061008
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Soy un ferviente partidario del sistema democrático. Sigo atentamente
los vaivenes de la política de nuestro país, a través de la lectura de
los periódicos, los informativos y comentaristas de la radio y la
televisión.
Pese a ser fuertemente crítico a este gobierno, siempre fui cuidadoso en
preservar las instituciones y las jerarquías. Pienso que hay que
diferenciar las instituciones y los cargos gubernamentales de las
personas que ocupan circunstancialmente esos puestos.
Las jerarquías representan la autoridad. Soy un firme defensor de
la autoridad en todos los órdenes. Y también de la jerarquías cuando
representan alguna institución del país. Entre estas, la institución de
la figura presidencial.
Pero el accionar y el comportamiento de nuestra presidente en la
última semana en los EE.UU., confieso que sencillamente me desbordó
totalmente.
Sentí vergüenza ajena... y por supuesto también la propia, porque aunque
no lo queramos, la presidente es nuestra representante, nuestra
mandataria.
Siguiendo el ya conocido estilo de su esposo en NY su desempeño era
similar al de una vaca en una cristalería.
Sin pensar que estaba en casa ajena y sin un mínimo de diplomacia
(¿sabrá lo que este término significa?), sin el menor atisbo de tacto o
delicadeza en sus expresiones,
arrogante, inmodesta y hasta insolente y con evidente deleite, se
dedicó a criticar a la administración de George Bush.
Sus críticas a EE.UU. fueron una constante de su estadía en esa ciudad.
Lea:
Más del 30% de los
argentinos son pobres
Toda esta nueva triste y negra página para el olvido del
kirchnerismo, comenzó en el mismo momento en que se desató la crisis
financiera
internacional, cuando Cristina con un dejo de suficiencia e ironía
expresó: “...el Primer Mundo que nos habían pintado como la meca a la
que debíamos llegar, se derrumba como una burbuja...”.
Parecía que inclusive había un dejo de satisfacción en sus palabras.
Una situación similar y equivalente a los inconcebibles festejos de
alegría de su protegida, la impresentable
Hebe de Bonafini ante el ataque a las Torres Gemelas del 11 de
septiembre del 2001. En realidad como dice el viejo dicho popular
“Dios los cría y ellos se juntan”.
En todos los foros en los cuales disertó, tergiversaba y pontificaba con
verdadera desvergüenza. Un comentarista lo mencionó “con una
verdadera cara de cuarzo” refiriéndose a la frialdad y euforia en
que la presidente daba vuelta las cosas.
Pretendió dar cátedra. Con altanería instaba a que se cambie y
modifique el orden económico mundial poniendo como ejemplo a lo que
los Kirchner habían logrado en nuestro país ¿¿?? convirtiendo a
un país desvastado en el 2001 en lo que es actualmente. ¿¿??
Expuso una vanidad inoportuna y una gestualidad tensa e irritante,
que los argentinos conocemos muy bien y que producen un profundo rechazo
Tampoco faltó la insolencia que tuvo en algunos de sus discursos
para destratar a EE.UU, al mundo empresario exterior y a los inversores
Mientras Cristina en diferentes foros disertaba inmodestamente
exponiendo su particular y curiosa posición ante la crisis, desde Miami
se conocían
detalles del vergonzoso envío de millones de dólares para su
campaña presidencial del año pasado.
La presidente perdió toda su autoridad. Quedó completamente
descalificada. El desempeño y la conducta de Cristina, representante de
todos los argentinos ante los pueblos del mundo fue sencillamente
vergonzoso y verdaderamente humillante para el país.
Esta tilinga,
término poco académico, pero que realmente refleja su fielmente su
personalidad, está causando un daño incalculable a nuestro país.
La confirmación, cada vez con mayor certeza, que Cristina sería
una usurpadora de titulo (recuerden su “titulo de abogada???)”
que obtuvo la presidencia de este país con el apoyo de cuantiosos fondos
proporcionados por el pintoresco tirano venezolano y del
narcotráfico.
Miente, tergiversa y embauca. Su ineptitud y fallas morales son
evidentes y la descalifican totalmente.
Como ya lo expresé en otra nota, la Sra. de Kirchner debe ser
destituida de su cargo cuanto antes, a fin de preservar a la
Argentina de más daño y vergüenza. Obviamente y siempre, mediante los
procedimientos constitucionales.
No se si estoy en lo cierto. Pero de ser así, es hora que el Congreso
Nacional, de una buena vez, esté a la altura de sus responsabilidades
institucionales y proceda acorde.
Las vacaciones de casi una semana de Cristina y su numerosa comitiva en
NY alojada en uno de los hoteles mas caros de la ciudad, costeada por
los contribuyentes argentinos fue realmente decepcionante.
Esperemos que sea el último paseo de compras de esta supuesta Dra. a
costa de nuestros bolsillos.