, y entonces ‘serían ellos los españoles y los señores, y seríamos nosotros los indios de ellos’ (5), como cantaba un aterrado verso español de la época. Es por ello que el enemigo español llamaba a nuestros patriotas los Tupamaros, y ellos, así se denominaban con orgullo. Por supuesto los criollos explotadores de indios –al igual que los españoles- no aceptaron la unidad propuesta por Tupác Amaru, peor aun lo traicionaron, lo combatieron y abandonaron, como lo hiciera Pedro Murillo futuro líder de la revolución de La Paz en 1809. Todos conocemos demasiado bien como terminó nuestro primer gran Padre de la Patria. Túpac fue brutalmente torturado por el visitador español Areche, su lengua cortada luego de ver morir a sus hijos y mujer. Fue atado a cuatro caballos, descuartizado y su cadáver repartido en trozos por el territorio del viejo Incario, por los piadosos españoles y sus bondadosos frailes. Pero Túpac no se fue de este mundo sin antes proferir en los rostros de los  asesinos, en latín, queshwua y castellano una sentencia que se cumplió apenas treinta años más tarde: ‘Volveré y seré millones.’ La siguiente generación americana lo vengó en una larga y crudelísima guerra de quince años, sumando a millones luchando por su libertad y aplastando al infame imperio español-católico.
 
Castelli, Moreno, Belgrano y la Revolución Indiana y continental.
 
Producida, ya la hecatombe revolucionaria abierta en 1809-1810 (la revolución estalla en simultáneo en Chuquisaca, La Paz, Caracas, Buenos Aires, Santiago de Chile, Bogotá, México, Asunción, la Banda Oriental, Quito, Guayaquil, etc.), sería la ‘izquierda’ del partido criollo (Castelli, Moreno, Belgrano, Monteagudo, Tomás Guido, Gaspar Rodríguez de Francia, Julián Álvarez, Goyo Gómez, Nicolás Rodríguez Peña, Dorrego, Francisco Escalada, Manuel Rodríguez, Bernardo O’ Higgins, más tarde Artigas, Güemes, y Sucre) quien proponga y busque la unidad con los indios. Esto era –y es, tal como puede verse hoy en Bolivia, Venezuela, en la Ciudad de Buenos Aires, o en el ‘campo’ argentino- inaceptable para los encomenderos, los mineros, los dueños de los ingenios, los obrajeros, la Iglesia y la ‘gente decente’ en general. Así es que el carácter de la Revolución se torna incomprensible, oscuro e imprescindible de ocultar para los vencedores de Huaqui y más tarde de Pavón, Pozo de Vargas y Cerro Corá. O bien es ‘librecambista, porteña y patricia’ para los mitristas, o también porteña pero ‘hispánica’, o ‘probritánica’ para los hispano-católicos, algunos de los cuales llegan a la peregrina idea de que los próceres de Mayo eran ‘agentes británicos’. Algunos lo explicitan, otros lo sugieren. Esta infame idea, conlleva la carga ideológica de completar el vaciamiento de la nación ya realizada a través de las privatizaciones, la brutal desculturización producida por la desindustrialización, la destrucción de los sindicatos, el genocidio, la destrucción ferroviaria, el retorno al modelo agro-exportador, y la estupidización mental a cargo de los medios de comunicación. Esta destrucción de identidad, en tanto nuestra historia o recorrido común como pueblo, llega al extremo de ubicar en ese plano de ‘agentes británicos’  a los mismos San Martín y Bolívar, pretendiendo privarnos de nuestra historia, de nuestros próceres, de nuestros héroes, subsumiendo la argentinidad, en tanto americanidad, en la frustración y la castración permanente. Esta idea infame ha retornado al debate histórico, siendo el centro argumental de una reciente obra antimorenista, escrita por Miguel Wiñazky (Moreno en su Laberinto) que intenta mostrar el rol de ‘agente británico’, del asesinado Mariano Moreno. El revisionismo hispano-católico hace desesperados intentos por recuperar el terreno que Felipe Pigna les demoliera, con su extraordinaria recuperación del carácter revolucionario de Moreno y Castelli, habiéndolo incluso llevado a la televisión, con la difusión  masiva que ello implica. Escandaliza en particular a los historiadores –mitristas, neomitristas y rosistas puros- la comparación realizada por Pigna del fin de Moreno –envenenado y arrojado al mar- tan similar al destino de miles de jóvenes argentinos durante la última dictadura genocida. Por otra parte, la tan evidente relación entre Iglesia-ejército-latifundio-imperio-yanqui, como sustento de la última dictadura genocida, y su accionar tan similar a los gobiernos de Mitre y Sarmiento, impide que ambas líneas historiográficas dominantes puedan explicar la historia reciente sin romper con el propio pasado que sustentaron. Raro ‘agente británico’ éste Moreno, que termina envenenado por el capitán ... de un barco británico.
 
