Argentina
Las Virtudes personales
L
a Declinación Argentina
Alfredo Raúl Weinstabl
alfredo@weinstabl.com.ar

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Los valores y las virtudes personales

                  Argentina. Un país en serio. Es el slogan del actual gobierno. Sin embargo el que sigue con cierta regularidad las noticias nacionales por los medios, hasta el menos versado, se da cuenta que el tema es justamente lo opuesto. El país va a contramano del mundo, es la caricatura trágica de una pseudo democracia, es un país que es el reino del absurdo, del contrasentido, y del revés. Argentina no es en absoluto un país serio.

     

                  Nadie duda que la Argentina es realmente un país bendecido por Dios. Esto lo hemos oído cientos de veces y efectivamente es así. No es uno más de los muchos postulados acuñados por los propios argentinos. Efectivamente Argentina es un país privilegiado dentro del concierto de las naciones. Pero los argentinos estamos haciendo todo lo posible para ensuciar, opacar o enturbiar ese don divino. Hoy nos debatimos, gracias a nuestro eficaz desempeño, entre los países más corruptos y atrasados del planeta. Los menos confiables, los más desconcertantes, impredecibles, los más anacrónicos y delirantes. Somos un ejemplo mundial de lo que no hay que ser o hacer.

 

Hay infinidad de teorías, estudios, ensayos sobre las asombrosas y escandalosas contradicciones que tiene nuestro país. Voy a intentar una más. Voy a intentar una visión personal, en forma muy sucinta y concisa, en mérito de no hacer demasiado extenso este artículo.

 

Dentro de las muchas opiniones existentes, casi todas concordantes, una sociedad es la resultante de la razón de sus componentes y de su fuerza moral.

 

Toda sociedad se agrupa y obtiene solidez en torno a valores básicos. Son los valores básicos que todos conocemos, muchos de los cuales surgen de las virtudes personales de los individuos que componen esa sociedad. A mi entender uno de los principales, casi diría esencial que debe regir entre las relaciones de los individuos, es el de la buena fe.

 

La buena fe es la piedra angular sobre cual se asientan o sostiene la mayoría de las demás valores de esa sociedad. Y simultáneamente estos hacen que se cultiven y valoricen las virtudes personales de los individuos. Sin buena fe, aparece la desconfianza y el desmoronamiento paulatino de las cualidades personales de las personas.

 

Sin buena fe se entra en un estado de prevención en contra de lo que hace o piensa el prójimo y lentamente se entra inconscientemente en un estado de “guerra” latente, de todos contra todos, aplicando criterios personales y propios, siempre que nos convengan o favorezcan. Un estado de anomia. Y un estado de anomia que es casi siempre un estado previo a la anarquía. Y este estado es un paso previo a la guerra civil, disolución nacional o en el mejor de los casos un pasaje directo al sub-mundo de los países más atrasados y subdesarrollados del planeta.

 

Si aceptamos lo dicho precedentemente y lo proyectamos a nuestro país rápidamente podemos darnos cuenta de nuestra  mortal  enfermedad.   La  ética y  la moral han  prácticamente

desaparecido. Las virtudes personales directamente no se valoran o no se tienen en cuenta. Ya nadie puede confiar en nadie. Virtudes personales tales como el cumplimiento de la palabra empeñada, el respeto al prójimo, a la verdad, la dignidad, la lealtad, la responsabilidad personal, el respeto por los mayores y a los más débiles, por las jerarquías, por la autoridad, por las investiduras, el culto al trabajo, al esfuerzo y al sacrificio en pos de un objetivo, la educación y urbanidad en sus múltiples facetas: buenas maneras, puntualidad, cortesía, formalidad, se han perdido casi completamente. El honor y la honestidad son palabras prácticamente sin contenido.

 

La desaparición de las virtudes y cualidades personales nos llevan a convertirnos en una sociedad apática, indolente, poco solidaria, irresponsable y ajena a todo aquello que no nos afecta en forma directa y personal. Miramos y nos preocupamos por nosotros mismos y no por el conjunto. No tenemos un parámetro, que fije en nuestras conciencias nuestra conducta. Con la ausencia de la ética y la moral no hay proyecto de país que sea posible. O cambiamos los argentinos, o no tenemos futuro en este mundo, que avanza vertiginosamente mientras nos vamos quedando cada vez más atrás.

 

¿Pero cual es la forma de cambiar? La educación. Así de simple: la educación. Todos lo sabemos, hasta el menos versado en estos temas. La educación.

