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Argentina: Un gobierno basado en la mentira
Alfredo Raúl Weinstabl
alfredo@weinstabl.com.ar

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260307 - Ninguno de los últimos gobiernos que tuvo nuestra Patria se distinguió por la correspondencia entre sus dichos y los hechos. Muchas veces los anuncios y las promesas fueron cumplidas a medias o simplemente incumplidas o constituyeron simples mentiras..

Pero el actual gobierno, sin lugar a dudas, encabeza ampliamente y por lejos sobresale netamente en tan lamentable comparación.

Pero en esa comparación también tiene otra característica particular: el desparpajo y la desvergüenza en sus absurdos engaños. El intento de manipulación de la opinión pública y los engaños son tan evidentes y torpes que sin ningún esfuerzo salen por si solos a la superficie.

Desde el mismo comienzo del gobierno, Kirchner trata y muchas veces lo logra, de esconder sus gravísimas falencias y desaciertos debajo de la alfombra. Falencias y desaciertos que irremediablemente, en corto y mediano plazo, saldrán a la superficie con sus costosas consecuencias para el país.

El presidente, en sus frecuentes soliloquios en la Casa Rosada y en sus discursos de barricada en los lugares que suele visitar, por supuesto con una previa constatación de tener un público dócil y adicto, sin ningún atisbo de vergüenza o un mínimo de pudor, se desgrana con anuncios de gran impacto popular, generalmente lleno de falsedades, tergiversaciones y mentiras.

Nadie puede preguntar o tener un diálogo con él. Habla solo y de lo que se le ocurre, falseando y disfrazando encuestas e índices y la realidad, a su favor.

El no poder dialogar con él tiene una lógica explicación: Kirchner es incapaz de afrontar la pregunta más simple y elemental referida a su acción de gobierno. No porque no quiera, sino simplemente porque no hay respuestas

El diccionario define “falsedad” como falta de verdad o autenticidad, falta de conformidad entre las palabras, las ideas y las cosas, o delito consistente en la alteración o simulación de la verdad, con efectos relevantes, hechas en documentos públicos o privados, en monedas, en timbres o en marcas.

También define como “manipulación”, el intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares.

Si analizamos el comportamiento de Kirchner y de otros funcionarios gubernamentales veremos que están ampliamente comprendidos en estos conceptos.

La actual manipulación de la información y de las personas, la distorsión de los hechos más allá de lo reconocible son conocidas técnicas totalitarias, de las cuales Goebbels se hubiese sentido orgulloso.

La grosera e insólita manipulación en el INDEC  fue la gota que rebalsó la copa. El gobierno ha perdido la vergüenza y total y definitivamente la credibilidad. Hasta la persona menos versada en estos temas, en su vivir diario, notó que las cifras sobre la inflación distaban de ser las que informaba el gobierno. Economistas de diferentes sectores informaron indignados que la inflación real era prácticamente la doble anunciada por el gobierno.

Ello generó un clima de incertidumbre poco propicio para las inversiones, la economía en general y entre otros aspectos, la falta de una medida creíble sobre el nivel de precios para las negociaciones salariales e imposibilita diseñar, implementar y evaluar las políticas públicas de manera eficiente.

Pocos días después el gobierno dio a conocer los índices de pobreza en el país. Por supuesto utilizó una metodología antigua y “olvidó” incluir en el computo los miles de personas que son beneficiados por los subsidios a los desocupados.

Cada vez menos credibilidad y confianza en el gobierno, si aún queda alguna. No solo en el país, sino también en los inversores extranjeros que ante tanta torpeza, lamentan no poder invertir en un país en donde todo está por hacerse.

Pero los desaciertos, engaños y mentiras tienen patas cortas. No tardan en aparecer. Un claro ejemplo es lo que está ocurriendo en la provincia que durante tanto tiempo fue “administrada” por Kirchner.

Diversos factores se están juntando y saliendo a superficie. La provincia de Santa Cruz es un verdadero polvorín.

¿Será este el mismo triste destino que le espera al país? Es muy probable: son los mismos dirigentes y administradores. ¡Lástima!

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