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Descomunal cachetada a la soberbia de la pareja real
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190708 - La votación del Senado para dirimir el conflicto del gobierno con el sector agropecuario, pese al ya tradicional estilo de los Kirchner de presionar de todas las formas posibles a los senadores, terminó en un inesperado triunfo de la postura del campo.

El heroico voto, que así debería llamarse, del Vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, definió el empate de treinta y seis votos del oficialismo y la oposición e impuso la posición del campo.

Debe destacarse que el gobierno volcó todos sus esfuerzos y medios –millones de dólares-  para lograr un triunfo que terminó en una verdadera derrota.

En primer lugar, con sus movilizaciones el campo obligó y forzó al gobierno a debatir un proyecto en el ámbito en el cual debía ser debatido constitucionalmente: el Congreso Nacional. Fue la primera vez en cinco años de la era kirchnerista que un proyecto o ley fue debatido con verdadera responsabilidad y profundidad, con ponencias de todos los sectores y en forma transparente para la sociedad.

Hubo exposiciones de senadores verdaderamente excepcionales, tanto del gobierno como de la oposición.

No obstante, pese a la legalidad del acto, tanto en el debate celebrado en la Cámara de Diputados como en el de la de Senadores, siempre sobrevoló el fantasma de la corrupción.

El estilo de “conducción” de los Kirchner de estos cinco años en el poder se aplicó, también, en este proceso: la compra de voluntades.

Se sospechaba fuertemente que varios senadores, cuyos nombres y apellidos fueron mencionados reiteradamente en los medios, habían vendido su voto a cambio de favores y de prebendas del gobierno.

¡Una desvergonzada conducta, y una moral y una ética totalmente ausentes! Otros ofrecieron un lamentable espectáculo cuando, con una pobre y maliciosa argumentación, defendían la postura del gobierno en una abierta y absurda traición a los intereses de sus provincias.

Finalmente, el Vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, quien escuchaba atentamente las exposiciones, debió definir la situación.

No es difícil deducir lo que pasaba por su mente: tomar posición por una postura racional y equilibrada, apoyada por la cordura y el sentido común, o  tomar parte de la posición del gobierno, a la cual el pertenece, pero a todas luces inconstitucional, arbitraria y confiscatoria, fuera de toda racionalidad.

También debe de haber pensado que él no era una persona como Chacho Álvarez que, ante la existencia de un grave conflicto, renunció y dejó en absoluta soledad a su presidente. Tampoco como Daniel Scioli, quien fue humillado y reprendido públicamente como un colegial por “tener la osadía de pensar y tener iniciativa” para constituirse en una persona sumisa, subordinada y obediente y, a partir de esa vejación, acatar sin hesitar las decisiones del déspota.

Seguramente también estimó que si triunfaba la postura del gobierno, el conflicto continuaría “sine díe” con consecuencias imprevisibles para la gobernabilidad.

Cobos actuó con valor y coraje al anteponer su conciencia, convicción, principios y su responsabilidad como presidente del Senado, a posibles consecuencias personales dentro del gobierno.

Su exposición de casi veinticinco minutos antes de anunciar su voto, dejó en evidencia un gran examen de conciencia sobre la decisión que adoptó, su congoja y tristeza por tener que tomar una postura contraria a la del gobierno y, pese a ello, reafirmar su lealtad a la presidente.

La postura de Cobos ya está inscripta en la historia con letras mayúsculas y constituye con su proceder, el comienzo de la institucionalización totalmente perdida en la gestión de los Kirchner, un regreso al imperio de la racionalidad y del sentido común, y esperamos, un cambio en el estilo de gobierno del matrimonio presidencial.

Julio Cobos fue indudablemente un ejemplo y el héroe de este prolongado conflicto.

Es de esperar que bajo ningún punto de vista renuncie a su cargo, por más presiones que sufra. Recordemos que fue votado por el pueblo para acompañar la gestión de Cristina de Kirchner.

Ella, como lo ha demostrado en estos siete meses de gobierno, es solamente una figura decorativa sin ninguna capacidad ni de gestión ni de gobierno. Es muy factible una pronta renuncia.

      El epílogo de este conflicto constituye, sin duda alguna,  una descomunal cachetada a la soberbia de la pareja real.

 

 

 

 

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