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Argentina: Indignidad de nuestros representantes
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210409 -
 En general existe la creencia que identifica democracia con el sufragio universal, pero es sorprendente la relativamente escasa atención que se presta a la secuencia que hace que en un sistema político se incorporen los deseos, inquietudes y las aspiraciones de gran parte de la ciudadanía que por ello quedan excluidas del proceso democrático.

Me refiero al adecuado funcionamiento de las instituciones republicanas.

Argentina ha adoptado desde sus comienzos como nación organizada, un gobierno representativo, republicano y federal. Así consta en el primer artículo de nuestra Constitución Nacional.

En la democracia representativa el pueblo delega la soberanía en autoridades elegidas de forma periódica mediante elecciones libres. Estas autoridades en teoría
deben actuar en representación de los intereses de la ciudadanía que los elige para representarlos.

Hay infinidad de artículos y publicaciones que tratan sobre la representatividad, sus diferentes tipos, enfoques y acepciones, pero que no es objeto de esta nota analizar.

Si en cambio mencionar que una de los aspectos que dificultan y entorpecen el funcionamiento de la democracia en los países emergentes como el nuestro, es precisamente la representatividad.

En la Argentina si bien los comicios periódicos que se realizan para elección de autoridades o legisladores  pueden considerarse, con muy buena voluntad (y no considerando los permanentes denuncias de fraude), que funcionan en forma
medianamente aceptable.

Pero existe una enorme crisis en las instituciones, en particular en una de sus herramientas: la falta de representatividad de los representados por los dirigentes elegidos en los comicios.

Un ejemplo bien evidente es el inconcluso conflicto del gobierno con el campo.

Lo expresado se evidencia con claridad meridiana en este conflicto. Hubo numerosos gobernadores, parlamentarios e intendentes de provincias netamente agroganaderas con su voto alineado con la posición del gobierno en contraposición con la opinión y deseos del grueso de los ciudadanos de sus respectivas provincias. Ello constituye una verdadera ruptura entre representantes y representados. Una crisis de proporciones. Pero también podría calificarse como una traición al mandato recibido por el pueblo a que representan.

Ello motivó un repudio generalizado, probablemente la mayor protesta en este período democrático. Los ciudadanos de estas provincias y circunscripciones, se lanzaron masivamente a las rutas exteriorizando la indignación por la actitud de sus representantes, ante una medida que pretendía imponer arbitrariamente el gobierno, sin haber sido aprobado previamente por el Parlamento y que los perjudicaba directamente.

Se entiende que funcionarios nombrados por el gobierno deben una lealtad hacia el mismo. No solo como una obligación moral, sino también como un aspecto de conveniencia e interés personal. Ellos pueden ser removidos de su cargo simplemente porque a la autoridad superior se le ocurre, independientemente de su actuación en su desempeño en el cargo.

Un ejemplo demostrativo de lo expresado, es el despido de sus funciones de Santiago Montoya simplemente porque al gobernador Scioli le molestó la negativa de este de aceptar el irracional y dudoso procedimiento de cubrir una candidatura, para luego en caso de ganar, no cubrir el cargo.

Montoya un funcionario polémico, pero eficiente y eficaz, dedicado de lleno a su trabajo, echado por no aceptar una decisión del funcionario del cual dependía.

Pero lo que no se entiende es la alineación de los funcionarios electivos a la irracional política del gobierno en el conflicto mencionado.

Ellos son electivos. No pueden ser despedidos. Su proceder implica una deslealtad o directamente una traición a sus representados.

Este proceder de los funcionarios y legisladores también arroja todo tipo de suspicacias. ¿Porque se alinean con el gobierno y no respetan la voluntad de sus representados en un caso de tanta claridad como el conflicto con el campo?. ¿Tal vez por oportunismo, o una prebenda o ventaja personal? ¿O problemas de “caja o billetera”

Los que proceden de esta manera, son verdaderos defraudadores para no llamarlos directamente traidores, a sus representados y difícilmente puedan volver a mirar a los ojos a sus conciudadanos.  Inclusive pienso que debería ser penoso volver a sus hogares una vez cumplidos sus mandatos, por el desprecio popular que recibirían. Son teóricamente, muertos civiles, sin futuro en la política.

Así como ejemplificamos el caso del campo otras decisiones gubernamentales a todas luces irracionales, son apoyadas por estas autoridades electivas.

Estas traiciones evidencian además una verdadera indignidad personal y falta de sentido común. No caben dudas que juegan su propio partido y no el interés de sus representados.

La dignidad representa en primer termino,
el respeto por si mismo y su propia honra.

Un ejemplo bien evidente y conocido de absoluta falta de dignidad es el proceder del gobernador Daniel Scioli cuando se desempeñaba en el cargo de vicepresidente de la Nación. Kirchner ante unas declaraciones de Scioli que no eran de su agrado, lo reprendió como a un escolar, lo vejó públicamente y durante un tiempo bastante prolongado, no lo recibió ni atendió sus llamadas telefónicas. Una verdadera crisis institucional.

Tanbien fue reiteradas veces humillado por la actual presidente cundo se desempeñaba como senadora en el Congreso.
Muchos deben de recordar esa sesión donde le gritó, lo retó, lo descalificó y rebajó en un grado tal que hacía sentir vergüenza ajena.

Scioli visiblemente abochornado, sufría calladamente ese maltrato y en todos los casos, mansa y sumisamente aguantó su vejación pública para seguir su propio juego político, pero perdió la consideración, respeto e imagen pública de gran parte de la ciudadanía.

Dejó de ser un vicepresidente para pasar a ser un lacayo del déspota.

Como conclusión podemos mencionar que los dirigentes deberían ser verdaderos ejemplos en su comportamiento personal y su actividad pública para toda la ciudadanía.

Están permanentemente en una “vidriera” observados por el pueblo. Los pésimos ejemplos de indignidad, deshonor, falta de sentido común y respeto, no solo a sus personas, sino a los importantes cargos que desempeñan, contribuyen sin duda alguna, a incrementar la degradación moral y ética por la cual se desliza nuestro país.
 


 

 

 

 

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