Hispano católicos desorientados
 
El carácter de ‘agentes británicos’ de los próceres del Mayo continental es un argumento tan absurdo -e infame- que quienes lo lanzan, se cuidan muy bien de hablar del indudable e inocultable carácter continental de Mayo y por ende de su organización. ¿Cuál era el partido de la revolución Continental? ¿El del hereje Miranda? ¡Horror!! Por la época transcurrida, no correspondía a una Internacional Socialista o Comunista –contraria a la Internacional de la Iglesia, es decir la del poder imperial dominante- sino a la Masonería en su tiempo de Revolución. Este hecho incontrastable, ha llevado obligadamente a desaguisados y a astucias diversas por parte de sus autores. Algunos como don Arturo Jauretche –obligado a aliarse en ese tiempo con los hispano-rosistas, esos ‘piantavotos’ según Juan Perón y defensores de un ‘falso nacionalismo oligárquico, brutalmente antiobrero y antipopular’ según Scalabrini- a saltear en su obra Política nacional y revisionismo histórico, el análisis de la Revolución de Mayo, y pasar directamente al análisis de la Logia Lautaro, como si la misma hubiera salido de un repollo o, peor aun, la hubiera traído San Martín desde Londres. Abelardo Ramos apelando a su inveterada astucia, siempre colindante con la delincuencia argumental, en su famosa obra Revolución y Contrarrevolución en la Argentina (luego llamada Las Masas y las Lanzas) directamente ignora y suprime el nombre de Castelli de su análisis, además de hablar de nuestros paisanos los indios como ‘los salvajes’ o ‘el salvaje’.  Para evitar conflictos con sus aliados hispano-rosistas, Castelli no aparece nombrado jamás en sus páginas, aun cuando debido a las feroces críticas recibidas por la primera edición de Revolución y contra..., cambiara casi todo el libro en la segunda edición, amén de agregar un capítulo completo sobre Artigas a quien había ‘olvidado’ en la primera versión. Viraje que implicó pasar de defender incondicionalmente a Rosas, a atacarlo sin miramientos en la segunda, amén de defender a Roca como vencedor del interior sobre Buenos Aires. Seguramente de allí puede deducirse su posterior adhesión al menemato ‘para construir la Patria Grande Americana’... Ernesto Palacio, acusaba a Castelli de ‘ideólogo revolucionario’  y ‘que a Moreno lo salvaba’ una ‘fuerte ortodoxia católica y su entusiasmo por el sistema inglés, fundado en el equilibrio de poderes.’ (¿quien es el agente británico? Desembozadamente Palacio prefiere la monarquía  británica a la tumultuosa república..). Martinez Zuviría  –cuyo seudónimo Hugo Wast, demostraba el profundo colonialismo que revestían nuestros ‘nacionalistas’ de picana, ‘fraude patriótico’, incienso, velones, entorches inquisitoriales, antisemitismo secular, suculentas cuentas bancarias y enormes latifundios familiares- se burló de manera increíble, del maravilloso acto con que Castelli conmemorara el primer aniversario del Revolución en 1811, en las escalinatas del milenario Templo del Sol en Tiwanako. Allí donde se coronaba el Inka y donde los antropólogos soviéticos fijaran el inicio de la organización social urbana de la humanidad. Allí en territorio sagrado de los pueblos americanos, en el corazón del las culturas milenarias del Altiplano, el prócer maldito proclamó la igualdad, la libertad y la redención de los dos millones y medio de indios que poblaban el territorio americano desde Córdoba hasta Lima. La Revolución alcanzaba su punto máximo al que nunca volvería, incluso hasta nuestros días.  También los autorizó a llevar el título de Don al igual que los españoles y criollos, les proveyó los mismos grados militares que a los blancos, les devolvió sus tierras, los liberó del tributo, la servidumbre, el yanaconazgo, la encomienda, la mita y el obraje. Es decir les devolvió su dignidad y los liberó de la esclavitud a que los sometiera el doble yugo español: la espada y la cruz.  También los autorizó a volver a reverenciar a sus Dioses y a hablar libremente sus lenguas prohibidas luego de la derrota de Túpac. De allí que el sol de nuestra bandera sea el Dios Inti –el Dios Sol- de los pueblos del Altiplano.
 
