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270808 -
El rentismo sojero profundiza el
histórico parasitismo pampeano-terrateniente.
(Escrito con la gorra puesta)
Muchos economistas nacionales y extranjeros han señalado que
la ‘Renta Diferencial Pampeana’ -basada en la descomunal feracidad de
nuestras pampas, así como en las notables condiciones ecológicas que la
caracterizan- dificultan y retrasan la industrialización de la nación. Tal
es así que, a diferencia del resto del mundo y en particular de los países
del Primer Mundo, en la Argentina los industriales y banqueros se hacen
terratenientes y no al revés como enseña la Economía Política clásica,
llevando a cabo un ‘camino Prusiano’ invertido. Esta Renta
Diferencial genera que los costos de producción por Tonelada de grano o de
carne producidos en nuestro país, sean notablemente inferiores a los de los
EE.UU., la UE, Australia, Canadá,
Brasil,
Rusia o
China, hicieron otrora a la
Argentina históricamente el ‘granero del mundo’, hoy reemplazado hoy
por el ‘pastizal-soerol’ global. Claro está que este hecho no sólo se
basó en las condiciones ecológicas de la pampa, sino que, estuvo unido a la
derrota histórica de los representantes del proyecto de nación industrial,
ya fuera en diciembre de 1810, en Huaqui, en Guayaquil, en Navarro, en
Pavón, en Pozo de Vargas, en Cerro Corá, en 1890, en 1930, en 1955, en 1966,
en 1976, en 1989 o más recientemente en el Senado de la Nación con el voto
rentista del
señor Vicepresidente de la República (¿sojera?). De tal forma, llama la
atención que la Federación Agraria Argentina nacida en 1912 al calor de una
rebelión chacarera de ‘gringos’ arrendatarios, se haya aliado aparentemente
de manera indisoluble a los planteos de la SRA. Cabe aclarar que los
chacareros eran ‘gringos’ y no ‘negros’ –como muy bien se encargaron de
aclarar los dirigentes de la FAA- ya que en 1912 los indios habían sido
cazados hasta el exterminio y privados de poseer cualquier pedazo de tierra,
y los gauchos expropiados luego de Pavón, militarizados y ‘conchabados’
–esclavizados- de prepo en las estancias de los dueños
de la tierra. Dueños que no eran más que los antiguos encomenderos españoles
acriollados convertidos luego en estancieros durante los gobiernos
‘criollos’ comprendidos entre 1826 a 1916. Sin embargo el carácter
rentístico que la sojización ha producido en los antiguos chacareros
pampeanos explica este rara mímesis. Nuestra burguesía terrateniente -esa
que reapareció potente y temible en marzo de 2008, desmintiendo
testarudamente a muchas cátedras y postgrados que hace ya dos décadas
negaban su existencia, pasada y presente-, dicha burguesía agraria –la
oligarquía según
Juan Domingo Perón- ha poseído un clarísimo rasgo parasitario en su
concepción económica de latrocinio de tierras, construida a lo largo de los
quinientos años de rapiña, esclavización y robo de las tierras y las
poblaciones indígenas. Así esa clase ‘estéril e infecunda’ (Hernández
Arregui dixit) construiría el cementerio más caro del mundo, cascos de
estancia y palacios que replicaron castillos o palacetes de la vieja Europa,
que sumados implicaron muchos millones de dólares en plusvalía acumulada de
peones rurales y de renta pampeana diferencial inutilizada. Fueron
famosas las excursiones de nuestros terratenientes a Europa con la
‘vaca atada para tomar leche fresca’, y los burdeles alquilados para
disfrutar de sus placeres. Nuestra oligarquía fue de las
primeras en el mundo en poseer teatro de la Ópera (no se contaba con la
llegada posterior de Macri), y en construir fabulosas ciudades balnearias,
como Mar del Plata o Punta del Este. También en vestirse
con la última moda de las más caras telas y modistos europeos, mucho antes
que estas cosas existieran en los Estados Unidos. Por el contrario los
yanquis se vestían con ropa sencilla de algodón producida por sus telares,
mientras destinaban su fabulosa renta agraria generada por la distribución
democrática de la tierra (primero sólo entre blancos, luego de la guerra
civil contra el sur latifundista-esclavista, también para algunos negros,
aunque sin derechos políticos) creando un inmenso mercado interno propio,
que le permitiera industrializar agresivamente su nación con recursos y
tecnología propios y llegar así a principios del siglo XX al tope de las
naciones industriales. Mientras la Argentina, con muy superiores condiciones
agro-ecológicas, destinaba su feracidad al modelo agro-exportador que la
postraba ante el resto del mundo reduciéndola a ser ‘la granja británica’.
