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El Justicialismo y Néstor Kirchner:
El trigo y la cizaña
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290708 - En el Nuevo Testamento, en el Evangelio de San Marcos, existe una conocida parábola llamada  “Del Sembrador”. Sucintamente se refiere a que la mala hierba, la cizaña, sembrada por enemigos del dueño del campo para perjudicarlo, puede arruinar la cosecha del trigo y por ello es necesario arrancarla y separarla del trigo. (Nuestra presidente lo llamaría seguramente un “yuyito o mala yerba”).   

Algo similar estaría pasando en las filas del peronismo.

Sabemos que el peronismo no es solo un partido político sino un movimiento en el cual tienen cabida diferentes ideologías desde la izquierda hasta la derecha pasando prácticamente por todo el espectro político.

Pero si retrocedemos solo unos pocos años, recordemos la época en la cual el presidente Duhalde buscaba imponer una figura para reemplazarlo en el gobierno y evitar una nueva asunción de su archienemigo, el Dr. Menem, al poder.

Tanteó varias figuras de relevancia del universo político del peronismo, entre otros a De la Sota y Carlos Reutemann quienes declinaron el ofrecimiento presidencial.

Es así que, desesperado, recaló en una figura prácticamente desconocida en el país: el gobernador de la provincia de Santa Cruz: un ignoto personaje, el Dr. Néstor Kirchner, volcando todo el aparato estatal para promoverlo en la candidatura presidencial.

Con esta elección, Duhalde volvió a cometer un gravísimo error, uno más, al voluminoso cúmulo de tremendas torpezas que venía cometiendo y cuyas nefastas consecuencias pagaba el país entrando en una crisis cada vez más profunda.

No tuvo la precaución elemental de indagar, con un poco de seriedad y profundidad los antecedentes del casi desconocido candidato.

Kirchner resultó un líder muy polémico, que en los muchos años que gobernó su provincia, diseñó una “democracia” a su gusto y medida, que poco o nada tenía con este sistema político. No tenía ninguna ideología política. Era un pragmático que aprovechaba sus circunstanciales oportunidades.

Autoritario y prebendista formó un núcleo de “amigos incondicionales”, buenas relaciones con los militares y por supuesto ni una palabra sobre los “Derechos Humanos”. Un verdadero hipócrita y oportunista.

Su historia y personalidad está perfectamente relatada en una biografía no autorizada escrita por  Daniel O. Gatti, llamada “El amo del Feudo”.

Duhalde lo hizo presidente de los argentinos al ganar en los comicios con uno de los porcentajes más bajos en la historia argentina.

Después de interminables cuatro años de gestión en que manejaba al país a su voluntad y antojo, postergando para el futuro las graves problemas que aquejan a los argentinos y manejando las decisiones gubernamentales como si fuesen directivas en una propiedad privada, dejó su puesto oficial para pasar al llano. No vale la pena hablar más sobre ello ya que su gestión es por todos conocida.

Pero utilizando los recursos y medios de la presidente, su esposa, y su núcleo de “amigos incondicionales”, uno más impresentable que otro, se encarama en la presidencia del Partido Peronista.

Resulta sencillamente incomprensible que los peronistas eleven a la máximo puesto de su partido a este oportunista que no tiene absolutamente nada de peronista. Muy por el contrario, en la etapa más democrática en la vida el carismático líder histórico del movimiento, Perón, repudió a las organizaciones subversivas y terroristas a una de las cuales  Kirchner perteneció o simpatizó.

Toda esa escoria terrorista y subversiva fue incorporada al gobierno y al partido.

Kirchner se mostraba lejano a la tradicional liturgia justicialista e inclusive en su circulo íntimo, hablaba de formar una nueva agrupación política cuyo columna vertebral se conseguiría mediante la famosa “transversalidad”. Kirchner no comulgaba con el peronismo y muy pocas veces hizo mención a su creador o a su esposa Evita.

Hace solo muy poco tiempo se estimaba que la consolidación del kirchnerismo como una señal de “la disolución del peronismo”.

Pero no fue así. Kirchner se percató que fuera del peronismo, su proyecto ¿...? no tenía posibilidades.

El vuelco de Kirchner hacia el partido, supone el fracaso de las enunciadas ideas de transversalidad y concertación. Y Kirchner se volcó de lleno al peronismo ya que el kirchnerismo fracasó estrepitosamente.

El relanzamiento de un PJ kirchnerista, sin un debate de ideas, sin un pensamiento estratégico, es un recurso tardío que pretende tener bajo control a los peronistas y  colocarlos en un apoyo sin criticas a las políticas de un gobierno que pierde imagen y poder de manera vertiginosa.  Es la pretensión de legitimarse en el peronismo. 

Constantemente el kirchnerismo apela a la legalidad que les otorgó el triunfo electoral  para justificar que pueden hacer lo que quieren. Confunden la “legalidad” circunstancial que les otorga un procedimiento democrático, con la verdadera legitimidad política.

Concretamente Kirchner con sus oscuras maniobras gubernamentales pone en un serio peligro de fracturar el peronismo ,de la misma manera que fracturó al país poniendo en peligro la paz social.

Afortunadamente varios peronistas históricos y muchos de los actuales dirigentes se dieron cuenta de la maniobra y el riesgo de mantener a Kirchner como presidente del partido.

Kirchner dista mucho de ser peronista, es un oportunista perverso, que no vacila en ningún medio para lograr sus fines personales.

Es necesario como lo indica el título de esta nota, arrancar la cizaña y separarla del trigo, para evitar el deterioro y colapso de la principal fuerza política del país.

 

 

 

 

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