Castelli precede a Bolívar y San martín

Por esos días, mayo de 1811, Castelli también proclamó por primera vez en el campo revolucionario, y en todo el territorio americano, la unidad continental: Toda la América española no formará en adelante sino una numerosa familia que por medios de la fraternidad pueda igualar a las respetadas naciones del mundo antiguo.(...) Preveo que allanado el camino de Lima, no hay motivo para que todo el Santa Fe de Bogotá no se una y pretenda que con los tres y Chile, formen una asociación y cortes generales para forjar las normas de su gobierno.’ (2) El r(f)acista Hugo Wast -seguramente por ello un salón de la Biblioteca Nacional lleva su nombre- se burló del ‘iluso’ Castelli y proclamó que los indios sin entender sus aspiraciones libertarias sólo le ‘habían pedido aguardiente’. Infamia de la que de manera increíble, se hace eco uno de los mayores discípulos vivientes del Pepe Rosa, nuestro respetado José Pablo Feimann, quien pese a su gran formación teórica, sigue sin comprender el doble carácter de la Revolución de Mayo, y en particular -al igual que Alberdi-, sigue sin entender el hecho de que se trataba de una revolución social además de anticolonial y el rol que Moreno otorgara al contraterror en su Plan. Es decir una revolución que en simultáneo propiciaba la liberación de la masa indígena –sujeto de la revolución- y de los esclavos, además de proponer la ruptura de la dominación española. Doble Revolución Social y de Liberación Nacional, -superadora de la holandesa, la inglesa, la norteamericana y la francesa- anticipando en un siglo, el  tiempo de lo que luego dirían Lenin, Trotzky, Fidel el Che o Emiliano Zapata. Feinmann también concluye de manera asombrosa, que el ‘camino del Plan de Operaciones de Moreno (de la Logia decimos nosotros) termina en la Esma’. No se le ocurre pensar que la Esma es en todo caso, la continuación de la Inquisición contra la Revolución, contra la que se alzaba draconiana, firme y brillantemente el Plan de Operaciones y la acción fulminante y decisiva de Castelli y Moreno para destruir a la contrarrevolución. Acción tan eficaz y correcta que hizo decir a Monteagudo: “!Qué energía en el sistema, qué acierto en las deliberaciones, que concepto entre nuestros mismos enemigos...!” Pero desde la formación de la Junta Grande “el espíritu público se apaga, el sistema desfallece, progresa la discordia y empiezan a decrecer nuestras glorias: ya no se habla sino de facciones... Los pueblos observan con escándalo esta mudanza: los ejércitos en campaña sienten los efectos de la desorganización, se enerva su espíritu marcial..” (1) Sería otro hispano-católico quien, desorientado y asustado por la marcha de la situación mundial, luego de la Revolución Rusa, acusó a Moreno de ‘premarxista’. Pero Ibarguren, -de él se trata- no sólo fue un historiador antimorenista y anticastelliano, también fue interventor de la dictadura fascista de  Uriburu en Córdoba –la mayoría de los historiadores de esta corriente incluidos el Pepe Rosa, Palacio, De Paoli y Wast fueron funcionarios de Uriburu-, provincia a la que pretendió exorcizar debido a su herejía Reformista y Deodorista. Para ello aplicó el uso masivo de la picana eléctrica -inventada por otro ‘nacionalista’ católico, el perverso hijo de Lugones- la sevicia y la tortura generalizada sobre los opositores y sobre todo contra los ‘librepensadores’ reformistas, comunistas, anarquistas y socialistas.
 