Modelo reivindicado por el pacto Roca-Runcimann, y el abuelo del diputado
Pinedo. También por Reutemann, Grobokopatel, Huergo, Clarín Rural, la
Nación, Grondona, Macri, Cobos, e increíblemente la FAA
con Buzzi y De Ángelis a la cabeza. También defienden el
modelo agro-exportador (ahora con el aditamento de agro-industrial
exportador), muchos propagandistas mediáticos que infectan los medios,
ignorantes absolutos de nuestra historia y de la historia económica mundial.
Claro en ese país agroindustrial-minero-exportador sólo cabría ‘un
habitante por cada cuatro vacas’, según expresan reiteradamente los
anales de la SRA y varios de sus presidentes en palabras textuales. La
Argentina debería ser un país basado en la industria agro-exportadora, es
decir sólo debería dar cabida el 40% de su población
(menos de 16 millones de habitantes), ya que esa cifra es la que corresponde
al trabajo generado hoy por toda la cadena agroindustrial. Y eso cuando aun
no hemos recuperado nuestros niveles industriales de 1974, de ser así sólo
cubriría una cifra menor del empleo nacional. Exactamente eso, señaló
Martínez de Hoz en 1976 cuando dijo que al país le sobraban 10 millones de
habitantes. Mientras esto nos ocurría al país de los estancieros, los
Estados Unidos –el país de los granjeros- crecían de manera continuada
llegando a poseer más de 280 millones de habitantes mientras nuestra nación
castrada por el latifundio y la utilización suntuaria de la Renta
Diferencial Pampeana aun no ha llegó a los 40 millones, cuando en 1910 la
oligarquía se ufanaba que con el modelo agro-exportador seríamos 100
millones en el año 2000. Aun cuando nuestro ecosistema permite alimentar a
200 millones de habitantes.
A partir del golpe de Estado de 1976 la renta agraria, que el Peronismo
había nacionalizado para industrializar el país, vuelve a la oligarquía,
tanto en capital como en tierra. Así si en 1966 gracias
a los dos Planes Quinquenales y a las leyes de Arrendamientos y
del Peón Rural, llegamos a tener 650.000 productores agropecuarios,
hoy de manera vergonzosa en apenas poseemos 330.000. De tal forma, la
oligarquía recuperó 320.000 producciones que debió vender o arrendar
a bajo precio durante los años del Peronismo, restituyendo su monopolio
sobre la propiedad de la tierra. Monopolio que tiene cifras muy
concretas, el 49.7 % de la tierra de todo el país pertenece a 6900
familias-empresas, 936 terratenientes poseen 35.5 millones de hectáreas,
cifra equivalente a toda la superficie sembrada en la última
campaña. Este proceso que se produce también por la mejora tecnológica
que tiende a la concentración, pero principalmente por las políticas
reaccionarias implementadas desde 1976 en adelante, se agudizó
masivamente durante la sojización. De tal forma, a partir de 1995, fecha
en que Felipe Solá, Secretario de Agricultura de Cavallo, autorizó la
propagación masiva de la soja transgénica -sin ningún estudio que
permitiera evaluar sus riesgos sobre el ecosistema y la salud de la
población- la eliminación de pequeños productores y la depredación del
ecosistema se hiperbolizó. Es así que la sojización eliminó
aproximadamente 200.000 desde 1995. La mayoría de ellos afiliados
a la FAA, que pasó de tener 400.000 miembros en 1990 a sólo 100.000 hoy,
con el agravante que sólo posee 5.000 cotizantes. Pero además se
concentró de manera descomunal el ingreso y el poder de los productores
pampeanos atados al monocultivo sojero. De los 330.000 productores
que nos restan en todo el país, sólo 110.000 poseen más de 100 hectáreas
–cifra límite en algún sentido para hacer soja- el resto unos 220.000
que poseen menos de 100 has, son los verdaderos chacareros y campesinos
pobres y en general hace tiempo que no están en la FAA. De esos
110.000 productores que poseen más de 100 has., sólo 80.000 hacen soja
el resto produce alimentos, es así que todo el conflicto por la
