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301107 -
La publicidad proselitista oficial previo a las elecciones
presidenciales señalaba que con la candidata oficial, la Sra.
Fernández Wilhelm de Kirchner , “El cambio recién comienza...” .
Muchos analistas sostenían que por ser la esposa de Kirchner,
existe entre ellos una identificación política e ideológica, por
ende, no iba a haber cambios y que la gestión política iba a ser
la continuación de las políticas implementadas por el presidente
Kirchner.
Puede ser como estos lo señalan, pero indudablemente algo va a
cambiar. y queremos analizarlo y señalarlo en esta breve nota.
• Ya no veremos en la TV, la desagradable figura de Kirchner. En
su lugar habrá una atractiva y bella mujer, bien plantada, en la
plenitud de la edad y en excelente estado físico
• Ya no tendremos que avergonzarnos por el comportamiento vulgar
y ordinario y la absoluta falta de educación y urbanidad del
presidente.
En su reemplazo esperamos seguir viendo a una mujer más pulida
en sus modales y en el trato con el prójimo.
• Ya no tendremos oportunidad de ver la picaresca cara de
Kirchner y sus graciosos gestos. En vez de ello veremos un bello
rostro logrado a través de la moderna tecnología. (que
seguramente hemos pagado todos nosotros), aunque su cabello y
sus largas prolongaciones hacen que se vea más como más una
actriz de reparto de telenovela de segunda línea, que una
funcionaria de alto rango, con la prestancia y dignidad que
debería tener su alto cargo.
• Ya no escucharemos ese lenguaje chabacano pronunciado con esa
voz siseante utilizando expresiones vulgares y ordinarias, más
propios de un carrero (con perdón de los carreros), que de un
presidente de la Nación.
En cambio esperamos escuchar la voz de la Sra. Fernandez Wilhelm
que con tono conciliatorio buscará disminuir los decibeles del
debate político para tratar de apaciguar viejos rencores y
resentimientos en busca de la concordia, la conciliación y la
pacificación nacional y aplacar los ánimos exaltados por su
consorte en casi todos los sectores del quehacer nacional.
No creemos probable que vuelva a mostrar su otra cara, la que
evidenció durante la campaña proselitista. Pensamos que sus
asesores de imagen le habrán aconsejado que refrene su
iracundia, ofuscación, vehemencia y crispación que puso de
manifiesto en esas ocasiones.
• Ya no veremos la tosca imagen del presidente vestido con
pésimo gusto y estilo (recordemos su famoso traje cruzado
siempre desabrochado y sus famosos mocasines marrones)
generalmente desaliñado, desarranchado, y con la “elegancia”
típica de un viejo empleado administrativo de una oficina de
correos de un remoto pueblito del interior.
En vez de ello veremos una mujer con prestancia, que sabe bien
como elegir su guardarropa y el resto de los complementos en su
presentación personal .Los mejores diseños, la ultima moda, todo
de primerísima calidad, de las marcas más exclusivas y caras del
mercado.
• Ya no escucharemos la verba mentirosa y falsa de Kirchner con
sus grotescas amenazas y burlonas y torpes ironías con la
oposición política o contra aquellos que osan pensar diferente a
él. o a su gestión de gobierno. Todos estos embustes expresados
con absoluto desparpajo y sin inmutarse en lo más mínimo, por
más grande que sea la mentira.
En cambio pensamos y esperamos que la futura presidente, por el
innato recato y sensibilidad de su condición femenina y
seguramente por haber capitalizado los gruesos errores de su
marido, se dirigirá a los ciudadanos en forma más veraz, educada
y civilizada.
Pero los analistas pareciera que tienen razón: lo expresado no
es un cambio en la política gubernamental; es simplemente el
cambio del estilo personal.
La esperanza de un cambio en la política se desvanece a la luz
de la continuidad de los colaboradores más inmediatos del actual
presidente, de los ministros y en general de todo el circense
elenco gubernamental.
Y como un simple ejemplo de que los argentinos no debemos
esperar un cambio, es la ya comprobada negativa de la futura
presidente a informar a la opinión pública mediante conferencias
de prensa, en donde el periodismo podría evacuar las dudas que
tiene la ciudadanía.
Este al parecer intrascendente ejemplo, refleja el rechazo de la
futura presidente a uno de los pilares de la democracia, la
transparencia de los actos del gobierno, a través de la
información pública, además de negarle a la ciudadanía, su
derecho Constitucional de conocer y/ò saber.
Recordemos lo expresado por la ex alcaldesa de Barcelona, la
Sra. Pilar Rehola hace un par de meses: “La información es un
bien público, en los países desarrollados es impensable que un
funcionario público se niegue a dar una conferencia de prensa,
porque habría una reacción inmediata y contundente”.
Aquí la futura presidente sigue lamentablemente los malos pasos
de su consorte.
No nos hagamos ilusiones en que la acción gubernamental
cambiará: el estilo será diferente, pero las políticas serán las
mismas.
Las que nos llevarán a un pozo negro, cada vez más profundo de
corrupción y miseria, por los increíbles y burdos dislates
políticos.
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