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090808 -
(Otro golpe a la lógica y al sentido común)
-Esta
nota fue escrita y enviada a los medios el 01 de septiembre del
año 2006. Se vuelve a publicar por considerar que el tema es de
rigurosa actualidad, por la farsa jurídica y circo mediático que
se llevó a cabo en la ciudad de Corrientes.
Pocos meses después de la finalización de la
II Guerra Mundial cuando en toda Alemania y en casi toda Europa
aún humeaban las ruinas, el Tribunal Militar Internacional puso en
marcha en el Palacio de Justicia de la ciudad de Nüremberg un
proceso para juzgar a los responsables de una barbarie que conmovió al
mundo.
Por primera vez en la historia un tribunal de vencedores juzgaba a los
vencidos como culpables de crímenes contra la paz, de crímenes de guerra
y de crímenes contra la humanidad.
Se acusó a 24 de los más altos y principales funcionarios
nazis, de horribles crímenes y atrocidades.
Luego del debido proceso, el Tribunal de Nuremberg condenó a 12
de los acusados a la pena de muerte, tres a cadena perpetua, otros cuatro a
diversas penas de prisión y tres fueron absueltos. Dos de los acusados se
suicidaron.
Todos los sentenciados eran los máximos responsables
de millones de muertes y una devastación y destrucción jamás visto hasta
en Europa ni en ningún otro lado hasta ese momento.
Salvando las distancias existentes por las enormes diferencias entre
los dos casos, el de Nüremberg y el argentino, hay una similitud, el enfoque
de la metodología para impartir justicia.
En nuestro país, quisimos emular el ejemplo que dieron las potencias
vencedoras del conflicto. Hicimos exactamente lo mismo,
pero con 180º de diferencia, totalmente al revés.
En efecto, los juicios no empezaron unos pocos meses después
de la finalización del conflicto como lo fue en Europa, sino más de
veinte años después y luego de una serie de peripecias políticas y
jurídicas insólitas que no son objeto de este artículo.
Hace unas pocas semanas ya se conoció la primera sentencia
a uno de los “genocidas” (ver nota Nº 1) y
participante activo del “Terrorismo de Estado” (Ver nota
Nº 2) del gobierno del Proceso de Recuperación Nacional.
La Justicia argentina, con sus valores de ecuanimidad, equilibrio, y
adecuada y justa ponderación, volcó todo el peso de la Ley en uno de los
homicidas del gigantesco y diabólico “aparato del Estado” del
gobierno militar condenando... a un sargento de la
policía.
Para un observador imparcial y con un mínimo de
criterio o sentido común esta sentencia como poco, parecería realmente
una lamentable y grotesca humorada.
De los miles de personas que constituyeron las Fuerzas Legales del Estado
que intervinieron y participaron y los que los apoyaron (seguramente
millones de argentinos) en la lucha contra la subversión y el terrorismo,
volvemos a repetirlo por si parece una humorada, la primera sentencia y
condena, recayó sobre un sargento de la policía
bonaerense.
Este hecho evidencia a las claras,
lamentablemente, y utilizando un conocido dicho popular que “el hilo se
corta por lo más delgado”. Pero por otro lado es una verdadera
embestida contra la lógica y el más elemental sentido común. Un gigantesco
despropósito.
El Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 5, condenó a
Julio Héctor Simón a la pena de veinticinco años de prisión,
inhabilitación absoluta y perpetua, demás accesorias legales y costas por
ser coautor penalmente responsable de los delitos
de privación ilegal de la libertad doblemente agravada por su condición de
funcionario público
Resulta sencillamente incomprensible e inadmisible que se
juzgue a alguien de un nivel jerárquico tan bajo como el que tenía el
sargento Simón, cargándole las responsabilidades de lo actuado en esa
década.
No escapa a nadie, que un sargento no actúa por iniciativa
propia.
Si en cambio, creemos procedente las sanciones que le caben por excesos o
delitos conexos.
Esta sentencia no es más ni menos, que el enorme circo mediático que
el gobierno, por intermedio de su justicia adicta y corrupta, está llevando
a cabo con el personal militar, de fuerzas de seguridad y policiales.
Los Coroneles y Teniente Coroneles actualmente detenidos con
prisión preventiva y los equivalentes en las demás Fuerzas, en aquella
época, eran oficiales subalternos o suboficiales de jerarquías muy bajas.
La mayoría en aquel entonces, eran simples tenientes o
subtenientes.
