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231006 -
Las recientes denuncias sobre torturas a
presos en aviones de la
CIA estacionados en territorio español (que hacía públicas un diario
mallorquín hace unos días), nos obligan a plantearnos el futuro de las
relaciones bilaterales entre
España
y
Estados
Unidos.
Por
mucho que les pese a los neocons, que ganan fuerza en España a costa
de atrincherarse en posiciones fundamentalistas y neofascistas, uniendo a
una masa de gente insegura e intelectualmente nula que siguen a cualquier
caudillo, por retrógrado y reaccionario que sea, y que están llevando al
Partido Popular a la derecha de la derecha, Estados Unidos no es el futuro
de la Humanidad. España deberá mantener relaciones cordiales con el país más
poderoso del planeta, ciertamente, pero por encima de intereses económicos
está, ante todo, la defensa de la dignidad humana. En estos momentos, con el
peor presidente de su historia (al igual que en España contamos con la peor,
más zafia, baja, ignorante y extremista oposición que habíamos visto), el
país más grande la Tierra se ha hecho el más pequeño. Un Estado terrorista,
que financia terrorismo internacional hecho por sus propias agencias, que ha
construido mentiras de dimensiones
orwellianas para justificar guerras ilegales y deleznables, que está
gobernado por personas de mente simple y de ignorancia supina (que se
atreven a hablar de “ejes del mal”, en la división más simple y anodina que
habíamos escuchado desde hacía tiempo, que hace reír a cualquier persona que
sepa algo de historia y de filosofía), un país contrario al diálogo
intercultural y al progreso ecológico (que no firma el protocolo de Kyoto
por el peso del empresariado, y que utiliza a científicos que niegan el
cambio climático para justificar a posteriori el que no firme ese
protocolo), que promueve el fundamentalismo religioso y la confrontación con
la Ciencia (favoreciendo a grupos contra-científicos que tratan de sacar la
teoría de la Evolución, uno de los descubrimientos más importantes de la
mente humana, de las escuelas, a favor de teorías como la del diseño
inteligente que no resisten el mínimo análisis crítico tanto científico como
filosófico-teológico), un país que se lamenta por sus muertos (los del
11-S), y que se venga generando aún más muertos entre inocentes, que invade
ilegalmente Afganistán e Irak y amenaza a diestro y siniestro, que crea
Guantánamos por doquier, que mantiene embargos injustos que lo único que
hacen es apuntalar dictaduras…
En suma, un Estado
con un dirigente fanático y criminal (deseo ver el día en que el trío de las
Azores se siente en el Tribunal Internacional de La Haya por crímenes contra
la Humanidad), con terroristas cristianos (Bush reveló recientemente que
sintió que tenía que invadir Irak por “mensaje divino”) igualables por
número de muertes y por fundamentalismo a lo peor del terrorismo islamista,
no merece ni el aprecio ni la admiración de las demás naciones. Muchos se
afanan en que España denuncie los crímenes de la dictadura cubana y del
régimen chino, que se aleje de demagogos como Hugo Chávez, o que en España
no se condecore a personalidades como Santiago Carrillo que, muy a pesar de
los pseudohistoriadores que en vez de investigar con documentos sacados de
archivos y esforzarse con un mínimo de seriedad y de rigor (como han hecho
Santos Juliá o Ian Gibson, quien escribió hace poco en El País demostrando
que las acusaciones de asesinato a Carrillo por Paracuellos no tienen base
histórica), ha sido clave en la consecución de la democracia en España (sin
él y sin la renuncia de la izquierda a la venganza –muy acorde con el ideal
máximo de la izquierda, que debe ser la fraternidad-, no habría desaparecido
el horror del franquismo, una dictadura inmunda, impropia de España, que
tuvo como dictador a un asesino, criminal, fanático, delincuente y anti-cristiano
Francisco Franco, de infausta memoria). Esos mismos no tienen la valentía de
denunciar los crímenes de su admirado Estados Unidos (como sí han hecho
intelectuales de la talla de Noam Chomsky o Harold Pinter, premio Nobel, a
quienes estos pseudo-intelectuales no llegan ni a la altura del betún:
seamos sinceros, intelectualidad y derecha, prestigio académico y
neoconservadurismo, son como el día y la noche, como la luz y la oscuridad;
son términos antagónicos y mutuamente incompatibles. Pensar está reñido con
ser de derechas, porque la derecha, por definición, defiende el status
quo, trata de retroceder en todo lo posible a un estado de seguridad y
de estabilidad que permita a unos pocos dominar y dirigir los destinos de
otros muchos. Pero el intelectual debe rechazar toda seguridad, y abrirse
sin fisuras y sin temores a todas las realidades, aprendiendo a relativizar
sus juicios y sus conceptos. Su hogar no es la seguridad sino la apertura)
Lo mejor que ha hecho hasta ahora
Zapatero es retirar las tropas de Irak. Una intervención militar absurda, un
insulto a la inteligencia, no podía mantenerse con apoyo moral y militar de
España. Aznar, que empleó a sus adalides, manipulando la opinión pública con
imágenes diarias en telenoticias de máxima audiencia que mostraban una
idílica misión española en Irak de ayuda humanitaria (Rajoy, un político
mediocre, acusaba a Zapatero de no tener claro que las tropas en Afganistán
–que si por mí fuera, ya estarían de vuelta en España en vez de secundar los
intereses de las empresas estadounidenses en el control del gas afgano- no
están por razones humanitarias: en suma, que el ejército no es una ONG. Lo
dice el mismo que formaba parte de un gobierno que mintió claramente al
vendernos la idea de que a Irak las tropas sólo fueron por razones
humanitarias), ha pasado ya a la historia de la infamia como el peor
presidente de la democracia. Un presidente que hizo de bufón de corte del
criminal internacional George Bush, creyendo que España entraría en el G-8
cuando no lo consiguió ni de lejos, pese a su ingente esfuerzo (lo único que
consiguió es la
ridícula
medalla de un congreso que apoya guerras ilegales, y el nombramiento de
profesor “magistral” en Georgetown, dando clases en un pésimo inglés sobre
–me imagino- cómo defender la ilegalidad internacional y seguir creyendo que
se hizo bien), que hizo el más absoluto de los ridículos al volar a las
Azores y secundar una guerra que ni le iba ni le venía, ha perdido toda
credibilidad, y mientras en el PP sigan los mismos que mintieron a España
(como Ángel Acebes), este partido no tiene futuro. Está condenado e
recluirse en el fanatismo, la ignorancia y la intolerancia, a convertirse en
una gran secta, ideológicamente totalitaria, en una subcultura dentro de
España que sólo defienda tesis políticamente reaccionarias. Por el bien de
la Política, espero que en el PP haya una renovación urgente ya, que se pida
públicamente perdón por el crimen de Irak y que se haga oposición no desde
el ataque feroz, sino desde las propuestas constructivas.
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