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220408 -
Confusiones
entre el campeón y la copa
A veces se producen confusiones en
los méritos y el protagonismo de diferentes actores, cuyo resultado
son absurdas paradojas. Es el caso del corredor que gana la carrera
de los 10.000 metros llanos y sale campeón: como corresponde,
determinada persona le entrega una copa. Pero, quizás debido a la
emoción o al cansancio, el corredor comienza a sentir que es campeón
porque ha recibido una copa y no por la carrera de los 10.000 metros
llanos. A su vez, ese sentimiento da un valor cada vez mayor a quien
entregó la copa. La carrera de los 10.000 metros llanos va quedando
en la bruma; y el corredor confundido idolatra y se subordina al que
supuestamente tuvo todo el mérito y la grandeza de hacerlo campeón,
en tanto le entregó la copa.
El peronismo es sin duda el fenómeno político
argentino más difícil de explicar. De todas formas, durante la vida
del Gral. Perón hubo ciertas líneas de definición de su política que
se mantuvieron como una constante -tanto en las etapas de gobierno
como en el período de exilio- por encima de las variaciones
tácticas, las definiciones coyunturales, los guiños y apoyos que
descolocaban o jerarquizaban a sus múltiples y contradictorias
corrientes internas. La primera línea nace con la campaña para las
elecciones de febrero de 1946 bajo la consigna “Braden o Perón”:
nadie puede negar la persistencia de esa posición antiimperialista
hasta su muerte en 1974. La segunda se expresa en la sistemática
promoción de los derechos sociales y laborales, fundada con el
mítico Estatuto del Peón Rural, que sustenta a la justicia social y
el bienestar de los trabajadores como pilar esencial de sus
concepciones. Finalmente, la defensa de los intereses y recursos
estratégicos nacionales -sintetizada en el artículo 40 de la
Constitución de 1949- constituye la tercera de esas líneas
inconmovibles. La férrea lealtad popular concitada por estas
definiciones alimentaría la larga resistencia peronista durante
dieciocho años, sin que el grueso de sus protagonistas aspirara a
recibir cargos o prebendas como pago por sus luchas. Todo lo demás,
está en discusión.
Miremos en ese espejo la reciente reorganización del
Partido Justicialista en el congreso del 7 de marzo de 2008. El
periodista Horacio Verbitsky -cuyas fuentes de información suelen
ser muy buenas- señala en su nota de Página 12 “Jaque a Kirchner”,
que la principal jugada estratégica del futuro presidente del
partido sería:”la redefinición del justicialismo como el partido
de los derechos humanos y el ingreso a la Internacional Socialista.”(1)
Se agrega así un elemento más a esa dificultad para explicar el
peronismo. Luego de una década de menemismo, ahora se plantea como
el “partido de los derechos humanos “y busca “vencer al tiempo” para
“volver a enamorar a la juventud”. Pero el menemismo no dependió
solamente de la figura del señor Menem: para llevar adelante el
proyecto más entreguista y antipopular de la historia argentina,
enarbolando las banderas del peronismo y cantando la Marcha,
necesitó del apoyo de muchos miles de cuadros; y lo tuvo. En el
campo de los Derechos Humanos, el 28 de diciembre de 1990 se decreta
el indulto a los responsables del genocidio y se mantiene la
aberrante Ley de Obediencia Debida, en un Parlamento dominado por el
peronismo. El mismo Parlamento que apoya la Ley de Reforma del
Estado y con ella las privatizaciones que entregan vilmente el
patrimonio público -exacta contracara del Artículo 40- además de
imponer una legislación que barre con todos los derechos de los
trabajadores.
En 1991, siendo gobernador de su provincia Néstor
Kirchner recibía a Menem en un acto donde, entre otros conceptos,
declaraba:”Aquí está el pueblo de Santa Cruz apoyando el proyecto
de transformación y cambio que la República Argentina debe llevar
adelante”.
