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060508 -
Castelli: Jefe y Guía de la Revolución Continental
Indiana. - Tercera entrega de
la serie El Sol del 25 viene asomando, apuntes para repensar Mayo.
‘Y de Castelli hay que hablar
como quería Martí de Bolívar, teniendo una montaña por tribuna, entre rayos
y relámpagos, con el despotismo descabezado a los pies, y un manojo de
pueblos libres en el puño.’ Julio C. Chaves (Biógrafo de Castelli) (1)
‘La rehabilitación del Dr. Castelli es
la revisión, por una parte, y la confirmación por otra, de al teoría
de la revolución en el Plata y en América. La justicia tributada a
Castelli es justicia rendida a su generación, a esa generación, la
más grande, la más heroica que hasta hoy alentó en el suelo
indiano. Porque Castelli es el espejo en que se miran todos los
doctores de la Independencia.(...) Era Castelli quien por su
vinculación personal con todos sus miembros ensambla y armoniza los
dispares caracteres de los miembros de la Primer Junta. Viejo amigo
de Saavedra, con quien actuara en el Cabildo, años atrás; casi
hermano de Belgrano, íntimo amigo de Larrea y de Azcuénaga;
condiscípulo de Alberti en el colegio colorado de Córdoba; unido a
todos, los unía. (...) El Virrey Cisneros le llamó “el principal
interesado en la novedad”, y Bernardo de Monteagudo
[en 1815] le calificó de “genio ilustre que
dirigió los primeros pasos de la Primera Junta, y por cuyos
extraordinarios esfuerzos hemos llegado al camino en que ahora nos
hallamos.(...) y, al establecerse un contacto más íntimo y
profundo entre Castelli y Moreno, nació la conjunción astral que
presidiría los destinos de la independencia y cubriría con su
bandera victoriosa toda la hoya platense, desde el atlántico al
Pacífico, desde el Plata hasta el Titicaca. Mariano Moreno y Juan
José Castelli. He ahí el par de revolucionarios cabales. Ansiaban
promover, no sólo un cambio de hombres y regímenes, sino una
transformación profunda en lo político, en lo social y en lo
económico. Buscaban el encumbramiento de los criollos, llevados por
un impulso de libertad y fraternidad. Apasionados al extremo, leales
hasta el sacrificio con el amigo o el correligionario, e implacables
en su oposición al enemigo; decisión firme, santa, al servicio de
una causa imponderable y noble, valor moral, conciencia de la
responsabilidad; energía tenacidad e indeclinable resolución en el
servicio: Juan José Castelli y Mariano Moreno.’ -
Julio C. Chaves
(1)
Castelli el sepultado.
Debemos a la mágica prosa de Andrés
Rivera, la más reciente reivindicación del jefe y guía de la
Revolución Continental que alumbrara Mayo y culminara con la
emancipación americana en 1824, en Ayacucho. Rivera no sólo nos
devolvió a Castelli, su sueño, su vida y su lengua tronchadas por la
contrarrevolución patronal-católica-hispana, sino que desde el mismo
título, su obra nos remitió al carácter de Castelli como
revolucionario impenitente y esencial. Con un adicional: su
reivindicación de la Revolución como ‘sueño eterno’
-de Castelli y de todos sus compañeros de ruta intergeneracionales-
fue realizada por Rivera, en pleno apogeo de la contrarrevolución
neoliberal a escala planetaria, incluida su increíble versión
criolla en la infame traición menemista. Rivera en plena
contrarrevolución menemiana nos devolvió
a Castelli y su ‘sueño eterno’ de la revolución continental,
empalmando magistralmente la memoria del prócer fundante con la
constatación mayor de la derrota, del último intento por llevar a la
práctica las ideas de Castelli y de Moreno, acaecida en 1976 y
coronada con la traición del menemato. Rivera pintaba a Castelli,
pero también nos devolvía al tiempo elástico –el ‘no tiempo’
según
Walter Benjamín- de la Revolución. En la trágica metáfora de
Castelli –al orador supremo de la Revolución se le pudre la
lengua y se la cortan- se pinta la tragedia que acecha a todos
los revolucionarios de todos los tiempos. Pero también nos remite a
nosotros, ¿cómo la Argentina no iba a parir al Che, a
Evita, a
Perón, a
Santucho, a Cooke, a Tosco, a Walsh si había alumbrado tamaño
adalid revolucionario? Más tarde, Felipe Pigna
en su brillante Vol., I de los Mitos de la Historia Argentina,
recuperaría el rol del Castelli esencial, aun cuando se repitiera la
idea de un Castelli escudero de Moreno y, al igual que en el caso de
Rivera, no se ubicara su rol político determinante. Sin embargo
estas dos obras rompen el silencio instaurado sobre Castelli. Es
tal el interés de las clases dominantes por ocultar a Castelli y su
papel decisivo en la Revolución -y en el carácter de la misma- que en
Buenos Aires, Castelli es recordado vergonzosamente por una calle de
apenas unos metros de extensión, y su estatua en lugar de presidir
junto a Belgrano y Moreno –sus compañeros de epopeya, partido y
Logia- la Plaza de mayo, está escondida en un
rincón sucio y abandonado de Plaza Constitución. Castelli debe estar
cómodo allí, pues lo acompañan los pobres más pobres que la infamia
menemista ha dejado sobre la Argentina y que las políticas de
crecimiento continuado de la economía de los últimos años parece no
saber como eliminar. De allí que, tal vez, la presencia de Castelli
junto a los más pobres de todo el área metropolitana, nos esté
señalando que la Revolución que el encabezara aun permanece
inconclusa, desde que fuera traicionado en Huaqui y su compañero
Mariano envenenado y arrojado al mar, mientras el tercero Don
Manuel –su primo- era paseado por cuanta tarea ingrata existiera
para que desistiera de sus sueños tupamaristas, y aceptara la
castración de la Revolución en una apenas independencia de España.
De hecho su principal biografía, no fue realizada
por un argentino, sino por un compatriota de la Patria Grande de
origen paraguayo. Fue el historiador Julio César Chaves, quien debió
reivindicar al héroe maldito de la Argentina, ante la defección
local. Por supuesto su libro, Castelli el Adalid de Mayo, es
inhallable, y, desde 1957 nadie volvió a reeditarlo. La propia
historia oficial de Bolivia, país que debe a Castelli sus primeros
ocho meses de vida independiente –a posteriori de los logrados por
la rebelión
Tupamara de Túpac Katari-, así como la redención de sus
masas y pueblos indios, oculta con fruición a Castelli. La historia
oligárquica oficial boliviana lo ignora y sepulta con mayor celo aun
que la nuestra, dado el carácter claramente indio de la nación
hermana y el contenido absolutamente pro indio del programa y
accionar castelliano en su gobierno el Alto Perú.
Se habla de 'partido Morenista' pero en
realidad y sin quitar los méritos geniales de
Moreno, el partido de la revolución la ‘Logia’, era Castelliana.
