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La presidente de Argentina debería dar un paso al costado por su manifiesta ineptitud
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110608 - Pocos argentinos tiene ya dudas sobre la manifiesta ineptitud de la presidente. Gobernar no es solamente hablar. Y para colmo en sus cotidianos y realmente numerosos discursos solo empeoran la situación de los miles de problemas que habría que arreglar en nuestro castigado país.

A decir de un conocido político cordobés, la Sra. Fernández parece un dragón: abre la boca y produce incendios por doquier.

Pareciera que su innata habilidad para hablar con propiedad y fluidez, no es correspondido por  sus pensamientos y el funcionamiento de su cerebro.

También conocemos su desempeño como figura decorativa, manejada como el famoso “Chirolita” que mencionaba el Dr. Grondona hace ya cinco años atrás. El titiritero que maneja las cuerdas es el nefasto, neurótico y patético personaje encarnado en su consorte.

         El discurso de Cristina Fernández del día de ayer fue nuevamente una finta, un intento de una maniobra para ocultar que se mantiene en su propósito de sostener a ultranza las retenciones móviles aplicadas a la exportaciones de granos  y tratar de impactar dialécticamente en la opinión pública.

                 La ya ampliamente conocida patología de la presidente, su personalidad bipolar, se trasunta claramente en sus actos y discursos. Primero con sus desplantes, humillaciones, mentiras, incumplimientos, agravios para con la gente del campo (golpistas, gorilas, oligarcas, piquetes de la abundancia, responsables de la inflación y del desabastecimiento, etc.) entre otros actos de hostilidad manifiesta.

        Luego el cambio de tono a lo que ya nos tenía acostumbrado, llamando al agro a un diálogo conciliador, sin agresividad y hasta con cordialidad. Ayer llegó inclusive a pedir perdón públicamente si en alguna oportunidad había ofendido con una palabra o gesto a alguien.

       ¡Bien por la presidente! Nunca es tarde para arrepentirse y pedir perdón. Es una forma de reconocer que se habían cometido errores que pudieran haber afectado a alguien o haber cometido  una injusticia.

       Debería hacer introspecciones más a menudo y luego de arrepentirse, pedir el perdón y las disculpas pertinentes.

        No obstante su sola imagen y presencia irrita y ofende. Su soberbia y al parecer su tortuosa personalidad predisponen en contra. Y cuando abre su boca, en el papel de ilustrada “sabelotodo” se acrecienta su rechazo. Se nota su doble discurso. Se notan las falacias. Se notan sus mentiras y sus tergiversaciones.

         El discurso fue verdaderamente decepcionante. Para no retroceder en las retenciones, legitima una sórdida “caja política” que disfraza de “social”. Si en cambio, permitió corroborar que esta crisis es realmente grave y que por la ausencia de soluciones por parte del gobierno, la gravedad va a ir en “crecendo”.

        Casi todo lo que expuso en su discurso es opinable y discutible. No conformó en lo más mínimo al sector cuestionado.

La presidente ya entró en el ridículo y en el fracaso en su gestión gubernamental. La caída de su imagen es estrepitosa. ¡Y en tan poco tiempo! Es difícil, casi imposible volver de ese lugar al cual la llevó su impericia e ineptitud y fundamentalmente la acción disolvente de la imagen presidencial del desaforado de su consorte. Cristina está tan desacreditada que ya nadie le cree. Su gobierno ya no tiene credibilidad.

Debería percatarse que así no se puede seguir. Es solamente prolongar la agonía de un gobierno que ya no gobierna. Que ya no puede gobernar. Las manipulaciones y mentiras ya no convencen a nadie. Los argentinos ya no se chupan los dedos. Los intentos de Cristina  y su esposo constituyen un verdadero agravio, al subestimar y menospreciar la inteligencia de los argentinos.

Toda la Argentina cambió el humor por el proceder gubernamental y mucho más de la mitad del país está prácticamente sublevado.

La Sra. Fernández , la supuestamente falsa Dra., debería dar un paso al costado. Tal vez así lave un poco su lamentable y caída imagen y evite los graves problemas, y seguramente trágicos, que pueda acarrear el persistir en esa postura.

Y tal vez así, la Argentina tenga una nueva oportunidad de volver a empezar la dura batalla para situarse entre las principales paises del planeta y asegurar su supervivencia como una gran Nación.

No debemos dejar pasar y perder nuevamente este tren a la prosperidad y al crecimiento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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