(2) Un proyecto de transformación y cambio
que incluía los indultos y las privatizaciones: en el caso de YPF,
el miembro informante de su desguace fue el diputado Oscar Parrilli,
integrante del grupo de Kirchner, quien el 24 de febrero de 1992
apoyara entusiastamente esa privatización, afirmando que se trataba
de un acto de soberanía.
(3) Otro acto de soberanía
parece haber sido la reciente reprivatización, avalada por el ex
presidente, de las reservas de Cerro Dragón hasta el 2047 -es decir,
hasta su extinción total- a manos de la British Petroleoum y socios
menores:¿a quién realmente beneficia esa medida?¿Qué hubiera pensado
Perón sobre esto, en momentos de crisis energética y cuando el
barril de petróleo en el mundo supera los 100 dólares? Difícil de
explicar lo que en la actualidad se llama peronismo. Tal vez la
dificultad de comprensión se encuentre en los nuevos aportes
doctrinarios de integrantes del PJ que concurrieron al congreso. Por
ejemplo, el aporte a la teoría económica de Luis Barrionuevo con su
inolvidable “Si dejamos de robar por dos años...”. Asimismo
Antonio Cafiero -quien presidiera dicho congreso- ha hecho aportes a
la ética política, con sus enfáticas recomendaciones del libro “El
elogio de la traición” y su convencimiento de que la traición es
necesaria en la metodología de acción de los dirigentes.
(4) De todos estos sucesos
existe material audiovisual disponible, aunque no así de eventuales
declaraciones en contra del indulto o de la Ley de Obediencia Debida
y en defensa de los Derechos Humanos durante esa larga etapa.
En realidad, Menem fue un títere más -aunque bien
recompensado por cierto- de una estrategia de despojo nacional y
social de la Argentina, impulsada por Estados Unidos, cuyo cuadro
orgánico por excelencia fue Domingo Cavallo. Funcionario eficaz de
la dictadura militar, del menemismo y de la Alianza integrada por el
Partido Radical y el progresismo del Frepaso, estos méritos permiten
considerarlo como la reencarnación local del embajador Spruille
Braden en los tiempos modernos. En octubre de 2001 se presenta a
elecciones un grupo llamado Peronismo que apoya a Cavallo: en
los tiempos modernos equivale a Peronismo que apoya a Braden.
A su vez, llama la atención la escasa capacidad de previsión de
futuro de sus impulsores; en tanto estaban a unos sesenta días de la
pueblada del 19 y 20 de diciembre que repudiara a Cavallo, esperemos
que para siempre. En la actualidad, algunos miembros de ese
agrupamiento participan activamente en el gobierno de Cristina
Fernández y en la reorganización del Partido Justicialista; entre
ellos, el Jefe de Gabinete Alberto Fernández, estrecho colaborador
del moderno Braden desde los inicios del menemismo. Al hacerse cargo
de sus funciones de Jefe de Gabinete del presidente Kirchner en mayo
de 2003, Alberto Fernández -elegido legislador de la Ciudad de
Buenos Aires en 1999 bajo la fórmula Cavallo-Béliz- fue reemplazado
por su compañera Elena Cruz para finalizar el mandato: pocos
militantes de Derechos Humanos habrán olvidado esa pública y
enfática defensa de Videla y la dictadura militar. En contraste,
muchos militantes de Derechos Humanos saben hoy que uno de los
principales mentores y operadores del Partido Justicialista, para
convertirlo en el “partido de los derechos humanos”, es ni más ni
menos que el Jefe de Gabinete Alberto Fernández: la ética de los
dirigentes aportada por Antonio Cafiero le permite realizar un
peculiar recorrido, que en pocos años lo lleva desde sus acuerdos
con Cavallo y Elena Cruz a intentar apropiarse de las banderas y la
orientación de la política de Derechos Humanos. ¿Qué hubieran
pensado nuestros compañeros peronistas muertos y desaparecidos de
este recorrido?