Así fueron castellianos Juana Azurduy, su marido Ascencio
Padilla, Bernardo de Monteagudo, Tomás Guido, Martín Güemes, y los
más de 110 jefes indios y gauchos que libraron la heroica Guerra
Montonera del Alto Perú, la Guerra Gaucha, la Guerra India.
Aquella que permitió detener nueve invasiones españolas a un costo
altísimo en vidas y terror español, para que el Libertador pudiera
armar su Ejército en Mendoza.
El ‘hereje’ Castelli, jefe de una
Logia Libertadora Continental
Aun es frecuente, sobre todo en medios
vinculados a la Iglesia católica o a la ferozmente racista
oligarquía del Noroeste Argentino –para entender de qué hablamos, y
a qué se enfrentó Castelli allá por 1811, cabe recordar que hace
apenas unos años, un sacerdote salteño, confeccionó un pesebre con
un niño Jesús indígena, con Reyes Magos, Virgen, San José y visitas
de igual origen. Por supuesto debió desarmar de manera imperiosa
tamaña ‘herejía’ ante el grito escandaloso de la sociedad salteña y
de la curia, ya que la sacralización de un indio ‘ofendía
nuestras sagradas tradiciones occidentales y cristianas’
y...blancas. Es aun frecuente decíamos, escuchar ‘historiadores’ y
‘publicistas’ provenientes de Salta, Jujuy, Tucumán y Bolivia
-incluidas algunas ‘universidades’ confesionales o privadas de la
misma región-, que repiten la monserga de infamias y mentiras acerca
de la supuesta impiedad y las ‘herejías’ de Castelli y Monteagudo,
cometidas en las Iglesias del Norte argentino y del Alto Perú.
Herejías que le habrían valido la inquina de la ‘gente decente’
(criollos y españoles propietarios de tierras, minas e indios) del
NOA y del Alto Perú. Claro qué, esta falsa acusación, de la que se
hacen eco la mayoría de los historiadores ‘serios’ de ambas líneas
historiográficas hegemónicas de las clases dominantes en la
Argentina, ya fuera la mitrista o la revisionista hispano-católica,
se basa en el carácter claramente subversivo y revolucionario del
accionar de Castelli, desde el mismo momento en que se hiciera cargo
del curso central de la revolución al fusilar a Liniers en Cabeza de
Tigre, y del destacamento principal de dicha Revolución: el Ejército
Libertador del Norte. El repudio a Castelli es mayor aun por parte
de los historiadores hispano-católicos, dado el carácter masónico,
‘hereje’ y ‘anticatólico’ de Castelli. Peor aun, ¿no sería acaso
judío o musulmán Castelli, que tenía por segundo apellido Salomón?.
Ninguno de ellos lo dijo abiertamente pero el antisemitismo, por
momentos irrespirable de algunos de los textos de los
hispano-católicos deja picando ‘la duda’ inquisitorial sobre la
judeidad o musulmanidad del gran revolucionario rioplatense.
Peor aun, cuando el golpe de Estado contra Castelli y la Revolución,
producido en el Alto Perú y el Noroeste Argentino luego de Huaqui,
esa fue la consigna contrarrevolucionaria de la alianza
patronal-católica-españolista: ‘!Fuera los porteños musulmanes!.
La acusación de impiedad decíamos, choca contra el problema concreto
de que las difamaciones vertidas en contra del gran Juan José,
deberían hacerse extensivas al general San Martín y a Simón Bolívar,
que tomaron a su cargo a los restos de la Logia castelliana,
a los principales colaboradores de Castelli y en particular al
principal de ellos: al Dr., Bernardo de Monteagudo, uno de los
mayores ideólogos, ejecutores, impulsores y partícipes de la
Revolución continental, también ocultado y escarnecido por ambas
historiografías pertenecientes a las clases dominantes.
Pero claro asumir este punto implica aceptar el
carácter masónico del núcleo central de la Revolución y la
emancipación y eso la iglesia y la oligarquía de cúneo hispano
católico (hegemónica pese a la posterior
dominación británica) no lo admite. Es en San
Martín –a quien se puede presumir enviado por Miranda para eso-, en
quien Castelli delegó el mando de la Logia cuando se moría. También
eran castellianos Gaspar Rodríguez de Francia, el fundador
del Paraguay autónomo, autosuficiente e igualitario y Antonio de
Escalada -el suegro de San Martín- y también sus hijos Mariano y
Manuel, ambos miembros del Estado Mayor del Libertador además de sus
cuñados. La esposa de San Martín, Remedios de Escalada, pese a ser
muy joven, también integraba el núcleo revolucionario castelliano.
Así, nuestros próceres luchaban por la Patria Grande Americana, toda
unida, que iba desde el Sur del Mississippi (entonces limite Norte
de México hasta que los EEUU lo robara), hasta el Cabo de Hornos.
Entre nosotros –en el Plata, desde 1776 cabeza del Imperio español
en Sud América- el precursor de todos y el organizador de la Logia,
y por ende de la Revolución fue Juan José Castelli, el héroe maldito
y sepultado, por querer liberar y dar igualdad a los indios. Fue
Castelli el jefe de Mayo, y el orientador de todos los demás, de
Belgrano que era su primo y de Moreno que como él había egresado de
Chuquisaca y había visitado el horror de la bocamina de Potosí. Se
oculta así que él dirigía una Logia masónica continental -unida a la
de Miranda- que tenía ramificaciones en Córdoba, Oruro, La Paz,
Potosí, Chuquisaca, Cochabamba, Asunción, Montevideo, Canelones,
Soriano, Santiago de Chile, Quito, Guayaquil, Lima y varias ciudades
más. Para permitir comprender el carácter estratégico de esta
organización observaremos que dos de sus agentes eran el Dr.
Paroissien (luego médico y amigo de
San Martín) y el comerciante cuyano-chileno Álvarez Condarco
luego agente fundamental de San Martín en la campaña de Chile. Todas
sus proclamas son indigenistas y hablan directamente de crear un
solo estado desde 'el Bogotá hasta el cabo de Hornos'.
‘El conjunto de los patriotas Revolucionarios de todo el
Virreynato del Plata y partes del Perú, estaban en contacto con el
grupo de Buenos Aires –capital del Virreynato- comandado por Juan
José Castelli. Castelli. Don Juan José, tenía contactos estrechos
vía epistolar o por medio de agentes, con grupos
revolucionarios de Córdoba, Charcas, La Paz, Mendoza, Santiago de
Chile, Concepción, Asunción del Paraguay (Gaspar Rodríguez de
Francia era su especial amigo y condiscípulo cordobés), Villa de la
Concepción y Quito (con Juan Pío Montúfar).
Por medio de “inofensivos comerciantes” como Gómez Orquejo se
contactaba con Cuyo y Chile. Por medio de Feliciano Chiclana con
Potosí y Chuquisaca. José de María lo vinculaba con el Paraguay. Con
Quito por medio de Antonio Álvarez Jonte, que vivía en Chile. Por
medio de Saturnino Rodríguez Peña y Padilla, residentes en Río de
Janeiro se comunicaba directamente con Francisco de Miranda.’
(1)
¿Qué carácter tuvo el Mayo
continental?
