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210309 - Las
noticias de los medios nacionales, salvo unas pocas honrosas
excepciones, hay que tomarlos con pinzas. O porque responden a
intereses del gobierno o temerosos a medidas coercitivas o de
represalia de este, no exponen con total objetividad la
situación del país.
Esa es la razón por la cual, gracias a
Internet,
cada vez podemos en mayor medida, consultar libremente a los principales
periódicos del extranjero que supuestamente no tendrían causas para
manipular o distorsionar la información de nuestro país.
La información así recibida es realmente preocupante. Más
que ello, alarmante. Artículos y notas periodísticas de diferentes
países del mundo dan a entender explícitamente que la crisis política en
Argentina es casi
terminal. Crisis política y default económico.
Recientemente trascendió un comentario que hizo el Jefe
de la CIA
(Central de Inteligencia de los
EE. UU) acerca de que estaría
comprometida “la estabilidad política y económica de la Argentina como
consecuencia de la debacle internacional”.
Esta declaración causó un verdadero revuelo en nuestro
gobierno. Obviamente, diplomáticamente (¿entenderán de esto los
Kirchner?, prontamente el gobierno de
EE. UU
se disculpó por esta afirmación. Pero lamentablemente es la realidad que
ellos aprecian.
Pero cada vez hay más hechos cuestionables que agravan
esa apreciación: la abrumadora derrota del oficialismo en los
comicios en Catamarca, pese a los enormes esfuerzos de todo tipo,
tanto en recursos financieros como en alianzas espurias con lo peor de
la provincia.
Kirchner no vaciló en dilapidar nuestro dinero para lograr una
posición favorable en esa provincia.
Inclusive la presencia del desencajado y neurótico ex
presidente y su agresiva vehemencia verbal con la ya repetida cantinela
de regresión al pasado lejano, la incapacidad de sus predecesores en el
cargo y sus reiterados ataques a los medios muestran a las claras su
descontrol seguramente causado por el rápido, constante y progresivo
divorcio con la sociedad y su ya absoluta falta de credibilidad lo que
lo hacen un verdadero desequilibrado emocional que solo agrava su
relación con la ciudadanía.
Otro tema cada vez más conflicto es con el campo. Es
evidente la mala fe con la cual obra el gobierno.
Utiliza todo tipo de chicanas, triquiñuelas y bajezas
para no dialogar honestamente con los representantes del campo. En
particular de las retenciones. De ese tema el gobierno no quiere ni
siquiera oír hablar. “Las retenciones están bajo un paraguas” sentenció
Su Alteza.
Es totalmente comprensible la actitud de la presidente.
Sin retenciones no hay dinero. Y el dinero es absolutamente esencial
para el estilo extorsivo de la conducción política de los
Kirchner. Primero, esos fondos el año pasado, estaban destinados
para construcción de rutas, escuelas y hospitales en las provincias.
Ahora dicen que es para el pago de los haberes de los jubilados. Una
mentira tras otra. Son tan torpes que ni siguiera recuerdan lo que
dijeron solo pocos meses atrás.
La verdad es que necesitan esos fondos para seguir
manteniéndose en el poder. Los
Kirchner han perdido toda legitimidad de ejercicio y la confianza de
la sociedad.
Y ahora la verborrágica presidente agrega otro frente de
tormenta, un factor más de conflicto: el adelantamiento de las
elecciones de octubre para los últimos días del mes de junio.
Pareciera que la pareja real piensa que si ellos se
hunden, también deberá hundirse el país. Esa postura demencial de los
Kirchner, esa irracionalidad incomprensible negándose al dialogo, la
moderación y la racionalidad, va seguramente a agudizar la grave crisis
en todos los órdenes que ya vivimos.
Los disparates, contradicciones y cartas sacadas de la
manga son casi diarios y la situación, casi absurda, no puede sostenerse
por más tiempo.
Toda el andamiaje del gobierno muestra la extrema
fragilidad actual del kirchnerismo. Todo esto lo sabe con absoluta
certeza la pareja real.
Pero si lo saben ¿porque siguen con tantos gruesos
errores y alocados disparates?
Hay una sola explicación. El gobierno pretende salir de
la crisis política y de credibilidad creando una situación terminal en
el sistema institucional consistente en dividir a la sociedad e
imponiendo su política armada con enfrentamientos, odios y
resentimientos anacrónicos.
Maquiavélicamente preparan el terreno para denunciar
públicamente que existe un supuesto “plan desestabilizador” y que la
oposición y otros sectores comprometen la gobernabilidad.
Con ese pretexto, podrían dejar el gobierno con los
innumerables problemas pendientes e irresolutos, verdaderas bombas de
tiempo, para los que le sucedan en el gobierno. Una forma de
posesionarse mejor ante la historia y tratar de salvar su comprometida
responsabilidad.
Una solución similar a la que aplicó Alfonsín en el año
1989 ante su incapacidad para afrontar la debacle generalizada que se
aproximaba. Durante su gestión no se pudo “comer, educar y curar”. Sin
embargo, hoy curiosamente, está considerado el “paladín de la
democracia”.
Los argentinos somos de frágil memoria.
Pero otra posibilidad, mucho más perversa que podría
estar maquinando la esquizofrénica pareja, es producir hechos, para
inducir y provocar que la ciudadanía caiga en desordenes, vandalismo y
protestas que les sirva de excusa para dejar el poder. Esta posibilidad,
en la mente irracional y enfermiza del matrimonio, es totalmente
factible pero también altamente peligrosa. Las puebladas y los
movimientos masificados originan disturbios difícilmente controlables.
Nunca se sabe como van a terminar y producen generalmente destrucción de
bienes y violencia física.
Sea la salida
anticipada del poder
que el matrimonio real elija, dejará un panorama
extremadamente complicado pero permitirá la entrada de una bocanada de
aire fresco, de sensatez y sentido común al ambiente político.
Como siempre las terribles consecuencias de este
desgobierno y su desastroso final lo pagarán las clases más postergadas
y el país descenderá un escalón más hacia el abismo.
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