Otro participante del congreso, como uno de sus
secretarios y miembro del “partido de los derechos humanos” es el ex
gobernador de Salta, Juan Carlos Romero: además de la brutal
represión a los movimientos piqueteros, de condenar al hambre a
comunidades indígenas de su provincia y producir irreparables daños
ecológicos debido a la irresponsable devastación de los montes
nativos para los negocios de la soja, Romero ha sido y es un pilar
de la defensa de las petroleras. En su artículo “Ensueños” de Página
12, el periodista José María Pasquini Durán comentaba el lobby
realizado por tres gobernadores entre los parlamentarios y el Poder
Ejecutivo, cuyas presiones intentaban revertir una de las pocas
medidas correctas tomadas por el gobierno de Eduardo Duhalde; la
retención a las exportaciones de petróleo decretada en febrero de
2002, después de diez años de saqueo impune de las reservas:
Esta semana tres gobernadores (Salta, Neuquén, Santa
Cruz) llegaron a la Rosada y al Congreso para defender los intereses
de las petroleras exportadoras, oponiéndose a la aplicación de la
retención del 20% dispuesta por el Poder Ejecutivo nacional. El trío
aseguró que una medida semejante afectaría a la economía de esas
provincias, porque disminuiría las inversiones de las compañías
privadas y las regalías que cobran los tesoros que ellos controlan.
Escuchándolos vuelve la memoria todavía fresca de Cutral-Có,
Tartagal, General Mosconi y otras localidades de esas provincias,
cuyas poblaciones fueron condenadas a la miseria sin destino por el
cierre de las fuentes de trabajo controladas por esas mismas
empresas que para tales gobernantes son benefactoras.
(5)
Los tres gobernadores eran Juan Carlos Romero de
Salta, Jorge Sobisch de Neuquén y Néstor Kirchner de Santa Cruz:
ahora solamente Sobisch no está en el “partido de los derechos
humanos”. Pero el que sí está es José Luis Gioja de San Juan,
designado como uno de los vicepresidentes del congreso y conocido
por sus intereses en una minería tratada con cianuro, con la
consiguiente depredación de las tierras y contaminación de las
fuentes de agua. Explotaciones mineras que, por lo demás, carecen de
todo tipo de control y se permite a las empresas llevarse
impunemente metales valiosos a mera declaración jurada y sin
retenciones: un símil de la tristemente célebre La Forestal en Chaco
y Santiago del Estero. Si de “enamorar a la juventud” se trata, no
parece pertinente ofrecer como posibles amados a Luis Barrionuevo,
Juan Carlos Romero, Antonio Cafiero o José Luis Gioja entre otros,
salvo que la intención sea que no los una el amor sino el espanto.
Pero eso es un problema del Partido Justicialista.
Estos pocos ejemplos dan cuenta de la catadura moral
de varios que integran o conducen el pretendido “partido de los
derechos humanos”. No podemos permitir esta burla a los
sufrimientos, al coraje y a la ética de la lucha por los Derechos
Humanos en nuestro país. Lucha iniciada en el contexto de una
abismal correlación desfavorable de fuerzas: esas mujeres de
pañuelos blancos junto a los otros organismos de la época,
enfrentaban a las tres Fuerzas Armadas, a la Gendarmería, a la
Prefectura Naval, a las policías federales y provinciales, a los
servicios de inteligencia locales, al Departamento de Estado
norteamericano, al Pentágono, a la CIA, al Plan Cóndor y a los
veteranos franceses de la guerra de Argelia. Más tarde, ya en
democracia, enfrentaron a la Ley de Punto Final, a la Ley de
Obediencia Debida, a los indultos y, demasiadas veces, también a la
soledad. Veinticinco años después, habían triunfado. Tal fue la
magnitud de esa dolorosa epopeya, que preocupó especialmente a los
tanques de pensamiento del establishment de
Estados Unidos. El Documento de Santa Fe IV del 2001
-guía de las estrategias de George W.Bush- señala:
En este momento de la historia, Estados Unidos se
encuentra en los primeros estadios de un desafío mayor a nuestro
sistema político, concretado en la penetración de nuestro
hemisferio. No está usando necesariamente medios militares
tradicionales. Por el contrario, están comprometidos en esfuerzos no
convencionales, que son difíciles de enfrentar para nuestro país,
sobre todo cuando se entra en la zona de los derechos humanos, que
ha sido el bastión de los intentos de la izquierda para abortar
todos los esfuerzos tendientes a proteger la libertad del individuo
en esta parte del mundo.