Y esto es así pues, el partido
castelliano –seguramente llamado morenista, para diluir
el carácter continental y masónico del mismo-, pasó en masa a
engrosar las huestes de ambos generales Libertadores en toda
América. Primero con San Martín y luego con
Bolívar, o al revés como fuera el caso de Manuel Dorrego en su
exilio norteamericano. Dorrego, figura central de nuestra
Independencia en Tucumán y Salta, figura como héroe de la República
de Colombia, además de la de Chile, pese a ser denostado por nuestra
historia oficial, amén de deber soportar que la estatua de su
asesino se yerga infame en el antiguo solar de su casa paterna. El
hecho de la continuidad política de ambos Libertadores en cuadros y
acciones respecto de la marcha castelliana, descoloca por
igual al revisionismo hispano-católico, y al mitrismo. Corriente
esta última, que no duda en descalificar políticamente a ambos
Libertadores, preservando sus ‘éxitos militares’. El problema para
ambas corrientes de nuestra historia, y para sus renovaciones
actuales, sigue siendo entender o desentrañar el verdadero carácter
de la Revolución de Mayo en tanto continental –y no
argentina-, social –y no criolla, ‘patricia’ o de la
‘gente decente’-, libertaria de indios –y no antiindia
como lo serían el Deán Funes, Rivadavia, Martín Rodríguez, Rosas,
Quiroga, Rondeau, López, Paz y demás miembros del partido
‘propietario’-, libertaria de negros –y no sostenedora
del statu quo esclavista-, anticolonial –es
decir de Liberación Nacional Continental-, independentista
–como señalaran Castelli, Moreno, Belgrano, Rodríguez Peña, Bello,
Francia, Miranda y Bolívar desde el vamos y no ‘española y
americana’, como mal entiende Alberdi (Liborio Justo dixit) o
mal se lo entiende a él, y sostienen erróneamente Abelardo Ramos y
Norberto Galasso-, anticatólica y antiespañola, en tanto
liberal, librepensadora, roussoniana (jacobina sí, pero Tupamara,
es decir reinventada por los americanos del Sur,
antiinquisitorial y antiabsolutista. En esencia Tupamara,
es decir continuadora de la rebelión encabezada pro el Inca treinta
años antes -apenas una generación-, sólo que ahora con hegemonía
criolla y no india. De allí que desde el vamos nuestra revolución
continental posee doble carácter: de liberación nacional y de
liberación social. De allí que no le quepa el sayo reduccionista
de revolución burguesa tradicional. También es desde allí,
que los partidos marxistas clásicos no hayan podido entender nunca
el entramado social americano y no cesaran de cometer desatinos
políticos o historiográficos. De allí también que el partido
patriota se partiera inmediatamente cuando Castelli comenzara a
fusilar y desterrar a los contrarrevolucionarios en el territorio
ocupado por la Revolución. El fusilamiento de Liniers salvó a Mayo,
pero marcó el fin de la unidad de la Junta, con el agravante que ni
Castelli, ni Belgrano se hallaban en Buenos Aires para preservar su
unidad y cerrar la conspiración reaccionaria. El posterior
fusilamiento del asesino de indios, terrateniente y encomendero
Francisco De Paula Sanz en Potosí, verdugo de Murillo y de los
revolucionarios de La Paz de 1809, el triunfo de Suipacha (Tupiza) y
la instalación de Castelli al mando del principal territorio del
Virreynato por entonces (el Alto Perú) llenó de pánico al ‘Partido
Propietario’ (Patriotas conservadores y españolistas), el que
obró en consecuencia rompiendo la marcha exitosa e imparable, de la
revolución. Así primero derrocaron a Moreno y de inmediato
organizaron la traición a Castelli, hecho que se verificaría unos
meses más tarde, deteniendo la Revolución para siempre. Esa
Revolución implicaba obligatoriamente, la unidad de indios y
criollos, tal cual había propuesto apenas treinta años antes el
Inka Túpac Amaru II en la etapa primera, derrotada, de la
Revolución Continental. Sólo que –y no es pequeña la diferencia- su
revolución tenía hegemonía india, con los criollos subordinados a
los indios que recuperarían sus tierras y territorios, y entonces
‘serían ellos los españoles y los señores, y seríamos nosotros los
indios de ellos’ (5), como cantaba un
aterrado verso español de la época. Es por ello que el enemigo
español llamaba a nuestros patriotas los Tupamaros, y ellos,
así se denominaban con orgullo. Por supuesto los criollos
explotadores de indios –al igual que los españoles- no aceptaron la
unidad propuesta por Tupác Amaru, peor aun lo traicionaron, lo
combatieron y abandonaron, como lo hiciera Pedro Murillo futuro
líder de la revolución de La Paz en 1809. Todos conocemos demasiado
bien como terminó nuestro primer gran Padre de la Patria. Túpac fue
brutalmente torturado por el visitador español Areche, su lengua
cortada luego de ver morir a sus hijos y mujer. Fue atado a cuatro
caballos, descuartizado y su cadáver repartido en trozos por el
territorio del viejo Incario, por los piadosos españoles y sus
bondadosos frailes. Pero Túpac no se fue de este mundo sin antes
proferir en los rostros de los asesinos, en latín, queshwua y
castellano una sentencia que se cumplió apenas treinta años más
tarde: ‘Volveré y seré millones.’ La siguiente generación
americana lo vengó en una larga y crudelísima guerra de quince años,
sumando a millones luchando por su libertad y aplastando al infame
imperio español-católico.
Castelli, Moreno, Belgrano y la
Revolución Indiana y continental.
Producida, ya la hecatombe revolucionaria
abierta en 1809-1810 (la revolución estalla en simultáneo en
Chuquisaca, La Paz, Caracas, Buenos Aires, Santiago de Chile,
Bogotá, México, Asunción, la Banda Oriental, Quito, Guayaquil,
etc.), sería la ‘izquierda’ del partido criollo (Castelli, Moreno,
Belgrano, Monteagudo, Tomás Guido, Gaspar Rodríguez de Francia,
Julián Álvarez, Goyo Gómez, Nicolás Rodríguez Peña, Dorrego,
Francisco Escalada, Manuel Rodríguez,
Bernardo O’ Higgins, más tarde Artigas, Güemes, y Sucre)
quien proponga y busque la unidad con los indios. Esto era –y es,
tal como puede verse hoy en Bolivia, Venezuela, en la Ciudad de
Buenos Aires, o en el ‘campo’ argentino- inaceptable para los
encomenderos, los mineros, los dueños de los ingenios, los
obrajeros, la Iglesia y la ‘gente decente’ en general. Así es
que el carácter de la Revolución se torna incomprensible, oscuro e
imprescindible de ocultar para los vencedores de Huaqui y más tarde
de Pavón, Pozo de Vargas y Cerro Corá. O bien es ‘librecambista,
porteña y patricia’ para los mitristas, o también porteña
pero ‘hispánica’, o ‘probritánica’ para los
hispano-católicos, algunos de los cuales llegan a la peregrina idea
de que los próceres de Mayo eran ‘agentes británicos’.