 

Esta comienza en el hogar, pero se acrisola, se acrecienta y se incorpora definitivamente en las escuelas y en las universidades, forjando para siempre nuestras personalidades. Y en este aspecto hace mucho tiempo, que nuestro país está fallando, en una declinación cada vez más pronunciada.

 

Todos saben de la importancia de la educación. También obviamente los políticos. Pero es un tema que no produce réditos inmediatos, ni siquiera mediatos. El rédito es a largo plazo. Como mínimo una generación. Esa es la razón por la cual nuestra dirigencia no les preocupa en la medida de su crucial y decisiva importancia.

 

Esa es la causa fundamental, diría casi exclusiva, de nuestra mediocridad y chatura como país. Las escuelas públicas han perdido por completo su antigua excelencia académica. Las universidades estatales parecen comités partidarios, altamente politizadas y en franco y permanente deterioro estructural y funcional. Es muy difícil para un alumno, estudiar, y al mismo tiempo luchar contra la falta de medios, comodidades y desorden organizacional. Maestros mal pagos. Profesores de tiempo parcial y pésimamente retribuidos.

 

 El servicio militar en donde se acrisolaban y adquirían muchas de estas cualidades personales, se completaba la educación primaria y se aprendían normas elementales de convivencia, ha desaparecido. La juventud de hoy no tiene contención alguna, ni guía ni referencia en los aspectos a los que me estoy refiriendo.

 

En definitiva sin valores y sin cualidades personales de sus ciudadanos el país no tiene un destino como el que todos anhelamos.

 

En los últimos meses la comunidad internacional y diferentes organismos e instituciones estuvieron demandando a la Argentina buena fe.  Justamente la virtud que considero esencial y  que nuestro país no tiene o que no demuestra en sus relaciones entre sus ciudadanos y con el mundo.

 

Seguir en ese camino y sin invertir en educación y recrear una ética y moral individual, sería realmente demencial. Sería condenar a la mediocridad el futuro del país.

 

Sin una adecuada educación no hay futuro para el hombre, sin hombres con futuro no hay futuro para la Argentina.

 

 Lograr que nuestra sociedad se vuelva a cohesionar sobre los valores básicos que tuvimos en  oportunidad  de la formación de nuestra Nación, es absolutamente prioritario y va a demandar muchos y largos años. Deberíamos empezar cuanto antes y darle el énfasis, apoyo e impulso adecuado, parar recuperar el tiempo perdido. ¿Estará nuestra dirigencia dispuesta a ello?

Los argentinos y su dirigencia           

Hemos visto en la primera parte de este artículo la declinación pronunciada, hasta casi prácticamente su desaparición de los valores y las virtudes personales del grueso de los argentinos. No existe la ética y la moral. Ello implica una señal nítida sobre la decadencia de la educación, tanto en la escuela como en el ámbito de la familia
 

La ausencia de las cualidades mencionadas a través del transcurso del tiempo va lentamente modelando el arquetipo del argentino a través de la incorporación de procesos psíquicos inconscientes. Simplemente quiero mencionar algunas de las características que seguramente todos reconocemos y que nos  dan tan mala imagen en el mundo entero.

 

Características de los cuales nos ufanamos y festejamos alegremente y que no nos dan precisamente una buena imagen en el exterior. La viveza criolla, nuestra soberbia ¿¿??, nuestra picardía ventajera, nuestro egoísmo, altanería, arrogancia, falta de solidaridad, el individualismo, la falta de civismo, nuestro carácter voluble y cambiante, nuestras incoherencias e inconstancias, nuestra encubierta resistencia a todo lo que significa autoridad y orden...

                          

A ello se suma el comportamiento típico del argentino renuente a involucrarse en asuntos en los cuales no tiene directo o especial interés. El clásico y conocido “yo argentino”. Refleja fielmente su falta de solidaridad y de interés en aspectos que hacen al bien común. Otro aspecto negativo que debe ser destacado particularmente: los argentinos no tenemos memoria
 

                                La escasa memoria del argentino es casi endémica. Responde básicamente a los frecuentes cambios de humor. La falta de memoria de los dirigentes no es necesario describirlo, ya que todos; hasta el menos avisado; recuerda la infinidad de promesas, proyectos y afirmaciones que nunca fueron cumplidos. En general burdas mentiras, engaños y patrañas.

