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Catarata verborrágica de la presidente
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171208 - Una de las pocas cualidades visibles de la presidente es sin lugar a dudas, el poder pronunciar  largos discursos sin apoyarse en ningún tipo de ayuda memoria, con perfecta estructura gramatical, adecuada sintaxis, perfecta modulación y dicción, sin interrupciones, sin titubeos o pausas prolongadas.

    En los primeros meses de su gestión, la retórica de la Sra. Cristina de Kirchner sorprendió no solo a los analistas políticos, sino también a todos los argentinos.

Su memoria, la fluidez de su oratoria, la seguridad y la contundencia de sus palabras son realmente notables. 

Pero a medida que transcurría el tiempo la gente empezó a advertir que esa notable cualidad de Cristina no era acompañada con un contenido acorde.

Se evidenció que su cualidad no se corresponde con el contenido de lo que expresa.

La exteriorización de su soberbia y autosuficiencia frecuentemente se traducía en un lenguaje ofensivo, agresivo o descalificante. Particularmente en sus relaciones internacionales cometió torpezas verdaderamente groseras e inaceptables.

Como ya lo habíamos expuesto en otra nota, no es lo mismo hablar bien, que pensar bien. Su cualidad de hablar bien no está correspondida por su cerebro, de pensar bien.

Pero peor aún, pareciera que esa limitación se agrega en oportunidades muy frecuentes, una intencionalidad perversa, de deformar la verdad con falsedades e inexactitudes o realmente escandalosas mentiras.

Pero el objeto  de esta nota no es hablar sobre las condiciones verbales de la presidente sino destacar un hecho que ya debería figurar en el libro de los récords.

Cristina vive hablando. Es una oradora infatigable. Según algunos medios ha pronunciado un promedio de dos discursos por día hábil en el año. Aprovecha toda ocasión que se le presenta. Desde la inauguración de una importante obra pública, hasta la habilitación de un humilde comedor escolar. Y esta modalidad se ha agudizado en los últimos meses.

Pero no se percata que pese a sus esfuerzos de cambiar su lenguaje gestual  y su impresión personal, su sola presencia irrita y cuando habla espanta a los que la escuchan. Los capitales se van del país y los inversores extranjeros prácticamente no existen.

A diferencia de los discursos de Evita a la cual pretende imitar, sus discursos pretenden ser racionales mientras que los de Evita apelaban constantemente a los sentimientos y a la emoción.

Digo pretende, porque en muchas oportunidades son ininteligibles, confusos, con mención a modelos y términos, acuñados por ella y que solo ella entiende y bajo ese manto de seguridad y firmeza, se ocultan frecuentemente la incoherencia, el engaño, la falsedad y la mentira.

La pregunta que cabe hacerse después de este breve introito: ¿Cristina habla porque es presa de un impulso compulsivo para hacerlo o responde a otra causa?.

Si es por lo mencionado en primer término, constituye un verdadero defecto porque le resta tiempo útil para lo que debería ser prioritario en su gestión: gobernar y además pone en evidencia un factor negativo en su personalidad: ser presa de sus impulsos.

Un conocido analista político, días pasados, esbozó una posibilidad que me parece la más acertada y también la más probable.

En esta abrupta y estrepitosa caída de la popularidad del matrimonio gobernante y el afloramiento de la infinidad de problemas no resueltos en los cuatro años del gobierno anterior, unidos a la crisis económica mundial, hacen que el gobierno esté arrinconado por dificultades de toda índole, muchas de las cuales son imposibles de solucionar con el estilo demagógico y “progresista” de los Kirchner .

Ante este desfavorable escenario, la pareja real optó por una hábil pero cuestionable operación mediática, a fin de no perder el protagonismo y la iniciativa política.

 Consideraron que es necesario que sus medidas de gobierno y sus acciones sean permanente noticias en las primeras planas de los periódicos y en los medios en general.

De ahí la verdadera catarata verborrágica de Cristina y el lanzamiento de noticias, propuestas o proyectos espectaculares, muchos de ellos particularmente controvertidos o verdaderamente absurdos e irracionales.

El objetivo es opacar, neutralizar o desalojar otras noticias de los medios que son las que realmente preocupan a la población.

Y pienso que en cierta medida lo están logrando: la inexistente política agropecuaria, la inflación, la inseguridad cada vez más preocupante, nuestra posición en el concierto mundial, nuestro cada vez más elevado riesgo-país (1.971 puntos básicos) y decenas de otros problemas prioritarios de los argentinos pasaron a un lejano segundo plano.

Ya no estamos aplicando el plan “B”. Cada día aparecen nuevas medidas económicas en este país que según Cristina, muy poco tiempo atrás, estaba bien posesionado para superar cualquier  crisis.

Parecen verdaderos manotazos de ahogado que busca desesperadamente aferrarse a la vida.

Ya debemos estar en el plan “Y” o “Z” y el país sigue en caída libre. Y en el Congreso Nacional nadie se inmuta ni se preocupa de esta verdadera operación de distracción.

Mi última reflexión: ¿cuándo será removido la pareja imperial por manifiesta incompetencia e incapacidad en su función?

 


 

 

 

 

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