Algunos lo explicitan, otros lo sugieren. Esta infame idea, conlleva
la carga ideológica de completar el vaciamiento de la nación ya
realizada a través de las privatizaciones, la brutal
desculturización producida por la desindustrialización, la
destrucción de los sindicatos, el genocidio, la destrucción
ferroviaria, el retorno al modelo agro-exportador, y la
estupidización mental a cargo de los medios de comunicación. Esta
destrucción de identidad, en tanto nuestra historia o recorrido
común como pueblo, llega al extremo de ubicar en ese plano de ‘agentes
británicos’ a los mismos San Martín y Bolívar, pretendiendo
privarnos de nuestra historia, de nuestros próceres, de nuestros
héroes, subsumiendo la argentinidad, en tanto americanidad, en la
frustración y la castración permanente. Esta idea infame ha
retornado al debate histórico, siendo el centro argumental de una
reciente obra antimorenista, escrita por Miguel Wiñazky (Moreno
en su Laberinto) que intenta mostrar el rol de ‘agente
británico’, del asesinado Mariano Moreno. El revisionismo
hispano-católico hace desesperados intentos por recuperar el terreno
que Felipe Pigna les demoliera, con su extraordinaria recuperación
del carácter revolucionario de Moreno y Castelli, habiéndolo incluso
llevado a la televisión, con la difusión masiva que ello implica.
Escandaliza en particular a los historiadores –mitristas,
neomitristas y rosistas puros- la comparación realizada por Pigna
del fin de Moreno –envenenado y arrojado al mar- tan similar al
destino de miles de jóvenes argentinos durante la última dictadura
genocida. Por otra parte, la tan evidente relación entre
Iglesia-ejército-latifundio-imperio-yanqui, como sustento de la
última dictadura genocida, y su accionar tan similar a los gobiernos
de Mitre y Sarmiento, impide que ambas líneas historiográficas
dominantes puedan explicar la historia reciente sin romper con el
propio pasado que sustentaron. Raro ‘agente británico’ éste Moreno,
que termina envenenado por el capitán ... de un barco británico.
Hispano católicos desorientados
El carácter de ‘agentes británicos’ de
los próceres del Mayo continental es un argumento tan absurdo -e
infame- que quienes lo lanzan, se cuidan muy bien de hablar del
indudable e inocultable carácter continental de Mayo y por ende de
su organización. ¿Cuál era el partido de la revolución
Continental? ¿El del hereje Miranda? ¡Horror!! Por la época
transcurrida, no correspondía a una Internacional Socialista o
Comunista –contraria a la Internacional de la Iglesia, es decir la
del poder imperial dominante- sino a la Masonería en su tiempo de
Revolución. Este hecho incontrastable, ha llevado obligadamente a
desaguisados y a astucias diversas por parte de sus autores. Algunos
como don Arturo Jauretche –obligado a aliarse en ese tiempo con los
hispano-rosistas, esos ‘piantavotos’ según Juan Perón y
defensores de un ‘falso nacionalismo oligárquico, brutalmente
antiobrero y antipopular’ según Scalabrini- a saltear en su obra
Política nacional y revisionismo histórico, el análisis de la
Revolución de Mayo, y pasar directamente al análisis de la Logia
Lautaro, como si la misma hubiera salido de un repollo o, peor
aun, la hubiera traído San Martín desde Londres. Abelardo Ramos
apelando a su inveterada astucia, siempre colindante con la
delincuencia argumental, en su famosa obra Revolución y
Contrarrevolución en la Argentina (luego llamada Las Masas y
las Lanzas) directamente ignora y suprime el nombre de Castelli
de su análisis, además de hablar de nuestros paisanos los indios
como ‘los salvajes’ o ‘el salvaje’. Para evitar
conflictos con sus aliados hispano-rosistas, Castelli no aparece
nombrado jamás en sus páginas, aun cuando debido a las feroces
críticas recibidas por la primera edición de Revolución y
contra..., cambiara casi todo el libro en la segunda edición,
amén de agregar un capítulo completo sobre Artigas a quien había
‘olvidado’ en la primera versión. Viraje que implicó pasar de
defender incondicionalmente a Rosas, a atacarlo sin miramientos en
la segunda, amén de defender a Roca como vencedor del interior
sobre Buenos Aires. Seguramente de allí puede deducirse su
posterior adhesión al menemato ‘para construir la Patria Grande
Americana’... Ernesto Palacio, acusaba a Castelli de
‘ideólogo revolucionario’ y ‘que a Moreno lo salvaba’
una ‘fuerte ortodoxia católica y su entusiasmo por el sistema
inglés, fundado en el equilibrio de poderes.’ (¿quien
es el agente británico? Desembozadamente Palacio prefiere la
monarquía británica a la tumultuosa república..). Martinez Zuviría
–cuyo seudónimo Hugo Wast, demostraba el profundo colonialismo que
revestían nuestros ‘nacionalistas’ de picana, ‘fraude patriótico’,
incienso, velones, entorches inquisitoriales, antisemitismo secular,
suculentas cuentas bancarias y enormes latifundios familiares- se
burló de manera increíble, del maravilloso acto con que Castelli
conmemorara el primer aniversario del Revolución en 1811, en las
escalinatas del milenario Templo del Sol en Tiwanako. Allí donde se
coronaba el Inka y donde los antropólogos soviéticos fijaran el
inicio de la organización social urbana de la humanidad. Allí en
territorio sagrado de los pueblos americanos, en el corazón del las
culturas milenarias del Altiplano, el prócer maldito proclamó la
igualdad, la libertad y la redención de los dos millones y medio de
indios que poblaban el territorio americano desde Córdoba hasta
Lima. La Revolución alcanzaba su punto máximo al que nunca volvería,
incluso hasta nuestros días. También los autorizó a llevar el
título de Don al igual que los españoles y criollos, les
proveyó los mismos grados militares que a los blancos, les devolvió
sus tierras, los liberó del tributo, la servidumbre, el yanaconazgo,
la encomienda, la mita y el obraje. Es decir les devolvió su
dignidad y los liberó de la esclavitud a que los sometiera el doble
yugo español: la espada y la cruz. También los autorizó a volver a
reverenciar a sus Dioses y a hablar libremente sus lenguas
prohibidas luego de la derrota de Túpac. De allí que el sol de
nuestra bandera sea el Dios Inti –el Dios Sol- de los pueblos del
Altiplano.