El devenir revolucionario: San Martín continúa a Castelli

La llegada de San Martín desde Londres –luego de hospedarse en casa de Miranda y reunirse con Manuel Moreno y Tomás Guido, compañeros de viaje del infortunado Mariano- y su accionar inmediato, complica aun más las cosas para los ocultadores de Castelli y los defenestradores de Moreno, de ambas líneas historiográficas. San Martín derrocó a Rivadavia jefe autodesignado del infausto Primer Triunvirato, para retomar la línea del Plan de Operaciones abandonado por la Junta Grande y el accionar de don Bernardino. Para ello, San Martín encabezó la Revolución, el 8 de octubre de 1812, exactamente cuatro días antes de la muerte de Castelli y a escasos días de que Belgrano, el otro jefe del núcleo castelliano sobreviviente, salvara a la revolución en Tucumán el 24 de septiembre de 1812, desobedeciendo las órdenes liquidacionistas de Rivadavia, quien le había ordenado retroceder hasta Córdoba entregando todo el Norte a los realistas. Revolución trascendental la de 1812, a la que Castelli -gravemente enfermo y moribundo, ayudó a organizar. El grupo esencial de la Logia masónica castelliana participa en pleno de la Logia Masónica Lautaro que organiza San Martín, junto a Monteagudo, Guido y Gómez. Así,  Antonio, Manuel y Mariano Escalada quienes serían suegro y cuñados de San Martín. Los dos últimos serían además miembros de su Estado Mayor, hasta su pelea con Remedios. Fue en casa de los Escalada que el Libertador se hospedara, a su llegada de Londres, enviado por la Logia Continental para tratar de recuperar el curso revolucionario en el Plata, mientras Miranda se dirigía a hacerse cargo del mando militar en Venezuela. Cabe aclarar que Miranda y San Martín eran en ese momento, las dos máximas figuras militares con que contaba la Revolución continental englobada en la Logia Masónica mirandina: La Logia Lautaro –tal uno de sus nombres, junto a los de la Gran Unión Americana o Logia de los Caballeros Racionales. (El nombre Lautaro para el Partido de la Revolución Continental, no deja duda alguna respecto del carácter reivindicatorio Indiano de la misma. Fue Lautaro el gran Toqui araucano que según cuenta la historia, derrotó al invasor y genocida Pedro de Valdivia, en Arauco –Chile-, lo tomó prisionero, lo estaqueó y le preguntó: ‘¿Esto es lo que has venido a buscar? Pues toma todo el que quieras...’ Acto seguido lo obligó a beber oro derretido, vengando a nuestro pueblo mancillado por el hierro y la cruz hispanas.) El accionar de San Martín respecto de la refundación de la Logia Lautaro en el Plata no podía ser más nítido respecto de la continuidad de los planes revolucionarios referido a la independencia absoluta de España, la liberación social de las masas indias y negras y el carácter continental de la misma. Tal como Castelli había planteado desde por lo menos 1803. De tal forma, San Martín fue recibido al llegar a América por Gregorio Goyo Gómez, enlace principal de la logia masónica organizada por Castelli. Es difícil no relacionar, cuando se estudian las Logias masónicas revolucionarias en el Plata y Sudamérica, que Castelli próximo a morir, traicionado y destruido el Estado Mayor de la revolución con el asesinato de Moreno, el destierro de sus compañeros, el extrañamiento de Belgrano, la traición a Artigas, busca entregar el mando del proceso a un hombre venido de Europa con la  máxima preparación militar y política posible dentro del campo de la revolución y que pudiera recuperar el mando y el rumbo revolucionario destruido por la traición saavedrista-deanfunesca. Traición que incluyó, de manera  catastrófica la pérdida de los dos jefes principales, los más lúcidos y decididos de la revolución, proceso del que ésta no se recuperaría ya más. Cabe preguntarse, ¿qué habría sido de la Revolución Rusa si Lenin y Trotzky, hubieran sido asesinados en 1918? ¿Qué habría ocurrido con el curso de la Revolución Mexicana si Villa y Zapata –como lo intentaran de manera recurrente la burguesía mexicana y los EE. UU.- hubieran muerto en 1910? ¿Habría sido tan lineal al marcha de la revolución norteamericana si Washington, Franklin y Jefferson, hubieran desaparecido al comienzo de la misma? ¿Sería imaginable el curso de la Revolución Cubana si Fidel y el Che hubieran muerto en el desembarco del Gramma o en Playa Girón? Por el contrario, nuestra Revolución Continental tuvo la fatalidad de perder a sus dos principales jefes –Moreno y Castelli-, en el comienzo de la misma, haciendo que desde entonces el decurso revolucionario fuera una tarea sinuosa, inconclusa, un continuo recomenzar y reconstruir, aun por resolver.  De tal manera, el asesinato de Moreno y la destrucción y muerte de Castelli dejó  a la revolución continental sin el mando natural y enérgico que había organizado la misma y que la estaba llevando a su puerto, al único ritmo que permite el triunfo de las revoluciones: golpear y avanzar, golpear y avanzar, golpear y avanzar, no permitiendo al enemigo respiro ni recomposición de fuerzas. La desaparición de Moreno y de Castelli del teatro de la política nacional, privó a la Revolución de sus dos cabezas más lúcidas, de sus dos voluntades más firmes. “Vacía la escena de aquellos dos grandes actores sólo medraban cabezas sin iniciativa y sin plan ulterior para continuar la lucha”.(Pelliza, Monteagudo., TI, p73) Muertos siguieron acaudillando masas, gobernando pueblos, conduciendo ejércitos, ganando batallas. Tan vigoroso fue el impulso  que dieron a la revolución, que el Plata fue la única región de América nunca recuperada por los españolistas; “donde una vez arrollado, jamás pudo ya ni un solo día desplegar la España su pendón de Castilla ni reconquistar la enseña de su acabada dominación.” (Seguí, los Últimos Cuatro..., p161) la causa a la que Castelli consagró su vida, la causa por la cual gozó y sufrió, mató y murió, era ya inmortal: tenía un himno y una bandera. El ejército de la patria repechaba otra vez quebradas y cerros, llevando con él una bandera celeste y blanca, y, por las llanuras y las montañas, por las pampas y las selvas, por los ríos y arroyos, por todos los ámbitos de nuestra América, el  ¡Oid mortales! Anunciaba la mágica palabra a la que Castelli ofrendó su vida. Los dos capitanes de América, los dos libertadores, recogieron su mandato, su sueño. San Martín cruzó los Andes, liberó a Chile y al Perú, y plantó en la ciudad de los Virreyes el estandarte de la Revolución. Bolívar, enamorado de la unidad  continental (Que Castelli proclamara en La Paz, catorce años antes. AJL), convocó a un congreso de América en el istmo de Panamá.’ (1) (Chaves J. C)

