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La presidente Argentina, o La que mal anda mal acaba
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220908 - La Sra. Cristina Fernández de Kirchner no podría haber empezado peor su gestión. Confluyeron para ello diferentes irregularidades e inclusive algunos graves delitos en el comienzo de su gestión presidencial.

Algunas anomalías simplemente saltaron a la vista de los analistas y otras cuestiones se evidenciaron fortuita y casualmente en el transcurso de estos meses.

Cuatro factores negativos se pusieron de manifiesto antes de la asunción de la primera magistratura y constituyeron una posición de partida realmente desfavorable:

• El hecho de su designación como candidata, simplemente por el criterio omnímodo de su marido, constituye por sí solo una gruesa anomalía. Nuevamente entra en el escenario político nacional una mujer, por vía de la cama, reviviendo la grotesca parodia de la tragedia argentina, que en su momento protagonizó Isabel de Perón. Este hecho obvió los procedimientos normales para determinar una candidatura de esa naturaleza.

• La característica de la gestión de su consorte, que en toda su mandato fue difiriendo los graves problemas que aparecían en su gobierno postergándolos sine die para el futuro. Su acción fue similar a la de la persona que arma bombas para que detonen más adelante en el tiempo. Obviamente en el klan Kirchner no pensaron que iba a ser tan pronto.

• El estado de anomia y el verdadero desastre institucional a que había llevado Kirchner a las principales instituciones de la República reduciendo el sistema democrático a un virtual sistema de mando y obediencia.

• La enorme carga de rencor y resentimiento que había generado Kirchner en sus cuatro años de gobierno en prácticamente todos los sectores del quehacer nacional.

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Algunos analistas políticos agregaron a esta breve enumeración su absoluta falta de experiencia en gestión.

Pero miles de argentinos anhelaban y esperaban un cambio en el estilo gubernamental.

Pero no, fue una nueva frustración. El estilo fue igual al de su consorte y los actores, pésimos y cuestionados actores, siguieron siendo los mismos. Fue la continuación de la gestión anterior pero con características aún mas negativas que el gobierno de su consorte.

Por otra parte las bombas armadas por su marido comenzaron a explotar haciendo el camino de la presidente cada vez más dificultoso, a la par que se evidenciaron probables y gravísimos actos de corrupción que hacen que Cristina Fernández haya perdido prácticamente toda la legitimidad de ejercicio.

Por empezar, la Dra. Kirchner no sería doctora. Este tema que parece menor es de una gravedad extrema. Es una mentira y un engaño al pueblo argentino. No se puede comparar con el caso de Blumberg. Este era un ciudadano particular mientras Cristina es una figura pública. Y nada menos que la figura más importante del país.

Al los pocos días de su asunción a la primera magistratura se conoció el affaire de la misteriosa valija conteniendo 8000.000 dólares que se intentaba introducir al país. La misma fue incautada a una comitiva de representantes de la industria petrolera venezolana en Argentina y estaría destinada a financiar la campaña presidencial de la Sra. de Kirchner, según se reveló una Corte Federal de Miami. Siempre los analistas sospechaban, que no solo esta valija, sino varias más habrían entrado anteriormente por el sector militar del Aeroparque.

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La reacción de Cristina ante estas noticias, seguramente reacciones viscerales, fueron verdaderos exabruptos diplomáticos para con el país más importante del mundo.

El gobierno de Cristina nace así, de un grotesco caso de corrupción que no hace más que precisar el perfil moral y ético de la presidente. Un verdadero y gravísimo pecado original.

A partir de ese momento los errores, desatinos y dislates del gobierno se fueron sucediendo ininterrumpidamente: el “doble comando” en el gobierno, el insólito y absurdo conflicto con el campo, la operación para volver a re-estatizar Aerolíneas Argentinas, la desbocada inflación, una de las más altas del mundo negada sistemáticamente por el gobierno, el escandaloso aumento del gasto público y de la deuda externa, el tren bala, el creciente aislamiento internacional, la fuga de capitales y empresas extranjeras, el desventajoso pago de la deuda al Club de París, los costosos préstamos de Venezuela, los estrechos lazos con el pintoresco dictador venezolano, los conflictos con los organismos de crédito internacionales, el affaire de los terrenos en el Calafate, la presunta relación con el narcotráfico, el enorme y descomunal enriquecimiento del matrimonio reinante, los impresentables voceros del gobierno entre otros muchos escandalosos disparates.

Hace solo un par de días trascendió que además del dinero ingresado ilegalmente al país para financiar la campaña de la Reina mencionado previamente, habrían ingresado U$S 4.200.000 más. Nuevamente Cristina reaccionó con un nuevo visceral exabrupto diplomático inconcebible.

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También surgió a superficie que importantes sumas de dinero, cercanos al 35% de los aportes realizados a la campaña presidencial, habrían sido aportados por droguerías y laboratorios farmacéuticos.

Es evidente la falta de claridad y transparencia en la gestión de Cristina.

No quedan dudas sobre el fin del reinado de Cristina y de la proyectada dinastía de los Kirchner. Cuando la Reina caiga víctima de sus propias escandalosas torpezas, el país deberá estar preparado para el juzgamiento del matrimonio y toda la trouppe de aláteres y cómplices en la destrucción y vergonzosa corrupción que vació la República de sus contenidos éticos, morales y de ingentes cifras de dinero que fueron rapiñados sin pudor y escrúpulos.

La Patria los debe demandar. Es un imperativo para todos los argentinos que todos los responsables reciban su justo castigo.

La Reina Cristina debería saber que quien mal anda mal acaba. Y lamentablemente, la Sra. Fernández peor no pudo andar, ni siquiera queriéndolo.

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