Castelli precede a Bolívar y San
martín
Por esos días, mayo de
1811, Castelli también proclamó por primera vez en el campo
revolucionario, y en todo el territorio americano, la unidad
continental: ‘Toda la América
española no formará en adelante sino una numerosa familia que por
medios de la fraternidad pueda igualar a las respetadas naciones del
mundo antiguo.(...) Preveo que allanado el camino de Lima, no hay
motivo para que todo el Santa Fe de Bogotá no se una y pretenda que
con los tres y Chile, formen una asociación y cortes generales para
forjar las normas de su gobierno.’ (2)
El r(f)acista Hugo Wast -seguramente por ello un salón
de la Biblioteca Nacional lleva su nombre- se burló del ‘iluso’
Castelli y proclamó que los indios sin entender sus aspiraciones
libertarias sólo le ‘habían pedido aguardiente’. Infamia de
la que de manera increíble, se hace eco uno de los mayores
discípulos vivientes del Pepe Rosa, nuestro respetado
José Pablo Feimann, quien pese a su gran formación teórica,
sigue sin comprender el doble carácter de la Revolución de Mayo, y
en particular -al igual que Alberdi-, sigue sin entender el hecho de
que se trataba de una revolución social además de anticolonial y el
rol que Moreno otorgara al contraterror en su Plan. Es decir una
revolución que en simultáneo propiciaba la liberación de la masa
indígena –sujeto de la revolución- y de los esclavos, además de
proponer la ruptura de la dominación española. Doble Revolución
Social y de Liberación Nacional, -superadora de la holandesa, la
inglesa, la norteamericana y la francesa- anticipando en un siglo,
el tiempo de lo que luego dirían
Lenin,
Trotzky,
Fidel el
Che o
Emiliano Zapata. Feinmann también concluye de manera asombrosa,
que el ‘camino del Plan de Operaciones de Moreno (de la Logia
decimos nosotros) termina en la Esma’. No se le ocurre pensar
que la Esma es en todo caso, la continuación de la Inquisición
contra la Revolución, contra la que se alzaba draconiana, firme y
brillantemente el Plan de Operaciones y la acción fulminante y
decisiva de Castelli y Moreno para destruir a la contrarrevolución.
Acción tan eficaz y correcta que hizo decir a Monteagudo:
“!Qué energía en el sistema, qué acierto en las
deliberaciones, que concepto entre nuestros mismos enemigos...!”
Pero desde la formación de la Junta Grande “el espíritu público se
apaga, el sistema desfallece, progresa la discordia y empiezan a
decrecer nuestras glorias: ya no se habla sino de facciones... Los
pueblos observan con escándalo esta mudanza: los ejércitos en
campaña sienten los efectos de la desorganización, se enerva su
espíritu marcial..”
(1) Sería
otro hispano-católico quien, desorientado y asustado por la marcha
de la situación mundial, luego de la Revolución Rusa, acusó a Moreno
de ‘premarxista’. Pero Ibarguren, -de él se trata- no sólo
fue un historiador antimorenista y anticastelliano,
también fue interventor de la dictadura fascista de Uriburu en
Córdoba –la mayoría de los historiadores de esta corriente incluidos
el Pepe Rosa, Palacio, De Paoli y Wast fueron funcionarios de
Uriburu-, provincia a la que pretendió exorcizar debido a su herejía
Reformista y Deodorista. Para ello aplicó el uso masivo de la picana
eléctrica -inventada por otro ‘nacionalista’ católico, el perverso
hijo de Lugones- la sevicia y la tortura generalizada sobre los
opositores y sobre todo contra los ‘librepensadores’ reformistas,
comunistas, anarquistas y socialistas.
El devenir revolucionario: San Martín
continúa a Castelli
La llegada de San Martín
desde Londres –luego de hospedarse en casa de Miranda y reunirse con
Manuel Moreno y Tomás Guido, compañeros de viaje del infortunado
Mariano- y su accionar inmediato, complica aun más las cosas para
los ocultadores de Castelli y los defenestradores de Moreno, de
ambas líneas historiográficas. San Martín derrocó a Rivadavia jefe
autodesignado del infausto Primer Triunvirato, para retomar la línea
del Plan de Operaciones abandonado por la Junta Grande y el accionar
de don Bernardino. Para ello, San Martín encabezó la Revolución, el
8 de octubre de 1812, exactamente cuatro días antes de la muerte de
Castelli y a escasos días de que Belgrano, el otro jefe del núcleo
castelliano sobreviviente, salvara a la revolución en Tucumán
el 24 de septiembre de 1812, desobedeciendo las órdenes
liquidacionistas de Rivadavia, quien le había ordenado retroceder
hasta Córdoba entregando todo el Norte a los realistas. Revolución
trascendental la de 1812, a la que Castelli
-gravemente enfermo y moribundo, ayudó a organizar. El grupo
esencial de la Logia masónica castelliana participa en pleno de la
Logia Masónica Lautaro que organiza San Martín, junto a Monteagudo,
Guido y Gómez. Así, Antonio, Manuel y Mariano
Escalada quienes serían suegro y cuñados de San Martín. Los dos
últimos serían además miembros de su Estado Mayor, hasta su pelea
con Remedios. Fue en casa de los Escalada que el Libertador se
hospedara, a su llegada de Londres, enviado por la Logia Continental
para tratar de recuperar el curso revolucionario en el Plata,
mientras Miranda se dirigía a hacerse cargo del mando militar en
Venezuela. Cabe aclarar que Miranda y San Martín eran en ese
momento, las dos máximas figuras militares con que contaba la
Revolución continental englobada en la Logia Masónica mirandina:
La Logia Lautaro –tal uno de sus nombres, junto a los de la
Gran Unión Americana o Logia de los Caballeros Racionales. (El
nombre Lautaro para el Partido de la Revolución Continental,
no deja duda alguna respecto del carácter reivindicatorio Indiano de
la misma. Fue Lautaro el gran Toqui araucano que según cuenta la
historia, derrotó al invasor y genocida Pedro de Valdivia, en Arauco
–Chile-, lo tomó prisionero, lo estaqueó y le preguntó: ‘¿Esto es
lo que has venido a buscar? Pues toma todo el que quieras...’
Acto seguido lo obligó a beber oro derretido, vengando a nuestro
pueblo mancillado por el hierro y la cruz hispanas.) El
accionar de San Martín respecto de la refundación de la Logia
Lautaro en el Plata no podía ser más nítido respecto de la
continuidad de los planes revolucionarios referido a la
independencia absoluta de España, la liberación social de las masas
indias y negras y el carácter continental de la misma. Tal como
Castelli había planteado desde por lo menos 1803. De tal forma, San
Martín fue recibido al llegar a América por Gregorio Goyo
Gómez, enlace principal de la logia masónica organizada por Castelli.
Es difícil no relacionar, cuando se estudian las Logias masónicas
revolucionarias en el Plata y Sudamérica, que Castelli próximo a
morir, traicionado y destruido el Estado Mayor de la revolución con
el asesinato de Moreno, el destierro de sus compañeros, el
extrañamiento de Belgrano, la traición a Artigas, busca entregar el
mando del proceso a un hombre venido de Europa con la
máxima preparación militar y política posible dentro del
campo de la revolución y que pudiera recuperar el mando y el rumbo
revolucionario destruido por la traición saavedrista-deanfunesca.