 

                                Pero a lo que quiero referirme es a la memoria de la ciudadanía. Hace menos de tres años la ciudadanía colérica reclamaba  “que se vayan todos” refiriéndose a la dirigencia política que sumergió al país en una situación terminal nunca vista antes. Creo que es la primera vez que la ciudadanía sale masivamente a la calle en pos de una demanda política. Y fue simplemente porque les habían tocado los bolsillos. La gente reaccionó de esa manera porque muchísimos argentinos fueron defraudados de la misma manera y reaccionaron en masa solidariamente. La segunda vez, pero ya en menor medida, fue el caso Blumberg.

 

Quisiera simplemente señalar unos poquísimos ejemplos, de la verdadera y francamente irresponsable tolerancia de los argentinos. Muy pocos, ya que realmente me llevaría páginas y páginas y terminaría de cansar al lector.(que seguramente los conoce tan bien como yo). Me limitaré a temas puntuales verdaderamente grotescos que seguramente nadie desconoce.

  

¿Por qué toleramos que en los viajes oficiales al extranjero se incluya en la numerosa comitiva de un presidente, similar a la de un jeque árabe, su peluquero personal y su profesor de golf ?.

 

¿Por qué toleramos que un personaje con antecedentes poco claros, llegue a la presidencia en un putsch absolutamente anticonstitucional, y que en un acto de total irresponsabilidad, de un plumazo, empobrezca a todos los argentinos, desde el más próspero empresario hasta el más humilde peón de campo, mediante la desastrosa salida de la convertibilidad?

 

¿Por qué toleramos que en su enemistad con Menem, entregue al país a un desconocido, incoherente y pintoresco personaje, nuestro actual presidente?.

 

¿Por qué toleramos que este al poco tiempo de asumir la primera magistratura, veje al vicepresidente como si fuera un adolescente, en forma notoria y pública, no recibiéndolo ni hablándole por varias semanas?

 

 ¿Por qué toleramos que la mayoría de los actos de este gobierno sean de naturaleza autoritaria por la falta de independencia y de división de poderes y que haya hechos que simplemente no se comprenden, como su relación con Castro y Chávez, directamente opuesta y antagónica a la de EE.UU.. y del G-7?

 

¿Por qué toleramos que. Cristina de Kirchner, pocos días antes de las elecciones en el país del norte se entreviste con Kerry, el candidato demócrata en una indisimulada muestra de apoyo?.

 

¿Por qué toleramos que  las torpezas en el ámbito internacional que son de tal calibre que realmente avergüenzan:  obstaculizó la Unión Sudamericana, inmovilizó el Mercosur, nos se entiende bien que se hizo con China, ignoró el deber de hospitalidad con los presidentes de Vietnam y Corea del Sur, le faltó el respeto al presidente de Rusia, se alejó de Chile, y termina el año pasado en un debate doméstico ante la opinión pública internacional por Cuba.

 

¿Por qué toleramos que se depositen los fondos de una provincia en el extranjero, sin ninguna información sobre su operatoria y se pide a los connacionales que repatríen sus cuentas en el extranjero?.

        

¿Por qué toleramos que el Presidente utilice el avión presidencial para traer los diarios de otra ciudad, entre cientos de otras trasgresiones de todo tipo a la más elemental educación, a la ética y a la Constitución?

 

¿Por qué toleramos las irritantes jubilaciones de privilegio, la demora en la reforma política, el sistema de elección de los jueces, y así cientos de graves torpezas mayúsculas más?

 

¿Por qué toleramos que en la Corte Suprema haya un juez que falseó su declaración jurada,  que miente y que es un evasor fiscal?

 

¿Por qué toleramos que permanentemente se nos mienta, engañe y manipule como a niños? Recuerden “...el que depositó dólares recibirá en devolución dólares...” y así miles de casos más.

 

La lista de torpezas y transgresiones sería interminable. ¿Pero como es posible que los argentinos seamos indiferentes ante tantos hechos reñidos con la sensatez, el sentido común, la ley, la Constitución, la ética y la moral y que nos perjudican personalmente?

 

¿Por qué toleramos estos abusos? ¿Cual es la causa que ante casos realmente de pavura y de vulneración flagrante de la ley o abuso de autoridad, a los argentinos no se nos mueve un pelo,

ni nos inmutamos en lo más mínimo?. ¿Qué tipo de analgésico hemos tomado para anestesiar de ese modo nuestras conciencias y sentido común?.

 

                  El Primer Trabajador para algunos, o el Gran Corruptor para otros, dijo que lo mejor que tiene el país son los argentinos. Creo que se equivocó drásticamente, o hilando más fino, fue un acto más de su populismo y  demagogia, arte que dominaba con soltura y precisión.