Cualquier que haya hecho la conscripción militar o que tenga un mínimo de
criterio sabe que las jerarquías nombradas tiene
una autonomía propia extremadamente acotada y prácticamente ninguna libertad
de acción.
Dentro de la estructura jerárquica su misión se limita a
cumplir órdenes o directivas o hacer cumplir estas.
En las estructuras jerárquicas de cualquier tipo,
y en particular las militarizadas, el de mayor
jerarquía es el que se lleva los honores de los aciertos y victorias y en
contraposición, también la vergüenza y deshonra en los errores y derrotas.
El resto de la estructura simplemente cumple
órdenes. Es lo que se conoce no solo en este país sino en todo el mundo como
la “obediencia debida”. A este concepto apeló Alfonsín para
enterrar los desencuentros del pasado y buscar la
pacificación nacional.
Para hacerlo más evidente y explícito, es el sistema y
metodología que emplea y aplica el tirano actualmente en el poder: o
se está con Kirchner, en su estricto verticalismo, o se es
adversario y enemigo y se está directamente en la vereda opuesta.
¿Cuál es entonces la razón de acusar y condenar a
los escalones intermedios y muy en particular los de menor jerarquía?
Ello demostraría un desconocimiento absoluto de la cadena de autoridad y de
responsabilidades en las estructuras organizativas en particular de las
militares.
Pero no es el desconocimiento que hace que en nuestro país se proceda
exactamente al revés que en Nüremberg.
Es el odio, el resentimiento y el deseo de venganza que impulsa esta
decisión tan contrapuesta a la mayor experiencia
mundial y por el más elemental sentido común.
Pero básicamente a nuestro criterio es la necesidad de hacer
un circo mediático para capitalizar políticamente el hecho y distraer la
opinión pública de los problemas más acuciantes. Pero para el
desapasionado observador surge claramente que se está procediendo
erróneamente y que se estás tomando a sabiendas, un camino totalmente
equivocado lleno de riesgos: se está sembrando más odio aún y la posibilidad
cierta de fracturar a la sociedad argentina, es un riesgo probable.
En vez de buscar la paz social y aquietar los ánimos, este gobierno, en
particular Kirchner, los agita y los exacerba. La ciudadanía va teniendo
la sensación de que lentamente se va gestando una futura tempestad.
Los miedos y el temor ya se ha reinstalado en el país. Los argentinos más
observadores intuyen que una tormenta muy violenta se cierne en el futuro.
Es lamentable, Kirchner que tuvo la posibilidad de frenar
el péndulo de nuestra permanente polarización política en la vertical,
no solo no lo hizo, sino que le dio más envión aún.
La reacción cuando cambien los vientos,
seguramente van a ser consecuencias de este desatino y torpeza
presidencial.
Sabemos que lo que se siembra posteriormente se recoge.
La soberbia, el descaro, la cobardía de sus actos, su
incompetencia, su prepotencia, su mala educación, han hecho que Kirchner
tenga enemigos por doquier. Inclusive dentro de aquellos que lo
frecuentan y que forman su círculo más cercano. Pocas veces en las últimas
décadas, hemos visto un mandatario tan odiado, por
tanta gente, y de tantos sectores diferentes.
Viene a nuestro pensamiento el trágico fin del
dictador Nicolás Ceasescu y de
Benito Mussolini., por mucho tiempo idolatrados por sus pueblos, pero
que finalmente reaccionó con odio, ira y con una
violencia incontrolable ante los escandalosos abusos y graves errores de
los dictadores.
¡Quiera Dios que esa historia no se repita en nuestro país!
Notas:
(1) Genocidio.
Hay infinidad de definiciones sobre esta palabra. La más aceptada es la
siguiente: “Es un
delito internacional que consiste
en la comisión, por funcionarios del
Estado o particulares, de actos
con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo
nacional,
étnico,
racial o
religioso”. – Bajo ningún
concepto puede utilizarse este concepto en lo ocurrido en la guerra
revolucionaria ocurrida en nuestro país durante la década del 70. Lo que el
gobierno militar buscó es derrotar las organizaciones guerrilleras.
(2) Terrorismo
del Estado: Es un concepto inexistente en la
terminología mundial, creado por los terroristas subversivos argentinos para
justificar su derrota en la guerra revolucionaria. El Estado no comete
terrorismo . Lo que hace es represión militar y
policial.
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