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110807 -
De acuerdo a información de algunos medios nacionales, la
primera dama Cristina Fernández de Kirchner, flamante candidata a
la presidencia en las próximas elecciones, en una reunión de alto
voltaje tuvo un arrebato de ira, y
totalmente fuera de si, arrojó tres copas contra la pared,
lo que obligó la intervención de los presentes para que se calmara y
volviera a la normalidad.
La esposa del presidente reaccionó
violentamente en medio de los detalles y discusiones que se daban
en torno al affaire de la valija con los 800 mil
dólares proveniente de Venezuela, justo cuando
había llegado el presidente Hugo Chávez a la Argentina, lo que encendió
públicamente algunas suspicacias.
Algunas fuentes cercanas al
gobierno aseguraron que en realidad la discusión tuvo eje sobre la presencia
en el vuelo entre Caracas y Buenos Aires, de una empleada de Relaciones
Públicas de la Presidencia.
En realidad
no nos interesa destacar ni el origen ni la causa del
escandaloso hecho. Pero
si nos preocupa, y debería preocupar a toda la ciudadanía, la posibilidad de
tener una persona que pretenda ejercer el liderazgo del país,
y que no pueda controlar sus propias reacciones, ni a su
propia persona.
Es sabido que una de las cualidades
más importantes de un líder, es un perfecto
equilibrio emocional y personal.
Hechos como el descrito, de ser
cierto, implica una personalidad inestable y
de fácil descontrol.
Personas con esas características
no están en condiciones de conducir o liderar ningún tipo de organización,
ya que sus decisiones van a ser más producto de sus
reacciones viserales y no de una elaboración de su intelecto.
Este aspecto, francamente negativo,
se agudiza particularmente en situaciones de
crisis o de estrés,
impidiendo arribar a decisiones correctas.
De acuerdo a informaciones de una
conocida revista semanal, la Sra. de Kirchner padecería de
personalidad bipolar. Esta patología hace que el equilibrio personal de un
individuo pase de situaciones de euforia a
profundas depresiones.
Hechos como el mencionado
precedentemente no hacen más que corroborar el estado psíquico de la
candidata presidencial.
Es conocido el apotegma que “para
controlar a los demás, previamente hay que saber controlarse personalmente”.
De confirmarse lo expresado,
pensamos que la Sra. de Kirchner no estaría en condiciones deseables ni
adecuadas para conducir al país, máxime teniendo en cuenta que los próximos
años van a ser definitorios para que la Argentina despegue de una buena vez,
para incorporarse al grupo de las naciones desarrolladas o seguir en la
oscuridad de un país de segundo orden.
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