Fue Scalabrini Ortiz, también apelando al ocultamiento de Castelli, seguramente por las mismas razones que le adjudicamos a Don Arturo, quien señalara sin embargo, con total precisión la magnitud estratégica de la derrota sufrida por la Revolución con la caída de Moreno: ‘Con la caída de Moreno, una ruta histórica se clausura... La Nación debió constituirse entera en la concepción de Moreno... La caída de ;Moreno tiene una trascendencia mayor que la del mero alejamiento de  un dirigente. Es una ruta histórica que se clausura.... La concupiscencia anegó el espíritu de Buenos Aires... Un ficticio orgullo de clase aisló de pronto  a las familias que estaban en contacto  con los extranjeros... y bien pronto adquirió ínfulas de ciudad europea... Finalmente encontró su hombre. Durante siete años.  Bernardino González Rivadavia debía gobernar, directa o indirectamente, con el beneplácito de toda la facción comercial, es decir con el beneplácito de Inglaterra...La ruta de perspectivas que abrió la clarividencia de Moreno estaba definitivamente ocluida... El presintió una grandeza y una manera de lograrla precaviéndose de la artera logrería de Inglaterra. La otra ruta está encarnada en Rivadavia... Los que queremos reconstruir una Argentina sana debemos “volver humildemente” hacia Moreno para retomar la ruta que él quiso implantar en la Revolución de Mayo.’ (3)

Los 'excesos' de Castelli.

