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Otra óptica sobre la violencia
(Aplicable al proceder de los Kirchner)
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170708 - Hay diversos enfoques sobre el tema de la violencia. Un aspecto realmente trillado, especialmente en el análisis político. Uno de los análisis más comunes es dividir la violencia en tres tipos: la violencia económica, la violencia lúdica y la violencia política y, de ahí en adelante, realizar el análisis detallado de cada una.

Una de las definiciones del diccionario la expresa como “Coacción ejercida sobre una persona para conseguir su aquiescencia para determinado fin.”

Pero hay otro enfoque que tal vez no pertenece al ámbito político, sino que, más bien, está relacionado con el costado filosófico de la cuestión.

Con este enfoque, empezaremos por definir la violencia como “la agresión verbal, gestual o física que puede molestar, perjudicar o dañar al prójimo.”

Partiendo de esta definición, podemos afirmar que una de las causas, entre muchas otras, que generan violencia es la soberbia.

Debemos recordar que la soberbia es uno de los siete pecados capitales. Una de las definiciones más usuales de soberbia en los diccionarios es “altivo, arrogante, que tiene un orgullo desmedido.”

La persona soberbia se siente superior a sus semejantes. Mira al resto desde un nivel más alto y usualmente despreciativo. Actúa generalmente con suficiencia despectiva, irónica o burlona

Si aplicamos estos elementales conceptos a la pareja reinante no podemos menos que calificar a los dos cónyuges como verdaderos ejemplos de personas que padecen  una enorme soberbia.

Como un simple ejemplo, el ex presidente “en ejercicio”, Néstor Kirchner, solo en dos oportunidades en sus cinco años de gobierno dio conferencias de prensa. Y las dos muy recientemente, apremiadas por los acontecimientos del conflicto con el campo.

Como en estas dos últimas no le quedaba otro remedio, se prestó a requisitoria periodística (solamente muy pocas preguntas). Pero de la misma  manera en que en sus discursos autistas en la Casa de Gobierno, con una desmedida soberbia, puso la  mejor cara de suficiencia sobradora, contestó las preguntas con ironía, humor malicioso, burlas y buscando descalificar a los periodistas que las formulaban.

Por supuesto, rodeado de una numerosa claque adulona, obsecuente e interesada que le festejaba ruidosamente las salidas y exabruptos, muy cuidadosos para no perder su prebendismo.

Este proceder fue casi una constante en sus soliloquios en la Casa Rosada. ¿Por qué nunca dio conferencias de prensa? Seguramente porque no tiene respuestas coherentes a las preguntas que le harían lo periodistas, que por otra parte son las de todo el pueblo argentino.

Un ejemplo característico de una persona que se cree autosuficiente, por encima de las otras.

Algo semejante ocurre con  la presidente virtual, la reina Cristina. Sus discursos pretenden enseñar, pontificar y, utilizando su facilidad de palabra, impresionar a su auditorio.

Como ya lo hemos expresado en otras notas, su facilidad de palabra no se corresponde con el contenido de su discurso. Muy por el contrario, sus discursos, en los cuales utiliza siempre frases de relleno, tales como la década del 70, la del 90, los genocidas, los organismos internacionales, las Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo y los medios periodísticos simplemente para nombrar algunos, están llenos de descalificaciones y de datos erróneos o falsos que agreden oralmente al destinatario del discurso, así como también al escucha imparcial.

Oímos expresiones como “piquetes de la abundancia” cuando se refiere a las reuniones y movilizaciones de los chacareros o “yuyito” cuando habla de la soja, que es el cereal que más dinero le ha proporcionado a las arcas oficiales.

Hace solo unos pocos días, expresó que se había convertido en “una experta y que puede dar clases de vaca, de trigo, de soja.”

Expresiones de esa naturaleza, que se relacionan en forma despectiva justamente con aquellos quienes más sostienen al gobierno con sus exportaciones, configuran con claridad una ofensa a los involucrados y un grosero acto de soberbia, porque cree que sabe lo adecuado y necesario sobre el tema.

Lo expresado para los dos integrantes de la pareja reinante constituyen ejemplos claros de la violencia verbal de los Kirchner, producto de su soberbia.

Pero también existe, como hemos visto en la definición de los primeros párrafos, la violencia gestual. Y en este punto hay una apreciable diferencia en el matrimonio imperial.

Kirchner no tiene prácticamente violencia gestual. Su lenguaje corporal, porte, vestimenta, presencia y sus gestos son más bien objetos de crítica por su vulgaridad y ordinariez. Sus gestos son graciosos, casi cómicos y, en oportunidades, chaplinescos.

Lo de Cristina, en cambio, es totalmente diferente. Su lenguaje corporal pone de manifiesto aspectos ocultos de su personalidad. Su cara de enojo y sus puños apretados reflejan, sin duda, una enorme carga de disconformismo consigo misma, una personalidad conflictuada y conflictiva, y probablemente un profundo odio y resentimiento.

Su sola presencia es rechazada casi de inmediato. Sus gestos, su cara tensa y su dedo admonitorio dan la imagen de una maestrita rural enojada que crispa y violenta a su auditorio. Conocemos personas que, cuando aparecen en TV, el auditorio en forma automática cambia de canal por resultarle simplemente insoportable su visión.

Tanto la violencia oral como la gestual, productos de su soberbia, pueden inclusive derivar en violencia física.

Y lamentablemente es lo hoy está sucediendo en el país. Los Kirchner, con sus imprudentes dichos y decisiones, están dividiendo al país en dos facciones antagónicas. Vuelven a dividir a los argentinos  produciendo una situación potencialmente explosiva que puede detonar en cualquier momento.  

La contracara de la soberbia es la humildad. Se impone como una imperiosa necesidad un poco más de humildad por parte del dueto real. Se lo deseamos fervientemente.

 

 

 

 

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