resolución 125 refería en última instancia a esos 80.000 productores,
que proyectados a una familia tipo nos lleva a hablar de 320.000
personas implicadas en la cuestión de la renta sojera pura: menos del 1%
de la población nacional. Sin embargo ese sector ha asumido de
manera notable el parasitismo histórico de la oligarquía terrateniente
-esa que sólo en la campaña 2004-005 recibió por arrendar sus campos
para hacer soja, 3.000 millones de dólares, sin invertir,
trabajar, ni arriesgar nada. La sojización modificó sustancialmente la
estructura de clases de la Pampa Húmeda y la mentalidad del antiguo
chacarero productor de alimentos. Ya no sólo no es arrendatario de la
oligarquía, y necesita de una organización que lo defienda –la FAA- como
en 1912, sino que ahora es propietario de una fortuna. Una hectárea
en la pampa Húmeda oscila en un valor de 12.000 a 20.000 USS,
considerando las zonas marginales respecto de la zona núcleo. Es
decir que un propietario de 100 has posee un capital que oscila 1.2 a 2
millones de dólares. Si posee 200 su capital es de 2.4 a 4
millones de dólares y así de seguido. ¿Podemos hablar entonces de un
pequeños productor, de un chacarero que trabaja con su familia de sol a
sol? Pero hay algo más. La brutal destrucción de mano de obra que
produce la sojización: 500 has de soja generan un solo puesto de
trabajo, destruyendo 9 de cada 10 puestos de trabajo del sistema
tradicional, permite que sólo un tercio de los trabajadores agrarios
reciban sus magros salarios en blanco. Mientras tanto la FAA –al igual
que las otras tres organizaciones ‘del campo’- se negó a aceptar las 8
horas de trabajo, exigiendo trabajo de ‘sol a sol’ como lo permite una
‘Ley’ de la dictadura.
Esta situación –y la no intervención del Estado hasta ahora- hicieron
muy previsible y altamente rentable la sojización, permitiendo el
ingreso masivo del capital financiero a través de los
pools de siembra, de los cuales también participan chacareros
poseedores de 100, 200 o más hectáreas. De tal forma hoy el 70% de la
producción de granos se realiza por el sistema de arriendo. De tal forma
una Ha se alquila en pradera pampeana a 600 USS. O sea que un
‘humilde chacarero’ de 100 has recibirá por adelantado, en efectivo y
sin ningún papel que lo registre 60.000 USS por alquilar su campo. El
doble si posee 200Has, y así de seguido. Es decir una suma colosal
respecto de lo que gana un trabajador o un pequeño comerciante, sin
hacer absolutamente nada, simplemente por poseer la tierra. Peor aun,
estos chacareros que obtienen 60.000 USS por alquilar sus 100 Has, para
hacer soja, pueden casi duplicar su ingreso haciendo trigo por mano
propia o por arriendo, haciendo que por 100 has puedan obtener,
digamos, 100.000 USS por año sin hacer nada, unos 300.000 pesos, algo
así como 25.000 pesos mensuales sin hacer nada y sin necesidad de vivir
en el campo. Es decir que el viejo chacarero de la FAA se ha
transformado en terrateniente rentista al igual que su antiguo patrón
oligarca. Por eso están juntos en los cortes, asambleas y piquetes. Sus
intereses son los mismos, aun cuando posean escalas y problemáticas
diferentes. La sojización ha hecho que desde el punto de vista de la
estructura de clases de la sociedad sean lo mismo y por eso están
juntos. Por eso Bussi inaugura la muestra de la Rural por primera vez en
la historia y De Ángelis se junta con Macri, porque piensan igual. Hoy
los chacareros ya no son los humildes colonos o campesinos del
imaginario colectivo. De allí que tengan mucho tiempo libre para, por
ejemplo, salir a cortar rutas junto a sus socios más grandes de la SRA o
CRA para impedir que alguien –el Estado nacional- ose tocar
su renta extraordinaria. ‘A ver si se les ocurre
reindustrializar la Argentina o reconstruir los ferrocarriles y esos
negros de mierda que no quieren laburar recuperan su ingreso y su poder
sindical’. Dios nos libre.
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