El jefe Libertador entró en la Paz 'impíamente' en Semana Santa, liberando y confraternizando con los indios, a quienes levantaba del suelo y abrazaba como ciudadanos libres e iguales cuando se postraban a su paso, para escándalo de mineros, terratenientes (encomenderos y obrajeros) y el alto y enriquecido clero paceño y altoperuano. '(...) el Vocal Representante(...) entró en La Paz, y, para escándalo de quienes, en defensa de sus intereses amenazados, ya comenzaban a sindicarlo como enemigo de la religión, lo hizo durante las festividades de Semana Santa. En tanto que su secretario Bernardo de Monteagudo, quien habría de enhebrar maravillosamente con su acción la trayectoria total del movimiento de la emancipación sudamericana desde el levantamiento de 1809 en Chuquisaca, hasta Lima, con San Martín y Bolívar, se dirigía llamando a   sus compañeros de causa en sus discursos "ciudadanos”. (6) 'Levantar al indio y ganarlo para la causa de la independencia era uno de los ideales de Mayo. Hasta ese momento  criollos e indios se habían sublevado y combatido por separado(...) Atraer al indio, conquistar su  simpatía para unirlo al criollo en la lucha revolucionaria fue el objetivo  cardinal de la Primera Junta. Ésta en sus instrucciones reservadas al Representante, le ordenó: "Conquistar la voluntad de los indios." Castelli trataba a los indígenas con atención deferente. En las poblaciones de tránsito los arengaba para explicarles los fines del "nuevo sistema", lanzó también varias proclamas traducidas al quechua y al aymará. En todas partes daba audiencia a los indios; los levantaba del suelo donde se postraban para saludarlo y los abrazaba y agasajaba, diciéndoles "que todo aquello había acabado y que todos éramos iguales." (...) En la misma ciudad (Chuquisaca. AJL) que fuera anteriormente centro poderoso y activo de la organización colonial, instaló la sede de su representación revolucionaria, e inició, sin tardanza, la tarea de destruir el viejo régimen e instaurar uno nuevo. (...) Fue vastísima la política que el Representante propugnó en materia indígena, la que comprendía la supresión de los abusos que sufrían los naturales, exención de cargas y tributos, y distribución de tierras, establecimientos de escuelas y gobierno locales por libre consentimiento.'(7) 'Y, en seguida, el 25 de Mayo de 1811, con motivo  del primer  aniversario de la instalación de la Junta  de mayo, Castelli, que había formado parte de ella y había sido uno de sus principales gestores presidió, presidió un acto trascendental que las historias al uso, tanto en la Argentina como en Bolivia  jamás mencionan ni parecen conocer.  El acto se realizó  en las mismas ruinas de Tiahuanacu -frente al Templo del Sol, escenario milenario y sagrado de los pueblos del altiplano, y lugar donde se proclamaba la ascención del nuevo Inka. AJL-, a donde el Vocal Representante de la Junta de Buenos Aires  se había trasladado especialmente, acompañado de todo su séquito. "El redoble de los tambores -escribe J. C. Chaves- anuncia la iniciación del acto. El Vocal Representante se dispone a hacer uso de la palabra.(...) De pie sobre la piedra megalítica de la escalinata de Kalassasaya, encuadrado en la Puerta del Sol. Un año antes, le había tocado en suerte proclamar a orillas del Plata, la caducidad de España, y un gobierno del pueblo y para el pueblo, hoy le corresponde anunciar a orillas del lago Titicaca, la liberación del indio y la independencia de América.(...) Dispara la artillería una salva en homenaje a los Incas (...) El general Balcarce arenga a las tropas. El  secretario Bernardo   Monteagudo da lectura a un decreto del Vocal Representante: 'Los esfuerzos  del gobierno superior se han dirigido a buscar la felicidad de todas las clases, entre las que se encuentran las de los naturales de este Distrito, por tantos años mirados con abandono, oprimidos y defraudados en sus derechos y hasta excluidos de la mísera condición de hombres. Habiendo declarado el gobierno que los indios son iguales a los demás habitantes no hay razón para que no se supriman los abusos y se propenda a su educación y prosperidad. En consecuencia ordena: las autoridades deberán  informar para cortar los abusos en perjuicio de los indios "aunque sea a título de culto divino"; promover su beneficio, especialmente en repartimiento de tierras, establecimiento de escuelas en sus pueblos, exención de cargas e imposiciones. (...) Todos los indios son acreedores a cualquier destino o empleo de que  se consideren capaces, del mismo modo que todo nacional idóneo. (...) Fijóse el perentorio plazo de tres meses para que queden suprimidos "todos los abusos perjudiciales a los Naturales y fundados todos los establecimientos necesarios para su educación.' En ningún aspecto resalta con tanta claridad -destaca Chaves- el plan trazado por la Primera Junta como en la acción de Castelli en el Alto Perú. Allí aparece desembozada, a la luz del día, la revolución, y, encabezándola de cuerpo entero, un auténtico revolucionario porteño, con todas sus virtudes y defectos.' (12)

 

La traición abre la contrarrevolución

Mientras Castelli empujaba la revolución y redimía al indio, vengando a Túpac Amaru y los cientos de miles de asesinados de su rebelión, en Buenos Aires Saavedra y el Deán Funes, daban rienda suelta a la contrarrevolución, buscando la forma de destruir a Castelli, su peligroso ejército y particularmente su labor redentora sobre los indios. Enterados de los hechos del 5 y 6 de abril de 1811 y de los planes contra su Jefe, los oficiales del Ejército del Norte, se conjuraron: ‘Los oficiales, llenos de energía y amantes de su libertad translucieron la noticia y se agolparon en la puerta de la casa que ocupaba Castelli y dijeron como se trataba así a los hombres que habían dado los primeros pasos sobre nuestra felicidad que ya no se podían tolerar tantos crímenes, que estaban prontos a sacrificarse en su venganza, que prontamente se atacase el Desaguadero (donde estaban las tropas enemigas de Goyeneche. AJL) y después ir contra Buenos Aires: todos juraron por lo más sagrado morir antes mil veces que admitir testa coronada alguna en América. Todos unánimes gritaban que habían abandonado sus casas, padres, madres, esposas e hijos por la libertad de ellos y de su patria. Que una sola vida tenían y que ésta la daban con gusto por sostener su independencia..’ (9) Tenía razón Mariano Moreno, quien poco antes de ser derrocado había escrito a Belgrano: ‘¿Creen que los hijos del país pueden volver a las cadenas? ¿No conocen los enemigos que aun cuando logren nuestro exterminio, nuestros hijos han de vengar la muerte de sus padres?’ (10)  Pero... ‘El cuartel general que existía en el punto de Huaqui fue atacado en persona por el general Goyeneche y derrotado sin mayor resistencia, ínterin [en] que la división que mandaba el coronel Viamonte estaba con el arma al brazo sin moverse de su puesto, y sin auxiliar este punto. (...) ¿Qué había ocurrido? Se trataba de impedir la promesa de Castelli de, una vez derrotados los realistas, bajar a Buenos Aires con sus tropas para derribar a Saavedra y a Joaquín Campana. Éstos tenían la simpatía de Viamonte (...) lo que explicaría su deslucido y sospechable desempeño en el combate y su responsabilidad. Para empeorar aún más las cosas, la división de Cochabamba al mando de Francisco Rivero se retiró intacta, sin entrar en combate, lo que halló explicación cuando unos días después su jefe, con no pocos oficiales y soldados, se pasó al ejército español, incorporándose con el grado y salario de coronel.’ (11)

