0905 - Han
pasado ya bastantes días desde que la furia de la naturaleza se cebó sobre
las tierras de Luisiana y, en especial, sobre la bella ciudad del jazz:
New Orleans. Las imágenes no
podían sino sorprendernos e indignarnos: ¿cómo es posible que aún hoy seamos
incapaces de diseñar sistemas de prevención de este tipo de catástrofes?
¿Cómo es posible que aún hoy seamos incapaces de controlarlas, desviarlas o
aminorarlas cuando sí podemos hacerlo, por ejemplo, con asteroides que ponen
en peligro la integridad de la Tierra? Pero, más grave aún, ¿cómo es posible
que la primera potencia mundial –no en desarrollo, que lo es Noruega, un
país más avanzado en todos los sentidos, sobre todo en el moral- ofrezca
semejante espectáculo, rocambolesco, grotesco y animal, donde se hacinan
cadáveres y donde los refugiados, en su mayoría pobres y negros, se ven
obligados a salir forzosamente de una ciudad en ruinas que recuerda a los
escenarios bélicos del África de los ’90? ¿Es un sueño, o estamos ante la
más cruda realidad?
Katrina ha
supuesto una tragedia, ciertamente; una tragedia que puede costar medio
millón de puestos de trabajos y una rebaja del 1% en el crecimiento anual de
Estados Unidos. Pero como estas son cifras puramente económicas, y el
crecimiento no sirve de nada si no es de todos y para todos, lo realmente
serio es que miles de cadáveres, miles de muertos, podrían haberse salvado
si no fuera por la incompetencia, ya de sobra comprobada, de una
administración y de un presidente que deberían haber permanecido en el
parvulario jugando a soldaditos y guerreros en lugar de haber manipulado a
una ya de por sí débil opinión pública que, cegada por orgullos patrióticos
inexistentes y para nosotros, europeos que hemos pasado por todo y que hemos
desarrollado una clase intelectual crítica y un colchón político y social de
izquierdas que nos ha dado mayor dependencia social y cultural,
absolutamente ridículo. Bush es incompetente, vulgar, inculto, falto de
inteligencia, belicoso, anticristiano, quizás el mayor enemigo del
Cristianismo de los últimos tiempos... Pero Bush es, ante todo, la cara más
amarga de la ineptitud política, del no saber actuar a tiempo, del estar más
preocupado por guerras injustas y por reconstrucciones ficticias que por los
problemas de un país que tiene mayor tasa de pobreza que España.
Estados
Unidos, a la luz de Katrina, es la prueba más significativa del fracaso del
capitalismo como sistema único. Es también la prueba del fracaso de los
sistemas de pensamiento único al estilo Fukuyama-Huntington, tan apreciados
por la derecha más zafia y analfabeta que habíamos tenido en España desde
hace mucho tiempo. Admiradores de Bush. Admiradores de un gran país como
“USA”, admiradores del mercado, admiradores del espíritu emprendedor, de la
libertad que permite a un emigrante con dos dólares dirigir una
multinacional, admiradores de que no haya izquierda en América, sino que lo
único que exista sea la libre competencia y la meritocracia... Admiradores,
en suma, de una mentira que se ha vendido como las excelencias de la cultura
y del sueño americano. ¿Son los pobres, millones, desprovistos de seguridad
social, prueba de tamaño sueño? ¿Son los negros de Nueva Orleáns sobre cuyos
hombros ha recaído la tragedia americana del Katrina muestra de ese sueño?
No: son muestra del feroz, insolidario y anticristiano darwinismo social que
impone el neoliberalismo radical estilo Bush y la globalización tiránica que
estamos viviendo. Sí: el liberalismo y el capitalismo como tal, son
contra-cristianos. Jesús de Nazareth fue explícito. Quienes se afanan por
interpretar ciertos pasajes alegóricamente (mientras otros los interpretan
de modo fundamentalista) para satisfacer a los empresarios “cristianos” (que
en vez de donar dinero a la Iglesia bien podían subir los salarios, sobre
todo en Latinoamérica) se engañan, sobre todo a sí mismos. Si por
capitalismo se entiende la libre competencia sin controles, en principio,
por parte del Estado, donde lo que prima es el capital sobre el trabajo, es
una postura anticristiana y antihumana, como ha hecho notar Juan Pablo II en
textos como la Centessimus Annus. Sorprende, por tanto, que la
Administración Americana venda la idea de que es el paladín de la defensa
del Cristianismo frente a poderes supuestamente ateos (Chávez, Castro..., el
ultraconservador telepredicador P. Robertson –dueño de una inmensa y poco
evangélica fortuna- pidió en público hace unos días, aunque luego se
retractó, que se asesinase al presidente venezolano) o diabólicos (tipo la
ONU). Bush sólo defiende los intereses de la clase dominante en Estados
Unidos. Si no, nunca habría permitido que el país más rico del mundo
albergase tal tasa de desigualdad social, con extremos de pobreza que en
Europa creíamos haber empezado a olvidar.
Estados
Unidos ha dado una imagen penosa: racismo, pobreza, miseria, subdesarrollo,
desigualdad... Son los heroicos ciudadanos, pobres en su mayoría, que han
tenido que resistir como han podido sin la ayuda que una incompetente e
incapaz administración tardó en enviarles, quienes representan a la
verdadera América y al verdadero sueño americano, que no está en Wall Street
ni en la Quinta Avenida sino en ciudades como Nueva Orleáns que sufren en
sus carnes lo que se nos presenta como el único sistema posible y el mejor
de cuantos se han ideado. Esto no es ni democracia, ni bienestar, ni
desarrollo, ni tecnología, ni igualdad, ni tierra de oportunidades... Esto
no es nada: la nada de los desarraigados, de los pobres, de los marginados
socialmente en el país más rico del mundo y que más invierte en armamento,
que quizás sea también el país más injusto del mundo. Curiosa contradicción:
el país más liberal del mundo, es el país más injusto y desigualitario del
mundo. De este problema endémico de la sociedad americana, las
administraciones republicanas no son las únicas culpables. Los demócratas,
con su déficit de políticas reales de izquierda, tienen una gran
responsabilidad en el viraje insolidario de la primera potencia mundial. En
el caso de Katrina, aunque por la enormidad del fenómeno es al gobierno
federal a quien realmente le correspondía haber dado los pasos más decisivos
(y que tanto tardó en dar), la gobernadora demócrata, y en menor medida el
alcalde de Nueva Orleáns, merecen un puesto, junto con Bush, en el podio de
la ineficacia política. Imprevisión, falta de infraestructuras, falta de
protestas más decididas a favor de la construcción de diques...
Rezo para que las víctimas del
huracán Katrina, los miles de desplazados y todos los que han sufrido la
furia de la naturaleza, encuentren consuelo, apoyo y ayuda efectiva por
parte de las administraciones pertinentes. Siempre pagan justos por
pecadores, pobres por ricos. Albergo la esperanza de un mundo donde nadie
tenga que pagar, donde se alcance la plena armonía entre el ser humano y el
mundo natural, y donde no haya ni pobres ni ricos.