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La presidente C Kirchner, los dirigentes y la ciudadanía
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130409 -
 Es casi universalmente aceptado que el sistema democrático, con todas las fallas y falencias que pudiesen encontrarse, es hasta ahora el sistema más apto e idóneo para asegurar que una sociedad viva en vida en paz, libertad, desarrollo y armonía.

Afortunadamente nuestro país ha optado por este sistema desde prácticamente sus comienzos como nación organizada.

Pero nuestra democracia se encuentra dentro de las “democracias imperfectas”. Se denomina así a aquellas en las  cuales se adopta el sistema, pero que por diferentes causas, no se cumple acabadamente con la letra y el espíritu del sistema. 

Nuestra democracia, interrumpida reiteradas veces por gobiernos de facto, emprendió hace ya veinticinco años la consolidación del sistema con numerosos altibajos.

En estos momentos nos encontramos en uno de esos bajos más pronunciado, que podría poner en peligro el esfuerzo de todos estos años.

Este gobierno tiene el sello de  verdaderamente inepto e incapaz, con el que pasará seguramente a la historia de nuestro país.

Pero esta característica puede disculparse. Hay gobiernos buenos y gobiernos malos. Como en toda otra actividad humana, el espectro de eficacia va desde el bueno al malo.

Lo que bajo ningún aspecto puede disculparse son sus prácticas políticas absurdas y grotescas y la permanente y constante mentira, engaño y escandalosa falsedad.

Los anuncios gubernamentales, las estadísticas, los parámetros socio económicos, las promesas oficiales están falseados, son alevosa e intencionalmente fraudulentas y buscan embaucar y manipular la opinión pública.

¡Un gobierno edificado y gestionado con procedimientos para nada democráticos y en base al engaño y la mentira!

Las decisiones gubernamentales y las políticas públicas son informadas de tal modo que convenza que son dueños de la verdad, que  siempre tienen la razón, sin tener en cuenta la realidad existente.

Su estilo ofensivo, maligno o grosero, la tergiversación de los hechos a conveniencia, exagerar o infravalorar argumentos para acomodarlos a su necesidad de derrotar al contrario, mentir, ocultar… Todo vale para afirmase en las ideas, porque el único objetivo es lograr la victoria en el conflicto y satisfacer con ello el natural instinto de su exagerada prepotencia.

Pero no son solo los Kirchner responsables de esta situación.

El responsable primario de tener gobernantes como el que nos ocupa es la ciudadanía.

Nuestro mal es precisamente, el ciudadano argentino, su indiferencia, su falta de compromiso y participación política, su falta de solidaridad en todo lo que no les atañe personalmente o que hace al bien común. Es renuente a involucrarse en asuntos en los cuales no tiene directo o especial interés. El clásico y conocido “yo argentino”. También se suma un aspecto que es necesario destacar particularmente: los argentinos no tenemos memoria.        

Hago este comentario sin querer herir susceptibilidades ni peyorativamente. De hecho soy argentino y adolezco las mismas características, en mayor o menor medida que las descriptas.

En la Argentina, con cada vez más elevado nivel de pobreza y un elevadísimo porcentaje de indigentes, prácticamente marginados de la sociedad, con una desocupación creciente y un nivel de educación cada vez más bajo y elemental, los futuros comicios están fuertemente condicionados.

Para los ciudadanos de este segmento, tan postergados, la política es un tema totalmente secundario. El tema principal y acuciante, su objetivo básico, que les insume todo su tiempo, todos sus esfuerzos y una dedicación constante, es como alimentarse el día o la semana  siguiente, como curar al hijo enfermo, como educarlo y en general, la demanda de las necesidades primarias para la subsistencia y supervivencia. En ello vuelcan prácticamente todo sus esfuerzos sin ocuparse de otros aspectos.

Por otro lado para este sector social, la única fuente de información son los medios radiales y televisivos, casi en su totalidad alineados con el gobierno, por lo cual su posibilidad de optar por una decisión conveniente y acertada, es poco probable.

Estas personas son las que fácilmente se encolumnan detrás de promesas demagógicas y populistas, ya que no tienen modo alguno recibir y procesar la información necesaria, para poder decidir independientemente, con un mínimo de  cordura o sentido común.

Los subsidios, el clientelismo prebendario y el asistencialismo en general, constituyen con la prensa adicta, las herramientas para convencer a este estrato tan numeroso y decisivo en los  comicios. Estas prácticas, lo único que hacen es desnaturalizar el sistema democrático, convirtiendo a los comicios en una forma de disfrazar el autoritarismo, el personalismo y otros tipos de desviaciones de lo que debería ser una democracia representativa.

Esta franja social, la más deprimida y también la más numerosa, es la que decide las elecciones

¿Cómo sorprendernos entonces de nuestra mediocridad? ¿Cómo sorprendernos de la falta de capacidad de nuestros políticos y nuestra dirigencia? Ellos salen y se nutren de este pueblo lleno de importantes falencias y de falta de muchas virtudes y cualidades personales. Los partidos políticos se constituyen con ellos. (Obviamente también tenemos cualidades verdaderamente excepcionales en sus individualidades, pero estas no son el objetivo de esta nota).

¿Por qué estos deberán ser diferentes de lo que es el argentino medio? Salen de la ciudadanía. Son argentinos. Son el fiel reflejo de lo que son los argentinos La falta de idoneidad, capacidad y corrupción de la dirigencia política y la ausencia de proposiciones renovadoras de los partidos políticos, es producto de nuestra indiferencia y falta de participación activa en la política.

Si nuestros políticos son así en su desempeño, es porque nosotros no pudimos seleccionarlos adecuadamente. Nuestra es la responsabilidad. Ellos están ahí porque nosotros los pusimos ahí. Ellos somos nosotros.

Esa es la causa por la cual tenemos una presidente tan incapaz e inútil que verdaderamente nos avergüenza. Por ello nuestra dirigencia es notoriamente inoperante y corrupta. Por ello la Argentina siendo un país potencialmente grande y fuerte, es lo que es.
 


 

 

 

 

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