 
Cancha rayada sin Maipú

La caída de Moreno  en la Junta y la derrota sufrida por las tropas revolucionarias comandadas por Castelli en Huaqui, favorecida por la traición saavedrista-deanfunesca, quienes pactaron con el enemigo realista para destruir el Ejercito Revolucionario, permitiría el posterior triunfo de la alianza españolista-conservadora que hasta nuestros días ha gobernado los destinos de la América Indiana, impidiendo la felicidad de nuestros pueblos y la liberación definitiva de sus incontables energías. Fue también allí en Tiwanako, el 25 de mayo de 1811, cuando Castelli fijó los marcos de nuestra tragedia continental aun irresuelta: ‘Nuestro destino es ser libres o no existir, y mi invariable resolución sacrificar la vida por nuestra independencia. La muerte será la mayor recompensa de mis fatigas cuando haya visto expirar a todos los enemigos de la patria, porque entonces nada que desear mi corazón, y mi esperanza quedará en una eterna apatía al ver asegurada para siempre la libertad del pueblo americano.’ (4) Sin embargo la traición y por consecuencia la derrota, acabarían con los sueños redentores y continentales del núcleo patriota revolucionario. A la derrota seguiría el hostigamiento y la alianza ya indestructible del ala conservadora del partido independentista con el partido españolista. Los unían los intereses económicos dominantes, que ejercían sobre las masas indias, sobre la tierra y los recursos. Esa alianza ya no se rompería a lo largo de los casi dos siglos transcurridos desde el grito de Mayo de Chuquisaca hasta nuestros días, a excepción de escasos momentos luminosos cuando el sentido indiano, popular y mestizo de Mayo aflora en distintos lugares de Nuestramérica, y momentáneamente indios, negros y criollos marchamos juntos y entonces el porvenir se ilumina y nos pertenece. Por cada rato de ‘piquetes y cacerolas la lucha es una sola’, de ‘obreros y estudiantes unidos adelante’, o de ‘el pueblo unido jamás será vencido’ se cuentan sin embargo décadas de racismo, elitismo, dictadura, entrega y siempre latifundio, genocidio y asco...  Será una vez más el biógrafo paraguayo de Castelli, quien resuma la tragedia americana acaecida en la pérdida de sus jefes principales entre diciembre de 1810 y junio de 1811. ‘Con la derrota de Huaqui se inicia el retroceso. La causa de los patriotas se debilita y se fortalece el poderío españolista. La reacción (la oposición a la libertad de indios y negros, a la igualdad. AJL) que había calado hondo en los ideales patriotas, pone en acción sus poderosos recursos, sociales, políticos y económicos, para paralizar la revolución. Todos los reaccionarios conjugan  sus esfuerzos para evitar o postergar la redención de las masas americanas. Campo propicio para esa labor disgregadora lo ofrece el partido patriota, dividido  en todo el continente en dos bandos: el conservador o moderado, y el radical o extremista. Los españolistas apoyan a los primeros para destruir a los segundos; cumplida esa etapa les será fácil deshacerse de la fracción moderada y recuperar el poder en todo el continente. La salida de Moreno del gobierno fue la peor derrota que sufrió la revolución, pues no tuvo desquite. Fue Cancha Rayada sin Maipú.’ (4) Chaves entiende perfectamente la tragedia que seguiría a la derrota sufrida en la cabeza de la revolución,  y el  derrotero que inmediatamente comenzaría, cuya catástrofe es sólo detenida por el accionar de los doctores de Mayo y las masas alzadas ya de manera indetenible al combate por sus derechos. ‘Expulsados los próceres del gobierno desconocidos sus ideales, el [partido españolista] españolismo –que estuviera totalmente vencido- cobra nuevo auge, y el resultado es la anarquía y la guerra de quince años, un mar de miseria, de sangre y de dolor. Quedan adormecidos los ideales de Mayo. La revolución había marchado de la casa de los Rodríguez Peña a la Plaza de la Victoria, de allí a las calles, de éstas a la ciudad, a la provincia, a la intendencia, al virreynato, al continente! Cúmplese ahora un proceso opuesto: la revolución retrocede  del continente, a el Virreynato, a la intendencia, a la provincia, a la ciudad, a la aldea, a  la pulpería. Un localismo ciego y egoísta, como nubes en un cielo azul, se levanta frente al gran ideal de una América libre, unida y justa. En este período gris sólo cabe señalar como honrosas excepciones la actuación de la Asamblea porteña del año 13, que dio al Plata bandera, escudo, moneda y nacionalidad, y la resolución del Congreso reunido en Asunción en octubre de 1813, que estableció al Paraguay como la primera república en el sur,  declarando valientemente su independencia. Los doctores (se refiere a los doctores chuquisaqueños miembros de la Logia Revolucionaria Continental, a quienes Chaves considera el proletariado intelectual de la revolución continental. AJL) están dispersos, muchos han muerto y todos viven desconocidos o perseguidos. Pero en medio de las vicisitudes seguirán su lucha por la independencia, ideal invencible porque está encarnado en el alma y en el corazón del pueblo. Después de muchos altibajos el ideal revolucionario resplandece de nuevo en el Congreso de Tucumán, donde se reúnen los últimos doctores sobrevivientes de todas las tragedias y de todas las persecuciones, para declarar a la faz del mundo la emancipación de un continente.’ (Esto es así pues el Congreso de Tucumán no proclama la ‘independencia argentina’ como tergiversó el mitrismo, sino la “Independencia de las Provincias Unidas en Sud América” dado que el territorio comprendido entre Salta y el Plata era el único, en 1816, que no había sido recapturado por España, entre otras cosas gracias al inflexible accionar inicial de Castelli y Moreno, de allí que al Congreso asistieran delegados de casi todo el continente, proclamando la independencia  sudamericana en pleno, y siguiendo los lineamientos expresados por Simón Bolívar unos meses antes en su célebre Carta de Jamaica. AJL) La declaración de Tucumán fue un acto de fe, un acto de amor, triunfo total del ideal. Los doctores de América habían cumplido su tarea y podían entregar la bandera a los capitanes de la emancipación (San Martín, Bolívar, Sucre, Güemes y O’ Higgins. AJL) que iban  a imponer en los campos de batalla el ideal inmortal de Mayo.’ (4)
 