Este problema se ha convertido en el tema central de
la izquierda frente a nuestros intentos por enfrentar los problemas
de droga en Colombia, Perú, Bolivia, etcétera.
Los esfuerzos de los comunistas por pintar las
“guerras sucias” de Chile y Argentina como sólo otro intento de la
“derecha perversa” por reprimir a la población civil, es un caso
evidente de dejá vu.
(6)
¿Y si el Peronismo que apoya a Braden en
realidad no cambió tanto? Cuando se sabe que hay instrucciones del
“partido de los derechos humanos” que remarcan la necesidad de
desplazar a “la izquierda” de los organismos e instituciones de
Derechos Humanos, una honda preocupación debe embargarnos. Porque
“la izquierda” así como “el terrorismo” son definiciones que, en los
hechos, engloban a todos aquellos considerados molestos u
opositores; y se van introduciendo desde Estados Unidos con su
Doctrina de Seguridad Nacional y sus guerras preventivas: esa
democracia que acaba de aprobar la legalidad del “submarino” como un
método válido de interrogatorio. Grave problema vinculado también
con la reciente aprobación de la Ley Antiterrorista en el Parlamento
argentino, donde el peronismo es mayoría e hizo suyo el proyecto
elevado por el entonces presidente Kirchner, ignorando la total
oposición a esa ley del conjunto de los militantes en Derechos
Humanos. El malestar y las tensiones que afectan a algunos
organismos de Derechos Humanos, derivados de la intromisión directa
o indirecta de funcionarios en sus actividades -que en muchos casos
lleva a una agresividad interna hasta hace poco desconocida- son
demasiado peligrosos. Ese desgaste busca desmoralizar o expulsar a
quienes pretenden mantener la autonomía y la cohesión que les
permitiera afrontar históricas batallas. De esta manera tienden a
ser transformados en meras cáscaras vacías, cuyo poderoso valor
simbólico quede en manos de unos pocos, dispuestos a subordinarse a
las orientaciones del “partido de los derechos humanos”. La eficacia
en el uso de la traición de muchos de los dirigentes de ese partido,
los ha dotado de una larga experiencia en travestismos e hipocresías
que -como sucediera con el movimiento peronista- pueden utilizarse
en los organismos de Derechos Humanos. Es imprescindible entonces
retomar la calma y debatir en profundidad; en tanto consciente o
inconscientemente, se estaría haciendo el juego a esa estrategia
explícitamente planteada por el Documento de Santa Fe IV, que
busca desplazar de las decisiones políticas sobre el tema a quienes,
con una trayectoria impecable, protagonizaron en Argentina la
epopeya de la lucha por los Derechos Humanos.
Buenos Aires, abril de 2008
1.- Verbitsky,
Horacio:”Jaque a Kirchner”, Página 12, 2 de marzo 2008
2.- Iñurrieta,
Sebastián: La Patagonia olvidada. DVD-video
3.- López Masía, Marcelo: Serás lo que has sido.
DVD-video
4.- Solanas, Fernando: Memoria del saqueo.
DVD-video
5.- Pasquín Durán, José María:”Ensueños”, Página
12, 9 de marzo 2002
6.- El Documento de
Santa Fe IV. Ediciones Siena. Buenos Aires. 2001 (el subrayado es
nuestro)
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