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110208 -
En un reciente
artículo anterior nuestro, hablamos del costo para el país
de la demagogia del gobierno de los Kirchner.
Hoy nos ocuparemos de otro aspecto verdaderamente negativo y
perjudicial de ese proceder: Los subsidios.
¿Pero que son los subsidios? Son transacciones que decide el
gobierno en lugar de la libre elección de compradores y
vendedores en el mercado. Los beneficios y valores derivados de
las subvenciones siguen un solo sentido, ya que no se exige un
flujo compensatorio en bienes y servicios.
En palabras más simples, es una ayuda o auxilio económico, de
carácter extraordinario, para el comercio y la industria y que
no requiere una contraprestación en bienes y servicios.
Hace muy pocos días atrás tomó estado público el gasto en
subsidios que efectuó el gobierno el año pasado: $14.626,2
millones. Una cifra verdaderamente espeluznante. Aumentó un 125%
con respecto al año anterior.
Los desembolsos fueron fundamentalmente para los sectores de la
industria, energía, transportes, alimentos y para el sector
rural y forestal, en rubros tan variados como los productos
avícolas, ganado porcino, lácteos, oleaginosas y de granos.
También para otras empresas públicas como Aerolíneas Argentinas,
Austral y LAN Argentina, entre muchas otras.
En realidad, innumerables actividades del quehacer nacional
están subsidiadas por el gobierno.
Este sostiene que los subsidios contribuyen al crecimiento de la
economía.
Ello es parcialmente cierto, ya que aplicados constructivamente
pueden servir para promover el desarrollo económico o conseguir
mejoras sociales.
Pero hay varias teorías al respecto. Teorías verdaderamente
contrapuestas.
Muchas subvenciones promueven indirectamente la ineficiencia,
desigualdades económicas y fricciones internacionales.
Salvo algunas muy contadas excepciones, las subvenciones
representan la transferencia de la renta real de un grupo a
otro. Generalmente, de los contribuyentes o del público
consumidor, a los productores de bienes y servicios.
Estas transferencias se hacen efectivas mediante el poder
coactivo del Estado e inevitablemente modifican los resultados
de los mercados.
Lo lamentable es que frecuentemente, los sectores más deprimidos
económicamente son los que subvencionan indirectamente a los
sectores económicos más elevados.
Simplemente como un ejemplo: el congelamiento de las tarifas de
los servicios públicos obviamente favorece a los sectores más
pobres, porque las empresas son subsidiadas (ayudadas) con
dineros del Estado para que les cierre la ecuación económica.
Pero esa ayuda del gobierno sale de los impuestos de los
contribuyentes. Es decir el dinero de esa ayuda, previamente fue
obtenido por el gobierno a través de los impuestos.
Indirectamente los pobres se ayudan a si mismo en forma
indirecta....y de paso benefician al resto de los sectores más
pudientes del estrato socioeconómico.
¿No sería más simple y transparente aumentar las tarifas y
evitar las subvenciones?
El otro efecto negativo de las subvenciones es que distorsionan
la economía del país. Entre las subvenciones y el control de
precios, realmente no sabemos donde estamos parados
económicamente, ni cuanto es el costo real de los bienes y
servicios.
¿Porque hace esto el gobierno? La respuesta es simple.
Fundamentalmente por demagogia. (ref.1)
Kirchner busca no perder el apoyo popular más numeroso que
proviene de los estratos sociales más bajos. Es una forma sutil
de engañar a estos sectores, haciéndoles creer que se busca
mantener bajo el nivel del costo de vida para ganar de esa
manera, popularidad y no perder imagen, transmitiendo la
impresión de ser un encarnizado defensor de los sectores más
humildes, mientras la realidad es bien diferente.
Seguramente uno de los objetivos de este descomunal aumento de
los fondos de los subsidios, 125% con respecto al año anterior,
responde a ganarse demagógicamente, en este año electoral, el
favor, apoyo y voto de los ciudadanos.
Las subvenciones, el control de precios y la indecente y
escandalosa manipulación de los índices del INDEC responden a
esta oculta, pero evidente, maniobra económica.
Pero además la artera desmesura de abusar del otorgamiento de
subvenciones, según algunos economistas, desalientan la
inversión, el ahorro, agravan la crisis incentivando el consumo,
con lo cual elevan la presión sobre los precios, y su impacto
sobre la distribución del ingreso es precisamente el contrario
de lo que se busca lograr. En definitiva la mayoría de las
subvenciones (por lo menos en este gobierno) son francamente
regresivas y perniciosas.
Y como broche de oro a esta serie de aspectos negativos, crean
un terreno propicio para la corrupción. Conociendo a Kirchner y
su gobierno, en cuanto a la poca claridad y transparencia en el
manejo de los fondos del Estado, pueden quedar muy pocas dudas
sobre su proceder ante esta situación tan favorable a la
corrupción.
En párrafos anteriores habíamos mencionado, que en general, las
subvenciones tienen un carácter extraordinario, pero la
experiencia señala que los programas de subvenciones, una vez
establecidas, duran mucho más que la emergencia o la necesidad
que las originó. Pronto surgen intereses creados y luchas
enconadas para impedir las propuestas para su anulación.
Estos intereses se originan tanto dentro del gobierno y fuera
del mismo, por lo que dan origen a una especie de contubernio
entre este y el establishment que se protegen mutuamente y
desarrollan gran poder político que posteriormente es muy
difícil de erradicar.
Hace solamente unos pocos días, y como un ejemplo de lo
mencionado en el párrafo anterior, el gobierno decidió
beneficiar a los sindicatos y por ende a sus eternizados
dirigentes, mediante un subsidio a sus obras sociales. Estas
percibirán una mejora de aproximadamente $ 600 M.
Transcribimos una parte de la editorial de un importante
matutino (ref.2) que ratifica en parte lo
expuesto anteriormente: “...Pero está visto y comprobado que ni
siquiera el sentido común es del todo confiable en nuestro país.
Una multimillonaria cantidad de dinero es desviada desde los
bolsillos de los trabajadores -lo son todos los aportantes- a
las arcas de las obras sociales, lo cual casi siempre significa
que, en definitiva, esos recursos ingresan en las arcas de los
sindicatos que las controlan. Y es llegado este punto cuando una
pizca de inquietud, justificada por las azarosas alternativas de
este mundo en que vivimos, impone preguntarse si las llaves de
esas arcas siempre se conservan en manos confiables."
En conclusión, las subvenciones deberán considerarse siempre
como excepciones, deben ser públicas y transparentes, deben ser
temporales y de ser posibles autoeliminantes, sus costos deben
justificarse en términos de beneficios a obtener y suprimirse o
reducirse cuando desaparece o se atenúa la necesidad que
justificó su concesión y fundamentalmente no deben ser
utilizadas con fines de baja política partidaria.
¿Tendrán claro estos pocos aspectos nuestros políticos y
economistas? Pareciera que no.
NOTAS:
(1) Según el diccionario de la Lengua
Castellana, Demagogia tiene dos acepciones: “Halagar a la plebe
para hacerla instrumento de la propia ambición política” o
“Dominación tiránica de la plebe”.
(2) Editorial “Más Subsidios sin
Contraprestación” del diario “La Nación” del 06-02-08.
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