 

El mal nuestro es precisamente, el ciudadano argentino con las características negativas que puntualicé anteriormente, su indiferencia, falta de solidaridad e interés en todo lo que no les atañe personalmente. Hago este comentario sin querer herir susceptibilidades ni peyorativamente. De hecho soy argentino y adolezco las mismas características, en mayor o menor medida que las descriptas.

 

¿Cómo sorprendernos entonces de nuestra mediocridad? ¿Cómo sorprendernos de la falta de capacidad de nuestros políticos y nuestra dirigencia? Ellos salen y se nutren de este pueblo lleno de importantes falencias y de la falta de muchas virtudes y cualidades personales. Los partidos políticos se constituyen con ellos. (Obviamente también tenemos cualidades verdaderamente excepcionales en sus individualidades, pero estas no son el objetivo de esta nota).

 

. ¿Por qué estos deberán ser diferentes de lo que es el argentino medio? Salen de la ciudadanía. Son argentinos. Son el fiel reflejo de lo que son los argentinos La falta de idoneidad, capacidad y corrupción de la dirigencia política y la ausencia de proposiciones renovadoras de los partidos políticos, es producto de nuestra indiferencia y falta de participación activa en la política.

 

 Si nuestros políticos son así en su desempeño, es porque nosotros no pudimos seleccionarlos adecuadamente. Nuestra es la responsabilidad. Ellos están ahí porque nosotros los pusimos ahí. Ellos somos nosotros
 

                    El comportamiento de los políticos trae como consecuencia directa el comportamiento de la ciudadanía, que va retroalimentando cada vez más, la caída en esta sociedad decadente y empobrecida.

 

                        Todos sabemos que la mejor conducción y liderazgo se realiza mediante el ejemplo del más jerarquizado. ¿Qué ejemplo tenemos de nuestro máximo referente, el Presidente? Más vale no hablar en aras de la brevedad de este artículo

 

El resultado de todo este descalabro de liderazgo y gobierno arroja datos y estadísticas que son escalofriantes en nuestro país:

 

·        Más del 50% de los argentinos están debajo de la línea de pobreza, de estos un 30% es indigente.

 

·          Hay un índice de desempleo del 16 %. La mitad de la fuerza laboral está en negro y al margen de los beneficios sociales y laborales.

 

·        El 70,4 % de los chicos argentinos son pobres Más de 2.500.000 niños viven bajo la línea de indigencia. El 40 % de los chicos pobres (hasta 5 años) tiene un coeficiente intelectual un 20% inferior al de los no pobres.

 

·        En algunos parámetros socioeconómicos estamos como hace tres décadas atrás
 

Deberíamos saber que no hay límite inferior para la pobreza y la ignorancia. Cada vez podemos ser más y más pobres e ignorantes. Los millones de niños que hoy no se alimentan adecuadamente no alcanzarán el día de mañana, el índice normal de capacidad intelectual.

 

“La Argentina está compuesta por millones de habitantes que quieren hundirla, pero no lo logran” dijo hace varios años un cómico mexicano.

 

Albert Einstein en 1925 a su vez manifestó:”¿Cómo puede progresar un país tan desorganizado”, haciendo referencia a la descomunal riqueza y por otra parte al perpetuo caos administrativo, político y fiscal.

 

Otro prestigioso economista de aquella época, Gastón Jeze, en su libro “Las Finanzas Públicas de la República Argentina” expresó como una rotunda conclusión: “...existe una profunda y radical oposición y contraste entre la prosperidad económica y el desarreglo de las finanzas públicas.” También agregó “que la hacienda pública es malísima, porque está en déficit permanente”.

 

Por otro lado se atribuye al político George Clemensau la siguiente reflexión: “Argentina crece gracias a que sus políticos gobernantes dejan de robar cuando duermen”. Además continuó “...el país es destruido de día y se repone de noche”.

 

No hace mucho tiempo atrás, el Presidente de un país vecino manifestó “...que los argentinos son todos unos ladrones...”

 

Todas estas opiniones, con sus más y sus menos, reflejan la realidad, a mi criterio de lo que es la Argentina. Somos un país cada vez más pobre y rezagado dentro de toda nuestra inmensa riqueza.

 

Sin volver a los valores, a la ética y al moral, nuestro destino es harto dudoso. Debemos revertir el proceso. Ello se logra simplemente con la educación y con el ejemplo personal de nuestros líderes.

 

De no seguir ese camino pronto nos convertiremos en la Etiopía americana luchando denodadamente por el último puesto en el concierto de las naciones. Una verdadera pena en un país con tantas condiciones favorables.

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