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Primero fueron unos pocos casos aislados de poco tiempo de
duración. Pero un día de temperatura algo superior a la normal,
cayó el telón y la verdad apareció con su cruel realidad.
Los cortes de luz tanto en su frecuencia como en su duración,
nos llevaron por el túnel del tiempo hacia el pasado, en la
década del 80.
Cientos de miles de argentinos, probablemente millones, se
vieron privados de energía eléctrica en los momentos en que más
se precisaba. Y recordemos que cuando se habla de energía
eléctrica en muchísimos casos, va aparejado con problemas en
el suministro de agua potable.
Como otra consecuencia directa, la baja de la tensión normal de
220 voltios y los altibajos que sufre la red, provocaron el mal
funcionamiento de electrodomésticos y en muchos casos, daños a
los mismos.
En realidad estamos en medio de una verdadera crisis energética
que se extiende a todo el país. El sistema eléctrico operó al
límite con serios riesgos de colapsar.
Muchas de estas emergencias ocurrieron de la Capital Federal y
en el Gran Bs. As. pese a que la población está disminuida
porque numerosos usuarios se encuentran fuera de sus domicilios
por las vacaciones. Los apagones también se produjeron en las
costas veraniegas. En Pinamar el 75% de la población quedó
sin luz. Pero en realidad, la crisis abarca casi todo el país.
Sería redundante describir la situación actual referido a
este problema ya que lo sufren casi todos los argentinos y los
medios dan abundante información relacionada.
Lo que queremos destacar en este breve artículo es la
enorme y gravísima responsabilidad del Estado en esta
cuestión.
Desde el mismísimo comienzo de la gestión
Kirchner en el año 2003, especialistas en el tema energético
preanunciaban, que de no hacer las inversiones necesarias,
habría en un futuro no precisado con exactitud, una crisis de
magnitud en el tema, que limitaría la industria, afectaría el
desarrollo económico y produciría innumerables inconvenientes y
un profundo malestar en la ciudadanía.
El tema aparecía frecuentemente en el candelero, pero
sistemáticamente era rebatido y negado por el gobierno,
no por especialistas, sino por el presidente y los mismos
charlatanes que hasta este mismo momento niegan la crisis.
Apelan a excusas y aclaraciones casi pueriles y sin sentido,
como si los argentinos fuéramos unos retardados mentales.
Simplemente unos ejemplos para mostrar el desprecio de esta
gente hacia sus connacionales:
·
“...no tenemos problemas de energía, tenemos problemas de
distribución.”
·
“...al excesivo uso de equipos de aire acondicionado”.
·
“...al crecimiento económico”.
·
“...son casos puntuales”.
·
“...las posibilidades económicos individuales, posibilitó que más
gente haya accedido a la posibilidad de adquirir un equipo de aire
acondicionado”.
·
“...los argentinos somos víctimas de nuestro propio éxito”.
·
“...rigurosos cambios climáticos que afectan el planeta.”
Cada vez que se evidenciaba la crisis, estas aclaraciones inverosímiles.
Una y otra vez. El tema era negar la realidad Verdaderas
mentiras. Verdaderos embustes buscando manipular la opinión pública
para no caer en las encuestas.
Finalmente ya imposible negar las claras evidencias, la presidente
reconoció que hubo 50.000 cortes de luz que afectaron a más de un millón
de personas y que los cortes continuarán en el futuro.
Por supuesto lo reconoció, pero sin mencionar la existencia de una
crisis. Y llegaron las “soluciones”,que realmente parecen pensadas
por un enajenado mental: repartir lámparas de bajo consumo, hacer un
relevamiento en los domicilios particulares referente a los equipos de
aire acondicionado, que los encargados de edificios denuncien a los
usuarios “derrochones” y otras “parches” de esa
naturaleza.
Ninguna solución de fondo.
Ningún plan energético. Ningún sinceramiento a los costos reales de la
energía. Todo subsidiado. Y para peor y esto es lo que no se da cuenta
el ciudadano medio, es que el subsidio lo terminan pagando los
sectores económicos más deprimidos.
Pero lo más penoso de todo es haber dilapidado la oportunidad
histórica de estos últimos cuatro años, en los cuales hubo
posibilidades financieras y económicas fueron más que óptimas para
mejorar la infraestructura del país. Kirchner prefirió utilizar su
superávit fiscal en comprar voluntades y en medidas populistas y
demagógicas.
¡Una verdadera lástima!.
El gas y
el combustible es algo similar. Pero esa es otra historia.
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