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¡Es consolidar la paz interior, estúpido!
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200508 - En 1992, en la campaña del candidato demócrata Bill Clinton, este acuñó la famosa frase "Es la economía, estúpido", para referirse a que las principales preocupaciones del electorado estadounidense giraban alrededor de temas como el desempleo y la inflación.

La frase se popularizó tanto en el mundo entero, que se usa frecuentemente para destacar el  problema central, de una situación dada.

Los casi cinco años del gobierno de los Kirchner están plagados de todo tipo de anomalías, gruesos errores políticos y económicos y de permanente trasgresiones a las leyes y de la Constitución Nacional.

Su particular estilo de buscar apabullar, atropellar y humillar al adversario fue la constante de toda la gestión de este matrimonio, en  particular del ex presidente. Siempre trató al que pensaba distinto o que no compartía sus enfoques, no como un adversario, sino como un enemigo.

Estos procedimientos de gobierno continúan, no obstante el hecho que la presidente es su esposa. Siguen, porque el ex presidente no suelta las riendas del poder y su consorte la Sra. Fernández, es simplemente una figura decorativa, un verdadero mascarón de proa, sin fuerza alguna en las decisiones públicas.

Esta dualidad, absolutamente inédita e insólita va desastando a la pareja presidencial rápidamente y se evidencia en la abrupta caída en la aceptación de la gestión política y de la imagen del matrimonio presidencial. Este espectacular desmoronamiento en estos índices se agudizaron drásticamente por el conflicto que el gobierno mantiene con el campo y la totalidad del sector agropecuario.

La postura irresponsable del gobierno y particularmente de los Kirchner y las torpes medidas, proposiciones y decisiones adoptadas, llevó a la crisis a un punto prácticamente sin retorno.

Esa situación se debe fundamentalmente a la terquedad, empecinamiento y tozudez rayana en la irresponsabilidad del ex presidente, que confirma de esta manera, su absoluta falta de aptitud para resolver los conflictos que casi a diario se presentan en la sociedad. No entra en su esquema personal, el diálogo para arribar a soluciones consensuadas, que permitan una convivencia pacífica y armónica en el país. Así fue durante toda su gestión. Pero alguna vez estos atropellos debían terminar.

El campo se ha visto lesionado no solo en su dignidad sino también en sus derechos.

Y del lado del campo ha tomado partido el grueso de la ciudadanía. El tema no tiene una concepción ideológica ni tampoco gremial. Es simplemente el decir “basta” a un estilo político autoritario, prepotente, de extorsiones políticas, de clientelismo, de mentiras, de escandalosa corrupción, de prescindencia de las instituciones republicanas y del manejo absolutamente discrecional y arbitrario del poder.

El déspota se encontró con una situación inédita en los muchísimos años que lleva en el poder, tanto en su provincia y en el país. Kirchner está solo. Está en una soledad y debilidad absoluta. No dispone ni siguiera de los medios de coacción como resguardo del orden y de la seguridad.

Difícilmente le respondan adecuadamente las fuerzas policiales y de seguridad. Las FF.AA, por ley está impedidas de actuar en el frente interno. Seguramente tampoco lo harían de serles ordenado.

Y Kirchner en conocimiento de ello apela a lo único que aún le queda. Sus fuerzas de choque. Las agrupaciones piqueteros que le son funcionales. Aquellas que están compradas. Los mercenarios. También algunos peronistas (pero no los de Perón, sino los que fueron echados de la Plaza de Mayo en ocasión de su última aparición pública).

Kirchner habría dispuesto que estas organizaciones comiencen a alistarse y movilizarse para embestir contra los que reclaman y protestan por el tema campo y  contrarrestar las espontáneas y pacíficas reuniones de los agricultores y ganaderos.

Ello reabre nuevamente el camino de la violencia entre los argentinos. Es volver a perder la paz social.

Kirchner pasará a la historia como el presidente que volvió de dividir a los argentinos. Un proceso similar al de Venezuela, pero mucho más agudo ya que un porcentaje altísimo está en contra de las maniobras espurias de este insensato e irresponsable déspota.

No tenemos dudas que en el futuro los Kirchner ya fuera del gobierno y de las inmunidades jurídicas, pasarán el resto de sus días recorriendo juzgados o directamente detrás de las rejas.

Pero de producirse una sola muerte, una sola, derivado de sus insensatas decisiones, deberá cargar con la responsabilidad institucional e histórica. Ya ha ocurrido una vez en la provincia de Santa Cruz, con el alevoso asesinato del  policía Jorge Sayago. No debería ocurrir de nuevo. Y de ocurrir, los Kirchner serán los directamente responsables.

Nuevamente el gobierno emprende el camino de la confrontación. El presidente no comprende que la piedra basal para la construcción del país es la paz social. Debería ser el objetivo prioritario de todo gobierno. Está taxativamente expresado en el preámbulo de la Constitución Nacional. Kirchner hace exactamente lo contrario. Y esta vez está jugando peligrosamente con fuego. En realidad siempre lo ha hecho. Pero este conflicto es probablemente el más grave y de consecuencias difíciles de predecir por el odio y la discordia que este matrimonio sembró en nuestro país.

Es absolutamente aplicable la frase pronunciada por Clinton en los EE.UU. y que lleva como título esta nota. Solo en razón de su género, a la cual tan frecuentemente apela la Sra. Fernández, el dicho debería ser: “Es consolidar la paz social, estúpida” (lo expresamos simplemente para hacer una analogía. Por supuesto con el debido respeto que se merece la presidente y sin ninguna intención de ofender).

 

 

 

 

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