200208 - El gobierno anunció un aumento del 15 % para la clase
pasiva; quedando constituido el haber mínimo de la clase pasiva en
689 pesos. El mismo se cobraría fraccionado: el 1° del mes
próximo se aplicará un aumento de 7,5% y el 1° de julio, otro similar.
Este aumento fue confirmado por voceros de la
Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES).
Esta ridícula cifra fue fuertemente cuestionada por la casi
totalidad de la oposición. Una legisladora del ARI, María América
González, manifestó que “Este incremento es
reírse de los jubilados y pensionados. Es una respuesta patética y
desesperanzadora para quienes esperan una respuesta por la movilidad".
Resulta una cruel paradoja que habiendo tenido una
inflación real estimada entre el 22 y 26 % el año anterior y
esperándose una similar o aún mayor para el presente año, se busque
satisfacer las genuinas, reales y postergadas necesidades de los
jubilados y pensionados con ese magro 15 % en donde la mitad de esta
cifra, seguramente devaluada por la inflación, recién se cobraría a
partir del 1º de julio.
Por otro lado se sabe que la línea de pobreza estaría
debajo de los $ 900.
Por una simple deducción lógica, podemos afirmar que de
aplicarse ese aumento, la totalidad de la clase pasiva con el haber
provisional mínimo, pasaría a engrosar de hecho el sector más
rezagado de la sociedad.
En realidad casi siempre fue así. Pero en estos tiempos, de
la tan declamada por el gobierno bonanza económica, este aumento
no solo parece una verdadera injusticia sino una cruel burla para
aquellos que nos precedieron en el camino de la
vida.
No podemos dejar de reconocer que económicamente este gobierno tuvo
éxito y pudo sacar al país del profundo pozo en que se encontraba. No
entramos a analizar si fue mérito de este o por circunstancias fortuitas
o a causa del crecimiento global de la economía mundial.
Los grandes superavit económicos anuales del gobierno, también
tan publicitados por el régimen, no alcanzan a lograr una adecuada
distribución de la riqueza.
Este tema es doblemente irritativo: por un lado se escuchan por parte de
diversos gremios y sindicatos de pedidos de aumentos salariales del
25 hasta el 30 %. Inclusive aquellos que sostienen que no habrá
techo ni tope máximo para las discusiones salariales.
Por otra parte la irresponsable utilización de los fondos públicos en
inversiones faraónicas como el tren de alta velocidad anunciado por
la presidente Kirchner o en dilapidarlos en forma escandalosa
como la publicidad y propaganda oficial de los recientes comicios
presidenciales o en obras y en otro tipo de prebendas, buscando
comprar voluntades y apoyos políticos.
Pensamos que este es el momento de recomponer los montos de las
jubilaciones y pensiones. Es hora que el Estado vuelva a cumplir sus
obligaciones en este aspecto.
Esta sería una forma de empezar hacer justicia con el sector pasivo,
cuyas cajas, como todos sabemos, fueron reiteradamente saqueadas por
los gobiernos de turno.
Por otro lado es el sector más perjudicado por la incontenible
inflación existente.
También es el momento para cumplir la actualización provisional con
un sistema móvil de ajuste
tal
como lo dispuso la Corte Suprema de Justicia, a fines del año
pasado, luego de resolver el “caso Badaro”
En ese fallo la Corte insta a establecer un mecanismo de
ajustes periódicos y automáticos determinado por un índice, como
podría ser la evolución de salarios.
Es tiempo de dejar de jugar con la indigencia y
precariedad de los jubilados a quienes siempre se les posterga lo
que les corresponde. condenando al sector pasivo a una vida indigna.
¿Estarán los jubilados tan
rezagados económicamente en sus salarios, a semejanza de los haberes de
los militares, simplemente porque no tienen fuerza política
suficiente para presionar, como lo hacen los sindicatos y los
gremios?