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Katrina: Tragedia humana y crisis del neoliberalismo
Alexander Drusborck
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0905 - Han pasado ya bastantes días desde que la furia de la naturaleza se cebó sobre las tierras de Luisiana y, en especial, sobre la bella ciudad del jazz: New Orleans. Las imágenes no podían sino sorprendernos e indignarnos: ¿cómo es posible que aún hoy seamos incapaces de diseñar sistemas de prevención de este tipo de catástrofes? ¿Cómo es posible que aún hoy seamos incapaces de controlarlas, desviarlas o aminorarlas cuando sí podemos hacerlo, por ejemplo, con asteroides que ponen en peligro la integridad de la Tierra? Pero, más grave aún, ¿cómo es posible que la primera potencia mundial –no en desarrollo, que lo es Noruega, un país más avanzado en todos los sentidos, sobre todo en el moral- ofrezca semejante espectáculo, rocambolesco, grotesco y animal, donde se hacinan cadáveres y donde los refugiados, en su mayoría pobres y negros, se ven obligados a salir forzosamente de una ciudad en ruinas que recuerda a los escenarios bélicos del África de los ’90? ¿Es un sueño, o estamos ante la más cruda realidad?         
Katrina ha supuesto una tragedia, ciertamente; una tragedia que puede costar medio millón de puestos de trabajos y una rebaja del 1% en el crecimiento anual de Estados Unidos. Pero como estas son cifras puramente económicas, y el crecimiento no sirve de nada si no es de todos y para todos, lo realmente serio es que miles de cadáveres, miles de muertos, podrían haberse salvado si no fuera por la incompetencia, ya de sobra comprobada, de una administración y de un presidente que deberían haber permanecido en el parvulario jugando a soldaditos y guerreros en lugar de haber manipulado a una ya de por sí débil opinión pública que, cegada por orgullos patrióticos inexistentes y para nosotros, europeos que hemos pasado por todo y que hemos desarrollado una clase intelectual crítica y un colchón político y social de izquierdas que nos ha dado mayor dependencia social y cultural, absolutamente ridículo. Bush es incompetente, vulgar, inculto, falto de inteligencia, belicoso, anticristiano, quizás el mayor enemigo del Cristianismo de los últimos tiempos... Pero Bush es, ante todo, la cara más amarga de la ineptitud política, del no saber actuar a tiempo, del estar más preocupado por guerras injustas y por reconstrucciones ficticias que por los problemas de un país que tiene mayor tasa de pobreza que España.

Estados Unidos, a la luz de Katrina, es la prueba más significativa del fracaso del capitalismo como sistema único. Es también la prueba del fracaso de los sistemas de pensamiento único al estilo Fukuyama-Huntington, tan apreciados por la derecha más zafia y analfabeta que habíamos tenido en España desde hace mucho tiempo. Admiradores de Bush. Admiradores de un gran país como “USA”, admiradores del mercado, admiradores del espíritu emprendedor, de la libertad que permite a un emigrante con dos dólares dirigir una multinacional, admiradores de que no haya izquierda en América, sino que lo único que exista sea la libre competencia y la meritocracia... Admiradores, en suma, de una mentira que se ha vendido como las excelencias de la cultura y del sueño americano. ¿Son los pobres, millones, desprovistos de seguridad social, prueba de tamaño sueño? ¿Son los negros de Nueva Orleáns sobre cuyos hombros ha recaído la tragedia americana del Katrina muestra de ese sueño? No: son muestra del feroz, insolidario y anticristiano darwinismo social que impone el neoliberalismo radical estilo Bush y la globalización tiránica que estamos viviendo. Sí: el liberalismo y el capitalismo como tal, son contra-cristianos. Jesús de Nazareth fue explícito. Quienes se afanan por interpretar ciertos pasajes alegóricamente (mientras otros los interpretan de modo fundamentalista) para satisfacer a los empresarios “cristianos” (que en vez de donar dinero a la Iglesia bien podían subir los salarios, sobre todo en Latinoamérica) se engañan, sobre todo a sí mismos. Si por capitalismo se entiende la libre competencia sin controles, en principio, por parte del Estado, donde lo que prima es el capital sobre el trabajo, es una postura anticristiana y antihumana, como ha hecho notar Juan Pablo II en textos como la Centessimus Annus. Sorprende, por tanto, que la Administración Americana venda la idea de que es el paladín de la defensa del Cristianismo frente a poderes supuestamente ateos (Chávez, Castro..., el ultraconservador telepredicador P. Robertson –dueño de una inmensa y poco evangélica fortuna- pidió en público hace unos días, aunque luego se retractó, que se asesinase al presidente venezolano) o diabólicos (tipo la ONU). Bush sólo defiende los intereses de la clase dominante en Estados Unidos. Si no, nunca habría permitido que el país más rico del mundo albergase tal tasa de desigualdad social, con extremos de pobreza que en Europa creíamos haber empezado a olvidar.

Estados Unidos ha dado una imagen penosa: racismo, pobreza, miseria, subdesarrollo, desigualdad... Son los heroicos ciudadanos, pobres en su mayoría, que han tenido que resistir como han podido sin la ayuda que una incompetente e incapaz administración tardó en enviarles, quienes representan a la verdadera América y al verdadero sueño americano, que no está en Wall Street ni en la Quinta Avenida sino en ciudades como Nueva Orleáns que sufren en sus carnes lo que se nos presenta como el único sistema posible y el mejor de cuantos se han ideado. Esto no es ni democracia, ni bienestar, ni desarrollo, ni tecnología, ni igualdad, ni tierra de oportunidades... Esto no es nada: la nada de los desarraigados, de los pobres, de los marginados socialmente en el país más rico del mundo y que más invierte en armamento, que quizás sea también el país más injusto del mundo. Curiosa contradicción: el país más liberal del mundo, es el país más injusto y desigualitario del mundo. De este problema endémico de la sociedad americana, las administraciones republicanas no son las únicas culpables. Los demócratas, con su déficit de políticas reales de izquierda, tienen una gran responsabilidad en el viraje insolidario de la primera potencia mundial. En el caso de Katrina, aunque por la enormidad del fenómeno es al gobierno federal a quien realmente le correspondía haber dado los pasos más decisivos (y que tanto tardó en dar), la gobernadora demócrata, y en menor medida el alcalde de Nueva Orleáns, merecen un puesto, junto con Bush, en el podio de la ineficacia política. Imprevisión, falta de infraestructuras, falta de protestas más decididas a favor de la construcción de diques...  

Rezo para que las víctimas del huracán Katrina, los miles de desplazados y todos los que han sufrido la furia de la naturaleza, encuentren consuelo, apoyo y ayuda efectiva por parte de las administraciones pertinentes. Siempre pagan justos por pecadores, pobres por ricos. Albergo la esperanza de un mundo donde nadie tenga que pagar, donde se alcance la plena armonía entre el ser humano y el mundo natural, y donde no haya ni pobres ni ricos.

 

 

 

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