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El estilo gubernamental: germen de futura violencia popular
Alfredo Raúl Weinstabl
alfredo@weinstabl.com.ar

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En las dos últimas décadas, los gobiernos que no han terminado el mandato de su período constitucional, lo han hecho principalmente por causales y factores socio-económicos.

                  Así lo vemos al Dr. Alfonsín que abandona el gobierno voluntariamente, por el estrepitoso fracaso de su plan económico que desemboca en una inflación desenfrenada y que hace prácticamente ingobernable al país.

                  Al Dr. De la Rua le sucede algo similar, su ineficaz gestión genera un clima de inestabilidad social y también asoma la hiperinflación, lo que lo obliga a dejar el gobierno poco después de cumplir la mitad de su mandato.

                  Al Dr. Duhalde sus enormes desaciertos, torpezas económicas y un exceso en la represión policial de una manifestación popular, también lo obligan a abandonar la primera magistratura antes del tiempo previsto.

            Dos presidentes tuvieron que interrumpir voluntariamente su mandato para evitar males mayores, porque el país se hacía ingobernable. El otro fue echado por la ciudadanía.

Haciendo un simple repaso y análisis de lo actuado por nuestro presidente, en estos casi dos años de gobierno, y efectuando una prospectiva hacia el fin de su mandato, el gobierno del Dr. Kirchner va a tener un fin muy diferente a sus predecesores.

El desorden intelectual de la administración, el colapso de las instituciones, la corrupción desenfrenada y desmedida más el rencor y la indignación contenida, aflorará con inusitada violencia. ¿Será depuesto y echado por la ciudadanía?. De ser así con un epílogo diferente a sus predecesores que explicaremos más adelante.

 A diferencia de los anteriores gobiernos, no sería por causas socio-económicas sino por motivos políticos y de corrupción en el más alto nivel gubernamental.

                  Kirchner gobierna basándose en una inusual confrontación con todo aquel que no pensase como él o que difiera en sus particulares enfoques de la gestión de gobierno. Crea enemigos sin necesidad y sin sentido. Esta permanente confrontación no se realiza en el nivel que corresponde a un mandatario, sino que está plagado de una virulenta y enardecida retórica, muchas veces con fuertes denuestos, prepotencia y descalificación hacia sus interlocutores o con aquellos que difieran con sus propias opiniones.

                  Este particular e inusual estilo presidencial, abarca prácticamente a todos los protagonistas de los factores de poder del país y del espectro del quehacer nacional. Muy pocos se deben haber salvado de sus destemplados y furibundos ataques. Es más, desde el mismísimo comienzo de su gestión, este trato impropio, inexplicable y desproporcionado, se extendió a países amigos, organismos internacionales, empresas multinacionales, a personas y a mandatarios de otros países.

                     Los enemigos más ficticios que reales, que su mente afiebrada y su intolerancia fueron creando, se cuentan por cientos. Tal vez por varios centenares. Banqueros, diplomáticos, policías, economistas, analistas políticos, , militares, empresarios, inversores, organismos internacionales, países amigos, países hermanos, el Vaticano, gente del campo, financistas, políticos de la oposición, la prensa escrita, medios audiovisuales, el clero, sus ministros, sus colaboradores y ayudantes más cercanos, etc. La lista sería interminable. Todos fueron en diferente manera, agraviados, ofendidos, engañados, denigrados.

No creemos necesario detallar las graves y groseras fallas de la educación y comportamiento de nuestro presidente ni el desdén al ceremonial, protocolo y maneras civilizadas utilizadas internacionalmente. Ya han corrido ríos de tinta hablando del extraño, excéntrico y particular estilo del presidente de los argentinos.

Lo que queremos destacar que hoy día, el comportamiento presidencial y su forma de gobernar prácticamente han dividido al país y alejado a la Argentina de países amigos y de aquellos que podían habernos ayudado. Ha abierto innumerables frentes de conflicto. Ha reabierto temas  ya cerrados y causó innumerables  tensiones, enojos, ofensas, agravios y heridas nuevas.

Kirchner está tensando demasiado la cuerda. La tolerancia de la ciudadanía pese a parecer inagotable, tiene un límite.

La situación política es similar a lo que pasa actualmente en la República de Venezuela. Allí también gobierna un desaforado y autoritario que parece salido de una novela de épocas ya lejanas. En poco tiempo, ha polarizado a la sociedad venezolana. La mitad de los venezolanos lo apoyan,  la otra mitad lo desprecia y lo rechaza rotundamente. El clima político es tal, que una simple chispa podría generar una violencia incontrolable en el pueblo hermano.

 Es un escenario casi semejante a lo que pasa en nuestro país. Kirchner, con sus arbitrariedades e irracional comportamiento, virtualmente ha dividido como nunca la sociedad argentina. No solo la ha dividido, sino que ha reavivado y creado nuevos rechazos, rencores y odios profundos que aún no se exteriorizan ni evidencian públicamente.

El temor físico, el ser blanco de sus desmedidos ataques verbales y el miedo a la violencia de sus incondicionales “grupos de choque”, generan un prudente  y recatado silencio. Las reacciones yacen latentes para surgir en el futuro.

            Cuando se evidencien sus engaños y se haga más visible el fracaso de su gestión y aflore la debilidad del gobierno, esa prudencia y contención seguramente desaparecerán para que los afectados pasen la factura de las heridas y agravios recibidos.

La situación podría degenerar, a causa de la reacción de la sociedad enardecida, en una  violencia desenfrenada e incontrolable, no conocida en nuestro país en las últimas décadas. No solo respecto a su persona sino también a miembros de su gobierno. 

El modo prepotente y afrentoso que utiliza en su gestión  se volverá en su contra. Esta violencia popular podría generar desmanes, desórdenes, tumultos, copamientos, enfrentamientos y hasta ejecuciones y linchamientos populares. La ira contenida, después de años de engaños, mentiras, agravios y manipulación de la opinión pública será difícil de contener. O también probablemente no se quisiera contener.

Aparecerán los enemigos ficticios e imaginarios, que en su febril y trastornada mente  a lo largo de los años fue construyendo, para  buscar el resarcimiento de tanto engaño y agravio.

 Y como ya es una constante en nuestro país, después de la marea creciente viene la bajante, con la pendularidad característica de nuestra historia. Mientras tanto, el país sigue en el tobogán descendente,  demorando cada vez  más, su ansiada vuelta al concierto de países serios y creíbles que buscan afanosamente su propio destino de grandeza.

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