|
129598 -
Escuchar una frase como la del título de esta nota, es
absolutamente impensable en boca de una persona racional, en
esta época y en un país democrático. Es inadmisible en boca de
cualquier ciudadano, independientemente de su clase social,
cultural o económica.
Del
mismo modo escuchar que el virtual presidente de la Nación diga, “...
los quiero humillados...”, “...los quiero de rodillas...”, es un
verdadero despropósito y anacronismo
Más
aún, cuando al sector a que se refiere es el campo, creador de la
grandeza del país no solo en el siglo pasado, sino también en el
presente y seguramente más aún en el futuro. Argentina es sinónimo de
cereales, semillas, ganado, alimentos. Lo que siempre faltó y que
cada vez se agudiza más en el mundo.
Realmente es difícil creer que el ex presidente Kirchner haya dicho esas
frases. No obstante todo indica que sí la habría dicho. Conociendo su
falta de autocontrol y dominio de si mismo, no sería extraño y es
muy probable que así debe haber sucedido.
Néstor Kirchner
habría pronunciado esa frase que trascendió a los medios y que refleja
su fuerte rencor hacia el campo y sus dirigentes: "Los quiero de
rodillas". (ref.1)
El presidente de
facto, ya que la mujer que en octubre eligió el 30% de los argentinos
como su presidente, Cristina Fernández, no existe en absoluto en las
decisiones políticas, volvió a enseñar por el absurdo al pueblo
argentino, cómo no se debe manejar la política.
En lugar de
convocar a la convivencia democrática, en serenar los espíritus, en
buscar un camino de concordia y no de enfrentamiento, con su falta de
prudencia y mesura, ensancha los niveles de confrontación de este
absurdo conflicto.
Es difícil de
creer y entender esa conducta en una persona que dirige los destinos del
país. Hace acordar a otros dictadores que posteriormente fueron echados
por su propio pueblo. Sus bravuconadas y mentiras ya no llegan
afortunadamente a los argentinos.
El campo alzó las banderas de la dignidad por una parte y cuestionó
públicamente varios aspectos en los cuales el gobierno viola
sistemáticamente la Constitución Nacional.
Aspectos que la
mayoría de los argentinos sabe y reprueba enfáticamente, pero que por la
red de sometimiento y el temor que tejió este nefasto personaje, no se
animan a exteriorizar.
Pero el campo dijo basta y se irguió ahora como el líder de la protesta
contra los abusos y el autoritarismo presidencial.
Y el campo es la gran mayoría del país. Prácticamente todo el interior.
Por otra parte,
por primera vez en estos cinco años de gobierno, han aparecido gruesas
fisuras en las huestes de Kirchner. La estructura política que creó en
base al dinero, al temor y a la extorsión política comienza a
resquebrajarse.
Es el momento en
que el resto de los sectores del quehacer nacional, de las fuerzas
vivas, deben ponerle el hombro y acompañar los reclamos del campo, no
por lo que ellos piden y luchan, sino para encausar el rumbo y la
forma de hacer política de este gobierno,
en
defensa del federalismo, contra la arbitrariedad, la desmedida y
desvergonzada corrupción y el centralismo porteño.
Es hora que los gobernadores, intendentes y legisladores dejen de lado
su alineamiento con el régimen y
que miren y velen por sus representados.
Es lo que siempre deberían haber hecho, pero comprendemos que estaban
entre la espada y la pared. Pero ahora es ahora el momento de
pronunciarse contra el
poder público ilimitado y omnipotente y de los gruesos dislates y
desvaríos presidenciales.
De no hacerlo, seguramente
serán verdaderos muertos políticos en el futuro.
En ese sentido deberían también pronunciarse claramente los medios, la
Iglesia, las diferentes cámaras empresarias, los representantes de la
industria, del comercio y los demás factores de poder, inclusive los del
mismo Estado.
“...Kirchner
insiste en exceder los límites de su actual función de (presunto) jefe
de un partido político, retomando su maníaco uso del atril para producir
discordancias mediante discursos
presidencialistas, sobre temas presidencialistas, descolocando a la
verdadera presidente de la República. ...” (ref.2).
Este desaforado y
desubicado ciudadano debería medir bien sus palabras, debería recordar
que fue presidente de los argentinos, y su comportamiento y proceder
debería ser acorde a ese alto cargo que ocupó solo hace unos meses
atrás.
No queremos que
nadie diga que quiere verlo colgar de una cuerda de uno de los faroles
de la Plaza de Mayo. Tampoco queremos que alguien diga que quiere ver a
otros argentinos, que reclaman por algo que piensan que es justo,
“humillados y de rodillas”.
NOTAS
(1)
La
Nueva Provincia
09-05-08.
(2) Radiografia - Sobre
Siembras y Cosechas por Roberto Subirana
|