Traición que incluyó, de manera catastrófica la
pérdida de los dos jefes principales, los más lúcidos y decididos de
la revolución, proceso del que ésta no se recuperaría ya más. Cabe
preguntarse, ¿qué habría sido de la Revolución Rusa si Lenin y
Trotzky, hubieran sido asesinados en 1918? ¿Qué habría ocurrido con
el curso de la Revolución Mexicana si Villa y Zapata –como lo
intentaran de manera recurrente la burguesía mexicana y los EE. UU.-
hubieran muerto en 1910? ¿Habría sido tan lineal al marcha de la
revolución norteamericana si Washington, Franklin y Jefferson,
hubieran desaparecido al comienzo de la misma? ¿Sería imaginable el
curso de la Revolución Cubana si Fidel y el Che hubieran muerto en
el desembarco del Gramma o en Playa Girón? Por el contrario, nuestra
Revolución Continental tuvo la fatalidad de perder a sus dos
principales jefes –Moreno y Castelli-, en el comienzo de la misma,
haciendo que desde entonces el decurso revolucionario fuera una
tarea sinuosa, inconclusa, un continuo recomenzar y reconstruir, aun
por resolver. De tal manera, el asesinato de
Moreno y la destrucción y muerte de Castelli dejó
a la revolución continental sin el mando natural y enérgico
que había organizado la misma y que la estaba llevando a su puerto,
al único ritmo que permite el triunfo de las revoluciones: golpear y
avanzar, golpear y avanzar, golpear y avanzar, no permitiendo al
enemigo respiro ni recomposición de fuerzas. La desaparición de
Moreno y de Castelli del teatro de la política nacional, privó a la
Revolución de sus dos cabezas más lúcidas, de sus dos voluntades más
firmes. “Vacía la escena de aquellos dos grandes actores sólo
medraban cabezas sin iniciativa y sin plan ulterior para continuar
la lucha”.(Pelliza, Monteagudo., TI, p73) Muertos
siguieron acaudillando masas, gobernando pueblos, conduciendo
ejércitos, ganando batallas. Tan vigoroso fue el impulso
que dieron a la revolución, que el Plata fue la única región
de América nunca recuperada por los españolistas; “donde una vez
arrollado, jamás pudo ya ni un solo día desplegar la España su
pendón de Castilla ni reconquistar la enseña de su acabada
dominación.” (Seguí, los Últimos Cuatro..., p161)
la causa a la que Castelli consagró su vida, la causa por la cual
gozó y sufrió, mató y murió, era ya inmortal: tenía un himno y una
bandera. El ejército de la patria repechaba otra vez quebradas y
cerros, llevando con él una bandera celeste y blanca, y, por las
llanuras y las montañas, por las pampas y las selvas, por los ríos y
arroyos, por todos los ámbitos de nuestra América, el
¡Oid mortales! Anunciaba la mágica palabra a la que Castelli
ofrendó su vida. Los dos capitanes de América, los dos libertadores,
recogieron su mandato, su sueño. San Martín cruzó los Andes, liberó
a Chile y al Perú, y plantó en la ciudad de los Virreyes el
estandarte de la Revolución. Bolívar, enamorado de la unidad
continental (Que Castelli proclamara en La Paz, catorce
años antes. AJL), convocó a un congreso de América en el istmo de
Panamá.’ (1) (Chaves
J. C)
Fue Scalabrini Ortiz,
también apelando al ocultamiento de Castelli, seguramente por las
mismas razones que le adjudicamos a Don Arturo, quien señalara sin
embargo, con total precisión la magnitud estratégica de la derrota
sufrida por la Revolución con la caída de Moreno: ‘Con la caída
de Moreno, una ruta histórica se clausura... La Nación debió
constituirse entera en la concepción de Moreno... La caída de
;Moreno tiene una trascendencia mayor que la del mero alejamiento de
un dirigente. Es una ruta histórica que se clausura.... La
concupiscencia anegó el espíritu de Buenos Aires... Un ficticio
orgullo de clase aisló de pronto a las familias
que estaban en contacto con los extranjeros... y
bien pronto adquirió ínfulas de ciudad europea... Finalmente
encontró su hombre. Durante siete años.
Bernardino González Rivadavia debía gobernar, directa o
indirectamente, con el beneplácito de toda la facción comercial, es
decir con el beneplácito de Inglaterra...La ruta de perspectivas que
abrió la clarividencia de Moreno estaba definitivamente ocluida...
El presintió una grandeza y una manera de lograrla precaviéndose de
la artera logrería de Inglaterra. La otra ruta está encarnada en
Rivadavia... Los que queremos reconstruir una Argentina sana debemos
“volver humildemente” hacia Moreno para retomar la ruta que él quiso
implantar en la Revolución de Mayo.’ (3)
Los 'excesos' de Castelli.
El
jefe Libertador entró en la Paz 'impíamente' en Semana Santa,
liberando y confraternizando con los indios, a quienes levantaba del
suelo y abrazaba como ciudadanos libres e iguales cuando se
postraban a su paso, para escándalo de mineros, terratenientes
(encomenderos y obrajeros) y el alto y enriquecido clero paceño y
altoperuano. '(...) el Vocal Representante(...) entró en La Paz,
y, para escándalo de quienes, en defensa de sus intereses
amenazados, ya comenzaban a sindicarlo como enemigo de la religión,
lo hizo durante las festividades de Semana Santa. En tanto que su
secretario Bernardo de Monteagudo, quien habría de enhebrar
maravillosamente con su acción la trayectoria total del movimiento
de la emancipación sudamericana desde el levantamiento de 1809 en
Chuquisaca, hasta Lima, con San Martín y Bolívar, se dirigía
llamando a sus compañeros de causa en sus
discursos "ciudadanos”.
(6) 'Levantar al indio y
ganarlo para la causa de la independencia era uno de los ideales de
Mayo. Hasta ese momento criollos e indios se
habían sublevado y combatido por separado(...) Atraer al indio,
conquistar su simpatía para unirlo al criollo en
la lucha revolucionaria fue el objetivo cardinal
de la Primera Junta. Ésta en sus instrucciones reservadas al
Representante, le ordenó: "Conquistar la voluntad de los indios."
Castelli trataba a los indígenas con atención deferente. En las
poblaciones de tránsito los arengaba para explicarles los fines del
"nuevo sistema", lanzó también varias proclamas traducidas al
quechua y al aymará. En todas partes daba audiencia a los indios;
los levantaba del suelo donde se postraban para saludarlo y los
abrazaba y agasajaba, diciéndoles "que todo aquello había acabado
y que todos éramos iguales." (...) En la misma ciudad (Chuquisaca.
AJL) que fuera anteriormente centro poderoso y activo de la
organización colonial, instaló la sede de su representación
revolucionaria, e inició, sin tardanza, la tarea de destruir el
viejo régimen e instaurar uno nuevo. (...) Fue vastísima la política
que el Representante propugnó en materia indígena, la que comprendía
la supresión de los abusos que sufrían los naturales, exención de
cargas y tributos, y distribución de tierras, establecimientos de
escuelas y gobierno locales por libre consentimiento.'(7)
'Y, en seguida, el 25 de Mayo de 1811, con motivo
del primer aniversario de la instalación
de la Junta de mayo, Castelli, que había formado
parte de ella y había sido uno de sus principales gestores presidió,
presidió un acto trascendental que las historias al uso, tanto en la
Argentina como en Bolivia jamás mencionan ni
parecen conocer. El acto se realizó
en las mismas ruinas de Tiahuanacu -frente
al Templo del Sol, escenario milenario y sagrado de los pueblos del
altiplano, y lugar donde se proclamaba la ascención del nuevo Inka.
