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260408 -
Independientemente de los errores que pueda cometer la
presidente en sus decisiones en la gestión de gobernar un país
tan problemático como el nuestro, tiene cuatro aspectos que
le cuelgan de sus hombros como si fueran pesadas bolsas de
arena, un verdadero lastre, que opacan y enturbian la
situación del gobierno y su propia imagen.
Desdibujan y manchan su gestión hasta limites tales, que en
apenas cuatro meses, ha bajado un porcentaje de aceptación popular tan
grande, que creemos que no debe tener antecedentes similares en
otros presidentes argentinos.
Estos lastres de la presidente, son cuatro personas que son repudiadas
por la gran mayoría de los argentinos. Ellos son:
.
Luis D´Elia:
El obeso, verborrágico y violento piquetero que representa al individuo
anárquico, que hace lo que le parece, sin ninguna consideración si su
accionar vulnera o se contrapone con la ley o las políticas vigentes. El
individuo agresivo que toma la ley en sus manos y la pretende aplicar
siguiendo su personal criterio.
.
Hebe de Bonafini:
Es la materialización del odio, del rencor, del resentimiento y como si
fuera poco, del sin sentido y de la sin razón.
.
Guillermo Moreno.
Es el símbolo del autoritarismo, de la prepotencia,
del patoterismo, de la amenaza y de la intolerancia.
No creemos necesario detallar los numerosos hechos y situaciones en los
cuales estos individuos participaron como actores centrales, ya
que seguramente son conocidos por los lectores por haber sido
ampliamente difundidos en su oportunidad por la mayoría de los medios.
Estas tres personas representan el lado más negativo de este gobierno.
No existe dentro del espectro político de nuestro país, desde la extrema
izquierda hasta la extrema derecha, alguien que pueda admitir o tolerar
semejantes conductas, símbolos diametralmente opuestos de lo que debe
ser la democracia como sistema político. Dentro del gobierno destellan
como una luz roja que alerta lo que no debe ser o hacerse en un
país democrático. Pero no solo en el plano interno, sino también en el
internacional. Por supuesto con el consiguiente descrédito y perjuicio a
nuestra Nación.
Pero sin dudas el contrapeso más fuerte y pesado que tiene la
presidente, lo constituye su propio esposo: el ex presidente Kirchner.
La primera pregunta que surge es quien gobierna ¿Cristina o el ex
presidente? Lo que en los primeros meses se mencionaba simplemente como
una posibilidad, ahora es cada vez más evidente lo del “doble
comando”. Cualquiera que haya estudiado o esté familiarizado con
dirección de empresas u otros temas relativos a organización, sabe que
la responsabilidad final de las decisiones debe recaer en una sola
persona. Es claro que no es este caso.
Pero lo más preocupante del Sr. Kirchner es su falta absoluta de
flexibilidad, su incapacidad de diálogo, su inoperancia en construir
consensos. Su exagerado autoritarismo, su desprecio a las normas más
elementales de la convivencia y del liderazgo.
Kirchner es la representación viva del miedo, la corrupción y el
clientelismo. Nunca intentó siguiera el diálogo. Siempre lo rehusó.
Es que simplemente, no tiene respuestas a tantos interrogantes
que tienen los ciudadanos.
En su discurso de barricada en el día de ayer en Ezeiza, mostró lo único
de lo que es capaz. Agredir, humillar, insultar, descalificar. En
vez de propiciar el diálogo y el consenso optó por aumentar los niveles
de la confrontación. Con su forma arrogante de referirse al conflicto
del campo y su venenosa ironía lo único que consiguió es echar más leña
al fuego.¡Echar leña al fuego en medio de la tregua que se había
pactado! ¡No puede haber torpeza mayor!.
En vez de pacificar, tender puentes, en vez de calmar los espíritus,
de bajar los decibeles del problema, de enfriar los ánimos, en fin,
de todo lo que cualquier persona normal hubiera hecho, y más aún un
líder, este curioso y controvertido personaje hace todo lo contrario.
Para todo aquel que tenga un poco de perspicacia ese comportamiento
significa ni más ni menos el temor y la posición de extrema debilidad
del gobierno. Y la debilidad proviene por haber transitado por un
camino totalmente erróneo. Kirchner responde como ya es su
costumbre: o se refugia y esconde en Calafate o pasa a la agresión.
Lo que está consiguiendo es la división de los argentinos. Está
enfrentando argentinos contra argentinos. Está propiciando una lucha
de clases. ¡Cuanta impericia y grosera y torpe maniobra!
¿Buscará un auto golpe de Estado, ya que ve que el país ha entrado en
una encrucijada sin salida?
Todo es posible en esa mente enferma y desequilibrada.
Por eso le sugerimos a la presidente que se deshaga y se despegue de
estos nefastos personajes. El hacerlo posibilitaría que se saque la
cuerda del cuello que indefectiblemente de seguir este camino, terminará
de ahorcarla, precipitando su caída del gobierno. Debería por
todos los medios volver a la normalidad y estabilidad institucional
evitando las agresiones y retomar el camino del diálogo que es el
único que se concibe en una democracia para la resolución de conflictos.
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