Argentina
La apatía política en la Argentina
Alfredo Raúl Weinstabl
alfredo@weinstabl.com.ar

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Aristóteles definió al hombre como “zoon políticon”, “animal político”, marcando con ello otra particularidad que tiene con respecto al resto del reino animal. El hombre no político era un “ideon”, el sentido original de nuestra palabra “idiota”. En aquella época eran los esclavos y las mujeres.

                    Por otra parte la “res pública” de Platón, de ahí el origen de la palabra“ república”, significaba el manejo de la cosa pública, las solución de las cosas comunes a toda la sociedad.


Como una brevísima síntesis de lo expresado, podemos afirmar que la participación de la persona humana, el ser político, constituye un factor esencial en la elaboración del destino colectivo de todo sistema democrático.

No obstante en toda sociedad, hay solamente un muy pequeño número de personas que participan activamente en los asuntos públicos; una verdadera minoría; y el resto, la gran mayoría, es indiferente a la política, totalmente inactiva en ese sentido y se abstiene de actividades relacionadas.

        Esta gigantesca masa de personas tienen un papel meramente pasivo y son fácilmente guiadas y manipuladas por el gobernante de turno.

         Estos últimos, la gran “mayoría silenciosa” pueden en algunas circunstancias, convertirse en el que se ha dado en llamar el hombre-masa.

        Lo expresado no es una particularidad argentina, es un fenómeno casi universal.

Pero a ello se agrega otro fenómeno socio político en países que están saliendo de una fuerte crisis económica, como la que ha sucedido en nuestro país a fines del año 2001.

Utilizaremos algunos párrafos de un excelente artículo de Enrique Valiente Noailles aparecido en el diario “La Nación” del 16-10-06. El mismo expresa que cuando hay crecimiento económico después de una crisis económica, este constituye un factor que actúa como un narcótico o anestesiante sobre la ciudadanía, haciendo que otros aspectos básicos que hacen al funcionamiento de un sana democracia, pasen a un segundo plano o inclusive son desplazados definitivamente.

Este fenómeno ha ocurrido en la Alemania de Hitler, que sucedió a la desastrosa República de Weimar con su gigantesca hiperinflación, así como también en la Italia fascista de Mussolini. En ambos casos estos gobiernos, surgieron de profundas crisis económicas.


“La satisfacción del corto plazo producida por el mejoramiento económico, anula toda la insatisfacción de largo plazo y solo cuando estalla el corto plazo se renueva el deseo de construir el largo plazo”
agrega el autor mencionado.

En nuestro país este fenómeno, tan bien descripto por Valiente Noailles, constituye casi un ejemplo perfecto de lo mencionado. El crecimiento de la economía durante el gobierno de Kirchner, producto de una situación económica mundial favorable, de la contención de las variables económicas por el gobierno, y de otras causas puntuales no atribuibles precisamente a la “eficiencia e idoneidad” del gobierno, hacen que otros aspectos institucionales prácticamente han desaparecido, no solo de la agenda oficial, sino también del de las fuerzas de la oposición y de las fuerzas vivas.

Es así que la reforma política, la ley de acceso a la información pública, la corrupción, la división de poderes, las presiones contra la libertad de expresión, y el acatamiento a las leyes y la Constitución Nacional y tantos otros aspectos institucionales, pasaron a un oscuro, lejano y eventual segundo plano.


En otras palabras lo inmediato, el crecimiento de la economía, desplaza o directamente anula lo mediato o de largo plazo, que en definitiva es la consolidación del sistema democrático para un mejor bienestar general, que en definitiva, debería ser el objetivo buscado.


La acumulación del PBI produce indudablemente una mejoría en la situación de los ciudadanos, pero si no va acompañado por los aspectos institucionales y estructurales que requiere el país, es simplemente una cuestión pasajera y momentánea, con seguros
graves conflictos en el futuro.


El debilitamiento de las instituciones democráticas hace que el fantasma del autoritarismo vaya radicalizando  y afianzándose en el país.

Lamentablemente es el caso del gobierno que lidera Kircher.

Depende de nosotros, los ciudadanos comunes, dejar de lado nuestra apatía e indiferencia para tratar de revertir esta situación explosiva de nuestro futuro.

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