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270209 -
 Hay dos brillantes analistas políticos radiales y televisivos, ambos columnistas de un importante matutino. Los dos muy duros y críticos con el gobierno de la dinastía de los Kirchner.

Uno de ellos de una formación académica de primer nivel, analiza las situaciones que origina el gobierno y busca respuestas con la lupa de  un experto  y profundo analista político.

El otro en sus audiciones, a través del diálogo con sus entrevistados, simplemente refleja la realidad existente sin mayores comentarios. En estas sesiones no suele ser crítico.  Pero no así en su columna periodística, en la cual refleja una mayor dureza en sus propias apreciaciones y conclusiones respecto al gobierno.

Ambos con sus respectivos estilos, con un profundo sentido común, y con la cordura del hombre equilibrado y centrado, despojados de todo tipo de ideología, desnudan la miseria y gruesos errores de la política de nuestro país, en particular de las decisiones, generalmente tomadas en una casi absoluta soledad, por el matrimonio gobernante.

En sus últimas columnas o en sus programas radiales o televisivos se refieren y  comentan que se debería instalar en la oposición, las medidas a adoptar en el “postkirchnerismo”.

En otras palabras, estructurar toda la programática de políticas, medios y objetivos para asegurar una posibilidad cierta de un gobierno que pueda razonablemente tener éxito ante la profunda debacle en todos los órdenes, que dejará la gestión de los Kirchner.

Como se puede apreciar, ninguno de los dos comenta la etapa necesariamente anterior al “postkirchnerismo”: la finalización del gobierno del matrimonio imperial.

Ahí reside el problema de estos momentos. Nadie se atreve a mencionarlo específicamente. Algunos de los líderes de la oposición, entre ellos la futuróloga y pitonisa de nuestra política, mencionan con total hipocresía, “que desean que terminen su mandato”.

El país esta en una profunda crisis. A la nacional, potenciada hasta extremos casi terminales por el desgobierno de los Kirchner, se suma la profunda crisis mundial. De esperar tres años más, hasta la finalización del actual período presidencial, encontremos un país totalmente en ruinas, desvastado hasta los cimientos en su identidad, su moral, sus instituciones y con un lastre heredado de esta gestión tan inepta, que demorará décadas en remontar hacia una situación normal de un país del siglo XXI.

Estamos en un momento absolutamente crítico. O lo convertimos en un punto de inflexión o las perspectivas van a ser cada vez más negras.

Lo que hay que lograr es que los Kirchner abandonen el gobierno  o que sean removidos por los mecanismos institucionales previstos en nuestra Constitución Nacional.

Obviamente cuando me refiero a la salida de los Kirchner del gobierno me refiero siempre dentro de los resortes del juego democrático. O por la propia voluntad de los desacreditados déspotas, (que por otra parte pareciera que es la intención de los Kirchner: dejar la tolerancia popular a punto de estallar en manos de otro gobierno y así disimular su responsabilidad ante la historia).

Ya en el Congreso Nacional, algunos de sus integrantes despertando de un profundo letargo de más de cinco años han decidido ser fieles, por fin, a sus representados, sus provincias o sus jurisdicciones, abandonando al poder corrupto a sus propias fantasías hegemónicas.

El conflicto con el campo es el detonador de esta diáspora como lo llamó uno de los analistas. Nadie con un mínimo de sentido común puede coincidir con el irracional proceder del gobierno en este tema. Es una prueba contundente de su incapacidad y absoluta ineptitud para gobernar, su fracaso para el diálogo, su malicia y mala intensión.

Como una muestra elocuente de estos acontecimientos se trascriben fragmentos de la nota de renuncia de la senadora Sonia Escudero a su bancada: “...Ese bloque ya no existe, y su ausencia no se circunscribe únicamente a su nombre. Actualmente es un sitio donde se comunican las instrucciones recibidas desde otro poder del Estado, donde ningún disenso es aceptable, mucho menos respetado...”. “...Urge en nuestro país recuperar la independencia de los poderes del Estado. Sin un Congreso Nacional que ejerza plenamente su rol, perdemos la República y se instaura la dictadura”. “... No sólo se apagó el debate interno, también parece apagarse la agenda de restitución de derechos que con entusiasmo apoyé. Veo el surgimiento de una nueva agenda de la que me alejo, la del avasallamiento de derechos...”.

Todo argentino de bien debe apoyar las demandas de la gente que representa al campo. El campo es el que sostiene a la economía de nuestro país. Estar con el campo significa en síntesis, estar en contra de un estilo de gobierno autoritario, corrupto, inmoral, sin códigos y sin soluciones a los graves problemas que tiene nuestro país. Estar contra el campo es apuntalar toda la inmoralidad que significa este desgobierno.

Llegado el momento y de no prosperar alguna solución, deberíamos efectuar otro Rosariazo u otra manifestación como la realizada el año pasado en el Monumento de los Españoles, para asegurarnos que la corrupta pareja dejará el poder para encaminarse directamente a los Tribunales y de ahí seguramente por muchos años a la cárcel.


 

 

 

 

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