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040106 -
Todo hacía parecer que la Sra. Cristina
Fernández de Kirchner había triunfado democráticamente en
los recientes comicios presidenciales.
Si bien hubo
denuncias puntuales sobre fraude realizado de diferentes
maneras, el tema no alcanzó a constituir un escollo para el
triunfo de Cristina. Las impugnaciones de los partidos políticos
opositores no tuvieron suficiente identidad, fuerza o
envergadura, para hacer dudar del triunfo de la candidata
oficialista.
Pero el tema de la
valija llena de dólares es otra
cuestión y tiene otra entidad. Si se llegase a demostrar que
eran para financiar la campaña de la Sra. de Kirchner,
ello ya no constituye un fraude electoral, sería
un
acto de verdadera corrupción política.
Y hasta ahora pareciera que es así.
No solo habría entrado una valija sino varias, ya que el
portador de la misma, el venezolano Antonini Wilson,
habría hecho otros viajes similares con entrada al país por el
sector militar del aeroparque.
De ser verdad lo mencionado, ello confirmaría
el grado de la alta corrupción del gobierno y la
íntima relación de este con el caudillo venezolano.
Obviamente Chavez, utiliza sus
petrodólares para la “colonización” de la Argentina
llevándola a una dependencia que implica una verdadera
pérdida de libertad de acción en el plano internacional,
obligando al país a seguir los designios y pasos del pintoresco
líder venezolano.
Únicamente así se explica el dócil, manso y voluntario
acompañamiento del ex presidente
al circense espectáculo montado por Chávez en la selva
colombiana. Nada podía ganar nuestro país en esa alocada
aventura, solo había probabilidades de perder. Y
nuestro país perdió y como añadidura se reafirmó ante el
mundo nuestro alineamiento para con la política socializante que
el dictador venezolano está tratando de imponer en latino
América.
Es altamente probable que el valija-gate sea como ya todo el
mundo imagina o sospecha. La desaforada y no precisamente
diplomática reacción de la presidente ante las primeras
noticias del escándalo, se asemejó a una reacción visceral
totalmente fuera de lugar, que dejaría entrever una confesión
desafiante con el país del Norte. Como si alguien hubiese
puesto el dedo en la llaga.
Como una segunda consecuencia negativa, su propósito de lograr
la inserción de Argentina en el mundo y su objetivo de limar
asperezas con los EE.UU se hicieron polvo en la
primera semana de su gestión gubernamental.
Si llegase a confirmarse lo expresado, la presidenta debería
renunciar a su cargo. Sería intolerable tener una persona
corrupta e incapaz dirigiendo los destinos de nuestro país.
Si no lo hiciera, los partidos de la oposición, las fuerzas
vivas del país y particularmente el Congreso Nacional
deberían exigir la aplicación de las previsiones
constitucionales para someter a la presidente a juicio
político.
Solo de esa manera se podrá cumplir el slogan tan cacareado del
gobierno: “Un país en serio”
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