181007 - Dentro de muy pocos días habrá
nuevos comicios presidenciales continuando ya veinticuatro años
ininterrumpidos de esta práctica elemental de un sistema democrático:
la posibilidad del pueblo de elegir sus propios representantes y
autoridades.
Pese al tiempo transcurrido, ya casi un cuarto de siglo, la
democracia en vez de afirmarse y consolidarse se fue deteriorando cada
vez más.
Se fue manteniendo la formalidad, pero el funcionamiento cada vez se
aleja más de lo que debe ser una democracia, tal como la pensó Juan
Bautista Alberdi, o como se práctica en los países más
desarrollados y adelantados del mundo y que está claramente expresada
en nuestra Constitución Nacional.
El mal radica, entre otros, fundamentalmente en el deficiente
funcionamiento de las instituciones republicanas.
El actual gobierno es, sin ninguna duda, el que más trasgredió las leyes
y vulneró la Constitución, no solo en su letra sino también en su
espíritu.
Mintió, engaño, embaucó y manipuló a la ciudadanía. También
demostró una absoluta incapacidad y falta de idoneidad en la
administración de la cosa pública y del país en general.
El gobierno de Néstor Kirchner se mantiene en el poder básicamente
por unas pocas medidas efectivistas de fuerte impacto en la
opinión pública y de una floreciente economía causada por un
ambiente internacional global y desusadamente favorable en todo el mundo.
No es el objeto de este artículo enumerar la enorme y larga ristra de
dislates, verdaderos disparates, gruesos y burdos errores y
trasgresiones a las leyes y a la Carta Magna realizados por las
decisiones de Kirchner. Todos los que siguen el proceso político saben o
por lo menos intuyen, que estamos en un proceso terminal.
Pese a ello hay una enorme cantidad de argentinos que por una razón u
otra siguen engañados sobre la marcha del gobierno, porque comparan al
mismo con la tremenda crisis del 2001, respiran aliviados por una
real mejora económica y se aferran a este siniestro personaje sin
percatarse de la falsedad y mediocridad de la gestión gubernamental en
todos estos años.
Es que cuando los perjudicados o damnificados por una larga crisis
económica entran en una etapa de mejoramiento o bonanza, la mayoría
de los demás aspectos que hacen a una sociedad democrática civilizada y
desarrollada, pasen a un segundo o tercer plano.
Pero estos, el respeto a la Constitución, la libertad económica, de
prensa, la división de poderes, la transparencia de la administración
pública, el consenso, etc. dejados de lado, son justamente los que
aseguran la continuidad de la democracia. Este descuido de cuestiones
elementales por parte de la ciudadanía, son aprovechados y
explotados por los gobernantes inescrupulosos.
Es precisamente nuestro caso. Kirchner se siente omnipotente por el
crecimiento y mejoramiento de la economía nacional y consecuentemente y
hace lo que quiere sin respetar las más elementales reglas democráticas
Con su abultado superávit fiscal fue destruyendo paso a paso no solo a
la oposición, sino también a las instituciones básicas de la Nación. Con
esos fondos pudo extorsionar a la gran mayoría de los dirigentes
y funcionarios del país.
Cuando falte el dinero, esta construcción virtual se desmoronará
indefectiblemente.
Esta metodología perversa es absolutamente artificial y limitada en el
tiempo. Como no está basada en medidas eficaces ni de fondo, sino en
remiendos, parches, soluciones parciales y muchas veces erróneas o
equivocadas, significa pan para hoy y hambre para mañana.
Es una estructura política económica sin el basamento adecuado para
mantener su sustentación y continuidad en el futuro. Muy por el
contrario, es una peligrosa bomba de tiempo que indudablemente
explotará llevando al país a un desastre mucho peor que los
argentinos tuvimos que sufrir en los últimos días del año 2001.
El gobierno de Kirchner, como ningún otro, en este período
democrático barrió con las instituciones y arrasó con todo el tipo de
controles en el manejo de la cosa pública.
El país está absolutamente aislado en el plano internacional, peleado
con los organismos internacionales de crédito, desacreditado y no
confiable con los países centrales, con una inflación probablemente de
las mayores del mundo, sin inversiones extranjeras, y cientos de
empresas dejaron el país para radicarse en los países vecinos. La
seguridad jurídica y física es inexistente y la corrupción florece por
todos lados y en todos los niveles, haciendo a la Argentina uno de los
países que encabezan el ranking en este aspecto. Un país en agonía,
que no encuentra su rumbo y en grave peligro de disgregación social y a
desenfrenada violencia.
Nuestras FF.AA, columna vertebral de nuestro nacionalidad, están
absolutamente desmanteladas y difícilmente tengan las condiciones
operativas elementales para estar en condiciones de defender al país
ni desalentar eventuales agresiones extranjeras. El país está en
un estado de indefensión alarmante y las Fuerzas con el presupuesto más
bajo de su historia y uno de los más bajos de América..
No obstante cientos de miles de argentinos, siguen confiados, pero
afortunadamente cada vez mayor recelo, en este dictadorzuelo
demagogo.
El país es actualmente un castillo de naipes que seguramente de no
cambiar el rumbo, tanto político como económico, está destinado a
colapsar y derrumbarse indefectiblemente.
La publicidad oficial promete un cambio con la candidata del
oficialismo.¿Alguien puede creer que ello ocurra? Los asuntos del Estado
fueron resueltos hasta ahora en la alcoba matrimonial de los Kirchner
. ¿Por qué habría de cambiar si son los mismos actores? ¿Por qué
creerles?
Simplemente nos aterra y horroriza pensar en la posibilidad de que las
riendas del gobierno caigan en manos de esta mujer crispada,
malhumorada, contradictoria, autoritaria y sin ninguna experiencia en
gestión.
La anterior señora que dirigió los destinos del país era una perfecta
inútil, sin la más mínima idoneidad y capacidad. Así nos fue.
No permitamos que otra vez una señora digitada en la cama matrimonial
por el marido, dirija los destinos de nuestra Patria.
Es más de lo mismo de lo que venimos aguantando desde hace cuatro
años, las mismas prácticas políticas en sus esencia, tal vez con otro
estilo en sus formas, pero de la mano de una persona sin adecuado
equilibrio psíquico y con rasgos característicos de una histeria
contenida.
Depende de todos los argentinos no volver a embarcarnos en una
verdadera aventura suicida. En particular, depende del voto de
las clases socio económicas más deprimidas, que por su número son
decisorios en los comicios.
Apelamos a que se use la cordura y el sentido común. Convirtamos
al país en una nación inserta en el mundo, previsible, segura y que
todos sus habitantes puedan disfrutar del bienestar que fija nuestra
Constitución.
No permitamos que nos mientan y embauquen más. Terminemos con esta
corrupción escandalosa que está vaciando el país. Pensemos en
nuestros hijos y en el futuro de la Argentina tantas veces postergado.
Analicemos bien el voto. Votemos bien.