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200507 -
El control de precios implementado por el
gobierno ya hace varios meses,
está afectando profundamente la economía
del país
y cada vez en mayor grado.
Este procedimiento de
intervención del Estado en la economía de un país, suele ser aplicado
fundamentalmente por dos razones distintas y principalmente con
objetivos diferentes:
·
Por un lado es un procedimiento aceptable,
para ajustar un desequilibrio muy puntual de algún producto o servicio cuyo
precio se dispara, por alguna causa, en general estacional. Es un
procedimiento que podríamos llamar lícito dentro de la gestión económica,
pero siempre y cuando sea
efectuado por un tiempo acotado muy limitado.
·
En el segundo caso es un
procedimiento pernicioso y distorsivo,
que desequilibra totalmente la economía
y
cuyo propósito es ocultar o suprimir la inflación que afecta políticamente
al gobierno que decide aplicarlo.
Los controles y congelamientos tienen
un primer impacto inicial aparentemente
favorable,
pero luego comienzan a percibirse los
efectos negativos de un desequilibrio cada vez
más pronunciado en toda la economía,
en particular, entre los servicios privados, los salarios y los precios más
rígidamente vigilados y controlados. (Algunos bienes de consumo, las tarifas
de servicios públicos y los precios de los combustibles).
Nunca los controles de precio han sido efectivos.
La experiencia histórica es claramente demostrativa de esta afirmación. Para
los productores, comerciantes y empresarios en general, cuando los márgenes
y de la rentabilidad no son los deseables, provoca una reacción defensiva
que puede pasar por reducciones
en la calidad o simplemente por una retracción de la oferta, hasta inclusive
anularla.
Los controles rompen el delicado equilibrio
entre la oferta y la demanda.
Hay una clara conciencia en el país sobre ello. También del castigo que
significa la inflación, particularmente
para los asalariados, para la clase media y
para las Pymes.
No es necesario abundar en este tema ya que los argentinos tenemos amplia
experiencia personal sobre el mismo. Hemos sentido
ese verdadero flagelo, en varias oportunidades
en carne propia.
Kirchner y su ministra también saben con exactitud lo expresado. Saben que
su principal enemigo de estos últimos años
es la inflación, producto de un equivocado
manejo de la economía.
Por ello Kirchner hace denodados esfuerzos para tapar el sol con las manos,
porque sabe que la inflación
golpea a las clases más bajas que son su mayor apoyo electoral.
La consigna es entonces
embaucar, engañar y manipular a la opinión pública
para tapar o enmascarar la inflación y
dar una imagen de una economía sin sobresaltos
y problemas.
Si al
estigma de la inflación le sumamos la adulteración del
IPC
y del INDEC
para llevar estos índices a que
sean funcionales al objetivo del gobierno,
estamos en presencia de un
verdadero acto delictivo.
Estos índices no son solo un número que refleja el estado de la economía
respecto a un período anterior, sino que se considera y utiliza para
infinidad de ajustes en las relaciones económicas, desde el aumento y valor
de determinados bonos estatales, acuerdos tarifarios, hasta la referencia
necesaria para los convenios colectivos de salarios, entre otras múltiples
cosas.
El otro grave problema que trae aparejado el control de precios es la salida
de esta situación. Ante un eventual sinceramiento de la estructura de los
precios, necesariamente se
producirá un gran escalón inflacionario que podría producir otra conmoción
en la economía del país.
Lo expresado es de absoluto conocimiento de Kirchner y su gobierno. No
obstante en vez de buscar soluciones adecuadas para
lograr la estabilidad económica,
utiliza estos procedimientos perniciosos que fracasaron en todas las partes
del mundo, extorsionando o
“arreglando” imperativamente
con los empresarios, por medio de su
impresentable secretario de Comercio.
¿Hasta cuando durará esta situación inestable?
Simplemente recordemos el
“rodrigazo” y la causa del final del gobierno de Alfonsín.
El gobierno
debería actuar entonces en consonancia, para que estos desastres no vuelvan
a repetirse.
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