AJL-, a donde el Vocal Representante de la Junta de Buenos
Aires se había trasladado especialmente,
acompañado de todo su séquito. "El redoble de los tambores -escribe
J. C. Chaves- anuncia la iniciación del acto. El Vocal
Representante se dispone a hacer uso de la palabra.(...) De pie
sobre la piedra megalítica de la escalinata de Kalassasaya,
encuadrado en la Puerta del Sol. Un año antes, le había tocado en
suerte proclamar a orillas del Plata, la caducidad de España, y un
gobierno del pueblo y para el pueblo, hoy le corresponde anunciar a
orillas del lago Titicaca, la liberación del indio y la
independencia de América.(...) Dispara la artillería una salva en
homenaje a los Incas (...) El general Balcarce arenga a las tropas.
El secretario Bernardo
Monteagudo da lectura a un decreto del Vocal Representante:
'Los esfuerzos del gobierno superior se han
dirigido a buscar la felicidad de todas las clases, entre las que se
encuentran las de los naturales de este Distrito, por tantos años
mirados con abandono, oprimidos y defraudados en sus derechos y
hasta excluidos de la mísera condición de hombres. Habiendo
declarado el gobierno que los indios son iguales a los demás
habitantes no hay razón para que no se supriman los abusos y se
propenda a su educación y prosperidad. En consecuencia ordena: las
autoridades deberán informar para cortar los
abusos en perjuicio de los indios "aunque sea a título de culto
divino"; promover su beneficio, especialmente en repartimiento
de tierras, establecimiento de escuelas en sus pueblos, exención de
cargas e imposiciones. (...) Todos los indios son acreedores a
cualquier destino o empleo de que se consideren
capaces, del mismo modo que todo nacional idóneo. (...) Fijóse el
perentorio plazo de tres meses para que queden suprimidos "todos los
abusos perjudiciales a los Naturales y fundados todos los
establecimientos necesarios para su educación.' En ningún aspecto
resalta con tanta claridad -destaca Chaves- el plan trazado por la
Primera Junta como en la acción de Castelli en el Alto Perú. Allí
aparece desembozada, a la luz del día, la revolución, y,
encabezándola de cuerpo entero, un auténtico revolucionario porteño,
con todas sus virtudes y defectos.'
(12)
La
traición abre la contrarrevolución
Mientras
Castelli empujaba la revolución y redimía al indio, vengando a Túpac
Amaru y los cientos de miles de asesinados de su rebelión, en Buenos
Aires Saavedra y el Deán Funes, daban rienda suelta a la
contrarrevolución, buscando la forma de destruir a Castelli, su
peligroso ejército y particularmente su labor redentora sobre los
indios. Enterados de los hechos del 5 y 6 de abril de 1811 y de los
planes contra su Jefe, los oficiales del Ejército del Norte, se
conjuraron: ‘Los oficiales, llenos de energía y amantes de
su libertad translucieron la noticia y se agolparon en la puerta de
la casa que ocupaba Castelli y dijeron como se trataba así a los
hombres que habían dado los primeros pasos sobre nuestra felicidad
que ya no se podían tolerar tantos crímenes, que estaban prontos a
sacrificarse en su venganza, que prontamente se atacase el
Desaguadero (donde estaban las tropas enemigas de Goyeneche. AJL)
y después ir contra Buenos Aires: todos juraron por lo más sagrado
morir antes mil veces que admitir testa coronada alguna en América.
Todos unánimes gritaban que habían abandonado sus casas, padres,
madres, esposas e hijos por la libertad de ellos y de su patria. Que
una sola vida tenían y que ésta la daban con gusto por sostener su
independencia..’
(9)
Tenía razón Mariano Moreno, quien poco antes de ser derrocado
había escrito a Belgrano: ‘¿Creen que los hijos del país pueden
volver a las cadenas? ¿No conocen los enemigos que aun cuando logren
nuestro exterminio, nuestros hijos han de vengar la muerte de sus
padres?’
(10)
Pero...
‘El cuartel general que existía en el punto de Huaqui fue atacado
en persona por el general Goyeneche y derrotado sin mayor
resistencia, ínterin [en] que la división que mandaba el coronel
Viamonte estaba con el arma al brazo sin moverse de su puesto, y sin
auxiliar este punto. (...) ¿Qué había ocurrido? Se trataba de
impedir la promesa de Castelli de, una vez derrotados los realistas,
bajar a Buenos Aires con sus tropas para derribar a Saavedra y a
Joaquín Campana. Éstos tenían la simpatía de Viamonte (...) lo que
explicaría su deslucido y sospechable desempeño en el combate y su
responsabilidad. Para empeorar aún más las cosas, la división de
Cochabamba al mando de Francisco Rivero se retiró intacta, sin
entrar en combate, lo que halló explicación cuando unos días después
su jefe, con no pocos oficiales y soldados, se pasó al ejército
español, incorporándose con el grado y salario de coronel.’
(11)
Cancha rayada sin Maipú
La caída de
Moreno en la Junta y la derrota sufrida por las
tropas revolucionarias comandadas por Castelli en Huaqui, favorecida
por la traición saavedrista-deanfunesca, quienes pactaron con el
enemigo realista para destruir el Ejercito Revolucionario,
permitiría el posterior triunfo de la alianza
españolista-conservadora que hasta nuestros días ha gobernado los
destinos de la América Indiana, impidiendo la felicidad de nuestros
pueblos y la liberación definitiva de sus incontables energías. Fue
también allí en Tiwanako, el 25 de mayo de 1811, cuando Castelli
fijó los marcos de nuestra tragedia continental aun irresuelta:
‘Nuestro destino es ser libres o no existir, y mi invariable
resolución sacrificar la vida por nuestra independencia. La muerte
será la mayor recompensa de mis fatigas cuando haya visto expirar a
todos los enemigos de la patria, porque entonces nada que desear mi
corazón, y mi esperanza quedará en una eterna apatía al ver
asegurada para siempre la libertad del pueblo americano.’
(4) Sin embargo la
traición y por consecuencia la derrota, acabarían con los sueños
redentores y continentales del núcleo patriota revolucionario. A la
derrota seguiría el hostigamiento y la alianza ya indestructible del
ala conservadora del partido independentista con el partido
españolista. Los unían los intereses económicos dominantes, que
ejercían sobre las masas indias, sobre la tierra y los recursos. Esa
alianza ya no se rompería a lo largo de los casi dos siglos
transcurridos desde el grito de Mayo de Chuquisaca hasta nuestros
días, a excepción de escasos momentos luminosos cuando el sentido
indiano, popular y mestizo de Mayo aflora en distintos lugares de
Nuestramérica, y momentáneamente indios, negros y criollos marchamos
juntos y entonces el porvenir se ilumina y nos pertenece. Por cada
rato de ‘piquetes y cacerolas la lucha es una sola’, de
‘obreros y estudiantes unidos adelante’, o de ‘el pueblo
unido jamás será vencido’ se cuentan sin embargo décadas de
racismo, elitismo, dictadura, entrega y siempre latifundio,
genocidio y asco... Será una vez más el biógrafo
paraguayo de Castelli, quien resuma la tragedia americana acaecida
en la pérdida de sus jefes principales entre diciembre de 1810 y
junio de 1811. ‘Con la derrota de Huaqui se inicia el retroceso.