El Epílogo  del héroe

Así, finalmente derrotado y traicionado, Castelli, el jefe de la Revolución fue traído  prisionero por orden de Saavedra y el Deán Funes - los jefes de la contrarrevolución- y recluido en el regimiento de Patricios. Un cáncer de lengua –o alguna otra oscura razón- lo llevaron a una triste muerte el 12 de octubre de 1812, apenas cuatro días después que San Martín, Monteagudo, Alvear y Guido derrocaran al Primer Triunvirato rivadaviano y retomaran el Plan de Operaciones de Castelli, Moreno y Belgrano... En el tiempo del bicentenario y de esta nueva época histórica americana, no sólo sería bueno devolver a Castelli a donde siempre debió estar, en el centro de la Plaza de Mayo y de nuestra historia,  sino que en particular debemos retomar sus sueños rotos allí donde el los dejó –y no es casual que fuera en el Alto Perú- y junto a nuestras hermanas y hermanos del continente indio, negro y mestizo completemos la Independencia y la Liberación social de nuestros pueblo. Su lucha sigue y seguirá ...

 
1.- Chaves Julio C., Castelli el Adalid de mayo, Leviatán 1957.
2.- Pigna Felipe, Los Mitos de la historia argentina, Norma 2004
3.- Conferencia “Las dos rutas de Mayo”, conferencia en FORJA, agosto 1937, citado por Galasso Norberto en  La Búsqueda de la Identidad nacional en J. L. Borges y Raúl Scalabrini Ortiz, Homo Sapiens, BS. As., 1998, pag118.
4.- Chaves Julio C., El pensamiento de los próceres de América hasta el Congreso de Tucumán, conferencia en la Academia Nacional de la Historia del 6-7-1946
5.- Parte de una copla española cuando la rebelión Tupamara en 1780
6.- Justo Liborio, Bolivia, La revolución derrotada.2007, pag 102
7.- Chávez J. C.,op.cit.,1957, pags208-212-224-226, citado por Justo L.op.cit.(6) pag 103
8.- Justo L.,op.cit.,2007, pag103-104, Las citas de Chaves J.C., de (1) op.cit.,pag212.1957.
9.- Núñez Ignacio, Noticias Históricas, citado por Pigna Felipe, op. cit., (2) (pag295)]
10.- Pigna F.,op.cit.(2), 2004, pag217)
11.- Citado por Saravia Mariano, Embanderados, 2006, Pag45.

12.- Justo Liborio,. Op.cit., 2007, pag103-104, Las citas de Chaves J.C., de (1) op.cit.,pag212.1957)

 

 

 

 

 

 

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