La causa de los patriotas se debilita y se fortalece el poderío
españolista. La reacción (la oposición a la libertad de indios y
negros, a la igualdad. AJL) que había calado hondo en los ideales
patriotas, pone en acción sus poderosos recursos, sociales,
políticos y económicos, para paralizar la revolución. Todos los
reaccionarios conjugan sus esfuerzos para evitar
o postergar la redención de las masas americanas. Campo propicio
para esa labor disgregadora lo ofrece el partido patriota, dividido
en todo el continente en dos bandos: el conservador o
moderado, y el radical o extremista. Los españolistas apoyan a los
primeros para destruir a los segundos; cumplida esa etapa les será
fácil deshacerse de la fracción moderada y recuperar el poder en
todo el continente. La salida de Moreno del gobierno fue la peor
derrota que sufrió la revolución, pues no tuvo desquite. Fue Cancha
Rayada sin Maipú.’ (4) Chaves entiende
perfectamente la tragedia que seguiría a la derrota sufrida en la
cabeza de la revolución, y el
derrotero que inmediatamente comenzaría, cuya catástrofe es
sólo detenida por el accionar de los ‘doctores de Mayo’
y las masas alzadas ya de manera indetenible al combate por sus
derechos. ‘Expulsados los próceres del gobierno desconocidos sus
ideales, el [partido españolista] españolismo –que estuviera
totalmente vencido- cobra nuevo auge, y el resultado es la anarquía
y la guerra de quince años, un mar de miseria, de sangre y de dolor.
Quedan adormecidos los ideales de Mayo. La revolución había marchado
de la casa de los Rodríguez Peña a la Plaza de la Victoria, de allí
a las calles, de éstas a la ciudad, a la provincia, a la
intendencia, al virreynato, al continente! Cúmplese ahora un proceso
opuesto: la revolución retrocede del continente,
a el Virreynato, a la intendencia, a la provincia, a la ciudad, a la
aldea, a la pulpería. Un localismo ciego y
egoísta, como nubes en un cielo azul, se levanta frente al gran
ideal de una América libre, unida y justa. En este período gris sólo
cabe señalar como honrosas excepciones la actuación de la Asamblea
porteña del año 13, que dio al Plata bandera, escudo, moneda y
nacionalidad, y la resolución del Congreso reunido en Asunción en
octubre de 1813, que estableció al Paraguay como la primera
república en el sur, declarando valientemente su
independencia. Los doctores (se refiere a los doctores
chuquisaqueños miembros de la Logia Revolucionaria Continental, a
quienes Chaves considera el proletariado intelectual de la
revolución continental. AJL) están dispersos, muchos han muerto y
todos viven desconocidos o perseguidos. Pero en medio de las
vicisitudes seguirán su lucha por la independencia, ideal invencible
porque está encarnado en el alma y en el corazón del pueblo. Después
de muchos altibajos el ideal revolucionario resplandece de nuevo en
el Congreso de Tucumán, donde se reúnen los últimos doctores
sobrevivientes de todas las tragedias y de todas las persecuciones,
para declarar a la faz del mundo la emancipación de un continente.’
(Esto es así pues el Congreso de Tucumán no proclama la ‘independencia
argentina’ como tergiversó el mitrismo, sino la
“Independencia de las Provincias Unidas en Sud América”
dado que el territorio comprendido entre Salta y el Plata era el
único, en 1816, que no había sido recapturado por España, entre
otras cosas gracias al inflexible accionar inicial de Castelli y
Moreno, de allí que al Congreso asistieran delegados de casi todo el
continente, proclamando la independencia
sudamericana en pleno, y siguiendo los lineamientos expresados por
Simón Bolívar unos meses antes en su célebre Carta de Jamaica. AJL)
La declaración de Tucumán fue un acto de fe, un acto de amor,
triunfo total del ideal. Los doctores de América habían cumplido su
tarea y podían entregar la bandera a los capitanes de la
emancipación (San Martín, Bolívar, Sucre, Güemes y O’ Higgins.
AJL) que iban a imponer en los campos de
batalla el ideal inmortal de Mayo.’ (4)
El
Epílogo del héroe
Así, finalmente derrotado
y traicionado, Castelli, el jefe de la Revolución fue traído
prisionero por orden de Saavedra y el Deán Funes - los jefes
de la contrarrevolución- y recluido en el regimiento de Patricios.
Un cáncer de lengua –o alguna otra oscura razón- lo llevaron a una
triste muerte el 12 de octubre de 1812, apenas cuatro días después
que San Martín, Monteagudo, Alvear y Guido derrocaran al Primer
Triunvirato rivadaviano y retomaran el Plan de Operaciones de
Castelli, Moreno y Belgrano... En el tiempo del bicentenario
y de esta nueva época histórica americana, no sólo sería bueno
devolver a Castelli a donde siempre debió estar, en el centro de la
Plaza de Mayo y de nuestra historia, sino que en
particular debemos retomar sus sueños rotos allí donde el los dejó
–y no es casual que fuera en el Alto Perú- y junto a nuestras
hermanas y hermanos del continente indio, negro y mestizo
completemos la Independencia y la Liberación social de nuestros
pueblo. Su lucha sigue y
seguirá
...
1.-
Chaves Julio C., Castelli el Adalid de mayo, Leviatán 1957.
2.- Pigna Felipe, Los
Mitos de la historia argentina, Norma 2004
3.- Conferencia “Las
dos rutas de Mayo”, conferencia en FORJA, agosto 1937, citado por
Galasso Norberto en La Búsqueda de la Identidad
nacional en J. L. Borges y Raúl Scalabrini Ortiz, Homo Sapiens, BS.
As., 1998, pag118.
4.- Chaves Julio C., El pensamiento
de los próceres de América hasta el Congreso de Tucumán, conferencia
en la Academia Nacional de la Historia del 6-7-1946
5.- Parte de una copla
española cuando la rebelión Tupamara en 1780
6.- Justo Liborio,
Bolivia, La revolución derrotada.2007, pag 102
7.- Chávez J. C.,op.cit.,1957,
pags208-212-224-226, citado por Justo L.op.cit.(6) pag 103
8.-
Justo L.,op.cit.,2007, pag103-104, Las citas de Chaves J.C., de (1)
op.cit.,pag212.1957.
9.-
Núñez Ignacio, Noticias Históricas, citado por
Pigna Felipe, op. cit., (2) (pag295)]
10.-
Pigna F.,op.cit.(2), 2004, pag217)
11.- Citado
por Saravia Mariano, Embanderados, 2006, Pag45.
12.- Justo Liborio,. Op.cit.,
2007, pag103-104, Las citas de Chaves J.C., de (1)
op.cit.,pag212.1957)
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